Cata centésima nonagésima cuarta

Publicado: 19 marzo, 2016 en Cata

PCATA 194arece tarea fácil desmenuzar una copa de vino para saber: de qué uva se trata, el grado de madurez, su astringencia, azúcar residual… y todas esas cosas de las que se encargan los enólogos en el laboratorio, y los sumilleres en los concursos. Habría que matizar que los enólogos se encargan de muchas otras cosas en el viñedo, desde mucho antes de la vendimia,  y de todas las labores dentro de una bodega.  Decía que parece fácil, pero no lo es. Si a ésto le sumamos la falta de tipicidad por: la sobre-extracción de la fruta,  la homogenización en los procesos, el cambio climático y otros menesteres…, la tarea se torna francamente imposible a la hora de pretender descifrar el origen del vino en cuestión. Esto mismo pretendí que hicieran mis compañeros de grupo, con resultados no muy halagüeños. Tenían que anotar: país,  denominación de origen, variedad (es) y añada… ¡Casi nada!

La verdad es que al final todos los vinos venían de Somontano, aunque hubo quienes suponían que se trataba de Argentina, México, Chile y hubo alguien que pensó en Borgoña. Así las cosas, creo que fue una buena lección de humildad para todos, y me viene a la memoria aquella frase de Sócrates: «Yo sólo sé que no sé nada» 

Empezamos con Viñas del Vero, y terminamos con Bodegas Pirineos.

Viñas Del Vero crianza , vinificado con tempranillo y cabernet sauvignon. Huele a ciruela con notas muy presentes de vainilla y romero. En boca está un poco diluido, y tiene tanino rugoso.

Viñas Del Vero Cabernet Sauvignon 2006. Este otro tiene muy presente un aroma químico, cansino y de final largo, acidez alta. Desequilibrado, parece que no ha tenido una buena guarda, aunque su acidez me hace suponer que da para más.

Viñas Del Vero Merlot 2006, con 14.0 grados de alcohol y diez meses en Allier. Huele a cerezas, pétalos de rosa, propios de la merlot en vinos jóvenes. Astringente y de final largo. Repetible. Este ha sido el vino que alguien confundió con un borgoña.

Montesierra 2013 de bodega Pirineos, cabernet, tempranillo y melot. Aromas a pimiento, ciruela negra, boca frutal de buena acidez y astringencia. Repetible

Pirineos Selección 2008. Buena fruta; roja en sazón; cerezas, excelente acidez, buen paso y tanino rugoso. Repetible.

Una pequeña muestra de estos vinos que nacen en las faldas de los Pirineos, en la región de Aragón.

sobaquilloAnte la falta de tiempo para preparar la cata, el viernes por la noche llegaron, los pocos «catadores» que lo hicieron, con una botella debajo del brazo. No hubo ninguna restricción de variedad, precio o de ninguna otra. Y los resultados son los siguientes:

Empezamos con Moet & Chandon Rosé Imperial, mi afinidad con el champán rosado quizás haya sido la causa de que me gustara tanto. Cualquier entendido del champán podría decir que: se trata de una marca industrial, que produce miles de cajas…etc, etc, y si sumamos el hecho de que aquí en México la oferta de espumosos no es muy generosa. Debo decir que me agradó y mucho. De color salmón, buena burbuja (fina), tiene una nariz intensa a panadería, almendras, durazno y notas de grosella. En boca tiene una frutalidad muy vivaracha, buena acidez , recordando la toronja blanca. Repetible.

El segundo; Cyan Prestigio 2007, vino de la Tierra de Castilla y León. Aromas a regaliz y arándanos. En boca es plano. Va de menos a más con buen paso, pero al final vuelve a diluirse. Inmemorable con causa.

Pisano 2005, vino Uruguayo vinificado con tannat. Huele a fruta roja indefinida con una nota de madera. En boca es poco expresivo se percibe algo lejano de aceituna verde, final ácido.

