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Recuerdo que desde hace ya algunos años leía comentarios aduladores de un vino, que por aquella época estaba de moda, quizás este hablando de principios del año 2000. Se trata del PSI un ribera vinificado con la conocida variedad tinta del país en esa zona, conocida como tempranillo en casi toda la geografía española; tinta roriz como la identifican en el vecino Portugal. Un vino de la bodega Dominio de Pingus, fundada en 1995 en Quintanilla de Onésimo, y cuyo enólogo es el cotizado danés Peter Sisseck. 18 meses de crianza: un 40% en barricas nuevas de roble Allier y el resto en barricas usadas. No sé por qué no se me había ocurrido probarlo hasta el día de ayer. Quizás sea esa repulsión natural a la moda y a los vinos de culto que me dan urticaria. Pero llegó la oportunidad. Ayer acompañé a un amigo de compras por los pasillos de una de las tiendas con mejores precios que se pueden encontrar en mi aldea. Había escogido un Contino Reserva, mi memoria cariada hace difícil que recuerde la añada, pero me picó la curiosidad por el PSI 2019, por casi el mismo precio. Más tarde nos dirigimos a un restaurante donde nos dispusimos a refrescarlo y darle cristiana sepultura. Pedí decantarlo pensando que nos enfrentábamos a un vino muy cerrado: veinte minutos bastaron para limar asperezas: Color picota, brillante y fruido, mucha fruta negra sin llegar a extremos mermeladescos. Firme, mostrando su armazón, con acidez comedida y tanino bastante limado. No creo que pueda guardarse por más tiempo, pero puedo estar equivocado, en esto de las predicciones no soy ni de lejos el más apto, aunque tampoco conozco a nadie que lo sea. Maridó bien con un cochinillo al horno en cama de patatas. No tan crujiente por fuera ¿Volvería a comprar el PSI…? Creo que hay mejores opciones por ese precio, aunque también debo reconocer que no estuvo mal.

Comtats de Barcelona

Hace poco me decía un amigo que la denominación de origen Cava había cambiado de nombre. No es precisamente que cambie para todas las cavas, hay que recordar que esta denominación de origen no ocupa una zona delimitada en una provincia en particular, sino que aparece como la viruela en varias zonas. Así en Cataluña se identifican como Comtats de Barcelona, mientras que el elaborado en otras zonas del país mantendrá el nombre de cava con el añadido de «Valle del Ebro» para el de Aragón, «Viñedos de Almendralejo» en el caso de cava extremeño y «Altos de Levante» en el caso del valenciano. Como ha ocurrido en otras ocasiones, es probable que la gente siga pidiéndolo como cava, y haría muy bien. El ser humano se complica la vida sin necesidad, como si la vida no fuera ya de por sí complicada.

Actual zona de producción del cava

Foto: Consejo regulador

Todos los vinos cuentan historias, unas más interesantes que otras. Ayer por la tarde descorchamos uno de esos vinos que por sus orígenes y tradición cuenta la propia. En la contraetiqueta se puede leer:

En la década de 1980, un impulso innovador recorrió el camino entre Segovia y Peñafiel para ir a encontrar, en el corazón de la Ribera del Duero, el vino destinado a acompañar los placeres de la mesa en el Restaurante José María. El lugar elegido acabó convirtiéndose en una de las ubicaciones míticas de la viticultura contemporánea española: las laderas de Carreovejas . En aquel momento nació Autor, que hoy sigue su trayectoria de elegancia y expresión territorial en paralelo con su bodega de origen

En el marco de un restaurante que frecuento, y que siempre me deja muy satisfecho en cada visita. Se trata de un lugar pequeño, de unas 15 mesas, con un menú muy cuidado, materia prima de primera y un esmero en todos los detalles de parte del chef y propietario. Invitado por uno de sus socios y pariente de mi esposa, Carlos. Me había advertido que llevaría algo especial, así que tuve que echar mano de algún blanco que mereciera la pena. Abrimos boca con un riesling alsaciano; Hugel 2021. Bodega que destaca por la estructura de sus vinos: firme, con una acidez exquisita, frutal y al final una elegante nota de queroseno que nos recuerda a la riesling cuando empieza a madurar y mostrar su magia.

