Archivos para junio, 2009

Ayer por la tarde, después de un partido de tenis, cosa rara porque no acostumbro a jugarlo o más bien he jugado un par de veces en toda mi cuarentona vida, llegué a mi casa y me planté frente al monitor de la computadora. No acababa de acomodarme en la silla cuando leí la noticia de la muerte de Michael Jackson. Así es precisamente como corrió la noticia, ya que fue por internet donde se dio primero. Ni CNN, ni la BBC fueron tan rápidas como el internet. Ya a medio día había lamentado mucho la muerte de mi primer amor platónico, Farrah Fawcett. Quién no recuerda a esa rubia en los Ángeles de Charlie. Hubo una temporada en un pasado remoto, que me dediqué en cuerpo y alma a coleccionar todo lo relacionado con esta mujer; desde estampas hasta posters, pasando por botones y camisetas con su foto.

Michael Jackson, como todos los grandes, estuvo rodeado de una bola de escándalos y conflictos personales, como los tuvo en su tiempo, guardando las proporciones; Lennon, Elvis, Sinatra y pasándonos al producto nacional; Pedro Infante y el charro cantor; Jorge Negrete… Es parte de la naturaleza de los «ídolos» de las masas, conflictos en el caso de Michael, de índole muy oscura y deprabada. Aunque dudo que se repita el fenómeno Jackson. No lo digo por sus ventas, ni por sus Grammys, ni por sus innovaciones en la música, ni por los llamados «video clips», ni sus grandes escándalos de pederastia, cirugias plásticas ni tratamientos blanqueadores. Sino a la profusión de artistas y de programas en la televisión y en internet, es casi imposible pensar en fenómenos como el de «Siempre en Domingo» , hablando en plan local, cuando un artista lo veía la gran mayoría de televidentes en ese momento. Hoy los medios han dispersado esas masas y los programas de TV. no tienen la importancia ni la audiencia en términos absolutos como la tenían antes.

Dando un vertiginoso giro de 180 grados de la farándula, al vino. En más de una ocasión he leído y oído hablar de las bondades del corcho, la idea romántica que nos es tan difícil de desprender al image-bank2aceptar otro sistema de cierre para los vinos como; el plástico, vidrio y acero. Usar el sacarcorcho es parte del rito del vino, cualquier otra maniobra en la boca de una botella va en contra de las prácticas ortodoxas de este ritual. Hay quienes se resisten a comprar botellas con «corchos» sintéticos o tapones metálicos, algunos aluden que estos últimos causan cáncer. Lo cierto es que todavía son mayoría los vinos con corchos naturales. Dejando de lado las consideraciones estéticas y románticas, el corcho es un excelente material, impermeable a líquidos y a gases. Para mucha gente la micro-oxigenación es algo indiscutible, tan real que no admite ningún tipo de juicio. Para mí ésto ha sido motivo de búsqueda durante algunos años. No hay pruebas concluyentes que aseguren tal intercambio de gases. Las presiones que se necesitan para que un gas traspase un corcho no se dan en condiciones normales dentro de una bodega. Pero dejaré el tema para otra entrega.
Algo que parece la solución final al problema del TCA, son los corchos que produce la compañia Oeneo-Bouchage, como se puede ver en el video, con su nuevo corcho llamado Diam fabricado con aglomerado y expuesto a dióxido de carbono, que permiten no sólo la erradicación del TCA en el vino sino las variaciones de una botella a otra. Me imagino que se refieran a las variaciones que tienen que ver más con un defecto, que con cuestiones de la evolución natural de una botella a otra, de una misma añada, o inclusive variaciones en botellas de una misma caja. Hugel & Fils esa famosa bodega en Alsacia ha puesto en marcha la colocación de estos corchos en sus botellas. El tiempo les dirá si fue una buena inversión. Por lo pronto su aspecto es mucho mejor que el de los corchos de aglomerado actuales, que abundan en el mercado de vinos de bajo precio.

*Video M.J. restringido (youtube)

