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cata 163 A Siguiendo los pasos de la syrah o shiraz, esta noche están dispuestos seis ejemplares, algunos varietales y otros con mezcla de alguna otra uva. Pero antes comenzamos los puntuales con un espumoso que dejó una grata impresión a todos. Se trata de Orlandi semi seco, Blanc de Blancs, vinificado con trebbiano y chenin blanc. Un espumoso de Querétaro de Viñedos la Redonda, agradable, refrescante, con una nariz a miel, notas de frutos secos y algo de cítricos; toronja blanca, en boca se nota el azúcar residual sin llegar a empalagar gracias a su acidez, si bien discreta sirve para equilibrar el conjunto en boca. Un vino que por su precio: 130 pesos guarda una excelente relación calidad-precio. Repetible, quizás media caja para navidad.

El primer tinto fue Emiliana Reserva Especial 2002. Muchos tostados, fruta negra, de buena entrada y paso por boca. Repetible.

Las Moras Cabernet Sauvignon Shiraz 2011. Mudo al principio, costándole un poco abrirse para dar fruta negra en sazón; zarzamora, cereza, de entrada amplia, buena acidez y tanino presente.

Nerola 2010 de Miguel Torres, un syrah con garnacha de organic farming ¿será cultivo orgánico…? Nariz aromática a moras y frambuesas, de tanino casi dulce y un fondo mineral, hay quienes advierten un parecido con el anterior.

Ópalo Syrah 2006 con la leyenda bajo la añada; «No usamos madera». Es un vino argentino de Bodega y Viñedos Mauricio Lorca que desató controversia, ya que muchos advirtieron buena cantidad de madera, traducida en taninos. Aunque no entendería por qué insisten en que no usan madera… Viendo esta forma de vinificar como algo deseable, y el uso de la madera como algo nocivo, cuando en realidad la madera nueva y bien tostadita, es o por lo menos, o fue hasta hace poco lo habitual.
Huele a violetas, falta acidez, de final amargo. Repetible.

Lorca Poético 2006 difícil de leer la añada con la etiqueta morada muy garigoleada. Por cierto para mis amigos españoles, garigolear es un mexicanismo que no aparece en el diccionario de la RAE, pero que quiere decir ‘adornar profusamente’. Dicho esto se trata de otro vino de la misma bodega que el anterior. Huele al principio a maple, madera, y más madera, ciruela pasa, signos inequívocos de sobre-extracción y maduración. Doce meses en roble francés (90%) y roble americano (10%). 95% syrah y el resto cabernet sauvignon. Mi pregunta es: ¿Cuánto duró la maceración?

El último es un español Vallegarcía Syrah 2004. Notas de aceituna negra, fruta negra y una arista de alcohol. De paso firme en boca aunque al final se va muy rápido. No ha gustado mucho, domina el alcohol. Desequilibrado.

Vinos de la 162

Este viernes nos hemos reunido menos miembros de lo usual. Así que tomé la difícil decisión de descorchar cinco botellas (oficiales) en lugar de las seis de rigor.
Empezamos con un Martín Códax 2011, un albariño muy agradable que no deja de ser bastante comercial. De color pajizo, brillante y fluido, nos da en nariz los típicos aromas de plátano, con algún fondo de hierbas que no alcanzo a definir. En boca es frutal, juguetón, con una nota mineral en boca muy agradable y refrescante, un vino de trago largo para una tarde calurosa. Repetible.

De la misma bodega: Bodegas Aragonesas llegan los tres tintos siguientes. Empezando con Aragonia 2008, 100% garnacha tinta, de la denominación de origen Campo de Borja. Ubicada al sur de la comunidad autónoma de Navarra, y aunque las variedades autorizadas son la: garnacha, tempranillo, mazuelo, cabernet sauvignon, merlot y syrah en tintas, y macabeo, chardonnay y moscatel en blancas, la más representativa es la garnacha tinta, y digo tinta porque hay blanca y tintoreta, esta última de las pocas tintas con pulpa roja. Retomando el Aragonia 2008. Un vino con 8 meses de roble francés y americano, huele a ciruela, humo, en boca frutal, discreto que así como entra se va; unidimensional, sin aristas que después de media hora huele a cajeta. Repetible.
Coto de Hayas 2011. Aromas marcados a grosella tipo jarabe para la tos, mermelada de cereza, tanino dulce y de acidez justa.
Garnacha Centenaria 2010, con una crianza de apenas 4 meses en roble francés, térreo, piedra de río, fruta negra, bien amalgamado, entrada amplia, goloso de final largo. El tinto que más ha gustado. Repetible.

