Color dorado, precioso... Algunas almas generosas han hecho que un servidor pueda probar de vez en cuando vinos sin tener la necesidad de abrir la cartera. Es el caso de este blanco que me hizo favor de regalar una buena amiga que distribuye vino, pero que además se esmera en escoger productos de calidad. Se trata de un vino blanco vasco de la denominación de origen Bizkaiko Txakolina. Pero antes, y para ir en orden cronológico, he probado otro blanco que vale la pena comentar, se trata de un chileno, Monteviña 2012. Es mexicano, de Casa Madero; con una mezcla de chardonnay y semillon, cuyo mérito principal es su carácter mineral en boca que lo hace tan sabroso y disfrutable, sobre todo si se tiene en cuenta que lo compré en una de esas tiendas de hotel, donde no me hago muchas ilusiones, y si es que me decido a comprar algo es simplemente porque no traje nada de casa. Así que no sólo lo recomiendo sino que me parece uno de los vinos blancos chilenos más interesantes que he probado. Un chileno muy mineral...

Volviendo al Txakolino, se trata de un Gorkaizagirre 2011, vinificado en partes iguales con dos variedades locales: Hondarribi Zuri, conocida en Francia como Courbu Blanc y la Hondarribi Zerratia (Petit Courbu). De color dorado brillante, huele al principio a sidra, ojo que no es lo mismo que a manzana, aromas balsámicos y minerales, con un fondo a flores de azahar en boca es muy refrescante, puro limón puro, una delicia de acidez cítrica con notas de pera, después de unos minutos de oxigenación.
Se antoja con algún ceviche, o quizá un pescado condimentado y hasta picante.

El cadáver (botella vacía) por alguna razón estaba guardada en la cocina, después de 4 días huele exactamente a la sala de fermentación de las bodegas, justo cuando se fermenta el mosto; olor picante a CO2 y hollejos. Curioso ¿o no…?
Nuevamente gracias por el regalo, quiero por lo menos 3 botellitas. Eso sí, esta vez las pago, y con mucho gusto… 🙂

CATA 177 El título que hace referencia al número ordinal de la cata parece un trabalenguas, pero no lo es aunque lo parezca. Con esta entrada por fin ha quedado superado el rezago acumulado de varios meses, tres para ser exacto. Esta cata va de riojanos por abajo de los 300 pesos, que dicho sea, sólo uno: el último, se acercó con un precio de 279 pesos.

El primero es un Lealtanza Crianza 2004, con 12 meses de roble francés nuevo, 100% tempranillo. Huele a romero, piedra mojada de río y ciruela, nariz muy agradable. En boca es mineral, con algo de fruta negra. Para comprar media caja.

Uno de los más vendidos en México, Cune Crianza 2010. Aromas intensos a mermelada de zarzamora, de buena acidez y tanino. Una compra segura.

Monólogo 2010 de Bodegas Solar Viejo. Notas de fruta negra, en boca es frutal, excelente acidez y tanino maduro. Repetible.

Martínez La Cuesta 2006, el de mayor octanaje de los seis con 14,2 % de alcohol. Este vino huele a jamón serrano, cuero y notas de ciruela en sazón, tanino suave y final ácido.

Vaza 2012. Fruta negra, hollejos, en boca es primario y de final corto.Nada que invite a otra copa.

Dinastía Vivanco 2008, un vino cuya bodega me viene a la memoria por su estupendo museo relacionado con el vino en Briones. Especiado; pimienta negra, cerezas de boca mineral y buena acidez. Bueno.

CATA 176 Al igual que en las dos catas anteriores, he formado un repertorio de algunos países, esta vez menos, con una misma variedad de uva: La merlot.

Los puntuales han sido recompensados con un espumoso, Undurraga Demi-sec, calizo, con notas de durazno y volviendo en boca con su carácter marcadamente calizo. Muy agradable y repetible.

El primer tinto es un Barton & Guestier 2012, aromas intensos a ciruela, arándanos con una nota térrea que lo hace muy interesante en nariz, de boca frutal y final astringente evolucionando a grosella. Repetible.

