Archivos de la categoría ‘Reflexiones’

Muerte vestida de gala

Muerte vestida de gala

Flores de Cempasúchil

Flores de Cempasúchil

Tengo la impresión de que en la mayoría de las ferias, conciertos y otros acontecimientos populares, las autoridades encargadas de la organización se limitan a cumplir con los requisitos básicos para su desarrollo, y no van más allá para poder llevar a buen término las diferentes actividades dentro de cada feria, lo anterior sumado a la falta de esmero y capacitación de los expositores. El Primer Festival Gastronómico 2009 en la ciudad de Cuernavaca no ha sido la excepción. Las diferentes muestras de comida han pasado casi todas la prueba, en la gran mayoría de puestos que visité me encontré con gente amable y dispuesta, cabe destacar una cata de cerveza dirigida por un muy entusiasta señor, cuyo nombre no recuerdo.

Después de echar un vistazo a las ofertas de cada restaurante allí representado, y haber probado unos champiñones capeados rellenos de surimi, deliciosos, subimos por la calle Hidalgo para entrar al famoso Jardín Borda Visité un estand donde ofrecían vinos de La Selección del Sommelier, nombre de la comercializadora. Dentro de su oferta, me decanté por un pinot noir, se me ha olvidado la marca por lo que sucedió a continuación. Al pedirle una muestra, que más bien era un dedal de plástico, me dijo el ilustre encargado que esa botella no estaba abierta, pero que me ofrecía un Carmenere… ¡gran similitud! Eso no es todo, en el momento que llegué estaba hablando con un cliente; y le decía con tono casi profético: «Esta botella tiene tapón metálico, porque no evoluciona, entonces no necesita del corcho»… sin comentarios. Lo mejor que pude hacer fue darme la vuelta y tomar un poco de aire fresco. Mi única compra fue un Cape Haven pinotage 2006, del estand frente a los otros, lugar donde las dos señoras que lo atendían de plano no ofrecían ni siquiera «el dedal de plástico» de los anteriores. Sólo faltaba que esperaran a los clientes leyendo un libro o tejiendo para completar el penoso cuadro. No sería mejor encontrar a gente un p-o-c-o más capacitada para promover el vino. Si los distribuidores no cuentan con el suficiente presupuesto para su promoción en ferias, mi mejor consejo es que no asistan. De no ser por esas flores de cempasúchil que nacen y crecen silvestres, y que adornan con su distintivo aroma y color las cada vez más escasas ofrendas para los muertitos, y esas artesanías que encontramos en uno de los rincones de la feria, me hubiera ido con un mal sabor de boca. Felicito a la gente que puso todo su empeño para la organización de este acontecimiento, y espero que cada año, si es que repiten, salga mucho mejor.

Pinotage, variedad sudafricana

Pinotage, variedad sudafricana

Ese pinotage, la misma botellita ayer adquirida, feneció el día de hoy. Cada vez que escucho pinotage no puedo evitar pensar en un laboratorio al estilo Frankenstein. Variedad resultante de la pinot noir y la cinsault, atribuida al profesor Izak Perold, de la Universidad Stellenbosh en Sudáfrica. Hasta el momento no he probado de esta uva nada que me haya movido a comprar más de una botella. Este pinotage es brillante, de color violáceo y menisco rubí, nariz intensa a fruta negra madura, zarzamora con notas de higo en un fondo herbáceo no muy definido. Boca golosa, de taninos limados y acidez correcta. Un vino sólo para beber sin meditarlo: correcto.

¿Valor o precio?

Publicado: 21 octubre, 2009 en Reflexiones, Vino
Etiquetas:

balanzaMucha gente me pregunta: ¿qué vino les puedo recomendar? Yo devuelvo la pregunta: ¿Qué les gustaría?  Refiriéndome a algún estilo, color, bodega o región. Su respuesta es contundente; que no sea muy caro. Entonces me surge la duda…¿Qué es barato y qué es caro? Para mí la relación de calidad precio es muy importante. Cuántos vinos arriba de los 50 dólares no cumplen con las mínimas expectativas para ese nicho, y cuántos otros abajo de los $8.00 cumplen con creces su valor en relación a su precio.