El cuarto viene de Ribera del Duero, es un Matarromera 2010, al parecer 100% tempranillo que deja a más de uno satisfecho. Fruta negra de la mejor calidad, con un fondo balsámico muy agradable. De trago largo y con cierta complejidad. Repetible, sin dudar.

Este último ha invadido el mercado mexicano, pocos de quienes beben vino español, podrían dudar de haberlo probado por lo menos una vez en su vida. Gran Sangre de Toro 2011. Un vino redondo, sin aristas, frutal de tanino comedido y acidez justa. Un vino correcto, para beber diario.

Después de esta sucinta reseña, y a un mes exacto de haber catado estos vinos, me despido. Hoy toca la Cata 194.

De todo un poco

Publicado: 10 enero, 2016 en Reflexiones, Viajes
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"Ready to go"La cultura norteamericana; sajona y de tintes hegemónicos ha permeado en distintas facetas de la sociedad alrededor del Mundo: cine, moda, tecnología, tendencias de consumo… Y como era de esperarse el vino no es ajeno a estas corrientes de usos y costumbres tan sofisticados y a la vez industrializados, donde el ser humano pierde su individualidad y camina por las calles como en aquel anuncio de Apple del año de 1984. En clara alusión al libro de Orwell

Confieso que nunca en mi vida había visto una copa de plástico con el vino dentro lista para beber; con tapa metalizada tipo papel aluminio y refrescada en hielo. Si todavía deambulan almas por el mundo escandalizadas por los tapones sintéticos, me imagino que encontrar un producto de estas características será motivo de infarto al miocardio. Digno de reflexión sobre el futuro del vino, sumado al cambio climático que parece evidente aunque los motivos de tal cambio no sean para muchos lo que proclaman a los cuatro vientos, incluido en esa lista a su servidor. Aunque ya estoy buscando algunos acres en Alaska para plantar syrah,  y otros tantos en California para plantar palmeras de cocos y dátiles. 🙂

19 Crimes and Naughty Divas...

19 Crimes and Naughty Divas…

Siguiendo en la sección de vinos, en el mismo establecimiento me encuentro con dos vinos que llaman mi atención. Uno de Australia «19 Crimes» y otro de no sé dónde rayos, cuyo nombre está dedicado a una noche de copas «Naughty Divas» algo así como noches pícaras. Probé el primero, en la contra-etiqueta explica lo que fue Australia antes de que la colonizaran los ingleses. Una cárcel donde más de la mitad de los convictos moría por el camino, ya que las condiciones en los barcos a finales del XVIII no eran las más adecuadas, además se trataba de gente non grata dentro de la sociedad inglesa; el trato hacia ellos dejaba mucho que desear. 19 Crimes hace referencia a esta difícil época en aquellas lejanas tierras. Un vino correcto, sobre-extraído, sin excesos. Repetible.

Por último un vino que lo he visto por los estantes aquí en México, pero que mi debilitada memoria no recuerda con tanta precisión si ya lo había probado, me parece que sí. Se trata del Gabbiano 2014. Un chianti que pedimos en un restaurante italiano en Orlando, que entraba dentro de los precios comedidos, casi treinta dólares en restaurante. Me ha dejado más que satisfecho. Frutal, de excelente acidez, pero sobre todo el conjunto lo hace un vino fácil de beber, con cierta personalidad. Un sangiovese muy bien logrado que en Walmart tiene un precio de 10 verdes. Huele a grosella, refresco de cola, regaliz, chocolate amargo, tanino maduro, final largo y amargo.

En ambos vinos no indican la añada… Parece una costumbre que comienza a arraigarse.

DAVID MORENOEste año que está por terminar tiene muchos vinos que he dejado en el tintero, a veces por falta de tiempo y la mayoría por pereza y porque no hay mucho que contar de algunos otros. Empezaré por un vino que me regalaron para que lo probara in situ. In situ me refiero al restaurante y no a la bodega. Se trata de un riojano: David Moreno, cuya añada no anoté porque no encontré el dato en la etiqueta, posiblemente esté indicada en la contraetiqueta, pero ya fue demasiado tarde como para ir por ella  al depósito de basura. Huele a ciruela en sazón, de  boca frutal, equilibrio entre tanino, alcohol y acidez. Buen paso de boca y final largo. Un vino correcto y que sin problemas repetiría con el mismo menú: pizza.