Autor José María 2020

Maridó de maravilla con una trucha salmonada y unos espárragos asados. Con respecto al tinto, fue traído de España hace poco, no ha tenido tiempo de reposar, se trata de un vino de baja producción: Autor José María 2020, un riberita vinificado con 93% de tinto fino (tempranillo), 5% merlot y sólo un 2% de cabernet sauvignon. Color picota, denso, sobre-extraído, alcohol bastante integrado, aunque en la medida que sube la temperatura aparece una arista alcohólica. Huele a jalea de fruta negra, con una nota a pimienta. Boca abigarrada, acidez comedida. Tiene una entrada barroca con mucho de todo, quizás le falte vidrio, o por lo menos algún tiempo en reposo. Carraeovejas un pago de vinos que tiran a la modernidad, y que en México han tenido una buena acogida. Después de tanta charla el petit filet a la mostaza está un poco frío. Una espléndida tarde donde hubo mucho que contar, bañada por buenos vinos. Vuelvo a pensar que mi antaño tinto-centrismo está cambiando al polo de los blancos de calidad, sobre todo en latitudes cercanas al Ecuador. ¡Abur!

Hace tiempo escribí algunas entradas donde trataba varios temas a la vez, tituladas: Miscelánea y Peculiaridades Diversas, en ambas llegué hasta la quinta entrega. Pues bien, hoy vuelvo a escribir sobre varios asuntos que trataré de darles coherencia y siguiendo el hilo vuelvo con el título de Peculiaridades Diversas, en este caso la VI. Estando hurgando entre los papeles de mi oficina, con cierta nostalgia emigraré a la biblioteca de casa, encontré más de un centenar de tarjetas de presentación. Hoy es raro que alguien extienda su mano para ofrecernos la suya. Prefieren las redes sociales y el Air Drop para «transmitirnos» sus datos. La selección como dije antes, es amplia, desde direcciones y teléfonos locales hasta lugares tan alejados como Argentina y Francia, vivo en México, para quienes me leen en España que les quedan a un paso los franceses.

Leo en la primera tarjeta de presentación: Paseo de compras, dos números de teléfono celulares y un correo electrónico en la parte inferior, un taxi dibujado de costado y el nombre de Daniel Abrahim Chá. Un buen hombre que conocimos la primera mañana de nuestro viaje a Buenos Aires, recorriendo con mi esposa alguna bulliciosa calle cerca del hotel donde nos hospedamos. Después de nuestra tormentosa llegada la noche anterior, cuando abordamos un taxi del aeropuerto. El chofer; un tipo (el reverso de la moneda) nos quiso estafar contándonos una triste historia sobre su pequeña hija enferma y hospitalizada desde hacía mucho tiempo. Después de dar varias vueltas en círculo, sin que pudiéramos llegar al hotel y engordando la cuenta del taxímetro. Con una cara larga quería saber si podíamos cooperar con algunos dólares para el tratamiento médico de su criatura… Daniel, un uruguayo dispuesto a llevarnos hasta el último rincón de aquella ciudad porteña, aunque debo de reconocer que tenía algunas lagunas sobre los lugares más turísticos. Un día cerca de las doce nos llevó a un bar, pensando que se trataba de un museo. Otro día le hice una pregunta capciosa: ¿Conoce la tumba de Borges..? Sí debe estar en la Recoleta… Cuando en realidad estábamos a miles de kilómetros de distancia.

La segunda tarjeta: Bodegas de los Reyes, Javier Hernández Zufía, gerente, calle de los Reyes 6. Una tienda de vinos en el corazón de Madrid. Entré una mañana solo, apenas pude ver al fondo que limpiaban afanosamente lo que quedaba de una cata multitudinaria de la noche anterior. De los vinos francamente no me acuerdo, pero no se trataba de los que encuentras en cualquier tienda.

