Archivos de la categoría ‘Reflexiones’

«Todos los animales huyen del dolor y buscan el placer. Los humanos como animales espirituales, buscan además los goces espirituales: música, danza, pintura y ampliamos constantemente nuestras necesidades». Dicho por los autores del libro Biografía de la Humanidad: Antonia Marina y Javier Rambaud. Pues yo agregaría el vino, nadie bebe vino para quitar la sed. Es un placer espiritual inspirador y que invita a la reflexión profunda: somos frágiles y efímeros. Como decía Borges: «Nuestro destino es el olvido». Nuestra permanencia en la Tierra es corta, y que mejor que sea de esa manera. No me imagino vivir eternamente, sería una carga insoportable.

John Ruskin, ese barbudo, maravilloso crítico de arte, literatura y todo lo que tenía que ver con la recreación del alma a niveles superiores, decía: «Decís que al perder el goce que un día me proporcionaba la naturaleza voy bajando, cada vez más, a la altura de los otros». Parafraseando también decía que no había que perder la capacidad de asombro de los niños. Y es que hay vinos que tienen la capacidad de hacernos soñar.

Nuiton-Beaunoy Volnay 2018

Ayer que buscaba a mi presa para descorcharla in situ, vi sobre una mesita de ofertas un vino que me llamó la atención. Se trata de un Volnay, esa comuna en Cote d´Or, específicamente en Cote de Baune. Productor: Nuiton-Beaunoy (2018), al parecer una sociedad de productores de la zona bajo esta marca desde 1957. En pocas palabras no se trata de una casa aristócrata ni mucho menos de un monopole. De todas formas me pareció una ganga por 650 pesos mexicanos, unos 32 euros. Color cereza, capa baja, limpio y brillante. En nariz es una belleza: bosque bajo, capuchino, ciruela en sazón, trufa y una nota etérea a lavanda. En boca tiene una acidez extraordinaria, un soplo fresco, acostumbrado a los vinos sobre-madurados, con aromas a mermelada. Este vino es grácil con la frescura de la juventud y las buenas hechuras que dan la maduración fenólica y de azúcares precisas. Tanino pulido, seco y de final largo. Aunque muchas gente puede decir que no son de larga guarda, pienso que 5 añitos o quizás un poco más, le vendrían muy bien. El aire lo vuelve cada vez más cautivador. Podría oler este vino toda la tarde. Por ese precio, difícil pensar en algo mejor. Para comprar una caja.

Reserva Magna, tirando hacia los clásicos

Una tarde, hace ya unas semanas, acompañé a un amigo a comprar vino (una tienda que se ha vuelto la preferida de muchos enófilos), con mucho entusiasmo por hacer su colección, me hizo recordar cuando construí el agujero que tengo como cava en un rincón del jardín, ya hace poco menos de 30 años. Y es que él tiene poco tiempo con su cava, la ha montado bajo todas las normas que marcan los cánones de todos a quienes nos gusta el vino: climatizada a 16°C, de la humedad no estoy enterado, pero debe estar arriba de 60%. Me contaba que le faltaban alrededor de veinte botellas para completar los nichos, así que ayer se dio a la tarea de buscar algunas cosas interesantes: algunos borgoñitas de medio pelo, un vaqueiras, y sino mal recuerdo algún burdeos. Más tarde pasamos a la barra y descorchamos una botella, un tinto de la tradicional y vieja Casa Domecq. Me dio a escoger una botella y como había pasado ya un par de veces por los anaqueles y le había echado el ojo a un Reserva Magna 2019. La Casa Domecq en México nunca se ha distinguido por sus vinos en cuanto a calidad, el Padre Kino ha sido un vino básico como en España Don Simón, aunque aquí no hemos llegado al nivel de tetrapack en esta bodega en particular. Al meterme a su página me percaté de que hay un Reserva Real de cepas de 35 años y una crianza de seis meses. Pero ese no figuraba en los anaqueles. Se trata de un vino de corte clásico, madera usada, notas balsámicas, tanino pulido, seco, de buen paso y final largo. Bien podría guardar seis botellitas para seguir su evolución.