Lo que todavía no me explico es por qué en ese afán de la originalidad omiten información en la etiqueta..
No tendrían por qué dejar de indicar un dato tan importante como la añada.

Otro vinito que probé ayer en la cena navideña y volví a descorchar en el recalentado, es el Casa de La Ermita 2012, donde también se repite la misma historia. No hay añada al frente de la botella. La falta de información pudiera ser un punto medular a la hora de la elección de un vino. La situación empeora en algunas bodegas dentro de su página web. Hay algunas que francamente guardan celosamente datos como: características del viñedo, vinificación y crianza. En cambio casi todas cuentan con notas de cata muy bien adornadas y con palabras rimbombantes que realzan las cualidades del producto.

Poner en la etiqueta. «TINTO/ RED WINE», es definitivamente rizar el rizo, pero como andan las cosas parece ser que le dan menos importancia a la añada, al grado de alcohol, o  especificar la crianza.

Siguiendo con la descripción del vino de Jumilla vinificado con monastrell y syrah; huele a arándanos, ciruela en sazón y hollejos. En boca tiene una acidez exquisita, de trago largo y taninos suaves. Muy agradable. Para comprar un par de botellas más.ROMATE VIVA LA PEPA

Dentro del menú navideño añadí una pierna de jamón, regalo de un buen amigo. He cortado varias lonchas de jamón entre la cena y el recalentado. Aunque muchos hemos comido el jamón con tinto, no hay como una buena manzanilla para tal propósito. Así que me dirigí a una de las pocas tiendas abiertas en esta fecha (25 de diciembre) y he comprado una botella de manzanilla Romate, Viva La Pepa. ¡Qué mejor maridaje  para el jamón! Amarillo pajizo, glicérico, aromas intensos a yodo, aceituna verde, almendras y una nota salina como si estuviera a la orilla del mar. Boca amplia y profunda, final amargo, untuoso y con una excelente acidez. Marida de maravilla con el jamón, sólo faltaron las aceitunas.

¡Pues Viva la Pepa! mañana cortaré más lonchas y tal vez acabe con esta botellita, la última manzanilla de este año.

CATA 192Como todos los años en diciembre nos dispusimos a compartir seis vinos de precios altos, aunque muchas veces eso no implique que sean mejores que los «económicos». Con manteles largos y las copas dispuestas en esta ocasión fue Toro la protagonista, la cata anterior también habían sido  vinos de esta denominación. Retomamos la idea con vinos de un nivel de precio más alto. Mucha gente está convencida de que los vinos «caros» son mucho mejores, idea que mueve la economía en la mayor parte del Mundo. Hubo sólo una excepción y fue un chileno que quedó un poco rezagado, al último ya cuando la lengua daba señales de entumecimiento después de tanto tanino agreste.

Pintia 2008. Con un año de crianza, 70% en roble francés y el resto en americano, y sus 15% de alcohol. Huele a cerezas en licor, con notas de zarzamora, no sé por qué últimamente todo me huele a zarzamora. En boca es astringente, de esa astringencia propia de la madera, como cuando se chupa el palo de las paletas… y alcohol no integrado. Es que 15 grados es bastante octanaje, creo yo.

De la famosa bodega de Ribera del Duero viene el siguiente vino, aunque éste se vinifica en Toro. Cyan Prestigio 2005. Al principio tiene un olor desagradable a cartón mojado y polvo, bonita combinación… Yo me quedé en esas aunque las caras de mis amigos no me hicieron pensar en que les hubiera desagradado. En boca tiene buena acidez, fruta, buen tanino, sin arrancar la lengua. Hay quienes encontraron aromas a dátil, cuero mojado y más fruta que yo. Yo no lo volvería a comprar. Aunque tratándose de un defecto habría que ser más justos y repetir.

