Archivos de la categoría ‘Cata’

Vertical de Marqués de Murrieta del 2012 al 2017

Este año cumplimos 26 años de reunirnos a compartir el vino. Organizamos la tan sonada vertical que se pospuso durante tanto tiempo, por fin, llegó la fecha; una vertical de Marqués de Murrieta del año 2012 al 2017. Manteles largos y un bufé de pavo al vino blanco, hongo portobello y pasta María acompañada de una deliciosa ensalada. Todo enmarcado en un ambiente de camaradería.

Marqués de Murrieta es una bodega que se autodenomina como la primera en elaborar vino en Rioja. Título que de entrada suena un poco chocante, y si nos vamos a la Antigüedad, cuando los romanos ocupaban estos suelos, podríamos llegar a otras conclusiones.

Empezamos en orden ascendente por el 2012, se trata de un vino con 14 grados de alcohol por volumen, la verdad no se le notan, bastante integrado, y como se puede ver por su color, el tiempo a limado esos antocianos y esos taninos, dando reflejos teja, de capa baja y poca astringencia. Huele a ciruela roja en sazón, así como notas terciarias de piel de Rusia. Hay una característica que se puede sentir en todos los vinos que catamos, una acidez muy refinada, que le da armazón al conjunto.

El 2013 es color rubí de capa baja, brillante y fluido, con aromas intensos a zarzamora y notas balsámicas. Un vino redondo y elegante de tanino firme a pesar de sus once añitos.

El 2014 tiene aromas a maple muy intensos, apenas se descorcha, envuelve el ambiente, de color rubí un poco más intenso que el anterior. Notas de pastel de frutas. Este vino tiene un tanino dulce, algo que llama la atención sin poder encontrar la razón, su grado de alcohol es de 14 igual que el primero.

El 2015 es muy parecido al anterior, tanto en su color como en sus aromas, la fruta se hace más presente a medida que nos acercamos a los vinos más recientes. Tiene todo para seducir, acidez, tanino y alcohol muy bien integrados.

El 2016 huele a regaliz, el más expresivo de los seis, redondo de tanino más presente.

El 2017 es el más vivaracho como era de esperarse. Me gustaría tener tener el paladar y el olfato de mr. Michael Broadbent o el de Hugh Johnson, que desmenuzan a fondo los vinos, sobre todo en estas ocasiones en las que se puede degustar una vertical, pero mis alcances son muy limitados. Puedo decir que todos los vinos tienen el sello de la casa; han resultado muy elegantes y de una acidez exquisita. No se puede ver con los mismos ojos a esta bodega después de esta vertical.

Para brindar se descorcharon dos botellas de champagne de la misma casa: Conard -Duchéne 2012 de botella panzona, y una 2014 más estilizada. La primera, ya tiene indicios de cansancio, la burbuja grande y no muy persistente. Aromas a manzana asada de color amarillo dorado y falto de acidez. La 2012 más fresca con recuerdos cítricos y de burbuja más fina, acidez y notas de gis.

Bastante más fresca que la primera.

Me he atrasado un mes, pero como ya casi nadie pasa por aquí, lo más seguro es que nadie se había enterado. No quiero dejar en el tintero la cata de septiembre…

La 265

Empezamos con dos blancos de precio bajo, no llegan a seis dólares.

Isla Negra 2022. Recuerdo cuando un buen amigo quiso importar vinos de la filial de Concha y Toro, entre ellos venía esta marca. Amarillo pajizo, brillante y fluido. Nariz con aromas a piña madura y cera de abejas. En boca es de acidez alta, cítrico en boca con un cosquilleo al entrar. Recuerdos de toronja roja.

Casillero del Diablo Be Light 2023. Me recuerda a las pastillas Seltzer que cuando se mordían eran efervescentes. Corto en aromas, en boca ligero. Como se puede apreciar desde el nombre nos podemos dar idea de que no tiene mucho alcohol (8.5 grados). Inmemorable con causa.