Para variar un poco a la hora de las viandas he escogido sushi, con uno de los mejores maridajes posibles para mi gusto. Un Jerez que bien podría ser una manzanilla, aunque me inclino más por un fino, por sus aromas ahumados que le van muy bien al pescado y el arroz del sushi. Una de dos: han quedado muy complacidos y satisfechos con el maridaje, o han sido muy prudentes a la hora de calificar el maridaje. Pero creo que en realidad sí les ha gustado. El vino es un Fino de Montilla Moriles, Monumental, de la Bodega Conde de la Cortina. Sus 14,5 grados de alcohol son bastante moderados para lo que nos tienen acostumbrados algunas bodegas de tintos. Un fino, oro viejo con frutos secos y ahumados. Repetible.

Alcohol de menor 13.0 a mayor 14.5...

Alcohol de menor 13.0 a mayor 14.5…

Volteando hacia la tierra de los canguros con cierto esceptisismo, metí al carrito seis shiraz. Esos alcoholes altos y taninos rugosos de la cata pasado me sentaron bien, así que quise repetir la experiencia con los vinos de esta tierra, plenamente identificados con esta uva.

Empezamos con un riesling Kabinett de Superama, aprovechando la corta temporada de productos germanos. Los primeros en llegar lo probaron. Anselmann Riesling 2011. Medido bajo el rasero de esta categoría y con sus 11 grados de alcohol es algo subido de precio, 180 pesos. Guanábana, níspero y algo de flores indefinidas. Es abocado pero con una ausencia de acidez que lo hace un poco fofo.

El primer tinto fue para mi el mejor. Repito; para mi. The Little Pinguin 2011 un shiraz discreto, color rubí capa baja, grosella con notas térreas, buen paso y con suficiente acidez, sin mucho extracto y a un precio que lo hace aún más atractivo, 130 pesos. Quizá no entra en los que refleje mejor la tipicidad de la shiraz, si es que todavía existe eso.

Rosemount shiraz 2010. Uno de los vinos australianos más conocidos en México. Con su botella de extrañas formas geométricas en su base. Humo, pimienta negra, tánico y algo tosco. No más que decir.

Shiraz Katnook Estate 2005. El primer golpe es de granos de café tostado, después da algo de fruta negra y ahumados, para muchos redondo y de posgusto largo. Repetible.

Greg Norman Lime Stone Coast 2007. Empezamos en 13 grados de alcohol y ahora ya vamos en los 14.5 con este vino y los dos posteriores. Vino potente de buen ataque y a diferencia de los anteriores algo mineral.

De la legendaria bodega Pendfolds. Bin 128 2010 con 12 meses de roble francés es tánico, fruta negra con notas mentoladas y de uva pasa. Dos raras coincidencias en un mismo vino.

Para rematar otro Pendfolds. Bin 28 (Kalimna) 2008. Con una buena cantidad de sedimento, muestra del poco filtrado para su edad. Muy semejante al anterior, pero qué digo al anterior… Ha sido una cata con aburridas semejanzas, con excepción del primero que fue un blanco, menos mal, y del primer tinto de corte más sutil. A pesar de que este último tiene la misma crianza pero en roble americano.
Hasta aquí con los syrah. Veré si para la otra encuentro en los anaqueles algunos ejemplares de syrah español, que tengo muchas ganas de probar.

La syrah está de moda…

Nada especial a pesar de cumplir 160 catas, aunque tampoco hay que hacer menos a la uva syrah, una variedad tan de moda que prácticamente todos los países la vinifican… Quizás Alemania y Austria no cuenten con el clima adecuado para estos experimentos. Si saben de algún vino desmiéntanme…

Entrando a la era verde, hemos estrenado manteles de cata plastificados para ahorrar árboles derribados. Creo que van a funcionar muy bien, era una pena tirar a la basura tantos manteles de papel inmaculado.

Quienes llegaron temprano pudieron probar un espumoso de categoría de refresco de sabor a cítricos de burbuja casi imperceptible. Brut Blanc de Blancs Viña Casa Blanca color amarillo pajizo con reflejos verdosos, calizo y cítrico, ligero y escurridizo, al final no queda más que un refresquito en la copa. Inmemorable con causa. Por cierto he olido la botella dos días después y me recordó los lagares en tiempos de fermentación, sin llegar a picar la nariz.