Hace algunos años compré en copropiedad una botella de Petrus 1988. Cada semana que pasaba por la tienda veía como disminuía su precio. Una vez que consideré que ya era algo razonable, pero sobre todo asequible, le avisé a un amigo y él estuvo de acuerdo en ser copropietario al 50%. Guardada por algún tiempo, llegó el gran día, el día que bajarían los angelitos del cielo con todo y sus arpas a cantarnos al oído… Así eran nuestras expectativas por una botella de $400 verdes. Reunidos con nuestras respectivas esposas, nos dispusimos a disfrutar de tan grande y prestigiado chateaux. Para nuestra sorpresa no hubo angelitos, ni arpas ni cosa por el estilo, sólo un vino correcto pero sin ningún encanto extra. Lo primero que cruzó por mi mente fue que habíamos sido objeto de una estafa… ¿Esto es un Petrus? repetía mi amigo. Seguramente si esa misma botella la hubiéramos probado en un contexto diferente las cosas serían distintas. Si en su etiqueta no existiera esa palabrita de seis letras, si fuera menos aristócrata, o hubiera pagado la décima parte.

El valor en el vino debe ser lo más importante a la hora de hacer nuestras compras, pero en ocasiones parece que la gente lo pasa por alto. En 2005, en el aeropuerto Charles de Gaulle, hacía un poco de tiempo antes de abordar el avión, viendo los vinos en una tienda donde se podían encontrar Burdeos y Borgoñas de varios cientos de euros. No faltó un compatriota, porque siempre hay algún mexicano cerca, reconocible por su acento, que hablaba con una dama sobre las «joyas» que iba encontrando en los anaqueles… ¡Mira ese vino, cuesta 350 euros! ¡Mira ese otro cuesta 2 mil! Nunca salió de su boca una nota aromática, sabor o algún juicio más allá del precio. Gente que de alguna manera el amor al vino le ha entrado como una forma de presumir su estatus económico y social, pero que a la hora de la crítica organoléptica queda en babia.

En tiempos donde la liquidez se recorta y parece que es un fenómeno mundial, habría que replantear el mercado del vino. Debe ser un motivo de análisis ya que la abundancia parece que es cosa del pasado. ¿Cuánta gente estará dispuesta a pagar esas cantidades de dinero por vino? y ¿Cuántas otras buscarán nuevos parámetros para escogerlo? Preguntas que pueden tener una respuesta hacia un mayor valor por el dinero, y buscar cada vez mejores vinos a un precio asequible.

foto extraída de wineaccess.com

La foto es de un viaje reciente,  pero bien podría ser la foto del deseo, del deseo emergido un viernes como hoy,  una copa de blanco, sudando a la orilla del mar, acariciada por la brisa salina.

La foto es de un viaje reciente, pero bien podría ser la foto del deseo, del deseo emergido un viernes como hoy, una copa de blanco, sudando a la orilla del mar, acariciada por la brisa salina.

Después de escuchar por la radio lo que se avecinaba en la Ciudad de México durante la conmemoración del trasnochado 2 de octubre, entre otras marchas ya habituales, me vi forzado a cancelar una importante cita. Cosas que ya son rutina en esa ciudad gracias al amparo, y me atrevería a decir, al estímulo y apapacho del gobierno del D.F. Hasta aquí con mi comentario. No quiero empeorar mi úlcera con cuestiones de politiquería de bazofia, que ya ha habido bastante esta semana.

Río de Janeiro será la sede de las Olimpiadas del 2016, Madrid quedó atrás, no sé si lamentarlo o no, ya que de todas formas no tenía pensado ir a ninguna de las dos. Confieso que la muchedumbre me causa urticaria, y mi billetera está muy flaca, aun cuando sean reales y no euros.
Es viernes, viernes de marchas y manifestaciones estériles. Qué beberé, porque eso sí, un buen vinito debe caer en la mesa los viernes. Hoy habrá que descorchar algo, un Borgoñita blanco. Sí. Hace calor.