Gabriel´s Wine & Spirits, Brian Tarver, 445 Walzem Rd. San Antonio Texas. Una extensa tienda de vinos y licores rumbo a Austin. Llevaba ya algunas botellas en el carrito cuando mr. Traver se acercó a romper el hielo. Por mi parte lo desafié diciéndole: If you have a Petrus for less than one thousand bucks, I will buy it… Ni tardo ni perezoso me trajo una 2001. Que dicho sea ya pasó a la historia en la cata 234. Hoy en día no podría comprarla por ese precio ni de broma. Y hablando de costos y precios… Acabo de leer en la página 87 de The World Atlas of Wine octava edición, de Hugh Johnson, que el costo de producción de un vino segundón de Burdeos (second growth) es de 16€. A pesar de que los «segundones» resulten muchas veces mejores que los premier cru es un negocio muy lucrativo, tomando en cuenta que hoy no bajan de 200 dólares, pongamos de ejemplo un Pichon Longueville o un Rauzan-Segla.

Caja de Ahorros del Mediterráneo, Antonio Tellez alias Bosconio. Hombre entusiasta, miembro de Verema.com al igual que yo por los inicios del año 2001, y a quien conocí tres años más tarde en la bella ciudad de Valencia. Una sabrosa charla como viejos amigos, degustando una docena de copitas, exquisitos platillos, eso sí de tamaño de dedales, y al final un puro cortado por la sumiller segundo lugar nacional de España.

Aunque aparezca en la tarjeta el nombre de Ana López Cano, Vinos Finos R. López Heredía Viña Tondonia S.A. Av. de Vizcaya 3, conocí en persona a la señora María José López Heredia. Aquí si quisiera extenderme, ya que el año anterior, 2004, había conocido la bodega pero no había tenido la fortuna de platicar con ella, tenía de visita a un grupo de esos que compran para importar varias cajas a su país. Fuimos atendidos muy amablemente en aquella ocasión pero no tuve el gusto de conocerla . Volví aquel verano de 2005 y no sólo la conocí, sino que coincidió con su aniversario. Para celebrarlo sacó de la bodega un Bosconia 1968. Agradeceré toda la vida su generosidad y aquellos bellos instantes que tuve la fortuna para charlar con ella y ser inmerecidamente obsequiado con un Bosconia y un Tondonia ambos añada 1964, año en que llegué a este caótico mundo. Todavía guardo el Bosconia para mis 60 años. Fue una tarde inolvidable.

Muy cerca de allí, en La Serna. Viñedos Del Contino, S.A. Jesús Madrazo Mateo, enólogo y parte toral de la bodega. Gran anfitrión y un buen amigo. Me acuerdo que observando pasmado el pago de Viña del Olivo, bautizado así por el majestuoso árbol que extiende sus ramas sobre algunas vides, le pregunté si podían reposar mis cenizas algún día al pie de ese olivo. Jesús me miró asombrado asintiendo. Pero yo en son de broma le dije que al final no sería buena idea que quienes compraran ese vino a partir de esa añada, se llevaran mis recuerdos en cada copa.

Berry Bros & Rudd, Wine & spirit merchants, Matthew Foster. Al leer los datos de esta tarjeta recuerdo que caminaba en medio del frío, era muy temprano y el avión salía de regreso en 4 horas. Así que caminando como dicen los ingleses down the street entré a la primera tienda. Todos sentados en sus estrechos escritorios con su diadema pendientes al teléfono. Más tarde me enteré de que se trataba de una comercializadora de vino por mayoreo. Así que seguí mi camino hasta llegar a una de las tiendas de vino más viejas de Londres, 325 aniversario hasta hace poco, más aún que el Museo Británico. No debe faltar la sección de whisky y el piso viejo de tablones de madera. Compré sino mal recuerdo un par de borgoñitas de medio pelo.

*Por cierto, unos días después de esta entrega, leyendo Churchill A drinking Life, un librito ameno y divertido sobre las andanzas de Sir Winston Leonard Spencer Churchill, me entero de que esta tienda era una de las que surtía de champán, y otras cositas al gran bebedor de Churchill.

Agricultura e Vinhos * Quinta Do Mouro, Miguel de Orduna Viegas Louro. En seguida vienen a mi mente varios recuerdos de aquel inolvidable viaje. Empecé en el congreso de Verema en Talavaera de la Reina, de allí me desplacé a Extremadura, cuyo anfitrión Antoliano Davila me llevó a conocer varias bodegas en Alentejo, Portugal. Quinta Do Mauro fue una de ellas. Día soleado y ambiente campirano, me llevé muy buenos recuerdos de esa visita, comimos en Elvas, en el famoso restaurante El Cristo un exquisito bacalao capeado, un kilo de almejas en mantequilla bañado con una garrafa de vino verde.