Richevin 2006, Seguimos en Francia con otro vin d pay´s. Varios opinamos que este vino está: cansino, plano, con olor químico desagradable. Así que le damos el beneficio de la duda. Una segunda oportunidad.

Enate Merlot Merlot 2007. Aromas intensos a higos, zarzamora, pétalos de rosa (típico de la merlot), en boca es frutal y de excelente acidez. repetible. Aunque por los casi 800 pesos que piden, desmerece mucho su calidad-precio.

De México probamos este vino; Casa Baloyán 2009, que lleva una pequeña proporción de cabernet sauvignon (17%). Pétalo de rosas, notas de chocolate amargo, notas vegetales y tanino dulce. Bueno.

El quinto es un Concha y Toro, Serie Riberas 2009. Huele a cerezas en licor, chocolate, un vino con mucho extracto, redondo y de trago fácil. Si tienen ganas de un vino moderno de merlot, sin sutilezas, éste no está mal. Aunque ud. no lo crea.

Por último otro mexicano. Tierra Adentro 2011.Un buen ejemplo de lo que se puede lograr en México con un poco de dedicación y talento. Un vino frutal de acidez exquisita, equilibrado, de buen tanino, todo en su lugar. Para comprar una cajita, y ver que pasa en unos años.

CATA 175 Se me ha ocurrido juntar pinot noirs de varios países, y éste ha sido el resultado:
El primero de la noche fue el Edición Limitada Pinot Noir 2005, de Viña Morandé, un pinot de 14,5 grados de alcohol, que dicho sea no se notan. Aromas intensos a frutos secos, madera y ciruela madura. En boca destaca su acidez aunque su final es corto. En la frontera de lo repetible.

De Montes Alpha probamos éste, que es otro pinot con 14,5 de alcohol, aunque en este caso si se le nota un poco más el octanaje. En nariz fruta negra; frambuesa, cerezas en licor amalgamado con la madera y un fondo de higos, final astringente. Sin pena ni gloria.

Desde Portugal; Quinta Do Cidro Pinot Noir 2007. Huele a caramelo, café con leche, tiene una nota vegetal, en boca es monolítico, aburrido y áspero. Inmemorable con causa.

Desde España, Peñalba López, Vino de La Tierra de Castilla y León, 2010. Aromas a cereza, especiado a pimienta negra, toffee. En boca se percibe vainilla por la barrica y astringencia. Repetible pero sin tipicidad si es que algo así todavía existe.

Bottega Vinaia 2009. Color evolucionado; ocre con ribete teja, aromas a granos de café tostado, cajeta y final ligero. Se le dará el beneficio de la duda, sospecho que no tuvo buena guarda.

Por último un Louis Jadot genérico, añada 2010. Un borgoñita que conserva la decencia de sus 12,5 grados de alcohol, a la muy vieja usanza. Huele a ciruela con notas de pera, sí, de pera aunque sea tinto, boca sutil, excelente acidez, repetible. El mejor de la noche y de los más baratos, poco más de 250 pesos. Para comprar media cajita, siempre tomando en cuenta que se trata de un borgoñita de medio pelo.