Piedra Platino 2004, con 18 meses de crianza, y algo que ya se está volviendo costumbre: revolver roble francés con algo de americano. En este caso 85 y 15% respectivamente. Chocolate, regaliz, buen paso de boca y acidez aceptable. No está mal. Repetible.

Numanthia 2010. 16 meses en roble. 15% de alcohol. Un poco mudo al principio, fruta mesurada, aromas a vainilla que me imagino vienen del roble. Aunque la información es escueta, debe ser francés o una combinación con algo de americano. Astringente y final largo.

Termanthia 2009. Su hermano mayor con 18 meses en roble. Nariz discreta, fruta negra con notas de chocolate amargo y vainilla. Hay quien puso en sus notas: elegante y discreto. Hasta el momento puedo decir que una decantación previa de una hora podría sacar algo más de estos vinos con exceso de roble para mi gusto. Una opinión muy personal ya que ha gustado a todos los miembros del grupo. La pregunta sería: ¿Podría conseguir algo más por los casi 4000 pesos que piden…? Por cierto, esta botella  desde que la saqué de la cava me pareció muy pesada… Así que fui a la báscula que se usa en repostería… 1188 g cuando una botella promedio ronda los 450 g se podría usar con mucha efectividad para defensa personal. Pues hasta aquí ha llegado Toro y mis sugerencias para esta cata, ya que en esta ocasión no hice las compras directamente por cuestiones que sale de sobra que explique en este foro.

El último en el orden, sólo en eso, de Viña Santa Helena: Notas de Guarda 2009. Después del inmisericorde bombardeo de taninos a la lengua, viene este vino que a pesar de sus 14,5 grados de alcohol y sus 13 meses de roble francés, de primero y segundo uso, se siente ágil y ligero con aromas a ciruela madura, buen paso de boca y alcohol y tanino integrados. Nada que pueda ponderarse después del desfile de roble y alcohol. Aquí llegamos a la última cata de este año.

cata 191Va de Toros, de esa famosa región zamorana de aires cálidos. Para quienes han probado vinos de esta denominación, podrán coincidir de que se trata de vinos potentes,  mucho extracto, alcoholes altos y taninos rugosos. Para esos días que nos levantamos con ánimos  de un vino moderno y dejar a un lado las sutilezas. Pues bien, aquí empezamos con el primero de la tarde. Gran Colegiata Barrica 2010 de bodegas Fariña, con apenas 4 meses de barrica. Aromas a lavanda y fruta negra, un vino sin aristas, frutal; arándanos maduros, buen paso y final discreto, taninos vivos sin arrancar la lengua. Repetible.

De la misma bodega procede el segundo: Fariña 70 Aniversario 2012 con 14,5  de alcohol por volumen. Notas ahumadas y fruta negra; zarzamora. Va de más a menos, de final astringente. Repetible.

Valpiculata 2006, Hollejos, notas dulces de regaliz tanino maduro y buena acidez. Para comprar un par de botellas.

Gran Colegiata Roble Francés 2009. Fruta roja, con un alcohol poco integrado que pierde el equilibrio. Inmemorable con causa.

Gran Colegiata Campus 2008, Aromas intensos a fruta negra y notas minerales. En boca el alcohol es evidente a tal grado que rompe la armonía, taninos maduros. Inmemorable con causa.

Gran Colegiata Reserva 2008. El de precio más elevado,  por arriba de los 600 pesos (35 dólares americanos). Mermelada de zarzamora, boca frutal con una nota dulce al final. Repetible aunque por el precio quién sabe.

Conforme pasa el tiempo tengo la fortuna de poder darme cuenta de que la vida se trata de amigos y de pasar buenos ratos, los mejores recuerdos que llevamos en el alma. En el 2004 visité España acompañado de mi esposa, conocimos viejos amigos. Sí, viejos amigos… Si por algo vale la pena el Internet es para conocer amigos. Sé muy bien que diariamente se realizan millones de transacciones comerciales y operaciones bancarias, entre otras, pero nada comparable como conocer a gente con el mismo espíritu y compartir las pasiones, como el vino. En aquel viaje conocí a mucha gente con quien ya intercambiaba por el foro de Verema mis puntos de vista y que conocía muy bien.  Desde el primer día que me presenté en persona, parecía que llevábamos toda una vida siendo vecinos.