Sin dieta, sin ejercicio, sin pastillas, sin pócimas mágicas, pero con algunos dolores y molestias, he bajado 3 kilos el fin de semana pasado. Para mi mala suerte los recuperaré muy pronto, ya que no se trata zinfandel-2003de grasa sino de agua. Una infección estomacal me tuvo fuera de combate estos tres últimos días. Parece mentira que el estómago en mal estado pueda tenerlo a uno en jaque tanto tiempo. Sin tener la certeza, todo parece que se originó el jueves pasado, al asistir a un restaurante italiano con unos amigos. Yo sabía de sobra que la especialidad eran las excelentes pizzas recién salidas del horno, un horno muy grande y campirano con leña. Pero tenía antojo de risotto, y pedí el único que había en la carta. Risotto con mariscos. Desde que lo pusieron frente a mis narices se me quitó el apetito, tenía más pinta de arroz con leche con parmesano que de risotto. Mis espectativas iban más bien enfocadas a algo con azafrán, chícharos, mejillones, camarones y lo que se le pudiera ocurrir en un chispazo de virtuosismo al chef.
Aquello era muy poco apetitoso, por decirlo de manera suave. Una vez que despejé con el tenedor una capa de centímetro y medio de crema y parmesano, apareció el risotto con dos pálidos camarones y un enclenque calamar partido en varios trozos. No era necesario que algún camarón estuviera echado a perder para provocarme náusea. Pero, como hay que guardar las formas, no hice ningún gesto ni comentario negativo, al ver a todos los comensales a mi alrededor disfrutando de sus respectivos platillos. Mi mala suerte o mala elección no venía a cuento.
Debido a que la charla estaba muy sabrosa y no tenía mucha hambre, no pedí que me cambiaran el plato.

Como ya es costumbre, me habían pedido que sugiriera el vino. Yo no acostumbro a que la gente se incomode pagando vinos caros, todavía más caros en un restaurante. Así que escogí uno de precio razonable, pronosticando un vino correcto que pudiera beber la gente sin que se les cortara la digestión. Mi elección; L.A. Cetto Zinfandel 2003, 6 meses de barrica y 14 gradotes de alcohol que los disimula muy bien, un vinito sin pena ni gloria, comercialito, que no pasó de lo pronosticado; algo correcto por $210.00, como 15 dólares.

Un menú corto, conciso con buena materia prima, tiempos adecuados de cocción, originalidad, con precios decentes, es lo que me apetece para salir de casa. Haciendo hincapié en el menú corto, ya que no sirve de nada un menú extenso con platillos que salen de las características que mencioné antes. Cuántas veces visitamos un restaurante buscando un solo platillo, la especialidad, luego entonces porque los chefs y encargados del asunto se complican con platillos como el risotto que comí. Excelente horno para pizzas, pues entonces enfóquense en ese platillo y no cometan el grave error de correr a la gente con bazofia.
Moraleja para los comensales: pedir la especialidad de la casa o alguna recomendación de un amigo confiable.

Que esto sirva para iniciar una etapa de desintoxicación, más que de una dieta, que buena falta me hacen las dos cosas. Como dice el dicho: «No hay mal, que por bien no venga. Ni mal que dure cien años… esto en referencia al malestar estomacal.

letreroLas mentiras producto de la mercadotecnia son de todos muy conocidas, aunque algunas pasan sin la menor advertencia, ni crítica, están tan bien hechas que muy poca gente se da cuenta de la tomadura de pelo. Pero hay otras que rayan en lo elemental y ridículo. Pasaba por la calle cuando me encontré con el letrerito de la primera foto. Lo primero que surgió de mi cabecita fue la siguiente pregunta: ¿los franceses hacen barbacoa? quizá peque de ignorante, pero hasta el momento me es imposible relacionar la barbacoa con la cocina francesa, y si nos vamos a la tradicional barbacoa de chivo o de cabra envuelto en hojas de maguey, es todavía menos probable. Si pienso en la cocina gala me viene a la memoria la sopa de cebolla, el suflé, las crepas y uno que otro platillo delicado. Así que por muy buena que sea esa barbacoa creo que está fuera de contexto. Pero las incoherencias no sólo son externas, hay otras que salen solitas de mis adentros. Saqué un vino de la cava, algo que había comprado hace un par de semanas. Se trata de un Moscato D´Asti. Las mujeres presentes, que además eran mayoria, se sintieron muy complacidas y halagadas con este blanquito espumante dulzón. No podía haber escogido un vino más adecuado para ellas en una tarde calurosa de primavera. Bosc Dla Rei 2006, de Beni di Batasiolo, un vinito cuya espuma es más artificial que el color blanco de Michael Jackson. Lo que pudo sorprenderme fueron sus 5,5 grados de alcohol y su precio. Pagar más de $200.00 se me hace excesivo, incoherente pagar semejante cantidad de dinero por algo de su clase, que dicho sea de paso, no llega con tanta frecuencia a México.
Debido a que se acabó tan rápido ante tantos paladares femeninos sedientos, y yo quería algo más genuino, husmeé en la bodega de las tías, y encontré un tinto, un Marqués de Cáceres crianza 1986. Marqués de Cáceres 86
Un vino que de joven es más bien de batalla, abunda en la mayoria de restaurantes que ofrecen vino, si su precio estuviera abajo del rango de 10 dólares sería una muy buena opción, pero nada que pueda levantar suspiros. Después de 23 años de guarda, no muy rigurosa, resultó sorprendente. Color ocre muy opaco casi turbio, con mucho sedimento, no sólo por la precipitación de taninos sino también de tartratos, un vino con todas las características de lo que puede hacer el paso del tiempo. Aromas muy marcados de reducción, pero que con un poco de aire se vuelven complejos; caza con pelo, ahumados, fruta roja madura, tabaco de pipa y piedra mojada. En boca se repiten muchos aromas, es amplio y con una acidez que ya quisieran muchos jovenzuelos. Una gran sorpresa de un crianza que por la edad debería estar ya en la tumba. Otra incoherencia más de este apacible domingo. Esta última muy afortunada, ya que este vino me hizo la tarde y lo pude disfrutar trago a trago.

Faltaban unos minutos para que mi mujer y yo nos sentáramos cómodamente en la terraza a disfrutar de una botellita de champán; Drappier Zero Dosage de pinot noir y sin añada… Suena el teléfono, contesta ella. Inmediatamente se queda muda y con la cara descompuesta, cuelga y sale a Drappierdecirme que había que cancelar las tarjetas de crédito de su hermana, porque acababan de asaltarla junto con mi cuñado. Una hora después habíamos terminado con nuestra apresurada y tensa tarea. Pero ya no teníamos ganas de descorchar nada. Por desgracia son historias que se repiten de manera cotidiana, y no me refiero a la cancelación de la velada. A veces me siento fuera de lugar al escribir sobre vino en un país con tantas carencias, entre otras las de seguridad pública, tarea primordial del Estado. Pero como no escribiré de cosas tristes, volteo y miro el gran placer que me llena poder beber, disfrutar y escribir. Así que después de este penoso preámbulo, triste porque vivo aquí, y porque no veo que mejore a corto plazo, repiro profundo y sigo adelante.

Hoy es un nuevo día o mejor dicho una nueva noche, y me dispongo a descorchar esa botellita que quedó pendiente. Un vino hasta hace poco imposible de conseguir en estas latitudes. Para mi sorpresa, Carlos Font me regaló una botella a principios de año, advirtiéndome que la había comprado en México. Así que me dio mucho gusto por el regalo y porque ya puedo conseguir este sabroso y no tan común champán de manera local. Zero dosage, que se traduce como un espumoso seco hasta la médula, por no tener ningún aporte de azúcar para el final, lo que los franceses llaman liqueur de expedition. Resultado; «una mujer sin maquillaje» un champán sin concesiones pero también sin máscaras. Una ensaladita de lechuga con mandarina y unas gotas de un aderezo que no ha querido el chef darme la receta. Levantando la copa pido desde lo más profundo de mis entrañas, que las cosas cambien y mis hijos puedan disfrutar un mundo mejor. ¡Salud!

ChinonRecuerdo con cierta nostalgia aquella etiqueta anaranjada de cabernet franc Monte Xanic, para quienes lo conocieron, lo bebieron y lo disfrutaron sabrán de que estoy hablando. Un vino rústico, con aromas y sabores térreos que ganaba con unos grados de temperatura más abajo de lo «normal». Yo lo metía media hora antes de servirlo, en el refrigerador. Creo que éste ha sido mi encuentro más placentero con la cabernet franc. Lástima que haya desaparecido del mercado y que desde hace algunos años Hans Backhoff le meta tanta madera a sus tintos… demasiada. Al escuchar cabernet franc muchos estarán pensado en el Valle del Loira. Yo también, pero mi acercamiento ha sido fallido. Primero Carrefour, que al decir verdad lo eché de menos cuando desapareció del mapa local, ya que su oferta de vinos era diferente a las demás. Allí fue donde me hice de seis botellas de Carbonnieux 1999, mal etiquetados. Confieso haberme aprovechado de «su oferta no planeada.» Eran tintos, aunque hubiera preferido los blancos, esta bodega de Pessac-Leognan es más famosa por sus deliciosos savignon blanc y semillon que por sus tintas. Precisamente en esta tienda compré mis primeros Chinon, y la verdad no me dejaron muy gratos recuerdos, pasaron sin pena ni gloria. Diluidos y sin ningún caracter: agüita con fruta y algo de alcohol.
Hace poco encargué tres botellas de Chinon de EE.UU. Una vez completada la fase de reposo, descorché un Domaine Pascal Brunet 2005, si bien no pagué arriba de 20 dólares por esta botella, creo que es un vino bastante austero y de poco caracter, sin ninguna concesión. Color picota, brillante y fluido. Al principio es una lápida, muy muy cerrado, en media hora empieza con aromas de fruta roja; cereza, y notas cítricas pero lo más raro es una nota a pimiento. Pareciera tratarse de un cabernet sauvignon. Después se torna a hollejos y algo de especiados: pimienta blanca y tomillo. Pero en boca sigue amargo. El aire parece que lo mejora, o no sé si al beberme gran parte de la botella solo, en un corto lapso, el efecto del alcohol haya mejorado mi percepción de este Pascal. En resumen, no encuentro todavía algún cabernet franc que me haya gustado, sé que debe haber alguno. Tengo en bodega: un Bernard Baudry 2007, y Marc Bredif 2006, así que el tiempo lo dirá, pero sí tienen alguna buena recomendación, échenla, échenla…