El primero de la noche fue un Solo Syrah 2006, de Marqués de Griñón. Piedra de río, arándanos bien maduritos y notas lejanas de albahaca. De final tánico y un poco amargo. No está mal.

Nerola 2004 con el 80% syrah y 20% monastrel. Una decepción; fugaz con aromas a jarabe para la tos, mermelada de frambuesa, a media boca se va, para no dejar ningún recuerdo.

Montes Alpha syrah 2007. Sus 14,5 grados de alcohol por momentos se asoman haciéndolo un vino pesado y torpe. Humo, fruta negra, nada que mueva a comprar otra.

El siguiente fue otro vino del Cono Sur; un Emiliana Syrah 2002, del viñedo de Cachapoal. Un vino que huele a madera vieja, canela y algo de fruta negra indefinida, un vino tirando a los clásicos, con excesiva acidez. Desenfocado.

De España a Chile y por último a Argentina. Salentein 2004 del Valle de Uco, con nada menos que 15 graditos de alcohol. Higos, zarzamora, pimienta negra, final tánico, sus alcoholes están bien integrados aunque no sé qué pasará con dos botellas adentro.

Por último un Luigi Bosca 2005. Recuerdo aquellos memorables chardonnay de principios de los noventa. Es un vino que al principio percibí algo de cartón mojado, pero después se limpia y abre con mucha fruta negra y pimienta, un vino de corte moderno que ha gustado a la mayoría. Frutal y potente. Repetible.

Anotando virtudes y defectos…

Como ya es costumbre me dispongo a reseñar la última cata del grupo más de tres semanas después. Poca asistencia debido al mes de julio cuando mucha gente sale de viaje, falta de manteles de cata, la ausencia de Sergio, nuestro auxiliar en la ejecución de la cata, cosa grave… Pero eso sí, con muchos ánimos. Fuimos siete, así que que tomé la difícil decisión de poner sólo cinco botellas en lugar de las seis de rigor.

Primer vino: un blanco ya conocido por el grupo: Hugel Riesling 2010. Amarillo con reflejos verdosos, huele a barro, a cítricos y una nota de queroseno. En boca es fresco, se confirman los cítricos de final levemente amargo que le da un toque de elegancia para rematar, estoy seguro de que no defrauda a nadie. Fue una noche de Riberas con excepción del primero, un Alsaciano de mis preferidos.

El primer tinto fue un Luz Millar 2004 color picota, aroma a torrefactos, albahaca, vainilla. En boca es carnoso, de buena acidez, frutal y con leves notas minerales de fondo.

El segundo, Luz Millar 2004, con la diferencia que éste tiene 12 meses en barrica a diferencia de los 15 meses del primero, además de sus 13 grados de alcohol en lugar de 14.5. Frambuesa, pimienta negra, en boca es potente al principio y al final se desvanece.

El tercero, Condado de Haza 2008 con una evidente nota de sulfuroso, después se limpia un poco para dar algo de fruta roja. En boca es corto, con un final plano. Inmemorable con causa. Algo le ha pasado en el camino.

Cuarto: Raíz de Guzmán 2009. Este vino tiene buena entrada, aunque tiene de todo no cautiva, algo desenfocado, hay quienes advirtieron alguna nota de químicos algo molesta y distractora. Un vino para el olvido.

Quinto: Páramo de Guzmán 2006. Mermelada de cerezas, frambuesa artificial, en boca es ligero y de final medio, buena astringencia y de acidez justa. Vinos estos dos últimos, traídos por Sergio.

Franceses debajo de los $220 Hablar de vinos por debajo de los 220 pesos no sería tan inhabitual sino se tratara de vinos franceses. Y es que siempre han gozado de prestigio, buena fama y altos precios, que muchas veces no se cumple ni una sola premisa de las tres anteriores. Me pareció interesante probar suerte con seis vinos seleccionados en La Europea.

Empezamos con un blanquito, el más modesto de la región de Chablis; Petit Chablis añada 2009 cuya marca aparece a manera de sentencia: «Le Donjon des Eschofiers» aunque buscando en internet encontré que se conoce como: Jean Louis Quinson Petit Chablis Le Donjon Escholiers. Si hay alguien que lo aclare qué mejor. Se trata de un vino blanco muy agradable, listo para beberse sin ninguna otra pretensión. Color pajizo de ribete acerado, huele a níspero con alguna nota de anís de fondo y lichi. En boca tiene una excelente acidez, acidez cítrica entre lima y limón, con un punto de azúcar sin llegar siquiera a ser abocado, fresco y directo.