Hablando de lo que me ocupa en este espacio, que es el vino: a raíz de un problemita eléctrico con el motor de mi cava, por la mañana me comentaba una persona dedicada a la instalación de aire acondicionado y sistemas de refrigeración, que había instalado un sistema en una de esas pocas bodegas de gente extravagante que no sabe qué hacer con su dinero. Bodega enorme con triple sistema de refrigeración monitoreada por computadora, que permite estar al tanto de la temperatura y humedad en tiempo real desde la oficina o cualquier rincón; teniendo un teléfono celular con internet a la mano, además de otro sistema muy novedoso que da de baja en automático dentro del inventario las botellas que salgan del botellero, etc.  A medida que me contaba mi nivel de curiosidad y asombro iba en aumento. Existen cavas como la mencionada, cuyo límite no está definido por el precio; es un capricho, un capricho caro más que una necesidad real. Hoy tengo otras prioridades. No niego que debe ser emocionante y a la vez deslumbrante meter amigos a esa cava y preguntarles qué vino quieren, sin necesidad de tronarse los dedos si es que se deciden por el Romaneé Conti 64 o el Cheval Blanc 47… Al fin que todavía quedan dos cajas más.
Entrando en cordura pienso que lo más importante es tener amigos con quien poder disfrutar una buena botella de vino, amigos que sepan apreciar y que no leviten al oír Petrus, sino que lo hagan con una botella que yo no haya tenido que hipotecar la casa; de un productor artesanal amante del terroir difícil de conseguir, extraída de una cava con el piso de gravilla sin tantos reflectores, y servida con esmero y hasta con cariño ¿No lo creen así…?

Paradoja del clima

Publicado: 14 septiembre, 2009 en El clima, Reflexiones
Etiquetas:, ,

rep. mexicanaHoy en día el clima es más difícil de predecir que la propia economía. Con todo y lo que se rompen la cabeza los estudiosos de esa materia. Hace apenas una semana se pronosticaba la sequía más severa de los últimos 50 años. Pero la semana pasada corrió más agua por el centro del país, que en las cataratas de Iguazú y del Niágara juntas. El domingo antepasado cayeron más de 210 mil millones de litros en la ciudad de México, si a esto se le suma la basura en el drenaje y alcantarillas colapsadas por las obras de mantenimiento asfáltico… La realidad es que es un verdadero milagro que esa ciudad no se colapse, día con día se le acumulan sus problemas de » salud» como a la abuela sus achaques.

Otra realidad es que no se puede tener contento a todos. Por un lado subió el nivel de las presas que surten gran parte del centro del país, pero por otro se han inundado gran números de colonias. Después de todo pienso que estas lluvias han sido muy buenas para gran parte de la población, espero que no hayan llegado tarde para el campo y tengamos que importar más maíz y frijol de lo ya acostumbrado.
En resumidas cuentas, los días han estado tequileros, como los llamamos en México. Es decir: un pretexto más para beber en un día donde no se «puede» salir a trabajar. Recuerdo aquella leyenda urbana de una cantina cuyo dueño la bautizó con el nombre de Mi Oficina, aunque debe haber muchas a lo largo y ancho de México, así que los borrachitos asistían sin remordimientos. Al llegar a casa, cuando sus esposas les preguntaban: ¿Dónde has estado…? Contestaban con aplomo: en mi oficina.
Como el tequila no es de mi agrado, yo diría, sin pecar de malinchista sino por simples preferencias, que son días de Oporto o de un buen Pedro Ximénez.

Foto extraída de esmas.com

Viñedo en el Valle de Guadalupe (Chateau Camou)

Viñedo en el Valle de Guadalupe (Chateau Camou)