Pinacate 2020. Este vino viene de Sonora, una región desconocida en la actividad vitivinícola, por lo menos para mi. Huele a caja de puros y vainilla, con algunos recuerdos a fruta negra de fondo. Va de menos a más, final astringente. Acidez baja. Al último da unas bonitas notas de regaliz.

Cata 266
Cata 265

Tablas 2022. Una mezcla de tempranillo, grenache y petit syrah, del Valle de Guadalupe. El primer golpe es de azufre, fósforo, después de unos minutos se va limpiando para dar algo de fruta roja. Cuerpo medio y de final amargo. Inmemorable con causa.

El último fue un Colección Privada 2022 de la bodega Navarro Correas. Se trata de una mezcla de malbec, cabernet sauvignon y merlot. Huele a hollejos y fruta negra, en boca buena acidez y tanino domado, recuerdos a mermelada de zarzamora. Repetible.

La 266

Tres Medallas 2023. Savignon blanc de color amarillo pálido, fluido y brillante. Huele a manzana verde, en boca tiene buena acidez, cítrica: limón.

Santa Helena 2023. Un 100% chardonnay con manzana verde y notas de pera. Entra muy planito y tiene un final corto, acidez baja le falta nervio. Inmemorable con causa.

Viña Coronado 2021. De San Luis Potosí. Huele a toffe, notas de vainilla, hollejos y ciruela negra. Un vino redondo con recuerdos a fruta negra. Repetible.

Scielo 2021. 100% merlot. Este cuarto vino, tiene madera usada muy pronunciada; a baúl, y jarabe para la tos, final astringente y amargo.

Trapiche 2022. Diluido, sin fuerza, huele a ciruela roja. De acidez alta, va de menos a más. Recuerdos de agua de Jamaica. Un pinot noir mal logrado, habría que darle otra oportunidad.

Dos blancos franceses y tres chilenos

Estaba prevista la vertical de Marqués de Murrieta para esta cata, infortunadamente quien tuvo la brillante iniciativa, y se encargó de comprar los vinos, tuvo su primer ataque de gota. Así que hemos pospuesto la vertical para septiembre. Recuerdo aquel primer ataque que me dio de viaje, como un acontecimiento que quisiera olvidar, aunque debo reconocer que no me ha ido nada mal, 6 o 7 ataques en 10 años no es gran cosa, además, en los últimos dos años no he tenido uno solo.

Así que saqué los vinos que tenía reservados para septiembre. Se trató de una selección bastante ecléctica: dos franceses de medio pelo y tres chilenos, dos de ellos de una bodega de reconocida calidad. Los dos primeros, franchutes y de etiquetas retro, resultaron muy agradables.

La Belle Angele 2022 vinificado con savignon blanc y su mesurado alcohol de 12,5 grados. Un vino que sorprende en aromas intensos, esos vinos que al descorchar parecería que se destapa un perfume. El primer golpe es a cajeta, cera de abejas, al girar la copa huele a pera, flores y una nota de manzana verde. En boca va de más a menos, buena entrada y final corto, acidez moderada y mineral. Repetible.

La Belle Angele 2022, este segundo blanco está vinificado con chardonnay 100% y sigue con sus alcoholes moderados de 12,5%. Huele a canela y al dar vuelta a la copa: piña y notas de limón. En boca es de mediana intensidad. Me ha gustado más el primero.

El primer tinto es un Stefanya 2021 de la bodega Viña Requingua, Colchagua, Chile. Vinificado con carmenere y merlot. Color picota de capa alta. Huele a regaliz y algún aroma punzante a hollejos en plena fermentación, así como notas de tamarindo. En boca se nota la madera, desenfocado. A pesar de todo me parece que con un poco de aire puede redondearse y disfrutarse, como lo hice al final.

Medalla Real 2022, un cabernet sauvignon que huele a chocolate, humo y al girar la copa arándanos. En boca está bastante aburrido; así como entra se va.