Copa corcho Una vez más estamos reunidos en torno a seis vinos, esta vez con la invitada de honor; la uva syrah o shiraz, dependiendo del país. Así en: Francia, España, Italia y otros países europeos se denomina Syrah en Australia y Sudáfrica como Shiraz, salvo las diferencias por la geografía, que dicho sea cada vez son menos, se trata de la misma cepa. Una uva adoptada por muchos países alrededor del orbe, no hay duda de que está de moda; con sus aromas especiados a pimienta negra, su astringencia y sus colores profundos, hacen vinos apetecibles. Sin olvidar los grandes clásicos del Ródano, aunque estos últimos nunca vienen como varietales. He aprovechado para traer algunos ejemplares de aquí y de allá. Empezando por un mexicano, que irónicamente es el de precio más alto, arriba de cuatrocientos…, aunque debo reconocer que nos ha dado una grata sorpresa.
Se trata de MD Vinos Syrah 2006, aromas intensos y limpios a ciruela en sazón y una nota de sandía de fondo, en boca es frutal, aunque su caracter lo definiría como térreo, de final mineral, después de un rato su nariz da membrillo. Repetible… O quizás hasta para guardar tres botellitas en la bodega.
Después llega uno de Sudáfrica, Stormhoek Shiraz 2005, tiene un tufo a barrica sucia, sulfuroso, con un poco de aire huele a granos de café, notas de humedad, fruta roja pasada, en boca se nota algo de aguja, acidez justa y final plano. Un inmemorable con causa.
Finca Antigua Syrah 2009 Color bastante oscuro, capa alta, aromas a fruta negra, pimienta negra, boca amplia, final largo y astringente. Bastante áspero. ¡Paso!
Mandrarossa Syrah 2010 Un vino italiano que al principio huele a chocolate amargo y cerezas. En boca es redondo, aunque al final tiene una arista alcohólica bastante incómoda, final amargo. ¡Paso!
Montes Alpha Syrah 2009, un viejo conocido chileno, que me recuerda una tarde en Colchahua, un domingo bajo una parra vieja y copas gordas… Huele a higos, bastante volátil; fósforo, boca mineral, de final áspero. El olor mejora y en boca no está mal. repetible. Vino moderno sin muchas pretenciones.
Ópalo Syrah 2006, un argentino que está presente en muchos mercados, yo lo bebí por primera vez en Londrés y me gustó mucho. Aromas a lavanda, un poco alcohólico y astringente, con más vidrio o una buena decantada mejorará. Repetible.
La foto de arriba muestra las virutas de corcho que han quedado después de una serie de intentos fallidos de nuestro amigo René. Ni hablar suele pasar, un incidente menor que se agrega a la lista. El noveno desde 2011. Hasta la próxima.

Mouton 1993 a media luz...

Mouton 1993 a media luz…

El vino que pasaría al grupo de los más codiciados de Burdeos en 1973 y que hoy en día para mucha gente es un vino escandalosamente caro y alejado de su antigua gloria, con el afán de servir a un mercado de consumidores que buscan un vino hecho a la medida (cual si se tratara de una Coca Cola). Sin memoria histórica, mucho roble, color profundo, extracto… He tenido oportunidad de probar varias añadas, quizás el vino que más he descorchado de los cinco grandes: Lafite, Margaux, Haut Brion y Latour. Aunque Margaux, Latour y Haut Brion (en ese orden) tengan un lugar muy especial dentro de mis predilecciones. Lo había guardado mucho tiempo, uno de esos vinos que se niegan a salir de su escondite, aunque las miradas hayan penetrado más de una vez sus paredes de vidrio. Pero a todo le llega su hora y desempolvándola un poco interrumpí su reposo para quitarle el corcho y compartirla con gente querida, como debe de terminar un vino de este nivel.

En 1993 estamparon la figura desnuda de una joven, dibujo cuyo autor francés Baltus, fue censurado en Estados Unidos de América, y no sólo eso sino que fue cambiada la obra original por un simple fondo beige. Una muestra más de la doble moral de nuestros queridos primos norteños. El caso es que yo la compré en ese país y me traje a la bodega la botella sin estampado, como aparece en la foto.

Veinte años en vidrio han hecho que evolucione y nos brinde un concierto de aromas de caza y térreos dignos de los vinos que saben y pueden envejecer. También hay fruta negra, notas de pimiento y otras especias. En boca el tanino es suave y su acidez exquisita, largo y en sintonía. No sé si sea de los últimos Mouton memorables pero éste vale la pena. La espera en el vidrio se compensa con creces.