Don Leo 2013 sauvignon blanc más de 9 años acostada

Hurgando en el fondo de la cava, donde acostumbro a tumbar los blanquitos, ya que éstos deben estar algo más frescos que en los botelleros superiores. He encontrado una botella de Don Leo 2013 vinificado con sauvignon blanc. Se había desprendido la corbata, o desparecido por la humedad, así que calculo que debe tener poco más de 8 años acostada, el moho ha deteriorado la etiqueta, la evaporación es mínima, apenas por debajo del cuello. El corcho salió a pedazos a pesar de la humedad alta por arriba de 80%. Color dorado, brillante y espeso. Nariz tropical a mango, una vez que moví la copa huele a piña madura y una nota vegetal. En boca sorprende su juventud; acidez que lo hace muy vivaracho; ha evolucionado mejor de lo que pensaba, con una paso de boca mineral, seco y final largo. Una gran recompensa para quienes esperamos esa magia dentro de las botellas con el paso del tiempo. Aunque para ser sincero esta botella no estaba destinada a estar un período tan largo dentro de la bodega ¡Fue un rescate muy a tiempo!

La he parado sólo para la foto ¡Sorprende el nivel! Arriba del cuello después de 37 años

A unos centímetros de ese nicho asoman unas cuantas joyitas de López Heredia, se trata de cinco blancos de otra categoría, con una larga crianza en madera usadita, de las que no maquillan el vino, a la usanza de antes; barricas que solo sirven para pulir el vino y que después en el vidrio ganan con aromas terciarios como los que podemos distinguir en este tipo de vinos. Se trata de dos Gravonias 2003, un Viña Tondonia Gran Reserva 1987 (sin que se note evaporación, por arriba del cuello) dos Viña Tondonia cosecha 1995. Me decidí por el Gravonia 2003. Sé que mucha gente ignora la larga evolución de estos vinos y hasta se atrevería a sugerir echarlos a la coladera, pero aquí hablamos de cinco de los mejores blancos que se pueden adquirir sin los precios inflados con esteroides que vemos en al mercado, bajo la mirada complaciente de los chinos y los rusos multimillonarios

Hermoso color oro viejo

Me decidí por el Gravonia 2003, el más jovenzuelo. El corcho salió entero además de no presentar problemas de filtraciones, algo que me llamó la atención después de estar acostado 21 años. Sin duda la humedad de la bodega ayuda a que el corcho se mantenga elástico. Color oro viejo, brillante y fluido. En nariz piedra de río recién mojadita, algunas notas de barro, algo de orejones de manzana, y un fondo muy sutil de frutos secos. En boca tiene una acidez sorprendente que le da armazón al conjunto, final mineral y largo. Un vino para tener por cajas, su evolución ha sido espectacular; yo me atrevería a decir que le faltan unos añitos para que empiece a descender. Una verdadera joya del barrio de La Estación.

Y hablando de este viejo conocido, recuerdo lo que apuntaba alguna vez Manuel Camblor, que decía que lo de Gravonia venía por los vinos minerales de Graves, aunque no puedo confirmarlo me ha gustado la idea por aquello de su gran mineralidad.

Américo Vespucio

Publicado: 15 diciembre, 2022 en De todo un poco, Reflexiones
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Nada mejor que pasar un par de horas en vela dando vueltas en la cama para que la palabra insomnio aparezca en su justa dimensión. Después de haberme levantado de la cama para ir al escusado me fue imposible conciliar el sueño antes de un par de horas, tentado estuve de bajar a la computadora y escribir esta entrada, pero sabía que podía despertar a la familia. Ahora frente al teclado ya bien entrada la mañana quisiera decir que es sorprendente que algunos personajes de la historia hayan alcanzado la fama sin haberla buscado ni remotamente. Y quienes seguimos la obra de Stefan Zweig, quien tuvo un fin que pocos pudieron imaginar durante de la II Guerra Mundial, sabemos que sus biografías son una delicia. Como en el caso del comerciante florentino Albericus Vespucci, conocido en castellano como Américo Vespucio, es muy probable que sea de los mejores ejemplos de gente que sin buscar la fama se hizo de ella de manera involuntaria. Las cartas que envío a Lorenzo di Pierfrancesco de Medici (al parecer primo del otro Lorenzo llamado «El Magnífico») son algunas relaciones de acontecimientos. Todo comienza con la intervención de un impresor neerlandés que inventa «del modo más burdo» dice Sweig, un quinto viaje de Vespucio. Así como las cartas, de las que se han encontrado el manuscrito original Quator Navigationes material para componer un libro. Copio textual: «así la descripción hecha por un tirolés de nombre Baltasar Sprenger, y que circula en su manuscrito, ofrece al impresor holandés la anhelada oportunidad para proceder a una falsificación. Donde el original reza Ego Balthasar Sprenger, el pone simplemente Ick, Alberigus, «Yo Américo», a fin de hacer creer al público que esa descripción de un viaje también era debida a Vespucio. Y he aquí que cuatrocientos años después esa imputación descarada engaña aún a la presidencia de la Sociedad Geográfica de Londres, que en 1892 proclama con gran boato el descubrimiento de un quinto viaje de Vespucio». Aquel informe ficticio sobre el primer viaje y todas las demás inexactitudes que hicieron que Vespucio fuera inculpado de engaño consiente, no han de imputársele a él sino a los editores e impresores, sin embargo quedan algunas preguntas en el aire: ¿Por qué Vespucio no protestó nunca públicamente…? Antes de su muerte, en 1512, ya circulaban libros en su nombre que le atribuían un viaje que en realidad no había efectuado. Escribe Sweig: No habría consistido su primer deber en lanzar al mundo un terminante: «No, yo no soy el descubridor de América y ese país lleva mi nombre injustamente»? *