Vin D´Alsace Laugel Riesling 2010. Este vino a ojos cerrados parece un buen ejemplar de gewürztraminer; espeso, floral, notas especiadas… Pero no. Es un riesling joven casi transparente y muy nítido. Excelente gewürztraminer… Perdón riesling.

Georges Duboeuf Merlot 2010. El famosísimo productor de beaujolais nouveau, vinifica este merlot. Muy primario con aromas intensos a pétalos de rosa que salen apenas se descorcha la botella. En boca es frutal y de final amargo. Repetible, aunque lo preferiría decantado con media hora de anticipación al servicio.

Calvet Côtes-du-Rhône 2010. El primer golpe es a merthiolate… Muy volátil, notas de fruta roja, grosella y moras. Frutal y de final largo. No repetible.

Les Heritiers Côtes-du-Rhône 2009. Este vino huele a aceite de oliva, lata de sardinas decía alguien… Un vino entrado a la madurez, de tanino suave, fruta roja escasa y de buena acidez. Repetible. Quizás.

Perrin Reserve Côtes-du-Rhône 2010. Nos dio la impresión a casi todos que tenía algo de corcho, aunque con el aire pasó a un aroma térreo, trufa. Un vino sin pena ni gloria que se puede beber pero no mueve fibras.
Tomando en cuenta que ninguno rebasó los 220 pesos y que algunos quedaron muy atrás de ese precio, como el Calvet $130 o el Merlot de Georges Duboeuf en $119. La cosa no está tan mal. Pero yo me quedo con los dos primeros.

A veces me pregunto: ¿Por qué sigo comprando vinos mexicanos…? Y es que del universo de etiquetas que rondan por los anaqueles, pocos, muy pocos merecen la pena. Sobre todo si nos ponemos escrupulosos en el precio. A pesar de todo caigo y cada vez que veo nuevas etiquetas las echo al carrito.

En esta noche empezamos los puntuales con un cremant. Un vinito espumoso de los que llamo «de tanque», ya que la segunda fermentación se lleva a cabo en tanques de acero inoxidable, en lugar de la botella.
Un juguito de manzana sin mayor trascendencia que la de quitar el calor en esta asfixiante noche de primavera. Pero por ese precio prefiero un Jumex, que sé de antemano lo que puedo esperar por una mínima fracción del precio de lo que cuesta este Première Bulle Rosé. A pesar de lo de Rosé, es más bien un color durazno con algunos reflejos salmón muy tenues.
Después del «rosadito» espumoso descorchamos un Tinta México 2008 de la bodega de Santo Tomás, aquella que otrora vinificara con Wente el glorioso Duetto (1997, 1999).
Vinificado con Barbera y merlot sin mencionar proporciones, es un vino con aromas a cerezas en licor y cáscara de naranja. En boca es mineral rayando en lo salino, entrada amplia y de tanino rugoso.
Maite 2010. Bajo una etiqueta de carácter muy infantil, se esconde un aroma a pólvora  como pocas veces lo he percibido en un vino. Al cabo de unos minutos se limpia, pero lo que queda no es para hacernos suspirar, fruta roja en la lejanía y muy diluido en boca. Un inmemorable con causa.

Nuevas etiquetas, misma salinidad en algunos...

La Casona, reserva 2005. Un vino Chihuahuense de cabernet y merlot con seis meses de roble. A algunos miembros de la cata les recordó el viaje a Chihuahua a esta casona y sus vinos locales. Granate oscuro con ribete teja, aromas a pimiento, dátil. A mi me pareció un vino planito, indefinido… como si le hubieran agregado agua.

Monte Xanic Tempranillo 2010. Nariz dulzona a malvavisco, grosella, tanino rugoso, evoluciona a piña fermentada (tepache) gusto salino. Le falta armazón.

Ensamble 2005 de la bodega Casa de Piedra. Merlot, petit sirah y barbera. Nariz intensa a fruta roja; frambuesa  y ciruela con notas de roble, como muchos otros vinos de la zona  su mineralidad raya en lo salino perdiendo su equilibrio, una característica que distrae mucho al paladar.

Por último un vino de casi $700. Teziano 2008. Un 100% cabernet. Hay quien anotó que: huele a rompope. En general ha gustado a todos, se trata de un vino con mucho extracto y de alcoholes altos aunque en la etiqueta señale los 13,5 redondo de tanino suave y final largo con recuerdos a fruta negra. Repetible, pero no a ese precio.