Joe Saglimbeni Fine Wines, 638 Rhapsody, San Antonio, TX 78216. Una tienda no muy grande, enclavada en una tranquila zona arbolada, en un vecindario de clase media. Esta tienda hasta hace poco era atendida por sus dos dueños, dos hermanos ya mayores: uno en la caja y el otro en los pasillos orientando a los clientes. Los pasillos estrechos con botelleros a ambos lados y parecidos al laberinto del Minotauro. Tienen una muy buena selección de vinos en general y champán y vinos de postre en particular. Un verdadero placer entrar y disfrutar de la selección de vinos a la vista, allí compré mi sacacorchos Laguiole de mango de cuerno negro.

Creo que habrá una segunda entrega, hay todavía muchas tarjetas que me traen buenos recuerdos. ¿Qué seríamos sin la memoria…? de la poca que aún conservo.

Masroig 2016

Publicado: 15 marzo, 2022 en Restaurantes
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Elegancia y sutileza definen en dos palabras a este vino.

Hacia mucho tiempo que no visitaba Viña Gourmet, uno de mis restaurantes favoritos al sur de la Ciudad de México. Ayer fui con la familia y disfrutamos no sólo de la comida y el vino sino también de tantos y tan buenos recuerdos en este restaurante. La tienda parece haber mermado su selección de vinos, o por lo menos eso me pareció, y me refiero al número de etiquetas más que a la calidad. Me sorprendió cuando el dueño, un buen amigo, me comentó que la selección de vinos catalanes, entre ellos los más buscados por mi últimamente: prioratos, no había en los anaqueles ya que no figuraban entre los preferidos del público. México parece destacar en la selección, con vinos por arriba de los mil pesitos, alrededor de 50 dólares americanos. De entre la selecta colección a la venta, me recomendó un Montsant al no tener los otros catalanes. Esta denominación cuyo origen se remonta a 2001, siendo una denominación de origen muy joven, con aproximadamente 2000 ha. Confieso que al principio titubeé, pero al final mil trescientos pesos para un Montsant comprado en tienda de este lado del charco tampoco es un precio que no se pueda pagar, así que lo llevé directo a la mesa. Una de las ventajas de poder entrar a la tienda y descorchar el vino seleccionado sin cargo extra. Se trata de una producción limitada y numerada de 2,528, ésta es la 1415. Masroig 2016 100% Cariñena, esa uva de maduración lenta, muy popular al sur de Francia con el nombre de Carignane. En España hay poco más de 7000 ha sembradas principalmente al noreste. Siguiendo con el vino y en ese afán de búsqueda de aquellas sensaciones que me dio el Mas Agnes, descorchamos este Masroig 2016 que ya desde el principio no se trataba de la garnacha tinta, sino un monovarietal de Cariñena. Color rubí brillante y fluido. En nariz es una delicia, con mucha fruta negra de primera calidad, recuerdos de bosque bajo y una notita de trufa, algo muy agradable que puedo estar oliendo toda la tarde. En boca muestra elegancia y sutileza, una acidez exquisita, tanino presente sin el más leve signo de astringencia desbocada, todo en armonía, un vino que enamora, como para una cajita en la bodega para ir descubriendo la magia de la evolución, aunque en este momento está soberbio. Con una ensalada verde fresquiita bañada con mucho aceite de oliva y vinagre balsámico, y de segundo un centro de filete al horno con salsa al carbón con espárragos asados, maridó de maravilla. De postre pedí una copita de Moscato Árdo 2015, nombre extraño para un vino ligerito con buena acidez y muy recomendable como postre, sin entrar a bebidas más complejas como pudiera ser un Pedro Ximénez o un Oporto.

Tapas, pinchos o pintxos (como se escribe en tierra vasca) y hasta los bocadillos y canapés, sin ser tan ortodoxos podríamos agruparlos en las  variantes de lo que podemos traducir en México como botana. Botana que se ofrece al bebedor sediento en bares y cantinas, y que su diversidad roza lo infinito tanto aquí como en España: Pimientos del piquillo en diferentes presentaciones, pinchos de tortilla, sardina, boquerón, gambas, navajas, huevo duro con pimentón, calamares, chorizo, pimientos asados, croquetas de bonito… son apenas un asomo de la gran cantidad de tapas que se ofrecen en los bares de cada esquina de las ciudades y pueblos españoles, tapas que requieren para obtener esa categoría un trozo de pan crujiente.