Recomiendo la lectura de esta espléndida biografía, y para no desviarnos del contexto de este blog, hoy descorcharé algún vino italiano, de preferencia florentino.

*Copia textual. Ya que América no es un país, sino un continente. Aunque los norteamericanos no pierdan la ocasión de darlo como su pais.

corchosCon poco más de veinticinco años dedicado en mi tiempo libre  (y a veces no tan libre) al vino: leyendo, visitando bodegas, asistiendo a catas de todo tipo, buscando información, compartiendo puntos de vista con aficionados y profesionales… He podido darme cuenta de que este mágico mundo tiene sus etapas. Me remontaré a mis primeras experiencias, cuando estaba en edad de beber alcohol, pero sobre todo cuando empezaba a disfrutarlo. Tendría alrededor de 18 años y la experiencia de  entrar a un restaurante español, italiano o francés,  donde sirvieran buen vino y comida sabrosa, me transportaba a una atmósfera sutil, delicada y llena de encanto donde la comida y el vino eran sin duda los protagonistas, amén de una buena compañía.

Aquel fue quizás el momento de mi vida donde más disfrutaba del vino; sin prejuicios ni contemplaciones técnicas. Simplemente ¡disfrutar el vino! Sin saber de regiones, variedades de uva, mezclas, ni tantas otras historias. Poco a poco me fui interesando en saber más sobre este fascinante mundo, aquí entraría al segundo estadio.

Dudas aún sin resolver pero con mucha curiosidad de aprender. Recuerdo haber encargado un libro a una amiga que me encontré en España, ella llegaba y mi familia y yo regresábamos al día siguiente muy temprano. Como suele suceder, dejé al final la lista de algunas compras, entre ellas un libro sobre vinos. ¿Cuál…? el que fuese me podía servir, hasta ese día no había leído ningún libro completo sobre vinos. pero me era imposible comprarlo el día de mi regreso, al otro día muy temprano.

Título del libro regalado:  «Manual de los Vinos de España» de Pedro Plasencia y Teclo Villalón (Editorial Everest) impreso en 1994. Lo disfruté como pocas lecturas, en parte por mi bisoñez en el tema. En una de sus páginas vienen algunas recomendaciones en el apartado sobre el servicio, que deberían ser tomadas muy en cuenta, como por ejemplo las reglas de cortesía en el servicio del vino (pág. 72 regla número 8). Solamente deben rellenarse las copas cuando estén vacías. Pero claro está, aquí, como en muchos países yo diría que la mayoría en América, la propina es un porcentaje de lo consumido… Hoy el libro me resulta un poco anacrónico, no porque yo sepa más que los autores y me aburra, sino que hay rituales que han cambiado para bien. Cito la página 87 (…) jamás acepte vino tinto que salga del frigorífico. Creo que el hecho de meter los tintos media hora antes de descorcharlos los puede favorecer, en caso de que no se cuente con una cava con temperatura controlada. Los comensales lo disfrutarán mejor que si se sirve a más de 18°C. Con todo, los puntos superables que hoy podría juzgar, es de mis libros consentidos, quizás por ser el primero.

La otra etapa fue pertenecer a un grupo, y siendo verema.com en aquellos años principios del 2002, un sitio donde nos conocíamos casi todos y por cuyos miembros pude conocer a mucha gente dedicada a la producción, restauranteros, vendedores de vino, enólogos, sumilleres, pero sobre todo a gente interesada en este mundillo. Nombres que pueden formar una nutrida lista, pero que no enumeraré para no omitir a nadie.