Medalla Real Gran Reserva 2018. Un vino mucho más hecho que el anterior, sin aristas. Se trata de otro cabernet, que huele a tocino, fruta negra y que en boca tiene un tanino mullido y buena acidez, se antoja con un queso semicurado. Para un par de botellas.

Dos gallegos y tres riojanos

No recuerdo haber tenido tan poco cuórum, pero bajo la circunstancia de que Tino, nuestro ayudante de lavado de copas y otros menesteres, no asistió; no extrañé a nadie de los ausentes ya que me correspondía junto a mi hijo lavar y recoger todos los desperfectos. Dicho esto dio inicio a la ducentésima sexagésima tercer cata. Dos blancos gallegos y tres tintos riojanos. Dimos comienzo con un albariño.

Segrei 2021 Albariño 12.5% de alcohol y con un precio algo elevado de 450 pesos, unos 25 dólares americanos. De un bonito color amarillo dorado, fluido y brillante. Nariz intensa que bastó servir en la copa para que desplegara sus aromas a distancia: níspero, manzana asada, piña cristalizada. En boca tiene buen ataque; cítrico (limón), y con un fondo mineral muy sabroso. Para comprar media caja.

Alba de Vetus 2022 un albariño de Rías Bajas, trae impreso en la etiqueta un pez raro, parecido al pez ballesta. Este vino tiene color pajizo brillante, cera de abeja, notas de canela, pera y piña. En boca es mineral, con un apretón cítrico al final. Para media caja.

Heraclio Alfaro 2018. Primer tinto, vinificado con tempranillo. De capa baja, color carmín brillante y fluido. Huele a regaliz, especiado; pimienta negra, clavo y madera nueva, acidez alta y tanino rugoso. Repetible.

Marqués de Griñón 2018. Es grato encontrar un vino tan bien amalgamado, creo que en esta ocasión no aburriré a nadie con la lista del supermercado, en vez de eso diré que se trata de un vino redondo y seductor, guante de seda con un tanino maduro y una acidez cautivadora, en conjunto está para comprar una caja. Por 25 verdes vale mucho la pena, mañana mismo voy por un par de botellas.

Ederra 2016. De la ya conocida casa: Bodegas Bilbaínas, 12 meses en barrica sin más detalles, y 24 en vidrio, que nos recuerda lo hechos que salen de la bodega algunos riojanos reserva. Otro vino muy redondo, pero yo diría que sin cautivar como lo hizo el anterior. Fruta negra de buena calidad y notas de lavanda. En boca muy redondo con un tanino bastante presente. Repetible.

La próxima cata oficial será una vertical de Marqués de Murrieta, así que ya está todo listo, ya contaré cómo resultó.

Cata 262 brillan los blancos de nueva cuenta

Han caído ya algunas lluvias como saben caer por estas tierras: fuerte y persistente. El ambiente es húmedo, provocando que las copas se empañan con una película que no deja ver el color del vino. Empezamos con LA Cetto, un blanco al que han bautizado con el nombre de Verano añada 2021. Una etiqueta muy ad hoc con algunas impresiones de tabla de surf, estrella de mar, piña, rebanada de limón, sandalias de playa, lentes para el sol, sombrilla, etc. nos remite a un día soleado en la playa con una copita de blanco bien frío en la mano bajo una palmera colgados de una hamaca. Se trata de una mezcla de colombard y sauvignon blanc, con 12.5 grados y sin especificar la crianza. Es de color amarillo pálido y huele a piña madura y manzana verde. En boca es mineral con una acidez comedida, una sensación agradable aunque como dijo alguien en la mesa: un poco rara. Para un par de botellas.

El segundo blanco fue La Junta 2022, del Valle de Curicó en Chile, el único extranjero. Una rara combinación de viogner y savignon blanc. Para mí algo superior al anterior. Con sus seis meses de roble francés y sus 13.2% de alcohol muy bien integrado. Amarillo dorado, huele a paja mojada, heno y algo de fruta amarilla; níspero de fondo. En boca tiene buen ataque y un cosquilleo propio del CO2 aunque no se percibe en la copa, agua quina y un apretón al final amargo. Hoy voy por un par de botellas.