Después de Valencia, donde conocí a la mayoría, me dirigí al norte: a Porrera en Cataluña para visitar La Tena, finca plantada con garnachas leñosas de mis amigos Dominique y Paco. Si no son centenarias, poco les falta. Después visité Haro donde nos hospedamos. Visitamos Contino en La Serna donde conocí a su entusiasta enólogo y mi buen amigo, Jesús Madrazo. Al final de un día pleno de recuerdos entrañables y de comer como Dios manda viendo el panorama desde lo alto en el restaurante Marixa en Laguardia, tuvo la generosidad de regalarme dos botellas de su bodega: Contino Selección Jesús Madrazo 2001. Una de ellas con dedicatoria a mi hija que por aquella época era una niña. <<Quiero que conserves esta botella hasta que tu hija cumpla dieciocho años y pueda bebérsela sola>> me advirtió Jesús. Pues como suele pasar en el impredecible futuro, no sucedió así, mi hija ya rebasó el plazo sin que hubiera podido descorchar con ella  la botella sino hasta el día de ayer. Celebrando en ocasión especial, cenando con mi esposa, rodeado de todo tipo de entradas sabrosas. Con el vino como protagonista y sin que hubiera maridajes ni cosas por el estilo.

CONTINO ETIQUETADebo confesar que a juzgar por la etiqueta, por un momento,  tuve la falsa impresión de que la botella estaba del otro lado de la cima; en proceso de descenso. Para mi sorpresa estaba espectacular. Una nariz intensa a eucalipto, bosque bajo y fruta negra de la mejor calidad, notas de trufa y pimienta negra. En boca fue de menos a más, entra discreto para ir crescendo con un final largo y de notas minerales. Sus taninos vivos y una acidez digna de los grandes riojanos. Una vez más confirmo el enorme trabajo realizado por Jesús tanto en el viñedo como en la bodega.

Esta ha sido la última botella que conservaba de aquel encuentro. La primera la descorché el 31 de diciembre de 2012, en la cena de año nuevo. Me resulta interesante leer mis impresiones en aquella ocasión, no cabe duda de que era un vino mucho más joven y que el tiempo lo ha redondeado, me parece que estos casi cuatro años en vidrio han servido para una evolución más profunda, con excelentes resultados.

Otra botella memorable que quedará en mis recuerdos para siempre.

Apatía o sensatez

Publicado: 30 septiembre, 2015 en Vino
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termo¿Cuál de las dos…? Apatía o sensatez. Es una pregunta que me vengo haciendo desde hace unos meses a raíz de una fuga de fluido refrigerante en las tuberías que desembocan en mi bodega de vinos. Las crisis económicas nos obligan a cambiar de rumbo hacia derroteros de eficiencia y economía. No puedo dejar de reconocer que abrir la puerta de la cava y encontrarme con un flujo de aire acariciando mi rostro fue una experiencia muy agradable, o por lo menos muy refrescante, dado los  calores saharianos del sur de México en pleno verano. Además de sacar las botellas frescas de sus nichos y en el caso de los tintos, descorcharlas  para servirlas del botellero directamente en la copa. Aquello parece que quedó atrás, por lo menos por ahora.

Les decía que todo había empezado con una fuga de fluido refrigerante en este caso: el Isceón MO49 plus de la marca DuPont. Cada vez más escaso y próximo a la extinción. Poco tiempo después de la última recarga la temperatura volvió a subir. Por lo que dedujo el técnico, encargado de la maniobra, que se trataba de una fuga y que ésta debía ser localizada por métodos no muy ortodoxos. Había que romper el piso y encontrar la ranura en algún lugar de la tubería entre el difusor y la manejadora de aire. Acto seguido: reemplazar el ducto. En el supuesto caso de que quisiera conservar mi viejo sistema de refrigeración. La decisión no es muy recomendable ya que el sistema es ineficiente y el Isceón MO49 acabará descontinuado. Por lo que toda la maniobra de cambios en el equipo se traduce en algunos miles de pesos. Mi respuesta fue un  rotundo N-O.

