
En esta ocasión no tenía idea de qué ofrecer para la cata, pero hurgando por los pasillos se me ocurrió comprar cinco vinos que tuvieran los nombres más raros. Lo que me sorprendió fue que hoy en día muchos productores buscan impresionar con diferentes nombres y etiquetas que suenan fuera de contexto, con el fin de vender sus vinos. Yo sabía de antemano que al escogerlos por ese motivo las posibilidades de probar algo que mereciera la pena era escaso, o algo fortuito. Y aquí empezamos con la lista:
La Maldita 2020. Nacido en la noble tierra de Briones en Rioja, y vinificado con garnacha blanca. Color evolucionado: oro, brillante y espeso. Huele a talco, toronja blanca. Buena acidez en boca, de final corto. Con la copa en reposo, al final de la cata huele a mango. Bebible.
La Casa de Las Locas 2020. Amarillo pajizo ribete transparente. Huele a lo que rara vez huele el vino: a uva; cuando pelas una uva y queda la pulpa al descubierto, y melón verde. Boca cítrica a lima, buena acidez y final medio. En reposo al final huele a membrillo. Repetible.
Knock Knock sin añada, taparrosca, eso sí: metálico. Primer aroma volátil, algunos aromas químicos, después abre un poco a fruta roja indefinida. En boca es planito, fugaz… Nada que mueva a comprarlo al menos que sea el único vino a la venta en cien kilómetros a la redonda.
Mr No Sulfite 2019. Un beaujolais villages, sin sulfitos. Huele a ciruela roja madura, algo raro pero también a madera vieja y poco más. Planito en boca, falto de acidez y tanino. Inmemorable con causa.
Pituco 2020. De Jumilla, y el que sin duda más nos ha gustado o mejor dicho: el que menos nos ha desagradado de los tintos. Vinificado con garnacha tintoreta: esa que también es negra por dentro, monastrell y syrah 14 grados de alcohol y crianza no especificada. Huele a hollejos y zarzamora con especias; notas de clavo. En boca sobre-madurado, falto de acidez y pasificados. No sé si repetiría.
No dejó de ser un buen ejercicio, en ocasiones cuando voy dispuesto a traer lo mejor que encuentre, me he topado con muchas sorpresas, en está ocasión mis expectativas eran muy bajas.


Qué lástima que no pude asistir, me gusta mucho descubrir nuevas regiones, denominaciones de origen y estilos diferentes, a veces nos vamos por lo tradicional y nos encasillamos con ciertas cepas o bodegas. De los cinco ya he experimentado el beaujjolais y el Knock Knock sin mayores comentarios. De la D.O. Jumilla recuerdo un Juan Gil, Monastrel, muy repetible.
Alfonso, a veces ese espíritu de descubridor parece menguar, en mi caso, en ocasiones prefiero ir por lo seguro. Tratándose de la cata mensual del grupo creo que sí vale la pena arriesgarse. Los crus de beaujolais son los que valen la pena, un Morgon, un Chenas, Fleurie o Moulin-à-Vent, y es que pagar más de 400 por un Beaujolias Nouveau me parece un disparate. Nos vemos en la próxima.