Este nostálgico recorrido me parece necesario ya que en la vida hay momentos que se debe  buscar una pausa para poder  hacer un balance del camino andado, y lo que podría faltar por descubrir. Concluiría diciendo que la vida, por lo menos a mí, me ha hecho ver las cosas con  sencillez y sin tantos atavíos que muchas veces nos llevan a situaciones artificiales donde es más importante el prestigio del vino, el precio o lo que señalan las guías, que lo que nos dicta el paladar desde un punto meramente hedonista. 

Duetto 1999

Publicado: 6 abril, 2020 en Reflexiones, Vino
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Duetto

Duetto 1999

En estos aciagos días donde una buena parte del mundo ve con pesimismo el futuro, y otra todavía se desplaza por la calle sin la más mínima preocupación. Yo estoy en casa, un rato leyendo y otro conviviendo con la familia. Son agradables momentos que parecen imposibles en circunstancias normales, o que por lo menos eso nos parecen dentro de la cotidianidad de nuestras agitadas vidas.

Ayer fue domingo y tenía ganas de sacar la mesa al jardín, poner las copas y despejar un poco nuestras trastornadas mentes con tanta información y desinformación acumulada que corre por las redes sociales. Un día soleado donde los pájaros no enterados de las tragedias humanas vuelan sin rumbo por los aires. Así que me metí a la cava, que dicho sea ya va por los 21.5°C  y así se quedará, (aunque sea una aberración para los más ortodoxos) la economía no da para más, y siguiendo el hilo de arriba tiene pinta de que se pondrá peor. Decía que me introduje en la cava y echando un vistazo a los botelleros comprobé la dura crisis que ya se refleja en el número de botellas. De todas maneras siempre hay alguna botella para echar mano. Al fondo reposaban dos Duettos 1997 y 1999, el primero fue aquella maravillosa añada que salió de esa afortunada alianza entre Wente y Santo Tomas. Curiosa mezcla de uvas mexicanas y del valle de Livermore en California EE.UU. Su antigua gloria no volvió a repetirse en las añadas posteriores, una vez que se deshizo la alianza. 1999 fue la otra añada que sin llegar a ser como la de dos años atrás resultó un vino bastante complejo, de buena fruta, acidez y tanino, que ha llegado a la madurez con mucho señorío, sin una pizca de cansancio. He disfrutado mucho de este vino trago a trago, y si sumamos las ultimas siete semanas de rigurosa dieta para bajar 15 kilitos, resulta todavía más afortunado el deleite de un par de copas que bebí en la larga sobremesa.

A mis amigos y lectores de este espacio les deseo lo mejor, sobre todo a los españoles. No bajen la guardia, quédense en casa en la medida de lo posible. Y otra cosa: disfruten de buen vino, no dejen para mañana la copa que puedan beberse hoy.

A veces

Publicado: 9 enero, 2020 en Reflexiones, Vino
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Entró 2020 y parece que la gente se ha contagiado de alegría por entrar a una nueva década, sin tener muy cierto el futuro. Como suele suceder no faltan los bombardeos de parte de nuestros vecinos norteños en tierras petroleras de Medio Oriente. Ojo que los iraníes otrora persas se han dado de moquetazos con los griegos y romanos además de uno que otro pueblo «bárbaro». Pero como este blog no trata de política, sigamos con el vino. Esta semana en una comidita familiar festejando a mi esposa, pedí una botella del multicitado Cune crianza, en este caso añada 2016. Hasta ahí no tiene nada en particular, pero a veces ese vino que hemos pedido hasta el cansancio tiene algo diferente, y es que lo percibimos redondito, frutal, con una acidez exquisita, y que a cada trago se va desenvolviendo mejor y más sabroso. Fue el caso de esta botella, que al contrario de otras ocasiones, que por desgracia son la mayoría; nos esperamos una experiencia mejor y resulta que el vino bien puede traer algún defectito. Este me pareció muy disfrutable; si tuviera la certeza de que todas las botellas salieran con esta gracia no habría por qué romperme la cabeza para pedir vino. Sé que para muchos puede resultar una blasfemia, ya que bien pueden estar en esa etapa de conocimiento y quieren descorchar cosas nuevas. Créanme que eso  pasa con el tiempo, y cuando  pasa se entra a la cordura, donde un vino de más de 50 dólares tiene que ser una apuesta segura dentro de lo que cabe. Así que ésta no es una recomendación ni mucho menos, es sólo externar una de las experiencias que busco cuando descorcho un vino. Disfrutarlo y no sentirme timado como me ha pasado infinidad de ocasiones. Brindo por los vinos que se disfrutan sin hipotecar la casa, y por este nuevo año.

