Archivos para 30 mayo, 2026

Desde Chianti hasta Amarone de lla Valpolicella pasando por un Barolo

Ayer por la noche hubo cata y fue muy espacial. Alfonso hizo una presentación de cinco vinos italianos y una brillante introducción de las regiones donde nacen estos vinos. Como ya muchos deben de saber, Italia no es un país fácil de entender con respecto a su inmensa cantidad de vinos. Esa tierra donde Roma se alzó por todo lo alto desde sus siete colinas y siete reyes, desde su fundación en el 753 aC hasta su caída en 476 dC. Pasando de una monarquía a una república y después el imperio más influyente de la historia. Tierra de Ciceron, de Séneca del gran emperador Marco Aurelio. Roma hizo que el Mare Nostrum prosperara mediante su intenso comercio. Hay mucha tela de donde cortar. Y en cuanto a los vinos hay un universo inagotable de variedades, regiones y estilos. Desde el Falerno (blanco, seco o dulce), el vino más apreciado en la Antigüedad, considerado el primero en ser clasificado y codiciado, aunque la manera de beberlo haya cambiado con los siglos, puesto que antes era común agregar agua, ceniza, leche entre otras cosas, muchas de las veces para su conservación.

Italia produce alrededor de 60 millones de hectolitros al año, a pesar de la reducción de viñedos impuesta por la Comunidad Económica Europea, de 1,4 millones de hectáreas, a 856,000 en el año 2004 (dato obtenido de Oxford Companion to Wine, Tercera edición). Prácticamente plantadas desde los Alpes en el norte, hasta las islas cercanas al norte de África. El vino se vendia en su mayoría a granel, hasta poco después de acabada la Segunda Guerra Mundial. Se exportaba muy poco hasta los años setentas. Paradójicamente Roma cuya influencia llevó la vid a todos los rincones conquistados en ese momento, sin embargo no había un verdadero aprecio ni conocimiento a fondo hasta ya entrados los años ochenta del siglo pasado. Los antiguos griegos conocían la península como EONOTRIA o «Tierra de viñas cultivadas».

Y así empezamos con un tinto, esta noche no hubo blancos, ya que Italia no es un país reconocido por sus blancos, encabezados por la pinot grigio. Y como había poco espacio de maniobra, hubo tintos nada más. El que debutó fue un chianti Riserva Ducale 2019 de la bodega Ruffino. Vinificado con 80% de sangiovese, por mucho la tinta más usada en toda la península. 12 meses en acero inoxidable, cosa extraña ya que generalmente se utiliza para fermentar, sin pasar de un par de semanas, más que en raros casos como este.12 meses en fudres, tratándose de cubas de madera muy grandes en lugar de lo que podríamos llegar a pensar al oír esta palabra; remitiéndonos a la piel de ovejas como antaño se hacía. Huele a ciruela roja y cereza. Va de menos a más, con un final largo. Un vino joven con una acidez muy marcada, buena armazón y tanino presente. Para media caja y decantación previa al servicio.

Villa Antinori 2022. Un vino de la Toscana, la región más famosa y reconocida de Italia. ¿Quién no esta familiarizado cuando escuchamos de tintos italianos…? Ciruela en sazón, humo, mina de lápiz, una nariz a la vez embriagadora y sutil. En boca es de buen paso y final amargo, de tanino firme. Para repetir y olerlo toda la tarde. Tiene tres robles diferentes: francés, americano y húngaro. Este último poco visto por lo general.

El tercero, Papale Rojo 2023, vinificado un varietal primitivo. Como apuntaba Alfonso, no se trata de un calificativo para denostar, es más bien primitivo por ser el primero; ya que madura en Puglia de manera temprana. La bodega Varvaglione fue propiedad de la familia del papa Benedicto XIII, desconozco si lo sigue siendo. Huele a zarzamora, fruta negra y una nota de fósforo al principio, sin arruinar el conjunto, de final amargo. Para repetir.

Barolo, un vino que no puede faltar. Digno representante de la uva nebbiolo. 24 meses en barrica, y 12 en vidrio. Creo que en este caso se ha sometido más de lo que se pensaría según nos decía Alfonso, que «a los italianos no les gustaba la madera,» la excepción confirma la regla. Barolo Tortoniano 2017. Color granate huele a fruta negra y notas especiadas, de final amargo. Una característica de los tres anteriores también. En general tanino firme en todos los casos. Para repetir.

El último fue un Amarone della Valpolicela 2024. Nos explicaba que el amarone es el estilo. El Amarone clásico es producido en la zona de Valpolicella. La uva, generalmente corvina y corvinone (40 al 80% de la mezcla) y la rondinella (15%) Secadas sobre paja anteriormente, ahora en cámaras con temperatura y humedad controladas, deshidratadas hasta convertirse en pasa. Después se prensan para pasar una fermentación lenta hasta agotar el azúcar residual y llegar alrededor de los 15 grados. El resultado, un vino potente, estructurado sin perder elegancia, con un final eterno. También apuntaba Alfonso que había otro vino, cuyas uvas también se secaban, conocido como Sforzato en Lombardia, al norte de Italia. Aunque no tan famoso como el Amarone.

Aplauso esta noche para nuestro anfitrión. ¡Abur!