El tercero fue un tinto, Parábola 2021 de Vinícola El Retorno. El primer golpe son cerezas en licor y membrillo, moviendo la copa salen las notas de moras muy maduras, casi mermelada. Tanino comedido y de gusto salado, acidez baja. Mucho mejor en nariz que en boca. Nada que me mueva a una segunda compra. Inmemorable con causa.

Palabra 2020. Vinificado con 70% zinfandel, 15% tempranillo y 15% barbera. 12 meses de roble blanco. Primer golpe aromas químicos a acetona, con un poco de aire se limpia y se percibe pimienta blanca y algo de fruta roja. En boca: flor de Jamaica y notas de tamarindo, salado y picante. Un vino austero, inmemorable con causa.

Por último: Retorno 2019, con un dibujo en la etiqueta de una indicación de retorno. Misma bodega del Valle de Guadalupe. Todos percibimos notas salinas en los 3 tintos de la noche, la escasez de lluvia, como este año en el sur, provoca que la salinidad se concentre en los suelos además de los pozos de agua con los que se riega el viñedo en algunos casos. Este vino fue el mejor de los tintos. Huele a tamarino, fruta negra y notas de lavanda. En boca es redondo, buena acidez y tanino, final medio, en general bebible sin enamorar a nadie. Para probar otra botella.

Cata 261, de vuelta a México: 2 blancos y tres tintos

Abrimos con un blanco, L.A. Cetto Boutique 221. Vinificado con tres variedades, incluida una tinta: chardonnay, viogner y pinot noir. Como en la zona del Ródano donde en ocasiones se mezcla con pequeñas proporciones de uvas blancas, con Viognier como en Côte Rotie, o con Marsanne y Roussanne (ambas blancas) en el caso de Hermitage. En algunas zonas de Cataluña no es raro ver alguna variedad blanca entre los viñedos plantados con garnacha tinta. El color pudiera pensarse con alguna tonalidad tirando a rosado por la pinot, pero es de color pajizo, así que la proporción de esta tinta debe ser baja, brillante y fluido. Huele a flores sin distinguir cual, espino blanco y toronja blanca. En boca tiene un cosquilleo aunque el CO2 no es visible, debe tratarse de otra cosa, abocado, mineral y largo, quizás queda corto de acidez. Repetible.

El segundo blanco viene de San Miguel de Allende, Guanajuato. Viñedo San Miguel Blancs 2010, Poco confuso el nombre, yo agregué lo de Viñedo San Miguel, aunque no sé si sea fácil de identificar como sólo Blancs. De esos embrollos en los que se meten los responsables de mercadotecnia … Vinificado con savignon blanc, chardonnay y semillón. Color amarillo pálido, huele a orín de gato, típico de la savignon blanc, barro y bonitas notas de durazno, aunque al principio no les gustó su aroma se fue limpiando, confieso que a mí me encantó desde un principio. Tiene mucho peso en boca, es un vino corpulento, tirando a dulce, acidez comedida, muy redondo en boca. Se antoja con un buen queso brie artesanal.

El tercero fue un tinto. Orlandi 2020 de la bodega La Redonda en el estado de Querétaro. Está vinificado con merlot y cabernet sauvignon. Con crianza en roble americano, sin especificar si es madera nueva ni el tiempo. Huele a flor de jamaica, tamarindo y notas de madera usada. Buena entrada, paso ligero y final fugaz, va de más a menos muy rápido. Tanino pulido, seco y de acidez comedida. Sin mucho encanto, pero debo decir que fue el mejor de los tintos de esta noche.

Magoni 2021 de Vinícola Tres Raíces. Capa alta, picota, ribete rubí. El primer golpe es de un aroma dulce como a chabacano, canela y ligeras notas de frambuesa. En boca es muy discreto, la entrada y el final casi en la misma intensidad. Inmemorable con causa.