Gigondas etiqueta rota

Publicado: 14 diciembre, 2019 en Reflexiones, Vino
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Haciendo un balance creo que no había descorchado ninguna botella de cierta importancia, por lo menos dentro de los parámetros de la pedantería, ustedes saben:  Bodega de renombre, zona, precio… cosas que finalmente al estar frente a la copa, si se es sensato pasan a segundo lugar, ya que lo que importa es la experiencia recibida a través de los sentidos. Debo decir que la etiqueta está parcialmente rota por la humedad, y es que la bodega donde reposan desde hace ya algún tiempo peca de humedad, que debe andar arriba del 70% motivo por lo que las etiquetas se deterioran, pero el vino se conserva mejor, sino es que entra un maldito hongo y acaba con el corcho. Esta distinción entre una botella inmaculada y una rota o con manchas de vino, sin duda le da carácter a la botella, dejando de ser un mero medio para contener el vino a un recipiente con cierta historia que contar.

Un vino firme, con cierto grado de juventud, no se le nota el vidrio a pesar de sus 4 añitos, digamos que se empieza a desenvolver a sus anchas, empiezan aromas térreos y ahumados, parecidos a los de su vecino del Norte Cote Rotie, sin ser tan marcado. Este vino del sur del Rhone que generalmente no envejece como sus vecinos norteños como un buen; Cote Rotie, Crozas-Hermitage, Cornas… Esta botella entró en bodega el 9 de enero de 2018, casi dos años reposando. Uvas: Syrah, garnacha tinta y monastrell.

Tapas, pinchos o pintxos (como se escribe en tierra vasca) y hasta los bocadillos y canapés, sin ser tan ortodoxos podríamos agruparlos en las  variantes de lo que podemos traducir en México como botana. Botana que se ofrece al bebedor sediento en bares y cantinas, y que su diversidad roza lo infinito tanto aquí como en España: Pimientos del piquillo en diferentes presentaciones, pinchos de tortilla, sardina, boquerón, gambas, navajas, huevo duro con pimentón, calamares, chorizo, pimientos asados, croquetas de bonito… son apenas un asomo de la gran cantidad de tapas que se ofrecen en los bares de cada esquina de las ciudades y pueblos españoles, tapas que requieren para obtener esa categoría un trozo de pan crujiente.

En México tenemos: cacahuates, papas fritas, sopecitos, chalupas, tacos dorados, tacos de diferentes guisos, chapulines, guacamole, tostaditas, molotes, charales, manitas de cerdo etc. Pero hoy me quiero enfocar en las tapas y pintxos que se ofrecen en México, ya que para mucha gente ha sido una novedad que no sólo en los restaurantes españoles se sirven, sino que las tiendas gourmet han incursionado en la preparación de estas delicias como City Market El Palacio de Hierro (Polanco). Lugares donde de ofrecen estos productos con una copita de vino o un buen tarro helado de cerveza, agua mineral o cualquier cosa que pidan de beber en la barra. Menciono estos dos establecimientos ya que son los únicos que conozco en Ciudad de México.

Hasta el momento y dudo que cambie la situación, son productos caros que no tienen nada que ver con la oferta en lugares como León España (Barrio Húmedo) donde incluso las tapas son gratuitas. Aunque carguen un poco más a las bebidas, ya que como decía mi padre: «Nada es gratis en esta vida». Pero por lo menos podemos hacernos ilusiones con ese plus ofrecido por el dueño del establecimiento.

En City Market he probado algunas tapas que me parecen de muy buena materia prima, misma que se puede conseguir dentro de la tienda. Mucho tiene que ver el ambiente en la barra, rodeado de productos, limpia y bien iluminada.

tapa6.jpgUna característica que dista de los bares españoles, y no precisamente los que visitan los guiris, es que es algo tan cotidiano que no se respira ese aire de sofisticación y efímera sutileza propios de lugares concebidos para sacarle los ojos a los turistas forrados de dólares. Cuántos bares visité en España durante los años ochenta, donde llegaba incluso a  pisar las colillas de cigarro y un poco de aserrín para que nadie resbalara por el piso húmedo. Sé que puede sonar cutre, pero también le imprimía un aire de taberna medieval, donde las charolas con cañas y chatos de tinto o sidra previamente escanciada deleitaban a los comensales en un ambiente impregnado de aromas y sabores.