En otro orden de ideas de manera gradual han ingresado al mercado mexicano diferentes marcas de cavas, su entrada a nuestro país ha sido lenta, siendo las bodegas más antiguas y reconocidas Freixenet con diferentes presentaciones, así como otra bodega de producciones masivas Codorniu. Las más interesantes y de menor producción han tardado de hacer su aparición por los estantes pero no ha sido tan abundante su oferta, por lo que me ha sorprendido encontrar en la Europea la marca Gramona. Gramona III Lustros, Imperial Brut y el Celler Batlle (de añada), sus precios han sido inflados como ya es costumbre pero creo que vale la pena. En la Cena Navideña he descorchado la más económica que ha llegado, porque debo decir que hay otras en España. Gramona Imperial Brut , y me ha parecido un cava muy limpio de burbuja fina y constante con aromas intensos a tiza y cítricos, amplio en boca confirmando su carácter, su textura y su azúcar residual que más bien se percibe seco. Un buen cava que se deja beber y maridar con muchas cositas. Por ejemplo pavo ya sea ahumado o muy condimentado, bacalao y hasta con unos romeritos, estos últimos es pura especulación ya que no me consta. Mi próxima escala será el III Lustros cuando junte algo de dinero de la hipoteca de mi casa. 
Aprovecho aunque sea un poco tarde, para saludar y desear lo mejor en este año a mis dos sufridos lectores.

Va de uruguayos... Bodega Gobelet En esta ocasión descorchamos algunos vinos uruguayos de la bodega Gobelet. Ya había probado un tannat de esa bodega, que por sus aromas terciarios le había calificado como un vino animal. Pues bien, creo que esa característica se manifestaba también en todos los tintos que probamos esa noche.
Empezamos con un blanco de la misma bodega. Viña Gobelet albariño 2013, de color amarillo dorado, aromas intensos a durazno, plátano y una nota de fondo de hierba recién cortada, se percibe alcohol y en boca es frutal, de acidez justa, aunque para algunos resultó bastante ácido. Repetible.
Seguimos en el mismo tenor, ahora un chardonnay blanc, confieso que es la primera vez que escucho ese apellido a la chardonnay. Chardonnay blanc 2013. Este vino es mucho menos expresivo que el anterior, más apagado en aromas; nardo, fruta amarilla no muy definida, al mover la copa huele a mantequilla. En boca es abocado, frutal y de final amargo con un fondo mineral. Repetible.
El tercero es un rosado vinificado con cabernet sauvignon. Gobelet rosado 2013. Color salmón, brillante. Huele a frambuesa, nariz de poca intensidad, ligero en boca y de final amargo y corto. Sin pena ni gloria, esos vinos que pasan sin dejar algo memorable, aunque en su conjunto no tengan defectos.
El cuarto es Viña Gobelet Roble 2009 vinificado con uva marcelan. Uva poco conocida al parecer originaria de Francia con producción en Langedoc y el Ródano, resultado de la combinación del cabernet y la garnacha tinta. En este caso nos pareció un vino con aromas muy marcados a caza con pelo, almizcle y fruta negra, ciruela y zarzamora. En boca es tánico, largo, potente de buen paso por boca de final amargo. Repetible.
Viña Gobelet Roble 2009 tannat. Aromas a carne asada con una nota floral a lavanda y cereza, fondo especiado a pimienta blanca. Boca mineral similar al anterior con muy buena acidez, de tanino maduro. Repetible.
El último un carmenere Roble 2010. Fruta roja, pimienta negra, final diluido. Hay quien apunta que esta ligero, de trago largo. Un punto a destacar en estos vinos es el precio que no rebasa en ningún caso los 300 pesos, además que el alcohol tampoco excede los 13° por volumen. Buenos tintos que se antojan con carne no muy condimentada y algún queso curado como el manchego o un buen brie. Un detalle curioso es que los he visto más baratos en una tienda especializada, los de esta noche los han traído directos del importador.
Ya pronto contaré en próximas entradas sobre el cava que arribó a los anaqueles. Ha tardado pero ya está aquí.