El último tinto fue un Viña Coronado 2021, viene con una medalla que dice textual: «Selección México Yuactán 2023 Oro» quienes son asiduos a este blog saben de sobra que para mí las medallas no representan lo que para otros sería un motivo contundente de compra. La bodega es: Causa Bodega y Viñedo, en San Luis Potosí, una tierra que cuesta trabajo relacionar con la vitivinicultura, aunque hoy en día ya hay un puñado de bodegas. Se me ocurre hacer una próxima cata con vinos de esta región, si es que se pueden conseguir, me imagino que hay muchos que no alcanzan a comercializarse fuera de la región. El primer golpe es pimienta, después se asoma tímidamente algo de zarzamora y romero. En boca le falta armazón, paso por boca ligero, de tanino pulido y acidez comedida. Buscaré si hay algún blanquito de esta bodega.

Yo diría que fue la noche de los blancos, el calor también ayuda, pero los percibí mucho más redondos y de buena hechura.

Cata 260

Publicado: 28 abril, 2024 en Cata
Etiquetas:, , ,
Vinos de la ducentésima sexagésima cata

Los calores han apretado como hace mucho no lo hacían. Hablar de grados centígrados a veces es un poco engañoso, que si en la sombra que si debajo de un árbol o dentro de casa, lo que percibe el cuerpo es un sofocamiento que obliga a no despegarse del aire acondicionado y un buen vaso de agua con hielos, al lado. Así que no es mala idea abrir con dos blanquitos. Chateau Domecq 2022, vinificado con chardonnay y viogner. Roble sí tiene pero no señala el tiempo transcurrido, que no pienso que sea más de un año. El resultado es un vino con 12,7 grados de alcohol, algo raro de ver que los grados con decimales fuera del 12,5 o 13,5. Color pajizo, brillante y fluido. Huele a hierba recién cortada, níspero y una notita de piña verde. En boca es cítrico; limón y de buen paso por boca con cierta contundencia. Para media cajita. El segundo blanco, un Magoni sauvignon blanc 2022. Se trata de un varietal del valle de Guadalupe con 12,5 % de alcohol. No especifica crianza. Huele a lácteos, queso brie y al mover la copa da alguna nota de durazno. Color pajizo, brillante y fluido muy parecido al anterior en cuanto a color. En boca es un punto dulce, diría que abocado, de acidez comedida y final corto. Inmemorable con causa.

El tercero de la noche es el primer tinto. Chateau Domecq 2017. Vinificado con cabernet sauvignon, merlot y nebbiolo. Color violáceo, ribete rubí, velado. Huele a fruta roja de la mejor calidad: ciruela, cerezas y hollejos. En boca es frutal, buen paso, de acidez exquisita, tanino firme y con un final que da un apretón de astringencia sin molestar. Una agradable sorpresa, esta casa está haciendo buenos vinos.

Magoni 2022 vinificado con un 80% de barbera y el resto de cabernet sauvignon. El primer golpe tiene una nota química a merthiolate, un poco de aire lo limpia dando paso a fruta roja indefinida, en boca no tiene nada que mueva a la compra de otra botella, tiene un final astringente.

El quinto y último: Macramé 2020, un cabernet sauvignon que curiosamente ya habíamos probado en enero de este mismo año, lo puse en el carrito de último momento sin reparar en ese detalle. No recuerdo haber repetido vino de la misma añada con tan poco tiempo de diferencia entre uno y otro. Me pareció bastante mudo en nariz, al mover la copa aparece un aroma a fósforo, pero sigue sin dar muestras de expresividad. en boca es planito y con alcoholes altos. En enero se mostró más abierto, prueba contundente de que cada botella es un mundo, y más tratándose de botellas de medio pelo. Aquí transfiero la nota de enero de este mismo vino: «Un cabernet sauvignon de San Vicente de las Minas, con 13,8 de alcohol y 6 meses en roble francés sin especificar si es nuevo o de uso. Huele a tabaco, fruta roja y una nota a canela. En boca tiene buena acidez y tanino mullido, aunque no encontré ninguna arista, no sé si repetiría». Y aquí llegamos con la cata 260 ¡Abur!

