
Cata 139, Riberas…
Hay días en los que mis sentidos son todavía más limitados que de costumbre, hoy es uno de ellos. Así que de antemano les digo que los seis tintos de Ribera del Duero de la cata me parecieron muy similares unos a otros, con algunas minúsculas diferencias. Sé que para los que distinguen de un matorral mediterráneo a uno de la montaña deben de pensar que mi ejercicio tiene un valor nulo, y puede ser que tengan razón, lo único que justifica mis anotaciones sobre cada vino es que son de un aficionado de nariz chata y papilas gustativas escasas y poco sensibles.
Sergio me había ofrecido llevar a un amigo a la cata para que nos mostrara los vinos que acaba de importar. Pero tratándose de México y su «simplificación administrativa» los mentados vinos siguen esperando turno en la aduana; quien sabe en qué condiciones y hasta cuando. Se ha podido rescatar una sola botella del embarque como muestra, las demás llevan algún tiempo en México en diferentes tiendas.
Comenzamos con la presentación de la bodega que aparece en el portal de su página. El primer vino fue el Carmelo Rodero cosecha 2008. Vino color rubí de capa media, brillante y con una nariz a zarzamoras y tierra muy amalgamada, discreto y de boca frutal de tanino rugoso. Seguimos con la misma bodega Carmelo Rodero crianza 2006 más complejo que el anterior y con notas tostadas y fruta roja madura, de buen peso y final largo. El último de esta bodega es un Carmelo Rodero Tinto Roble 2008 cuya añada me ha costado averiguar ya que no aparece en la etiqueta. Fruta negra, chocolate amargo y una nota floral a lavanda. El cuarto fue un Valdubón crianza 2007 más redondo que los anteriores; ciruela madura con notas térreas, pero de final diluido. Seguimos con el Valdubón Reserva 2006 bastante cerrado al principio, para después mostrar algo de fruta negra y notas especiadas a pimienta blanca, en boca es cremoso y de final amargo, puede sacar provecho de un par de años en botella. El último fue el vino rescatado de la aduana. Pinna Fidelis Reserva 2004 aromas a vainilla con un fondo frutal a moras y ciruela, aceituna verde además de una nota herbácea no muy definida, tanino firme y final amargo. Sin carácter, otro vino más de 40 dólares.

Nunca me he preocupado mucho por el maridaje, la mayor parte de las comidas con vino lo escojo primero para después pasar al menú. Ayer por la noche salí a cenar con la familia y un amigo a un restaurante donde me acordé que me habían aconsejado pedir la pizza de anchoas. Dentro de la carta en la lista de pizzas no aparecía. Así que hablé por teléfono a quien me recomendó la pizza. «No, esa pizza no aparece en el menú, pero pide que te la preparen». Así que sin perder más tiempo pedí que la prepararan y la metieran al horno. Nunca me detuve a pensar que las anchoas no habían sido nunca de mi agrado, desde que tengo uso de razón… ¿Por qué me iban a gustar ahora en una pizza? Tal vez la elocuencia de mi amigo a la hora de referirse a la pizza de anchoas me hizo perder de vista ese «pequeño detalle». Para completar la penosa escena había llevado en mi bolsita de neopreno un Prado Enea Gran Reserva 1995. No sin antes pedir una copita de blanco, un chardonnay de Ramirana, si no mal recuerdo. Alcohólico y amargo, además de caro.

Cada vez que tengo la oportunidad de viajar fuera de México aprovecho para hacerme de algunas botellitas de vino, tomando siempre en cuenta lo más atractivo del país que visito en cuestión. EE.UU. tanto por su cercanía como por su enorme oferta de vinos es uno de mis preferidos para llenar una cajita de seis y a veces hasta ocho botellas, depende de lo cargado que venga, mi presupuesto y la cantidad de botellas permitidas en la aduana. Para empacar las botellas siempre utilizo cajas, ya sea reforzadas, con poliuretano o envuelvo cada botella con las famosas burbujas de aire, ideales también para romper una por una en una tarde de ocio. Así que directamente documento la caja en el mostrador de la aerolínea y la recojo en la banda giratoria de mi destino final. Algo que me ha resultado muy práctico y que para muchos representa lo contrario, ya que siempre las quieren llevar cargando arriba del avión.