En México tenemos: cacahuates, papas fritas, sopecitos, chalupas, tacos dorados, tacos de diferentes guisos, chapulines, guacamole, tostaditas, molotes, charales, manitas de cerdo etc. Pero hoy me quiero enfocar en las tapas y pintxos que se ofrecen en México, ya que para mucha gente ha sido una novedad que no sólo en los restaurantes españoles se sirven, sino que las tiendas gourmet han incursionado en la preparación de estas delicias como City Market El Palacio de Hierro (Polanco). Lugares donde de ofrecen estos productos con una copita de vino o un buen tarro helado de cerveza, agua mineral o cualquier cosa que pidan de beber en la barra. Menciono estos dos establecimientos ya que son los únicos que conozco en Ciudad de México.

Hasta el momento y dudo que cambie la situación, son productos caros que no tienen nada que ver con la oferta en lugares como León España (Barrio Húmedo) donde incluso las tapas son gratuitas. Aunque carguen un poco más a las bebidas, ya que como decía mi padre: «Nada es gratis en esta vida». Pero por lo menos podemos hacernos ilusiones con ese plus ofrecido por el dueño del establecimiento.

En City Market he probado algunas tapas que me parecen de muy buena materia prima, misma que se puede conseguir dentro de la tienda. Mucho tiene que ver el ambiente en la barra, rodeado de productos, limpia y bien iluminada.

tapa6.jpgUna característica que dista de los bares españoles, y no precisamente los que visitan los guiris, es que es algo tan cotidiano que no se respira ese aire de sofisticación y efímera sutileza propios de lugares concebidos para sacarle los ojos a los turistas forrados de dólares. Cuántos bares visité en España durante los años ochenta, donde llegaba incluso a  pisar las colillas de cigarro y un poco de aserrín para que nadie resbalara por el piso húmedo. Sé que puede sonar cutre, pero también le imprimía un aire de taberna medieval, donde las charolas con cañas y chatos de tinto o sidra previamente escanciada deleitaban a los comensales en un ambiente impregnado de aromas y sabores.

Hoy en México como en muchos bares en zonas de alta plusvalía en cualquier ciudad del mundo, lo primero es atraer al cliente por la vista en un lugar armado y ambientado artificialmente como cuando se visita Epcot Center en la tierra de Mickey Mouse.  Para quienes gustamos de lo auténtico y queremos porciones abundantes y no dedales y platos que parecen muestras, la satisfacción es incompleta y muchas veces al salir es común sentirse timado.

El promedio que se llega a  pagar por persona, dependerá de que tan sediento o tapa2hambriento entre al bar. Sin embargo me atrevo a decir que un promedio de 4 tapas y una bebida, digamos vino o cerveza ronda los 300 pesos. Otra característica diferente, es que en España cuando se sale de juerga es muy raro que alguien se siente en la barra por más de dos raciones. Es habitual ir de bar en bar probando cosas sabrosas por las tardes, una cañita a mediodía y café con un bizcocho en la mañana.

En Ávila ciudad amurallada, relativamente cerca de Madrid, realizan uno de los  concurso de tapas más importantes de España. Así que el arraigo y tradición se respira en cada uno de sus rincones. La materia prima es la espina dorsal de un buen pincho, el esmero y la dedicación cierran el círculo para poder presentar en la barra una buena tapa. Sería ocioso hablar de cada una de las tapas que sirven en los lugares arriba mencionados, lo que sí puedo decirles es que el aguacate y algunas porciones calientes, no se encontraran en la Madre Patria, ya que se sirven así como están expuestas en los exhibidores… Mejor los invito a que se den una vuelta, sino lo han hecho, y probar algunas tapas para que formen su propia opinión.

Por estas fechas en el estado de Puebla encontramos en algunos restaurantes de comida típica el mole de caderas. Así como sucedió en un principio con los pantalones de mezclilla que eran usados por albañiles y gente de trabajo rudo, y que hoy no sólo  se han puesto de moda entre mujeres y hombres, sino que podemos encontrar jeans o vaqueros arriba de los 500 dólares, el mole de caderas exclusivo de gente del campo, hoy se ha elevado a un platillo gourmet. Pero qué es y cómo empieza el ritual de este platillo. Copio textual un papelito que llegó a mis  manos:

El mole de caderas

El mole de caderas o huaxmole es un platillo tradicional de carne de chivo de la región de Tehuacán, Puebla.

