
Edificios cubiertos por neblina…
Unos días fuera de casa visitando buenos amigos, buenas tiendas de vino y restaurantes con una oferta interesante, en ese orden. Houston es una ciudad mediana que cuenta con mucha de la infraestructura de otras ciudades de su tamaño. Después de recibir una calurosa bienvenida nos dirigimos del aeropuerto rumbo a Woodlands, una ciudad satélite a 40 minutos de Houston. Lugar de residencia de mis cuates. Debido a que ya conocen mi afición, pasamos de camino a conocer 13 celsius ubicado en el centro, en el número 3000 de Caroline. Para nuestra mala fortuna estaba cerrado. Asomándome por el ventanal se veían mesas, una barra y varias botellas dispuestas detrás. Un bar de vinos, un bistro… no lo sé, pero tenía buena pinta.
Caminamos más que los infortunados mojados que cruzan la frontera, pero todo el recorrido por las múltiples vías subterráneas en el mismísimo centro de Houston. Ya que no soy afecto a la comida en el avión, si se le puede llamar comida, lo único que ha cambiado es que ahora la cobran y en billete verde. Así que lo primero que le hice saber a mis queridos amigos fue que tenía que comer algo, porque mi cuerpo bajaba peligrosamente sus niveles de azúcar. Una baguette de jamón y queso con sus «chips» y una Coca Cola añada 2009 fue suficiente para saciar mi apetito por unas horas.
Después de llegar, desempacar, saludar a sus hijos, y recibir un tour por los arbolados alrededores, tuvieron la brillante idea de invitarme en la noche a Crush, un wine bar muy concurrido por la zona. Se trata de un lugar de ambiente relajado, una cómoda barra y una terraza donde los edificios circundantes me hacen sentir bebiendo en la zona de Santa Fe en la Ciudad de México. Gente comedida dispuesta a resolver cualquier duda, su selección de vinos no es para echar tiros, pero se pueden pedir vinos de corte moderno a un precio razonable. Cinco personas: la pareja de mis amigos junto con la hermana de mi amiga, su esposo y un servidor. Empezamos en la barra con un Dr. Loosen 2008, si bien se trata de un vinito chaptalizado, en ese momento pasó muy bien. Punto Final 06, al cambiarnos a una mesa pedimos este malbec con fruta roja y tostados de buena nariz, pero sin personalidad, en boca se muestra corto. Monte Otón un garnacha ligero y con muchos lácteos. Como suele suceder el tiempo pasó volando y tuvimos que ahuecar, no sin antes tomar algunas fotos.

¡Benditas calorías!
Al otro día fuimos a Perry´s Steak House & Grille es un lugar para quienes la carne es su alimento primordial, caso de su servidor, aunque yo diría que hay muy pocas cosas comestibles que me desagraden. A media luz, con una colección de reconocimientos elegantemente enmarcados: «Wine Spectator Award of Excellence» del 2003 al 2009, todos en fila… Quienes leen este blog saben lo poco que me importan estos «awards», sobre todo después del escándalo de Milán. El caso es que estaban allí colgaditos. En cuanto a vinos, una buena cantidad de super tintos californianos. Pero mi elección fue un australiano; Yangarra 2006, una combinación de grenache, shiraz y mourvedre. Amplio, tostadito, frutal, de tanino presente, sin ir más lejos.
La carne es excelsa; suave, concentrada, marmoleada, con la cantidad justa de grasa, estos famosos steaks dry age, o carnes añejadas, son francamente deliciosos. Fueron dos buenas elecciones para salir de casa. Esta última me ha parecido un lugar excelente para satisfacer los instintos animales de comer, o mejor dicho devorar carne carne de primera calidad. Y debo decir que la entrada de hongos capeados y no sé que otra cosita, estuvieron deliciosos.
He dividido esta entrega en dos partes, la segunda se refiere también al hedonismo puro, pero de manera doméstica, o sea en casa, en casa de mis queridos anfitriones: una carne asada y buenos descorches.
Hace unos días dio comienzo uno de los festivales gastronómicos más importantes de la ciudad de Cuernavaca: Food & Wine Morelos 2009. Conferencias, clases demostrativas, clases magistrales, talleres, catas de mezcal, de tequila y de vino. Además la visita de reconocidos chefs, y sumilleres que visitarán los principales restaurantes de la ciudad. Yo me apunté con mi esposa y mis entrañables compadres a la cena maridaje en nuestro restaurante favorito La Gaia, que recibió como invitados a los Chefs Alicia D Angelli, Aquiles Chávez y el chef repostero Héctor Villalobos. A la sumiller Claudia Juárez de Casa Madero, nunca la vi, se los aseguro. Todo transcurrió según lo esperado. Los anfitriones. Todos. Gente amable y comprometida con su labor, no quiero nombrar a nadie para no dejar a alguno de ellos fuera de la lista. Nos hicieron sentir en casa.
El jueves pasado comí con mi socio y su esposa en el 
de grasa sino de agua. Una infección estomacal me tuvo fuera de combate estos tres últimos días. Parece mentira que el estómago en mal estado pueda tenerlo a uno en jaque tanto tiempo. Sin tener la certeza, todo parece que se originó el jueves pasado, al asistir a un restaurante italiano con unos amigos. Yo sabía de sobra que la especialidad eran las excelentes pizzas recién salidas del horno, un horno muy grande y campirano con leña. Pero tenía antojo de risotto, y pedí el único que había en la carta. Risotto con mariscos. Desde que lo pusieron frente a mis narices se me quitó el apetito, tenía más pinta de arroz con leche con parmesano que de risotto. Mis espectativas iban más bien enfocadas a algo con azafrán, chícharos, mejillones, camarones y lo que se le pudiera ocurrir en un chispazo de virtuosismo al chef.