Existen lugares que basta con conocerlos para no volver nunca más, no me refiero precisamente a los poco agraciados en cuanto a belleza, sino aquellos que por su lejanía, por su difícil acceso, inseguridad, malos recuerdos o simplemente por sus pocos atractivos, son para no volver a pisarlos. Tijuana y sus alrededores encajarían en esta categoría, en mi humilde opinión, y me refiero también a Ensenada y al Valle de Guadalupe. Aunque su oferta gastronómica es maravillosa; allí probé el mejor y más grande callo de hacha de toda mi cuarentona vida, así como un exquisito abulón, en el hotel Las Rosas en Ensenada, con una vista al mar privilegiada. He visitado La Vendimia de Baja California, la mejor tienda de vinos, en cuanto a oferta de vinos mexicanos en Tijuana. Y el Valle de Guadalupe con su polvoriento y rústico atractivo, que fuera de la altivez de algunos productores de impedir el paso mas que con cita previa, situación comprensible en Napa y Sonoma, lugares concurridísimos, y sólo en algunas bodegas y en determinada época del año, porque hay otras que ni siquiera las moscas se paran. Pero ayer cambiaron mis intenciones de no volver, al leer la sección del sr. Gerchman en su columna Buena Mesa. Nos cuenta de la ampliación de la carretera panorámica que comunica a Tijuana con el resto de la península en el tramo hacia Ensenada. Que si bien es cierto no tuve problemas de espacio cuando en el otro carril pasaban camiones a toda velocidad, tampoco es despreciable tener una vía más ancha, sobre todo para turistas distraídos. Otra cosa que me llamó la atención, es el hecho del nacimiento de nuevas bodegas, como ya lo he comentado en otra entrada, bodegas artesanales cuya producción no rebasa las cien cajas. Sería muy feliz recorriéndolas probando sus vinos y admirando el paisaje siempre grato de los viñedos, porque hay tres cosas que puedo admirar por largo rato: el mar, una hoguera y un viñedo. Todo esto sin necesidad de citas, ni tampoco poner cara de turista billetudo para que me permitan el paso. Así que Baja California vuelve a mi lista de viajes, aunque no está entre los prioritarios. Me faltaría primero recorrer algunos pueblos donde todavía practican el trueque, donde los mercados son verdaderos puentes al pasado, al pasado antes del virreinato, donde la gente llega a la plaza para ofrecer sus diferentes productos a cambio de otros, donde la materia prima está viva y no enlatada o en tetrapack, pueblos donde los aromas, colores y texturas despiertan los sentidos. Ayer platicaba de esto con mi amigo Carlos Font, o más bien él platicaba de su recién aventura en tierras poblanas, allá por la sierra de Tehuacán. Una experiencia que no tiene igual, y que sirve para abrir nuestros cegados ojos a las raíces más profundas de nuestra historia. Lugares que sin duda debo conocer.

Imagen 591

Quiero felicitarlo por su reciente graduación como chef, espero que comparta sus mejores platillos, enhorabuena Carlos. Además de darle las gracias por los presentes que me trajo desde aquella maravillosa tierra; una vid, que aunque no es vitis vinífera haré de cuenta que lo es, y un manojo de ajos, ajos que asegura son los mejores del mundo, habrá que comprobarlo con algunos frescos camarones fritos en aceite de oliva o algunos pulpos tiernos, todo con una buena dosis de ajo bien picado y una copita de chardonnay fermentado en barrica, a quien no le parezca el maridaje, que me disculpe pero quien sufrirá las consecuencias seré yo.

Imagen 589

Por último quiero comentarles que ayer volví a creer en las hermosas cualidades de la cabernet franc. Descorché un espléndido Chinon, Marc Brédif 2006 que fue abriendo como una flor en presencia del sol, limpio de aromas: frambuesa, ciruela madura y notas de humo y heno, boca frutal, jugoso, largo y con una acidez extraordinaria, una de esas botellas que quisiera transformar en magnum, para seguir disfrutándolo durante toda la tarde. Apúntenlo, apúntenlo.

Otro capítulo más

Publicado: 2 septiembre, 2009 en De lo social, Reflexiones
Etiquetas:, , ,

Desde que era niño se han ido cerrando capítulos en el libro de la vida, en mi libro: Mis padres, mis tíos, y también algunos amigos han muerto. Pero quedan en la memoria. El lunes se fue Carmen, Tía Carmen. Descanse en Paz. La Paz que ya merecía, después de amargos y dolorosos episodios.

Dionisio o Baco...