Hoy en México como en muchos bares en zonas de alta plusvalía en cualquier ciudad del mundo, lo primero es atraer al cliente por la vista en un lugar armado y ambientado artificialmente como cuando se visita Epcot Center en la tierra de Mickey Mouse.  Para quienes gustamos de lo auténtico y queremos porciones abundantes y no dedales y platos que parecen muestras, la satisfacción es incompleta y muchas veces al salir es común sentirse timado.

El promedio que se llega a  pagar por persona, dependerá de que tan sediento o tapa2hambriento entre al bar. Sin embargo me atrevo a decir que un promedio de 4 tapas y una bebida, digamos vino o cerveza ronda los 300 pesos. Otra característica diferente, es que en España cuando se sale de juerga es muy raro que alguien se siente en la barra por más de dos raciones. Es habitual ir de bar en bar probando cosas sabrosas por las tardes, una cañita a mediodía y café con un bizcocho en la mañana.

En Ávila ciudad amurallada, relativamente cerca de Madrid, realizan uno de los  concurso de tapas más importantes de España. Así que el arraigo y tradición se respira en cada uno de sus rincones. La materia prima es la espina dorsal de un buen pincho, el esmero y la dedicación cierran el círculo para poder presentar en la barra una buena tapa. Sería ocioso hablar de cada una de las tapas que sirven en los lugares arriba mencionados, lo que sí puedo decirles es que el aguacate y algunas porciones calientes, no se encontraran en la Madre Patria, ya que se sirven así como están expuestas en los exhibidores… Mejor los invito a que se den una vuelta, sino lo han hecho, y probar algunas tapas para que formen su propia opinión.

Este pasado miércoles 19 de septiembre seguramente  la gente salió por la mañana de sus casas un poco temerosa, otras pensando gran parte del día en la tragedia ocurrida hace un año en México y sus alrededores, yo fui del segundo grupo, además tenía una invitación por la tarde a una cata en una tienda gourmet recién abierta hace poco. La verdad es que hacía mucho que no me presentaba a un acontecimiento de este tipo. Muchas veces por apatía, otras para evitar escuchar los interminables rollos comerciales que suelen derrochar los anfitriones. Al final me presente puntual a la cita,  aunque debo decir que la falta de educación y compromiso de la mayoría de los invitados es vergonzosa. Con poco más de una hora de retraso comenzó la charla una sumiller joven y muy entusiasta. Se trata de Sandra Fernández Gaytán. Fuera de la chocante costumbre en muchos países de lengua castellana, entre ellos el nuestro, de llamarles sommelier en vez de utilizar el término correcto; sumiller a las personas de esta noble profesión. Aclarado el punto sigo con su extenso currículum, pero sobre todo, el enfoque que tiene del mundillo del vino me fue interesando a medida que pasaba el tiempo.  Puntos de vista contrastantes y datos de la situación vitivinícola en nuestro país  aparentemente actualizados.

Sumiller Sandra Fernández

Sumiller Sandra Fernández

Contando sus inicios en esta profesión, nos decía que al principio no le entusiasmaba mucho el vino, entiéndase que no fue un impulso desde la niñez sino un gusto adquirido después de que su  profesora le dijera un buen día:

«No sabes oler, sabes respirar…»

Una de esas frases que nos cambian la perspectiva  de  la vida y que  transforma nuestro horizonte profesional, desde ese momento se interesó por el vino.

Muy pronto advertí que no se trataría de una cata tradicional de tintos con aromas  a frutos rojos y de blancos a fruta amarilla, como bien lo apuntaba ella misma. Al final reconozco que valió la pena la espera aunque hubo ciertas imprecisiones que suelen darse cuando el expositor se relaja y piensa que a la gente le da lo mismo una cifra de más o de menos. Más adelante lo explico con detalle.

Francamente desconocía por completo que la historia del vino en América comenzara en Puebla y  la Ciudad de México, lo que llamaban Huejotzingo. Ya desde entonces existía una planta trepadora que con sus frutos, los naturales de esta región preparaban una bebida fermentada. Su gusto amargo y astringencia hizo que la  mezclaran  con miel.