Portugueses Por primera vez desde su padecimiento y su larga convalecencia Carlos llegó a la cata, un poco atrasado pero de buen ánimo. A mi me falta poco más de una semana para poner a trabajar mi hígado y mis riñones. Tiene que ser por una buena causa, así que desde ahora estoy pensando en abrir algo especial. Tal vez un buen blanco por aquello de los calores que empiezan a apretar.

Esta noche hay casa llena y un desfile de portugueses, principalmente del sur. Alentejo. Con excepción de los dos primeros, ambos vinos verdes de la ribera del Miño.

Empezaron con un Casal García de la bodega Aveleda, color casi transparente, ayudado por la botella de vidrio incoloro. Floral, cítrico, en boca mineral confirmando cítricos, refrescante y con algo de aguja.

Quinta Da Aveleda 2010 misma bodega. Por los comentarios deduzco que ha gustado más el primero, la diferencia está marcada por el alcohol, 10 grados el primero y 11.5 el segundo. Hay quien anotó que deja una sensación jabonosa, discreto, herbáceo. A quienes descubren los encantos de un buen blanco, desde los ligeros y refrescantes de trago largo, hasta los grandes y longevos borgoñas que puede llegar a dificultarse la tarea de diferenciar entre éstos y los tintos, por su gran complejidad. Ayer comentó alguien que cada vez le gustaban más los blancos. Cosa que celebro, ya que ese descubrimiento lleva al consumidor a otras dimensiones.
Cabe decir que los vinos verdes portugueses pueden estar vinificados de varias uvas autóctonas como: trajadura, loureiro, pederna e azal y la famosa albariño entre otras, que allá escriben alvariño.

De la bodega Heredade Do Esporao, llega el Alicante Bousdhet 2005, vinificado con la uva del mismo nombre. Aromas a fruta roja, trufa y el comentario que dominó fue su final sensiblemente amargo.

A. Henriques 2008, de la famosa zona de Bairrada. Para la mayoría frutal con madera presente, sin desmerecer el conjunto, chocolate, de buen ataque.

Vinha Da Defesa 2008, vino de Alentejo , vinificado con touriga nacional y syrah, y 14 de alcohol. Para la mayoría el mejor de la noche. Vainillazo quizás por la barrica, amplio en boca, corpulento y astringente.

Quatro Castas, Reserva 2005. Pocos comentarios: Ácido, muy bueno, astringente, final medio. Punto. Tendré que probarlo en un futuro. Así terminan mis dos «catas pasivas» sobre todo ésta, que no he tenido ánimo ni de oler las copas.

Vinos italianos por menos de 300…

Una cata para mi de oídas o de olfato… Y es que he decidido de manera libre y voluntaria durante la Cuaresma no beber ni una gota de vino. Vale la pena el sacrificio en sí mismo, así como también solidarizarme con Carlos, que ha vuelto a casa con ciertos cuidados y sin beber alcohol, por otro lado espero bajar unos kilitos, que mucha falta me hace.

Procuraré reflejar de manera fiel los comentarios vertidos alrededor de los seis vinos descorchados, sólo utilizaré tres de mis cinco sentidos: vista, olfato y oído. Aunque pienso que el sentido del oído no ayuda en la tarea de desmembrar un vino, siendo más una cuestión romántica. Pero en este caso servirá para recoger algunos comentarios que mis compañeros suelten al aire.

Empezamos con dos pinot grigio, siendo una cata de vinos italianos por debajo de los 300 pesos. Góndola 2010 un vino de la zona de Venecia, de Indicazione Geografica Típica (IGT) la antesala de la denominación de origen. Se trata de un vino de color amarillo pálido con reflejos verdosos, brillante. De nariz alegre con mucha piña, durazno y notas de heno. En boca: «Cítrico, buena acidez», «…grado alcohólico mesurado», «afrutado, muy bueno», «amable, redondo, fresco». El segundo pinot grigio fue un Gabbiano 2010, también de (IGT) vinificado en acero inoxidable, sin el menor contacto con madera, como la mayoría de los pinot grigio que he probado. Las notas: «ligero, mineral y frutal» «color platino, ligero en boca con retro muy suave» yo lo noto más pálido que el anterior, de nariz a níspero y hierba recién cortada.

Pasando a los tintos, viene otro Gabbiano esta vez un Chianti Classico del 2007. Nariz dominada por madera «vieja» y notas de fruta roja de fondo. «Ácido, le falta cuerpo, corto al posgusto», «Bueno», «mucha madera», «agradable nariz, ataque suave y prolongado, posgusto ligeramente amargo».