Es considerado como uno de los platillos más importantes en los estados de Puebla y Oaxaca, debido a la prolongada crianza y cuidados en la preparación del animal – del cual se aprovecha la totalidad de la carne- y de la celebración del festival de la matanza, que acompaña y da inicio al sacrificio de animales de crianza para la preparación de los alimentos y para la posterior conservación y curado de la carne.

En la preparación del mole de caderas se emplea la carne y hueso de la cadera, condimentos a base de sal, chile y  un baño de limón para darle un toque especial, con un caldo de color rojo hervido en la carne de las caderas, y ejotes silvestres.

El sabor del platillo es característico de la carne de los chivos, que son llevados durante un trayecto que dura un año, pastando a través de las regiones del Sur del estado de Puebla, y del Norte de Oaxaca, alimentado al ganado sólo con abundantes cantidades de sal, se mantienen hidratados sólo por agua. De la práctica de este tipo de crianza se obtiene carne de un sabor fuerte y característico.

El 20 de octubre se lleva a cabo el festival de la matanza, en la que hay bailes y danzas, como la denominada Danza de la Matanza, donde literalmente se baila con un cabro macho, para sacrificarlo al final con un tiro en la frente.

Con esta celebración da inicio la matanza, no sin antes ofrecer una ceremonia por parte de los matanceros en un altar, donde se pide para que la matanza sea abundante; igual o mejor que la del año pasado. Los matanceros dan paso a los chiteros, y éstos a su vez a los fritangueros de vísceras.

Las referencias históricas señalan como fecha probable los inicios del siglo XIX, época en la que hubo un aumento  sin precedentes en la cantidad de cabezas de ganado caprino.

al mojo de ajo

Con su Guacamole y totopos al lado…

Algunos, no todos quienes formamos el grupo de catadores Vino Por Placer llegamos a El Burladero en el boulevard Atlixco. Un restaurante que sin destacar por su decorado, hay que admitir que se respira en un ambiente limpio y muy ad hoc a la fiesta taurina. Nada mejor que empezar con un par de mezcales, uno ya conocido por su servidor 400 Conejos reposado. Ese olor y sabor ahumados van muy bien con las salsas picantes y la carne de chivito, seguido de otro mezcal artesanal que no había probado: Amores reposado, algo más suave y cremoso que el anterior. Había llegado a la mesa un platillo al mojo de ajo, que como es lógico pensar, no hay caderas suficientes como para la gran demanda en esta temporada, así que deben echar mano del espinazo que no está nada mal.

Un platillo no apto para quienes padezcan de colesterol y triglicéridos altos, así como tampoco los de espíritu vegetariano.

Huaxmole

Huaxmole o mole de caderas… ¡Mmmm!

El segundo plato que fue puesto en mitad de la mesa, lo vi pasar de mano en mano sin poder hincarle el diente, y es que ir con seis personas adultas de buen apetito,  algunos de ellos sin haber desayunado, es casi temerario.  Lo bueno vendría después, ya que cada uno tendría su propio plato de Huaxmole. Un platillo caldoso que quienes saben, desmenuzan la carne en otro plato aparte, para deshacerse de los huesos y así volver a remojarlo en el caldo.

Los vinos fueron los que dieron de qué hablar, no precisamente por la selección, sino que los precios estaban completamente fuera de lugar. Arriba de 700 pesos (40 dólares) Cune crianza y cosas por el estilo, sin sumiller y con un mesero que derramada las últimas gotas en el mantel a la hora de servirlo. Nos vimos obligados a pagar algo así como 40 verdes por un par de botellas de Santa Emiliana Carmenere. Hay restauranteros que todavía no entienden que el vino debe ser un complemento y no un artículo de lujo. Por lo demás todo muy bien, como para repetir la experiencia el año que entra y volver al molito de caderas.