Vinos de la 259 (Miguel Torres)

Miguel Torres es una bodega fundada en 1870 después de que Jaime Torres en 1856 hiciera una fortuna con el comercio del aceite en Cuba. Con una cuba de 600,000 litros la mayor en aquellos días, se organizó un banquete inaugural dentro de la cuba para 50 comensales, entre los invitados figuraba el rey Alfonso XII.

Miguel, padre de los actuales dueños y quinta generación, se hizo cargo de la bodega en 1932. Viajó por el mundo para abrir nuevos mercados. En los años sesenta ingresó a la compañía Miguel Agustín, brillante enólogo, formado en Francia. Primero en plantar variedades nobles en el Penedés, ampliando significativamente el área del viñedo. Hoy poseen 830 ha.

El viernes pasado catamos cinco vinos, 4 de esta misma bodega y un blanquito Balduvón, a falta de blancos de la bodega Torres, de último momento me fue imposible conseguirlos. Hubo dos tintos que quedaran pendientes: El Grans Muralles y el Mas Borras vinificado con pinot noir. Se comercializan muchos más, pero no todos llegan a estas latitudes.

Empezamos, como ya mencioné arriba, con un Balduvón 2020. Un rueda con 4 meses de barrica vinificado con verdejo. Color pajizo, brillante y con algo de carbónico, leve burbujas en la pared de la copa. Huele a durazno, manzana amarilla. En boca es seco, mineral y de buena acidez. Para comprar un par de botellas.

Sangre de Toro 2021. Vinificado con garnacha tinta y cariñena. 13,5 de alcohol y sin especificar crianza, a menudo ni en la misma página de la bodega es posible conseguir información ¡Secretos muy bien guardados! Capa baja, color rubí. Primera nota a jabón. Al mover la copa huele a ciruela roja. En boca frutal, carnoso, tanino rugoso, acidez comedida. Repetible.

Sangre de Toro Reserva 2017. Color granate, primer golpe a vainilla, después fruta negra, pastel de frutas, buen paso, cuerpo pleno, buena acidez, final amargo. Repetible.

Gran Coronas 2019. Con 85% de cabernet sauvignon y el resto garnacha tinta. Una crianza de 12 meses en roble francés, 30% nuevo. Capa alta. Moras, hollejos fondo de trufa, va de menos a más. Equilibrado y de final largo.

Mas La Plana 2017. Un penedés vinificado con cabernet sauvignon, 18 meses de crianza en roble francés, 60% nuevo. Huele a grafito, pimienta negra y zarzamora, cerezas de la mejor calidad. Buen ataque, abigarrado, tanino presente, acidez y alcohol, todo en su punto. Para una caja.

Iremos probando lo que vaya encontrando de esta bodega, vale la pena.

La cuerda en el pico de la botella delata los taparrosca metálicos ¿El corcho en desuso…?

En esta ocasión faltaron dos miembros, cada uno por diferente razón no han podido asistir. Empezamos con un blanco que fue la sorpresa de la noche, por lo menos para mí. Me llama la atención que de cinco vinos sólo uno tuviera corcho, los otros son de taparrosca metálico. Se desvanece la idea romántica del corcho. El primero, un blanco que sorprendió por su relación calidad precio (18 dólares), rosando el límite, aunque en un país con tantos impuestos al vino no está tan mal. Tommasi pinot grigio 2021. Color amarillo pálido brillante y fluido, aromas a durazno, níspero y membrillo. Su entrada va de más a menos, al final le falta contundencia. En boca tiene acidez comedida, seco y de final discreto. Repetible.