Siguiendo con la historia algunos siglos después, Don Lorenzo García en 1595 abrió la bodega que hasta hoy sigue en plena producción, la más vieja de América. Pero no fue hasta 1597 cuando pudo comercializarlo previo permiso del rey de España. Aunque yo tengo mis reservas con aquello de la prohibición de la producción de vino en México, por motivos de competencia con el vino español.  Y esta duda surge por una simple y sencilla razón: ¿El vino aguantaba el largo viaje en alta mar hasta cruzar el Atlántico y llegar a las costas de Veracruz…? Yo creo que lo que llegaba, si no se lo bebían antes en el camino, era vinagre. Pero respetemos temporalmente la historia oficial. Hoy esa bodega se llama Casa Madero y va por la quinta generación de productores.

En 1842 abre sus puertas la Escuela de Agricultura, con especial énfasis en la viticultura.

En 1888 nace la bodega Santo Tomás.

En 1900 entra a México la filoxera, ese endemoniado pulgón come raíces que devastó la mayor parte de los viñedos de Europa.

En 1906  cien familias rusas se instalan de manera permanente en el al Valle de Guadalupe, hoy queda el legado de Bibayoff

Después de la Revolución Mexicana, que por obvias razones había mermado la producción a niveles ínfimos, resurge en 1920. Cincuenta años después, en 1970 nacen los vinos en Calafia de Domecq. Y rompiendo parámetros surge en 1987 Monte Xanic. Todavía recuerdo con nostalgia su rústico y sabroso  cabernet franc con su etiqueta de color anaranjado, ya extinto.

Otros datos interesantes: En México hay 4000 ha de viñedos, según la sumiller, yo tengo otro dato muy diferente de The Oxford Companion To Wine de Jansis Robinson tercera edición 2006 pag. 441

Mexico, the America´s oldest wine producer country, had 41,000 ha/ 101,000 acres under vine  in 2002 (…)

Para ponerlo en perspectiva Jordania y Tailandia países con ínfima producción, tienen 4000 ha cada uno, España el de mayor extensión de viñedos, tiene 1,207,000 ha, EE.UU 415,000 ha (*datos del año 2002)

Siguiendo el hilo de México: tenemos 2000 etiquetas nacionales y un consumo per cápita de 720 ml con una producción de 62 millones de litros al año.  70% del vino que se consume se importa.  Y el 40% de lo que pagamos los mexicanos por los vinos corresponden a impuestos.

Al hablar de las uvas insignia de cada país, y poner ejemplos: Argentina: malbec, Uruguay: tannat, Sudáfrica: pinotage, Australia: Syrah etc., Decía Sandra Fernández que en México hace falta tener una uva propia.   Yo pienso que hace más falta vinificar bien que tener una uva insignia a manera de branding que tampoco es malo, pero no debe preocuparnos mucho. Un buen ejemplo es hablar de Francia, donde  no implica hablar de un varietal, porque quedamos muy cortos. Podríamos hablar del coupage o mezcla bordolesa, y Francia es un país tradicionalmente vitivinícola, pero con la diferencia del Viejo Mundo.

En México se da con excelentes resultados en el Valle de Guadalupe: la zinfandel y la malbec,  quizás en algunos años tendremos alguna uva que nos identifique en el Mundo.

Por último me gustaría destacar algunos aspectos de la cata, que no se ha limitado a mencionar aromas y sabores, a manera de lista de supermercado.

Hay dos vinos destacables para mi. El primero un blanco y el último un rosado. La Llave Blanca 1999, de Vinícola Torres Alegre y Familia en el Valle de Guadalupe. Según contó la sumiller, el enólogo y dueño de la bodega fue el creador de un sistema de oxidación controlado, llamado micro-oxigenación, que consiste en oxigenar el vino lentamente mediante diminutas mangueras hasta el punto que se haya acelerado su evolución, sin llegar a la vejez y mucho menos a la decrepitud.  Buscando en el mismo libro, encontré que el mérito lo tiene un francés: Patrick Ducournau en la región de Mediran, para controlar la aireación en los tanques de fermentación y así proveer de oxígeno a la levadura. Aunque también se puede oxigenar en algún otro momento dentro del proceso de crianza. El resultado es un vino muy interesante que me recuerda a los blancos de López Heredia, con toda proporción guardada. También compartió la historia de una vieja barrica abandonada en lo que fue Chateau Camou, que contenía un savignon blanc y que ahora se vende como el vino más caro de México por $12,000 pesitos la botella,  La Llave del tiempo. No cabe duda de que hay vinos para todo mundo, hasta para quienes se desprenden con facilidad de su dinero después de escuchar una romántica historia.

