A pesar de la tarde nublada amenazando con lluvia, el calor nos recuerda que todavía estamos en el mes de mayo. Justo el clima para disfrutar de cuatro blanquitos frescos de entrada, y cerrar con dos tintos.
Empezamos con Garnacha 2014 de Bodegas y Viñedos Artanza. Un navarro que a mi en particular me gustó mucho, y que parece ser filial de viticultores Artadi. Color amarillo verdoso, brillante y fluido. Huele a durazno, espino blanco, piña verde (no madura) y lejanas notas herbáceas. En boca es cítrico, con algo de toronja blanca, mineral, recuerda también al agua quina; amargo al final, excelente acidez y de final eterno. Una joyita por los 295 pesos que piden por él. Para comprar una cajita.
El segundo es un albariño algo más ordinario. Pazo Barrantes 2014 directo de las Rías Bajas, o si lo prefieren: Rias Baixas. Huele a plátano con un punto dulce en boca, sin llegar a ser abocado, con una acidez y ese «punto dulce», bastante equilibrados. Entra con campañillas y sale un poco mudo. Va de más a menos. Repetible.
El tercer blanco es Flor de Chardonnay 2012 con nada menos que 14 grados de alcohol, bastante integrado. Denominación de origen Somontano, de Bodegas Laus. Color pajizo. Huele a barro, cera de abejas y paja mojada. Igual que el anterior va de más a menos. Repetible.
Por último, un blanco que tenía ganas de probar desde hace mucho, se trata de Erre Punto 2012. Vinificado con un 70% de viura y el resto malvasia. Desconcertantemente plano. Nariz cerrada a cal y canto, después de unos minutos huele a manzana verde. En boca es diluido, de final amargo y de acidez justa. No sé si lo volvería a probar. Además de su precio: ¡400 pesos! (19 €)
No sé por que razón se me ocurrió dejar al final dos Côtes-du-Rhône, será por que fue lo más cercano que tenía al revisar los pasillos. El primero: Les Heritiers 2012. En esta región encontramos, la famosa syrah, pero no es la única ya que junto a ella y por lo regular mezcladas tenemos la garnacha tinta, la mouvèdre, cinsulat, y la carignan.
Les Heritiers 2012. Huele a cerezas y ahumados, tanino maduro y buena acidez. Bebible.
Calvet Côtes-du-Rhône 2014, este otro huele a cerezas en licor, fruta roja, algo ligero, buena acidez y de final largo. Frutal, algo primario, bebible también, y ambos a precios razonables, alrededor de 200 pesos.

Mi primer encuentro con esta bodega fue en el año del bicentenario de la Independencia,
Hay países cuya relación con el vino no parece tan estrecha como lo pueden ser: Francia, Italia y España, aunque en realidad todo indica que se originó en las faldas del Cáucaso. Vestigios de lagares, semillas de uva y ánforas con pigmento han sido la prueba para sustentar dicha teoría. Israel está entre los primeros países por donde la vid peregrinó en su largo éxodo hacia el Oeste del Mar Mediterráneo.
precio que no quita el hipo. Un merlot de trago largo. Albamar Merlot 2013. Un vino chileno, al parecer producido por una familia norteamericana: William Cole. Cuenta con 129 hectáreas en el Valle de Casablanca, a sólo 45 km del Océano Pacífico. La zona más fría de Chile, que hasta hace unos años se concentraba en vinos blancos, pero ha ido incursionando poco a poco en los tintos, con buenos resultados. Me gustaría saber cuál sería el resultado de la pinot noir, si es que alguien se ha animado ya a plantarla. Hablando de merlot chileno, probé otro, también en restaurante, que me gustó aún más. Un Antares cuya añada no anoté, posiblemente porque no la vi impresa, perdón por mi poca memoria. Huele a mermelada de arándanos, cerezas en licor y algo de pimienta blanca. En boca es frutal, de tanino discreto, acidez justa pero agradable en su conjunto. Aunque confieso que la copa donde me lo han puesto me gusta más. Estas copas con el fondo achatado se están poniendo de moda.
arece tarea fácil desmenuzar una copa de vino para saber: de qué uva se trata, el grado de madurez, su astringencia, azúcar residual… y todas esas cosas de las que se encargan los enólogos en el laboratorio, y los sumilleres en los concursos. Habría que matizar que los enólogos se encargan de muchas otras cosas en el viñedo, desde mucho antes de la vendimia, y de todas las labores dentro de una bodega. Decía que parece fácil, pero no lo es. Si a ésto le sumamos la falta de tipicidad por: la sobre-extracción de la fruta, la homogenización en los procesos, el cambio climático y otros menesteres…, la tarea se torna francamente imposible a la hora de pretender descifrar el origen del vino en cuestión. Esto mismo pretendí que hicieran mis compañeros de grupo, con resultados no muy halagüeños. Tenían que anotar: país, denominación de origen, variedad (es) y añada… ¡Casi nada!
Ante la falta de tiempo para preparar la cata, el viernes por la noche llegaron, los pocos «catadores» que lo hicieron, con una botella debajo del brazo. No hubo ninguna restricción de variedad, precio o de ninguna otra. Y los resultados son los siguientes:





