
crianzas, reservas y grandes reservas…
Para esta ocasión, donde científicos de la NASA afirmaban que la luna se vería con un resplandor que no se repetirá en 2010, inició la primera cata de este año. Sus pronósticos se cumplieron, aunque de todas formas tuvimos que hacer uso de la electricidad para alumbrarnos. Pocos asistentes debido al fin de semana largo, con puente, el primero del año. Tuvimos tres invitados de lujo, uno de ellos mi estimado compadre Rodolfo, miembro fundador de este grupo, pero que por diferentes razones dejó de venir.
Francisco a quien tocó el turno de dirigir la cata, improvisó de manera genial, con sólo unas horas de anticipación un «experimento» con vinos españoles. La cata que tenía preparada la guarda para una «sesión plenaria», es decir, que asistamos todos y cada uno de los miembros. Algo bueno nos tendrá reservado…
El tema se enfocó en la madera; un ejercicio muy interesante donde el objetivo fue identificar los diferentes grados de madurez en relación con la crianza en madera. crianza, reserva y gran reserva, obviamente en vinos Españoles. Mi único comentario fue que esta clasificación es anacrónica y que en algunas denominaciones de origen ya ni siquiera lo mencionan, como en el caso del Priorato.
Como pocas catas, ésta fue bastante ilustrativa ya que dejó patente nuestras carencias y limitaciones en la degustación, sobre todo al momento de identificar alguna característica organoléptica y tratar de hacer una clasificación del vino.
El ejercicio parecía muy sencillo al principio. Seis vinos en total, los tres primeros había que identificarlos como: crianza, reserva o gran reserva. De los nueve catadores, nadie identificó los tres sin un solo error. En la segunda parte, los tres restantes, había que identificar; un cosecha, crianza y reserva. Entendiendo el cosecha como un vino que no ha pasado por madera. Los resultados fueron los mismos, nadie los pudo identificar sin haber tenido por lo menos un error.

¡hagan sus apuestas…!
Los comentarios sobre los vinos con más crianza en madera no se hicieron esperar. Hay quienes identifican las prolongadas crianzas con los riojas clásicos, esos aromas a caramelo, paja mojada, notas de vainilla y cuero repujado hasta piel de Rusia, ahumados, térreos, de tabaco curado… Sin embargo creo que en crianzas prolongadas tanto en madera como en vidrio, podemos llegar a pensar que esas proteínas que se forman con el tiempo, hacen que el perfil del vino de una región se parezca a otros con las mismas características de crianza. Para los más ortodoxos puede sonarles una barbaridad, más para quienes logran identificar no sólo vinos de una región sino de un viñedo en específico, el terroir. Pero insisto que en términos generales he encontrado una similitud entre borgoñas viejos y riojas añejos.
Concluyo que esta cata ha sido una gran lección que nos dejó a todos con el ego roto.






Dando un ligero repaso de todo lo que bebí durante el 2009, me he quedado con un puñado de vinos que merece la pena volver a comentar, por lo menos para mí, como un ejercicio necesario para futuras compras. Aunque habrá unos cuantos que no creo encontrar de manera tan fácil como cuando llegaron a mis manos. Es el caso del Haut Brion 1964. Los vinos que permanecen en el paladar y en la memoria no necesitan libreta de notas, la «libreta de notas» para mí es algo intangible, cuando me refiero a ella puedo estar hablando de mi escasa memoria, de una servilleta o de un pedazo de papel arrugado, eso no importa. Algo transitorio mientras llego a casa y pongo mis anotaciones a salvo del cesto de la basura. Debo reconocer que el tiempo me ha hecho menos cuidadoso y poco estricto. Al principio tomaba nota de todo lo que bebía, aunque mis notas eran aún más aburridas que ahora, les faltaba algo de sal y pimienta, el tiempo también me ha hecho ver las notas de cata como una crónica de todos aquellos detalles que rodean esa copa de vino, no sólo los colores, el aroma o el sabor, sino la circunstancia misma. Así que sin mirar «la libreta»…