Hay quienes podrían pensar: ¿valdrá la pena cambiar el equipo de refrigeración tomando en cuenta los vinos que quedan reposando en los botelleros…? La temperatura actual rebasa los 20°C. Oscuridad total y una humedad que ha subido hasta el 75%. Obviamente con estas condiciones la evolución se torna impredecible, lo digo por la temperatura, que es lo único que se dispara unos grados arriba. No podemos pensar en una guarda muy prolongada, ni sacar las botellas directo a la mesa. Pero al ver el recibo de la electricidad me volvió el alma al cuerpo, y no sé si pueda ser comparable a la satisfacción que me daba antes entrar a la cava a 15°C.

Debo plantear una solución que me permita tener las botellas por ahí de los 17° C que sin ser lo ideal, tampoco veo problemas de «evoluciones descontroladas e impredecibles»

Recuerdo hace años mis estrictas normas para transportar el vino a un restaurante: Sacarlo de la bodega en una bolsa de neopreno, depositarlo en el regazo de mi esposa como a un bebe, y advertirle que además de no agitarlo debía sostenerlo en el aire contrarrestando el vaivén del coche en movimiento. Varios años después me provoca risa y muevo la cabeza reconociendo lo exagerado que fui. El tiempo matiza las cosas y el sumo cuidado que dedicaba al vino se ha ido diluyendo. Pero no quisiera caer en el extremo, así que posiblemente compraré un equipo nuevo. Próximamente les contaré el desenlace, sobre todo a quienes han confiado el cuidado de sus vinos para una larga vida, acostándolos en algún nicho de mi cava.

(continuará)

CATA 190A raíz de un vino griego traído por Alfonso desde aquellas lejanas tierras, me di a la tarea de buscar otros vinos helenos para poder contrastarlos. Al no encontrar ninguno en las tiendas que visité, decidí comprar vinos «mediterráneos», que en teoría deberían de tener algo más en común, además de la influencia de esa zona. Aunque ya sabemos que hoy en día no es necesario romperse tanto la cabeza para encontrar vinos aburridamente semejantes. De hecho, es el pan nuestro de cada día. Pues así las cosas busqué un siciliano, algo de Cataluña (Priorat) y por qué no, un Côtes du Rhône, aunque hubiera preferido un Côte-Rôtie con esos aromas a tocino ahumado que he encontrado en algunos.

Empezamos con un blanco vinificado con garnacha blanca y xarel lo. Dos de las variedades cuyos resultados agradan a mi paladar, no sólo el cava, sino también en vinos tranquilos. Se trata del Massis 2012 con ocho meses en barrica y 14 graditos de alcohol bastante integrados. Un vino color pajizo brillante de destellos verdosos. Huele a pera, cera y en boca es mineral y con un final amargo muy sabroso. Para comprar un par de botellitas.

Santa Cecilia 2008. Aromas intensos a mermelada de higo, humo y  zarzamora. En boca está un poco desencajado de final áspero. Inmemorable con causa.

Galeana 2008 de la bodega Domini de la Cartoixa, en Priorat. Fruta negra; arándanos, vino redondo, buen paso de boca; acidez y tanino. El mejor de la noche. Repetible. Aunque rebasa la peligrosa barrera de los 500 pesos(30 dólares), cuando empiezo a ponerme exigente. Lo pensaría dos veces antes de volver a comprarlo.

Imiglikos Santo sin añada. Un vino desconcertante, «semidulce» indica la etiqueta, no sabemos de que está hecho dentro de las raras variedades griegas como: aghiorghitiko, limnio, mandelaria o xinomavro, aunque no descarto la cabernet sauvignon, cabernet franc, merlot, garnacha o la cinsault. Huele a granada, y notas cítricas, cáscara de naranja, ate de membrillo, a pesar de ser tinto a ojos cerrados parece un blanco. Es dulce poco denso con un leve cosquilleo en el paladar. Diferente, se antoja con un buen brie y una hogaza recién sacada del horno.