Limelight 2021. Un californiano, una mezcla no muy convencional:  79% pinot grigio, 7% french colombard, 7% riesling y white blenders, decía en la etiqueta. Si sumamos los porcentajes quiere decir que hay otro 7% de «otras blancas». Amarillo pálido, con más color que el anterior. Co2 por la pequeña muestra de burbuja en las paredes de la copa, en boca no es muy notorio. Nariz discreta a piña verde, en boca va de menos a más, final amargo, abocado y con acidez baja. Inolvidable con causa.

Neven 2022. Sólo dice que viene de la Patagonia. Parecería una palabra derivada del inglés, sin embargo la raíz es Neuquén en mapuche, es Newen que significa fortaleza, energía. Color de capa baja, como es de esperar de un pinot noir. Huele a ciruela negra, en boca es corto y diluido, poco cuerpo. No repetible. Parece que sus 4 meses de crianza en roble americano y francés han pasado desapercibidos.

Sileni Cellar Selection 2021. Un vino blanco neozelandés vinificado con pinot noir. El primer golpe es de azufre, está defectuoso, al parecer el aire no lo limpió del todo.

El quinto es el Kumala Core 2021. Un sudafricano 100% pinotage, varietal producto del cruce entre pinot noir y cinsaut. Huele a fruta negra, gindas, cerezas. Acidez comedida, tanino presente, seco, buen ataque, final corto. Repetible.

2023 tuvo un final triste para la familia: dos grandes pérdidas. Por ese motivo no tuve tiempo ni ánimo de organizar algo para la Cata de Navidad. Mis amigos acudieron al rescate y organizaron un excelente asado con carne de primera, los vinos algunos corrieron de mi cuenta, otros fueron traídos por los comensales, pero no tomé nota más que de un magnífico y raro vino de Jerez, se trata del Apóstoles 30 años. Un palo cortado con la crianza en velo de flor al principio y sin el velo después en su última crianza, como los olorosos. Aparte de la uva palomino también tiene pedro ximénez. Color ámbar, espeso. Aromas de frutos secos, higo, tofe. En boca caramelo, miel, nuez, con un final eterno. Un vino elegante que se antoja con algún queso azul. Hubo muchos más pero, repito, no tomé nota.

Cata 257 o la cata con escasez de copas…

Para la cata 257, la primera del año, hubo escasez de copas, primera vez en la historia de esta peña, que ya cuenta con 25 añotes. Para la cata de diciembre había llevado 6 cajas de copas a casa de Alfonso, y nunca pasé por ellas de regreso. Así que nos las apañamos como pudimos. Dos blancos y el restos tintos, empezando con un blanquito muy tropical. Lágrimas 2020. Vinificado con verdejo, una uva no muy común por estas latitudes. Huele a piña madura, y una nota de mantequilla, en boca es mineral y de final amargo. Repetible y de buena hechura.

Calixa 2021. Un chardonnay sin barrica de esta icónica bodega del Valle de Guadalupe. Color amarillo pajizo, fluido y brillante. Huele a espino blanco, algo de hierba recién cortada. En boca tiene buena acidez, refrescante y de final largo. Un buen blanquito, pero que a nadie le pareció estar frente a un chardonnay.

Portolá 2019. Primer tinto de la noche. Un vino con una nariz apagada, aunque debo reconocer que no era de mis mejores noches para esto de los aromas, aunque tampoco he presumido de mi destreza a la hora de la nariz. En boca está diluido, plano ¿Qué más puedo decir…? Inmemorable con causa.

Macramé 2020. Un cabernet sauvignon de San Vicente de las Minas, con 13,8 de alcohol y 6 meses en roble francés sin especificar si es nuevo o de uso. Huele a tabaco, fruta roja y una nota a canela. En boca tiene buena acidez y tanino mullido, aunque no encontré ninguna arista, no sé si repetiría.

Trasiego 2021. De Bodegas Magoni. Una rara mezcla de 50% cabernet sauvignon, 30% sangiovese y el resto malbec. El primer golpe es fósforo, notas de metano, abre un poco a fruta negra indefinida y pimienta negra. En boca tiene buen paso, acidez y tanino en su lugar. Repetible.