Dionisio o Baco…

Ayer pasaba por una de tantas avenidas de la capital mexicana, llenas de ruido, contaminación, semáforos, ruteros, puestos ambulantes, perros callejeros, anuncios pequeños, anuncios medianos, anuncios espectaculares, algunos llenos de ingenio, otros llenos de faltas de ortografía, basura, calor, camellones surcados por huellas de imprudentes desesperados, cables de electricidad, de telefonía… Algo que se ha vuelto parte del paisaje urbano es el grafiti, grafito o pintas. Algunos son francamente detestables. Otra manifestación social. ¿Arte o contaminación visual? Un muro de piedra, una puerta de madera o de aluminio pintarrajeadas, aparadores y en algunos casos camiones y automóviles con pintas, no pueden ser otra cosa sino vandalismo y un atentado a la propiedad privada. Hay otras muestras de verdadero grafiti, el grafiti de ideas genuinas de forma y fondo, que se pueden encontrar y en algunos casos admirar, como en el concurso organizado en el estadio Azteca, La única limitación en este concurso fue que el tema tuviera relación con los acontecimientos que se han dado a través del tiempo dentro del estadio: Partidos de futbol, conciertos, la visita de Juan Pablo ll, entre otros. Una brillante idea para conducir por buen camino este tipo de expresiones dentro del caos citadino. Pero el hallazgo de ayer fue por sorpresa, al dar vuelta en una esquina me encontré a Dionisio o Baco, por lo menos eso me parece y lo he titulado así. En seguida saqué la cámara fotográfica. Ejemplos hay muchos, pero no todos llaman de manera grata la atención.
Un ejemplo de vandalismo es el de la segunda foto. ¿Qué motivo a quien hizo esa pinta a subir más de diez metros arriesgándose a caer al vacío? Subir para pintar esos horribles garabatos. Ya de por si un panorama repleto de contaminación visual.

Grafiti de altura...

Grafiti de altura…

De mucha altura...

De mucha altura…

MalvasiaEl jueves pasado comí con mi socio y su esposa en el Hotel Presidente, en la contaminada ciudad de México. El Hotel es el elegido para dar cobijo a los presidentes que habitan La Casa Blanca. Así que ya pueden sacar sus propias conclusiones. Seis son los restaurantes que dan servicio a tan destacada clientela: Au Pied De Cochon (abierto las 24 horas), Palm Restaurante (Churrasquería clásica), La Chimenea (cocina tradicional mexicana), Zhen Shanghai (comida china continental), Balmoral (Muy británico) y Alfredo Di Roma (comida italiana) Llegamos sin escalas a este último. Más tarde ese día tenía una reunión con Pedro Poncellis, decano y sumiller estrella, a quien respeto por su impecable y larga trayectoria. Así que acomodé la agenda para volver a disfrutar de este lugar, después de algunos años. La especialidad; el Fettuccini Alfredo, servido con cubiertos de oro, cuando un solo comensal lo pide en la mesa. Mi socio se deleitó con este platillo, por mi parte pedí un risotto al fungi, nada que levantara suspiros. La carta de vinos es extensa, pero los precios son una locura. Sí, ya sé que esto es para ricos que dejan fortunas de propina, y que no se detienen ante el precio. Pero qué tal un Alión en $1,700.00, unos 87 euros… Pedimos un Pesquera crianza 2006, un vino que siempre me ha dejado satisfecho, fácil de encontrar en muchos restaurantes, pero por $800.00 lo deja a uno con la cartera maltrecha.

Hay una voz interna que me dice que no debo pagar una fortuna por un buen vino. Por ese precio, pido, o mejor dicho exijo que bajen los angelitos con todo y sus arpas a cantarme al oído. Entiendo todo eso de los indirectos y el prestigio de este tipo de restaurantes, pero eso de doblar de precio los vinos no creo que sea deseable ni para el consumidor ni para los restaurantes.