Los vinos más baratos de la carta

Publicado: 20 noviembre, 2017 en Restaurantes, Vino
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Vino de La Tierra de Castilla

Vino de La Tierra de Castilla

Cuántas veces por cuestiones del destino hemos parado en un restaurante por primera vez, y dado el mobiliario, la decoración y todo lo que le rodea, pensamos que la carta debiera ser breve y de precios comedidos. Es decir no hay sumiller, ni siquiera un mesero medianamente enterado en el servicio del vino, no hay cristalería decente, y en la mayoría de las ocasiones se ve algo cutre. Pensamos que se pueda traducir en precios bajos. Pues ayer no fue así, si bien desde la entrada se veía la esmerada preparación de una paella para algo más de cien tragones, y el ambiente olía a tocino ahumado, olor que tengo en lo más fresco de mis recuerdos cuando entro a un restaurante español. Y de hecho se trataba de un restaurante inspirado en comida de la Madre Patria.  La parte de arriba del restaurante distaba mucho del buen ambiente de la planta baja, a un grado de la depresión. Otro factor que se repite en muchos sitios como si arriba hicieran algún descuento extraordinario. La carta no era precisamente corta pero tampoco era la selección mejor escogida. Viendo vinos caros por doquier, encontré uno muy escondido en un rincón a un precio razonable, rondando los 300 pesos, algo así como 16 dólares. Y como no soy muy exigente en los restaurantes la mayoría de las ocasiones escojo el más barato, y por fortuna en más de una  salgo satisfecho con la elección, salvo cuando conozco de sobra ese vino barato y sé de antemano que no es santo de mi devoción. Siempre he pensado que pedir vinos dignos de celebración en restaurantes es de antemano arriesgarse a pagar un sobreprecio que puede llegar a más del 300%. Y que también habrá una que otra ocasión que lo amerite ¡Por supuesto! Pero no siempre.

Ayer corrí con suerte, el vino en cuestión fue un Crin Roja 2015,  un vinito sin pedigrí (Vino de la Tierra) que cumplió con creces  la amable tarea de aligerar la digestión y refrescar la garganta mientras pasaba la suculenta grasa de un lechón crujiente por fuera y suave por dentro. Mucho mejor que haber roto el cochinito o hipotecar la casa para darnos cuenta al final de que el vino no cumplía con las altas expectativas que nacen de las cartas infladas y se traducen en grandes decepciones.

Color rubí, frutal y redondo, sin ninguna otra pretensión que ser bebido. Así que los invito a probar los vinos más baratos de la carta, a veces resulta.

¿Quién quiere un poco más...?

Quién quiere un poco más…

Me he quejado amargamente en este espacio,  en varias ocasiones, de los abusos en algunos restaurantes. Hoy vuelvo a publicar mis amargas experiencias que abren tema de conversación las tardes en que visito a mi psiquiatra, cuando me pregunta insidiosamente cuáles han sido mis conflictos espirituales más recientes. El sábado pasado fui invitado a comer por una alma generosa a un restaurante. Se trata de uno de mucho postín cuyos jardines deben costar una fortuna, el solo mantenimiento. Para quienes se vayan formando un criterio equivocado, debo reconocer que las cosas llámense bienes y servicios, cada vez están más caras en este país. Indiscutiblemente, sin lugar a dudas, aunque insistan algunos políticos en convencernos de lo contrario. ¡Pero cobrar 180 pesos por un dedal de vino, me parece obsceno! por no decir otra cosa. Ya sea que se trate de un Oporto Taylor´s,  Tawny 10 años, o de un 20 años, quizás un 40 los valga y hasta un poco más. Y si dudan de mis palabras, vean la foto, que a propósito ha sido contrastada con la copa de agua, que dicho sea, hay restaurantes que sirven el vino en copas mucho más grandes que las del agua. Con esto no quiero decir que esperaba un oporto en una copa magnum, pero sí algo que me dejara satisfecho sin la idea de que me están viendo la cara.  El fondo del asunto es que muchos restaurantes han encontrado la manera de servir poco y caro, no sólo en las bebidas sino también en las porciones de comida. Sé que detrás hay  costos directos e indirectos, pero no creo que por 50 ml de Tawny 10 años deban cobrar 180 pesos. Una botella (750 ml) tiene un precio en el mercado de aproximadamente 650 pesos, eso nos daría un costo de 43 por dedal… Perdón por copa. El margen de utilidad es poco más de 400%. Si algún amable lector de este blog lo considera justo, prometo no guardarle rencor, debe ser porque seguramente tiene algo que ver con ese restaurante.  Pero me gustaría leer sus amables y ponderadas opiniones.