Vinos catados...

Vinos de la cata

El Convertible Rosa, único vino de Viñas Pijoan que no tiene nombre de mujer, como los otros. Vinificado con 70% zinfandel, 15% merlot, 10% garnacha tinta y lo demás colombard. En el sentido estricto sería un clarete por tener uva blanca (colombard)  Bonito color salmón, brillante y fluido. Un vino elegante que tiene aromas a manzana verde, paso y final amargo. Un rosado que como bien dice Sandra sale del montón de  vinos con azúcar que pocas veces pueden maridar. La relación acidez y salivación que mencionó me parece muy interesante, desde el punto de vista gastronómico,  para poder digerir y disfrutar el vino con la comida.

Otro que se me olvidaba es el Nebbiolo passito de Villa Montfiori. Un vino de postre de aspecto turbio, opaco y espeso que se vinifica son el método passito que me imagino proviene de pasa, uvas pasa… Dulce con mesura y con una buena dosis de acidez, ideal para maridar con un queso Brie. Un vino sin filtrar, he aquí el motivo de su capa velada y sus aromas a hollejos. Por cierto el maridaje no fue nada del otro mundo, creo que le faltó a las viandas materia prima de calidad y poco más de mimo.

Así concluyó la noche de miércoles, agradezco la amable invitación de Carlos. Abur.

De todo un poco

Publicado: 10 enero, 2016 en Reflexiones, Viajes
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"Ready to go"La cultura norteamericana; sajona y de tintes hegemónicos ha permeado en distintas facetas de la sociedad alrededor del Mundo: cine, moda, tecnología, tendencias de consumo… Y como era de esperarse el vino no es ajeno a estas corrientes de usos y costumbres tan sofisticados y a la vez industrializados, donde el ser humano pierde su individualidad y camina por las calles como en aquel anuncio de Apple del año de 1984. En clara alusión al libro de Orwell

Confieso que nunca en mi vida había visto una copa de plástico con el vino dentro lista para beber; con tapa metalizada tipo papel aluminio y refrescada en hielo. Si todavía deambulan almas por el mundo escandalizadas por los tapones sintéticos, me imagino que encontrar un producto de estas características será motivo de infarto al miocardio. Digno de reflexión sobre el futuro del vino, sumado al cambio climático que parece evidente aunque los motivos de tal cambio no sean para muchos lo que proclaman a los cuatro vientos, incluido en esa lista a su servidor. Aunque ya estoy buscando algunos acres en Alaska para plantar syrah,  y otros tantos en California para plantar palmeras de cocos y dátiles. 🙂

19 Crimes and Naughty Divas...

19 Crimes and Naughty Divas…

Siguiendo en la sección de vinos, en el mismo establecimiento me encuentro con dos vinos que llaman mi atención. Uno de Australia «19 Crimes» y otro de no sé dónde rayos, cuyo nombre está dedicado a una noche de copas «Naughty Divas» algo así como noches pícaras. Probé el primero, en la contra-etiqueta explica lo que fue Australia antes de que la colonizaran los ingleses. Una cárcel donde más de la mitad de los convictos moría por el camino, ya que las condiciones en los barcos a finales del XVIII no eran las más adecuadas, además se trataba de gente non grata dentro de la sociedad inglesa; el trato hacia ellos dejaba mucho que desear. 19 Crimes hace referencia a esta difícil época en aquellas lejanas tierras. Un vino correcto, sobre-extraído, sin excesos. Repetible.

Por último un vino que lo he visto por los estantes aquí en México, pero que mi debilitada memoria no recuerda con tanta precisión si ya lo había probado, me parece que sí. Se trata del Gabbiano 2014. Un chianti que pedimos en un restaurante italiano en Orlando, que entraba dentro de los precios comedidos, casi treinta dólares en restaurante. Me ha dejado más que satisfecho. Frutal, de excelente acidez, pero sobre todo el conjunto lo hace un vino fácil de beber, con cierta personalidad. Un sangiovese muy bien logrado que en Walmart tiene un precio de 10 verdes. Huele a grosella, refresco de cola, regaliz, chocolate amargo, tanino maduro, final largo y amargo.

En ambos vinos no indican la añada… Parece una costumbre que comienza a arraigarse.