Italiano

Ya en terrenos más mundanos y dejando atrás esos escandalosos precios, una buena oferta me hizo asomarme de vuelta al mundo de los vinos italianos. He probado verdaderas gemas fuera de mi país, pero la oferta en México es escasa, por lo menos aquí en el centro. Pues bien, como les decía, una incursión casi obligada a una de las tiendas más grandes, pero que menos frecuento, me hizo descubrir una bodega con precios increíbles. Se trata de Ferdinando Giordano, un blanquito vinificado con malvasía me atrajo como imán al metal, cansado de chardonnays de bajo precio, que después de probarlos diría que son muy caros, o de los savignon blanc con aristas alcohólicas que pueden ser flamables, me encuentro con un malvasia como para comprar una cajita. El problema de estas ofertas es que casi nunca son permanentes, y no me refiero a los bajos precios, sino a los vinos que desaparecen de los anaqueles tan rápido como llegaron, y que jamás vuelven a surtir. Vini del Sole 2005, un vino ligero, fresco sin otra pretensión más que deleitar paladares que no buscan medallas ni puntos. Honesto y directo. Al principio notas de queroseno, fruta amarilla, entre níspero y nanche, para después despertar la boca con una acidez cítrica a limón fenomenal. Un verdadero hallazgo por debajo de los $100.00 (5 euros). El tinto, Sangiovese 2006, a pesar de que su corcho no era de virutas, como el malvasia, es aún más barato $67.00 (3.5 euros). Un sangiovese de Puglia, ambos son: «Indicazione Geografica tipica», una vez más compruebo que hay vinos fuera de las denominaciones que su precio los hace muy competitivos. No puedo evitar la relación mental entre la carta de vinos de Alfredo Di Roma y estos vinos abajo de 100 pesos… Soy masoquista extremo. Y es que el problema que veo con la pesada carta de vinos de ese lugar, es que ningún vino de 750ml. baja de $500.00.

FiascoMis primeros recuerdos del vino me remontan a una alacena que tenía mi madre en casa. Allí guardaba mi padre algunas botellas de vino que pronto se convertían en vinagre ya que las guardaba paradas y con la mitad del corcho de fuera. Un desastre. Ni que decir de la temperatura y la humedad. Él no fue un enófilo ni mucho menos, sus encuentros con el vino eran muy casuales y rara era la ocasión que lo bebía sin combinarlo con alguna otra cosa. A pesar de todo, mi memoria olfativa me lleva a mis primeros encuentros con los riojas, que sin ninguna certeza, pudieron haber sido; Tondonia, Federico Paternina, Marqués de Riscal y Marqués de Cáceres, vinos que llevan mucho tiempo en México, y que han sido de la preferencia de los mexicanos y españoles residentes en este país.

Ya de adolescente, acostumbraba a pedir vino cuando salía a comer con alguna amiga. En las comidas formales nunca faltó una botella de vino. Antes de meterme al rollo de leer sobre este tema, bebía Siglo, de bodegas AGE, el de la malla tejida. En blancos siempre pedía Chablis, sin reparar en la bodega y mucho menos si era Petit, Premier Cru o Grand Cru. Cuando visitaba un restaurante italiano, era obligado el típico Chianti en su «fiasco» con su tejido de paja. ¡Qué tiempos!. Difícil de creer que añore esa época. No había prejuicios, no sabía que las copas debían ser de cristal poroso, delgado y sin bordes, con que tuviera una copa limpia a mano era suficiente. ¿Añadas? que cosa más ridícula. Temperatura de servicio… el tinto al tiempo y el blanco frío. Los mejores vinos eran los franceses, aunque todavía pienso lo mismo, en aquella época no reparaba en regiones ni apelaciones de origen.

Con el tiempo todo cambió, sobre todo cuando en un viaje a España decidí comprar un buen libro de vinos y aprender sobre el tema. En realidad fue un regalo de una buena amiga, ya que llegué a México con las manos vacías, pero le encargué el libro a mi amiga que se había quedado en España. «Manual de los Vinos de España, Ed. Everest, de Pedro Plasencia y Teclo Villalón, 1994″, hoy debo reconocer que es un libro muy ilustrativo y ameno, pero con algunos conceptos pasados de moda.

Pronto se convirtió en una obsesión y compraba más y más libros y recorría las tiendas de vino buscando nuevas botellas. Después de casarme empecé la construcción de mi cava. Un agujero en el jardín con las paredes aisladas con poliuretano. Cuando vi terminada mi obra, me sentí tan orgulloso como cuando los faraones terminaron las pirámides de Egipto. El problema fue llenarla, cosa que no sucedió sino hasta después de diez años. Una de las consecuencias de un pobre presupuesto. Por la misma época pertenecía a un club de vinos en México. Después de un par de años, me salí, y fundé mi propio Club. Hasta la fecha son más de ciento veinticinco catas, una por mes.