Podere Montepulciano D´Abruzzo 2010. Aromas a zarzamora y después cerezas en licor con una nota térrea al final. Para la mayoría resultó un vino plano, diluido por las conclusiones que saqué.

Barone Ricasoli Chianti 2010. El más caro de los seis. 295 pesos. Primer golpe a fósforo, después de un poco de aire huele a granos de café tostado ¿Será por la madera? En boca: «afrutado, ligero, ácido y de final amargo». «Bueno», «ligero, amable, cuerpo moderado»

Por último Jorio 2008. Otro montepulciano D´Abruzzo. Nariz cerrada al principio, con un poco de movimiento en la copa huele a madera y fruta roja indefinida. «Taninos buenos, ligero, astringente, buen retro-nasal», » Vino más fruta que los anteriores, con más sabor, posgusto, bastante equilibrado. Este fue el mejor». «muy bueno», «madera más cuerpo, buen ataque, buena acidez, el mejor de la noche». Así que mis compañeros. La mayoría. Le han dado el título del mejor de la noche.

Algo peor que estar presente en una cata sin probar el vino… ¿Habrá otra cosa peor…? Sí. que no es una sino dos catas. Para la próxima no se habrá cumplido la Cuaresma.

La única reflexión que cabe es que la mente es más fuerte que el cuerpo.

Ecológicos y algunos biodinámicos…

Apenas ayer por la mañana, antes de nuestra reunión de cada viernes último de mes, me enteraba de que nuestro compañero y amigo Carlos se encuentra muy delicado de salud. Lleva una semana internado en el hospital luchando por su mejoría. Desde aquí todo nuestro afecto a él y su familia; esperando que muy pronto vuelva con nosotros.

René es quien dirigió en esta ocasión la cata, escogiendo un repertorio de vinos ecológicos que francamente nunca había visto y mucho menos probado. Empezamos con un blanco alsaciano 100% pinot gris. Mader 2009 de la bodega Jean Mader. Huele a heno para después desprender aromas cítricos de mandarina, toronja blanca y al final un marcado aroma a membrillo. En boca es abocado de acidez justa y final levemente amargo. Repetible.

El segundo fue un Côtes-du-Rhône de Jean Pierre Michelle Macon. M 2009. Sí, sólo M. Un nombre más adecuado para un proyecto secreto que para un vino. 100% chardonnay y también orgánico. Al principio tiene un olor químico parecido a la orina de gato, por lo menos eso fue lo que me pareció; confundiéndolo con un savignon blanc. Con un poco de aire da frutos secos y notas de piña madura, en boca es seco, falto de acidez, para muchos mineral y de final diluido.

Empezamos con los tintos con un Côtes du Roussillon VIllages ubicado al este de Francia. Notre Terre 2006. Biodinámico con uvas propias de la región: grenache noir, carignan, syrah y mourvédre. Muy cerrado al principio, y es que a nuestro amigo se le ha pasado la mano con el frío en los tintos. Aromas de mermelada de ciruela, albahaca, bastante astringente y poca acidez.

El que siguió fue todo un desastre, empezando por la marca: Malbec XL 2006, no es una talla ni tampoco el número cuarenta en romano, es el cuarto tinto de la noche, un malbec, mejor conocida en Cahors de donde procede, como: Côt, Auxerrois o Côt Noir. Té de roble, con aromas y sabores químicos a barniz, una madera desbordante, en una palabra: imbebible.

La estrella de la noche…

El quinto de la noche fue un Ribera del Duero. Kirios de Adrada 2005 de Viña Borrasquiles, 100% tempranillo de uvas orgánicas. Un vino velado, casi turbio, tosco con fruta roja madura. Nada para suspirar, aunque después del anterior cualquier cosa es mejor.

El último ha sido uno de los mejores blancos que he probado en mucho tiempo. Cuvée de Marie-Kattalin 2008 de Domaine De Souch. 100% petit mangsen uva blanca de bajo rendimiento, vendimiada con frecuencia para vinos de cosecha tardía que se produce principalmente en Languedoc y Jurançon, esta última zona es de donde proviene este gran blanco. Color oro viejo, espeso y algo velado con un poco de burbuja en la copa. Aromas de té verde, flores, manzanilla y algo de champiñón, que me hace pensar en botrytis. Boca delicada con una acidez extraordinaria que enmarca todo el conjunto, dulce, de final eterno, evocador. Como para comprar un par de cajas… Hasta antes de enterarme del precio. 1200 pesos. Aún así una vez al año…

Carlos. Te esperamos pronto por aquí.