Côtes du Rhône 2008 de la Famille Perrin. Intensos aromas a humo, cerezas en licor. En boca tiene buena acidez, todo en equilibrio, pero sin cautivar. Bebible.

Por debajo de 200

Extranjeros por debajo de 200…

En una escapada a la tienda de vinos más grande de los alrededores de mi barrio, me di a la tarea de buscar vinos por debajo de los 200 pesos (10€ ), sin importar país, región o variedad. ¡Cuál sería mi sorpresa!  que cuando pasaba por los anaqueles de vino mexicano todos rebasaban ese precio, inclusive el Casa Madero cabernet sauvignon (etiqueta beige), arriba de los 250 pesos.

No quiero decir que no los haya, pudiendo encontrarlos en las tiendas de autoservicio, como pudieran ser los de L A Cetto con su cabernet sauvignon básico alrededor de 100 pesos,   Domecq con la línea XA…  Y de ahí para abajo Valle Redondo y  poco más. En este caso todos excedían escandalosamente la barrera preestablecida. Me parece increíble que sea más fácil encontrar vinos importados de más bajo precio que los nacionales. Y me remite a una indubitable e ineluctable hecho: los precios de los vinos mexicanos cada día son más altos. La balanza está muy cargada hacia los vinos de 300, 400 y hasta las cifras de tres ceros… ¿Hay alguna buena razón…?

Así que como podrán adivinar no compré vinos mexicanos.

Empezamos con un blanquito para refrescar la garganta. Gewürztraminer 2011 de Viñas del Vero. Esta variedad me parece una de las más «femeninas», no conozco a ninguna mujer que no le haya gustado. Color pajizo brillante. Aroma intenso a níspero. En boca es abocado, con un final amargo que recuerda al agua quina. Si tuviera que encontrar algún pero, sería su acidez muy justita, le falta nervio. Repetible.

Syrah Gran Reserva 2011 de la bodega Santa Carolina. Esta marca no aparece en la página web, otro hecho que no es la primera vez que me sucede. Entiendo que hay  diferentes etiquetas para algunos mercados fuera del país de origen, pero podrían  incluirlos para los consumidores que se tomen la molestia de buscarlos  en su portal. En dónde más podría encontrarse la información. De color violáceo, huele a chocolate amargo, cerezas en licor, aunque no se advertía la madera, en boca es una lija que entumece la lengua y las encías. Hay quienes lo compararon con «un palo de paleta» haciendo alusión a aquellas veces en que se ronzaba el último trozo de hielo al quedar descubierto el palo que la sostenía. Inmemorable con causa.

Velvety 2012. Nariz discreta a flores secas así como entra sale… planito final tánico. Sin pena ni gloria. Corto como su descripción.

Les Héritiers 2012.  Hay quienes advertimos un deje a bicarbonato, su nariz no destaca, un vino bastante mudo.

Aguaribay 2009. Vino chileno de la bodega Flecha de Los Andes vinificado con malbec. Huele a mermelada de zarzamora, en boca tiene un cosquilleo, es cremoso, de taninos presentes sin molestar. Nada que cautive, un vino correcto.

Terroir La Baume 2012. Un vino que nos hizo dudar, al principio pensamos que estaba más allá que para acá. Notas acéticas en nariz y boca. Cansino, aromas químicos (acetona) Algo anduvo mal por el camino de este vino, desde la bodega hasta la mesa, habrá que probarlo de nuevo. ¿Quién se anima…?

Se abrió una polémica sobre los vinos «baratos». Hay quienes piensan que el precio va en relación directa con la calidad y el placer a la hora de descorchar ese vino. Yo sólo dejaría en el aire una frase de un amigo: «Es muy fácil defender un vino caro…»  ¿Qué opinan?