Qué tengo hoy. Una bola de prejuicios y un paladar poco conformista. ¿No estaba mejor antes?. Creo que la búsqueda del conocimiento y el goce, o la parte práctica es lo que nos lleva a grandes satisfacciones, pero hay un precio que pagar. Perdí por decirlo así: la inocencia, la candidez. Pero de ninguna manera piensen que estoy hablando de un estado superior de levitación, donde me codeo con los Dioses del Olimpo. Todo lo contrario, creo que tener tantas ideas, algunas bien estructuradas otras preconcebidas, hacen que ya no disfrute del vino como antaño. Para quienes nos gusta probar y leer sobre vinos, leer y probar nuevos vinos, sabemos de sobra que es un camino infinito, y que a medida que lo recorremos se hace más largo.

En este momento de ocio en sábado por la noche, me vino a la mente ese fugaz recorrido por los inicios de mi declarado amor por el vino. Lo comparto, aunque no estaría mal que me tomara unas vacaciones y olvidarme de todo lo que tenga que ver con el vino, incluyendo este blog, a pesar de que mucha gente (más de tres mil) me han hecho favor de leer alguna de las tonterías que acostumbro escribir. Sin embargo hay pocas personas dispuestas a comentar, y esto de alguna manera merma un poco mi incipiente vocación «blogera».

Foto extraída de flikr, autor: Marco Prete

corchoEl tapón de corcho, ese trozo de corteza cilíndrico extraído del querqus suber, mejor conocido como alcornoque. Posee características que lo hacen único: es elástico, es impermeable a los líquidos, es ecológico. Aunque aún no está muy claro su impermeabilidad a los gases.
Se utiliza como tapón para la boca de las botellas desde mediados del siglo XVIII. Esto fue, junto con las botellas de vidrio, la principal causa de la expansión del comercio del vino.

En los últimos seis años ha ido creciendo mi interés por llegar a conocer la verdad acerca de la permeabilidad del corcho a los gases. ¿Existe esa entrada de gases al interior de la botella?. Pancho Campo, el primer Master of Wine español, contestó amablemente a un correo que le envié, diciendo que sí existe una micro-oxigenación gracias a la permeabilidad de los tapones de corcho. Su respuesta es clara y contundente. Sin embargo no dio ningún argumento, yo tampoco se lo pedí. Lancé la pregunta y él contestó. No tengo ninguna intención de desacreditar esta postura, sólo me he concretado ha preguntar por diferentes foros y analizar cada respuesta, otorgando más peso a aquellas que me parece tienen mayor sustento científico. De ningún modo debe ser un acto de fe, ni tampoco una cuestión de pertenecer al bando de los que creen o de los que no creen. Mi intención es lanzar al aire la pregunta, dejarlo en la mesa de debate y al final ponerlo en la balanza, y así acercarme a una respuesta mucho más ponderada de la que tengo hasta el momento.

Hace unos años mi amigo Juan Ferrer me comentó que La Rioja Alta S.A. estaba haciendo un estudio sobre el corcho y no sólo eso, sino de la forma más adecuada de guardar las botellas de vino. Dándome algún adelanto; me decía que la arraigada costumbre de guardar las botellas en botelleros en posición horizontal podía dar un giro inesperado. El contacto del corcho con el vino no es del todo adecuado, ya que puede contaminarlo, no sólo con TCA, que tampoco es el causante del mismo, sino con otras sustancias propias de la misma naturaleza del corcho. En condiciones de humedad relativa alrededor del 75%, el corcho no pierde su sección, por lo que en teoría no deja pasar el oxígeno. Por desgracia hasta la fecha no tengo los resultados a la mano. A pesar de haber preguntado por correo eléctrónico a la bodega. Pocas personas expertas en este tema han contestado a mi petición. Pienso que como aficionado, el interés de los estudiosos no despierta las mismas espectativas que con la gente relacionada comercialmente al corcho y al vino, o quizás sea sólo un prejucio. No lo sé. En aquella ocasión quien contestó a mi correo fue:Raul Riba D´ Ave. De la compañía: APCOR – Portuguese Cork Association. De manera muy amable hizo varias aclaraciones, que hasta el día de hoy me parecen las más sólidas y sensatas. A continuación repoduzco la respuesta a mi correo:

Estimado Benjamin,
Gracias por su email.