Galleta de la Suerte

Publicado: 22 abril, 2013 en Restaurantes, Vino

Galleta de la suerte Las galletas de la suerte de los restaurantes chinos no han sido nunca puntos de referencia a la hora de dilucidar mi futuro, y mucho menos para tomar decisiones importantes o cualquier otra. Pero en esta ocasión no he podido evitar hacer la asociación del mensaje con el mundo del vino en su momento actual, de manera concreta referida a los productores de vino. «La simplicidad y la claridad deben ser su tema en la vestimenta». Mmmm bueno, de no llevar ropa sucia o rota, lo demás es lo de menos, es decir la ropa nunca me ha preocupado mucho. Pero si lo trasladamos al vino creo que puede contraponerse a las hechuras de los enólogos modernos. Volver a lo básico, a la simplicidad. ¿Qué esperan los enólogos para dejar que el terroir, la fruta y las hechuras honestas hablen por sí mismas…? En cambio encontramos un nutrido número de vinos por arriba de los 90 puntos de mr. Parker, y por ende caros, muy caros, qué millonario que se precie de buen gusto puede dejar escapar las recomendaciones con menudas calificaciones.

Por cierto, que en este restaurante chino me he bebido dos copas de Casa Madero Chardonnay… Desconozco añada. Digamos que bebible y hasta agradable con estos calores primaverales, aunque también debo decir que dentro del restaurante aguantan muy bien los tintos, debido al aire acondicionado a todo galope. Concluyo transformando el mensaje de la galletita a los siguiente:

«La simplicidad y la claridad deben ser los temas en la vinificación»

…Y todo a media luuuz…

Han pasado casi dos meses desde que saqué la última botella de mi bodega. Luigi Bosca de Sangre. aunque llevaba poco tiempo tumbada después de que me la regalaron, ha salido de la bodega. Las seis que descorcho cada fin de mes para la cata grupal, no las he contado. Un detalle intrascendente para la mayoría que me hace favor de leer este blog, pero que me ha hecho reflexionar del poco vino de diario que queda, al que no se le rinde culto, ni se guarda mucho tiempo, que no se mima en el frío y la oscuridad, estas deben ser las razones por las que he comprado y descorchado botellas el mismo día, durante las últimas semanas. Usar y desechar. Por un momento pensé que no podría vivir sin una buena reserva de vinos bajo tierra, pero tal parece que siguiendo los criterios modernos, la guarda del vino es una costumbre en vías de extinción.
Pero sí, sí tiene sentido; cuando la gente busca algo más en el vino. Cuando va en busca de la magia que se desenvuelve al guardar y descorchar un vino maduro, que sin prisas ha sabido llegar a la copa después de años, casi olvidado en un rincón frío, oscuro, intemporal. El día de ayer por la noche, y a pesar de que viajó en coche, y las copas no eran austriacas, decidí descorchar esta botella, comprada en una legendaria tienda de Londres, y que guardé hasta el día de ayer. Motivos podría inventar muchos, pero el hecho de poder salir a cenar con mi esposa es suficiente.

Gevrey Chambertin Domaine Alain Burguet Tradition 2004, un vino desconcertante, al principio se muestra austero, sin concesiones, pero con un buen rato en la copa comienza la magia. Una nariz amalgamada de fruta negra en sazón, de carácter térreo; hongos, sotobosque, flores de lavanda y algo de tomillo y albahaca, con los ahumados y cuero muy presentes. En boca es firme y hasta un poco amargo al principio, pero el aire lo va limando, sus taninos muy presentes y su acidez le da un buen armazón, largo y profundo. Unos añitos más le hubieran sentado mucho mejor, aunque ya se puede disfrutar. Sería mejor decantarlo media hora antes del servicio. Maridó de maravilla con un pato en salsa de ciruela. La foto, un desastre, a medía luz y fuera de foco, todo por no usar flash, no me gusta la frialdad de los colores con el flashazo. En fin, no hay mucho de donde escoger para documentar la velada.