Chappellet_PritCabSauv_09 Hace un par de semanas tuve la dicha y el placer de cenar acompañado de mis compadres con motivo de mi aniversario, y elegí para la ocasión un vino muy especial en varios sentidos. Chappellet es una bodega ubicada en las colinas de Pritchard en Napa, cerca del lago Hennesy. Alguna vez traté de llegar a la bodega y me perdí, además de que mi esposa sufrió un fuerte mareo que hizo abortar la visita. De haber tenido más tiempo y suerte la habría conocido.

He probado dos de sus tintos, el primero in situ, no precisamente en la bodega pero sí en un restaurante en Rutheford, del mismo nombre Rutherford Grill, no muy lejos de donde se vinifica. Lugar donde no sé si fue el hambre o la ocasión pero me pareció un excelente restaurante para descansar y hacer una pausa a la visita de bodegas y comer sustanciosamente carne, cuando podía comer sin restricciones, en una sala climatizada y luz dosificada. El vino que elegí fue el merlot Chappellet 2005, me pareció un vino joven con notas de bayas y pétalos de rosa, nada espectacular diría que le faltaba vidrio, pero que maridaba con la carne. Este último más madurito y expresivo, Chappellet Pritchard Hill Cabernet Sauvignon posiblemente 2007 aunque no lo he podido comprobar, la botella la han tirado al reciclaje y no he tomado nota. A pesar de que su nombre indica cabernet sauvignon, en realidad está vinificado con un 75% cabernet sauvignon, 15% petit verdot y 10% malbec, con una crianza entre 15 y 18 meses en roble francés nuevo. Guardado celosamente durante cinco inviernos. Tiene un color cereza intenso de capa alta, y una nariz barroca a ciruela, cerezas, zarzamora y una nota de capuchino, tabaco oscuro, pimiento morrón y un golpe de humo. En boca no es menos contundente que en nariz, con un alcohol muy bien integrado a pesar de sus escandalosos quince grados por volumen, una acidez comedida y un final largo. Decía que era especial porque la compré convencido de su potencial, la guardé algún tiempo y la compartí con gente muy querida. Un año más o un año menos, según el cristal con que se mire, hoy estoy optimista y quiero pensar en un año más.
P.D. Encontré la corbata de la botella, entró en bodega el 16 de agosto de 2008 y es de la añada 2005.

Foto extraída de http://www.chappellet.com/index.cfm

Vinos mexicanos de la cata 172

Vinos mexicanos de la cata 172

Ésta va de vinos mexicanos, y es que cada semana encuentro alguna novedad en los estantes con respecto a productos nacionales. Mi percepción es que algunos de ellos desaparecerán irremediablemente con el paso del tiempo, sobre todo aquellas bodegas con un enfoque meramente mercantilista y oportunista. Quienes tengan tablas de vitivinicultores quizás algunos la pasen mal, pero seguirán en este arduo camino. Debo destacar la labor de Viñedos La Redonda en el estado de Querétaro, cuyos esfuerzos y dedicación parece que ya están dando sus primeros frutos, como pudimos comprobar en esta cata.

Abrimos con el Miramar 2005, un vino de Bodegas Santo Tomás vinificado con tempranillo y cabernet, una combinación cada vez más común en vinos mexicanos. Con cuatro meses de roble francés, un vino que para la mayoría resultó cansino, ya había pasado su mejor momento. A mí me pareció un vino con aromas vegetales, con notas de ciruela y de muy buena acidez, de trago largo que por su precio no hay mucho más que pedir. Bebible.

El segundo viene de la región de Ojos Negros, se trata de Euphoria 2011. Olor y sabores picantes, morrón y tamarindo, combinación que no fue del agrado de nadie. No sé si algo estaba mal en este vino por la guarda.

El tercero viene de Querétaro de Viñedos La Redonda, sin añada y con sólo el nombre del La Redonda, «Tinto joven, variedades selectas del viñedo» la única información de este vino en su página. Me gustaría saber de que está hecho. Huele a vino blanco, a ojos cerrados juraría que es así. Maracuyá, chicle de plátano y de fondo aparece algo de fruta roja indefinida, paso de boca y final amargos. Inmemorable con causa.