La impermeabilidad del corcho a los liquidos es un hecho. Cuanto a la impermeabilidad a los gases, eso ya no es tan claro. Hoy pocos estudios sobre este tema y, por eso, uno de las investigaciones que haremos el proximo año será exactamente sobre la permeabildad de gases en el corcho.

Sin embargo, dejeme esclarecerlo sobre lo que ya se sabe sobre la permeabilidad a los gases:

– Un corcho nuevo, aplicado correctamente en el pico de una botella es impermeable a gases y liquidos en condiciones normales de presion.
– Hay una experiencia que prueba que el aire puede pasar por el corcho cuando inyectado a altas presiones (eso nunca ocurre en una bodega)
– Con el tiempo, los corchos van perdiendo lentamente sus excelentes calidades. Eso va pasando, en general, a lo largo de los primeros 25 anos. A los 25 anos el corcho puede haber perdido alguna de su elasticidad y, por eso, si hay variaciones bruscas de temperatura y presion en la bodega, entonces el corcho puede no acompanar la dilatacion/contracion del pico de la botella. Pasando eso, puede darse que entre aire o salga vino de la botella. Cuando se habla en tener bodegas con temperatura mas o menos constante durante el ano, es para evitar, especialmente, este tipo de situaciones. Claro que botellas acostadas, temperatura y humedad mas o menos constante ayudan a que los corchos duren mucho más. Y dejeme aclararlo en una cosa muy importante: a pesar de que en general los corchos pierdan algunas de sus propriedades elasticas a los 25 anos, esto no significa que no puedan seguir siendo un excelente tapon para el vino durante más 75 años. En realidad, si se mantiene las botellas en una bodega con buenas condiciones de temperatura/humedad, entonces no habrá problemas. Nosotros hemos preguntado a los bodegueros de vinos de Oporto si cambiaban los corchos de sus vinos VINTAGE (es la categoria «premium» de vino de porto y que anejara en botella por decadas). Verificamos que hay muchas pocas bodegas que lo hacen, y las que lo hacen, lo cambian de 40 en 40 anos. Las que no cambian, dicen que no es necesario porque cuando abren vinos con mas de 80, a veces mas de 100 anos, los vinos estan espectaculares. El corcho esta’ completamente adpatado al pico de la botella. Solo que estos corchos no pueden ser extraidos con sacacorcho. Hay que utilizar las tenazas, pues que el corcho esta’ muy fragil y no aguantaria.

-sin embargo, no hay todavia pruebas cientificas que el corcho es completamente impermeable al aire. Se discute que el corcho permite una especie de micro oxigenacion del vino haciendo pasar pequenisimas cantidades de aire del exterior para el interior de la botella. Otros dicen que el aire que llega al vino no viene del exterior, sino del espacio entre las celulas del corcho (un corcho es constituido 50% por una especie de aire que esta’ entre sus celulas). De ser verdad, sera’ necesario probarlo cientificamente, y eso es lo que esta planeado para el proximo ano. Asi, creo que lo de almacenar en un lugar exempto de olores fuertes es una medida de prevención, especialmente para los vinos más antiguos, que pueden tener problemas de infiltraion si las condiciones de la bodega varian de manera abrupta.

Esperando haber contribuido para su conocimiento sobre los vinos y el corcho, les enviamos nuestros mejores saludos.
image-bank2
Real Cork – Irreplaceable
APCOR – Portuguese Cork Association
Av. Comendador Henrique Amorim n.º 580
P. O. Box 100
4536-904 Santa Maria de Lamas
Portugal

He tratado de volver a comunicarme con él en varias ocasiones, sin éxito, lo único que me han respondido de la compañía es que Raul D´Ave ya no trabaja allí. Y que los resultados aún no se publican.

Nada me daría más gusto que esta entrada sirva para despertar un debate, pero sobre todo que arroje alguna luz sobre los últimos descubrimientos al respecto.

¿Continuará…? Es lo más probable.

Foto extraída de APCOR – Portuguese Cork Association