El segundo de esta bodega es un Orlandi cabernet sauvigon, malbec 2010, huele a grosellas, cerezas en licor, un golpe de madera que lo favorece, cremoso y de tanino dulce. Repetible.

Orlandi Tempranillo, cabernet 2009 otro con la misma mezcla, para que no digan que estoy inventándome cosas…Huele a canela, cerezas, en boca se advierte una nota dulce, que no precisamente viene del alcohol y el tanino, falta acidez al conjunto, agradable y repetible.

Por último La Redonda Tinto ruby, sin añada. Un vino rotundamente dulce que nos ha tomado por sorpresa, incluido su servidor. Aromas intensos a ate de guayaba, hay quien lo comparó con un Boing sin decir de qué sabor, pero creo que es rebajarlo demasiado, si bien no tiene la acidez y profundidad de un buen vino botrizado, porque aunque no lo crean existen tintos botrizados, tampoco me parece que sea un vino tipo gaseosa. Definitivamente no repetiría más que después de comer en un día caluroso sin tener nada mejor a la mano.

CATA 171 Después de mi reciente episodio cardiaco es mi primera cata, y mis amigos generosamente han organizado todo, detalle que agradezco mucho. Así que sólo me dispuse a disfrutar de la velada. Han titulado esta cata como «Duelo sudamericano» por aquello de los vinos que probaremos: tanto argentinos como chilenos. Variando la dinámica se trataba de ir descifrando el orden de los vinos según sus características organolépticas, algo muy pretencioso sin dejar de ser interesante.

El primero de la noche es un vino de la bodega Felix Lavaque Felix 2007. Datos que supimos después. Una rara mezcla con la uva insignia de argentina: malbec con 73% y la de uruguaya tannat con el 27%. Huele a cerezas en licor, casis, pimiento y chocolate, otros han apuntado, como un vino especiado aunque casi todos coincidimos de que se trata de un vino alcohólico y de final amargo. Al observar su contenido de alcohol por volumen se confirma lo dicho (15,1).
Quimera 2009. Aromas a mermelada de zarzamora, pimienta blanca, astringente y de final también amargo. Con una típica mezcla bordolesa y catorce meses en roble francés: 40% usado y el resto nuevo. Bebible.
El tercero es un viejo conocido, se trata de Cabo de Hornos 2005. Un vino que mereció todos mis respetos y admiración antes del 2005 o quizás un par de añadas antes, y que hoy es parte de ese aglomerado anónimo. Vino moderno sobre extraído y sin personalidad, con precios exorbitantes. Todos han coincidido en su brutal astringencia, esa que duerme las papilas gustativas.
Caballo Loco 2008. Un vino que siempre ha llamado mi atención, vinificado como jerez, por aquello de las extrañas mezclas de añadas, no por otra cosa, pero con resultados muy interesantes. Definitivamente es un vino que bebería en toda ocasión que tenga oportunidad. Fruta roja en sazón, notas de cuero de la mejor calidad, dátil y notas especiadas, redondo, buen tanino. Repetible. Y a un precio bastante comedido, casi la mitad del Cabo de Hornos.
El penúltimo es un tannat 100%, Arerungua 2002, un nombre que se antoja más para un instrumento musical sacado de una tribu de la selva, que para un vino. Huele a piel de Rusia, frutos rojos, equilibrado y de final largo. Repetible aunque debo decir que no deja mucho a la memoria. ¿O será porque estoy escribiendo casi dos meses después de la cata…?
Juan Carrau 2009. El último de la tarde, de la misma bodega y misma uva, aunque con un poco menos octanaje. Dátil, vino estructurado e integrado palabras textuales de mi compañero, por alguna razón yo no escribí ninguna nota. Mis sentidos habrán adormecido al final. Pero qué mal catador soy, no podría aspirar a los maratones que acostumbran quienes se dedican profesionalmente a esto. ¡Agur!