Una de las bondades de internet es precisamente establecer contacto con gente interesada en el vino en otras latitudes. Pues bien, recibí una invitación para asistir a una cata de vinos españoles de dos bodegas diferentes. No sabía de qué bodegas se trataba así que llegué con la duda.
Leti Álvarez vive en España, exporta vino con su socio Fernando Lorente, ambos formaron tierras de uva. Hace un par de semanas ella me invitó a este acontecimiento en la ciudad de México, además es de las pocas lectoras de Gota a gota, así que mi Imagen botellasagradeciemiento es doble. La cita en: Presidente Mazaryk, una de las avenidas más cosmopilitas de la ciudad, número 111, quinto piso, sede de una empresa que distribuye vino, 19:00 horas. Se me había invitado a la cita que sería alrededor de las ocho de la noche, por lo que llegué tarde a la presentación, raro en mi persona aunque habrá más gente que crea en la impuntualidad mexicana. Para colmo la ciudad de México a esa hora y muchas otras es un verdadero caos. Inmediatamente me puse al tanto con los dos primeros vinos que ya habían servido. Como dije antes no tenía idea de qué bodegas se trataba hasta llegar al salón. Una de ellas de Toro; Dominio del Bendito cuyos vinos me sorprendieron gratamente. Y la segunda; Bodegas Mauro, una vieja conocida. El primero;Dominio del Bendito Roble 2007, nariz potente con mucha fruta negra en sazón y notas de lavanda. Aunque en boca se muestra un poco «caliente» entiéndase no por temperatura sino por alcohol, mantiene cierta armonia, después de todo es un Toro. Su nariz evoluciona a café tostado, pasado el tiempo. De la misma bodega y denominación de origen, Dominio del Bendito Crianza 2004, al principio se muestra bastante calladito para después dejar ver alguna nota láctea, ceniza de puro, chocolate amargo y jamón ahumado, bastante complejo de aromas, algo que no esperaba. En boca es jugoso y de tanino firme pero amable, muy sabroso. No había pasado mucho, cuando llegó Leti. Como en una cita a ciegas… me preguntó: ¿Benjamín?. Tal como me la imaginaba, una mujer con mucha energía, que además de ser su negocio es una amante del vino, cruzamos algunas palabras mientras escuchábamos a Antony Terryn, enólogo de Dominio del Bendito, en cuya intervención me hizo gracia cuando mencionó lo del calentamiento global… «no cuidamos el planeta, sino cuidamos nuestro culo» y es que finalmente la consecuencia directa de que al planeta se lo cargue la contaminación, es precisamente que nosotros desaparezcamos con él.

Siguiendo con los Toros el tercero es el Titán del Bendito 2005, los colores no tiene caso que los mencione, todos son más negros que mi conciencia. Con una buena carga de fruta roja madura y notas tostadas en boca se encuentra perfectamente integrado, todo en su lugar, de buena acidez y de tanino muy presente. Mauro, es uno de mis vinos favoritos dentro de los españoles de corte moderno, éste es un crianza 2006, además de su dosis de fruta tiene una nota cítrica de cáscara de naranja, suave redondo con un final larguísimo… una delicia. San Román, 2005, del mismo enólogo, Mariano García, otrora enólogo de la mítica bodega Vega Sicilia. Este Toro, como es de esperarse es más goloso que su primo de Castilla, el sol no perdona, se muestra con algunas notas florales, lilas y diría que es discreto en boca, con algo de fruta pasificada. Le siguió otro Mauro, el Vendimia Seleccionada 2003, palabrita tan prostituida por los bodegueros abusones de la mercadotecnia. Fruta negra y algo de tierra con paja, y notas lejanas de flores secas y sotobosque. El Terreus 2003 fue anunciado con bombo y platillos, buque insignia de la casa. Nariz potente a moras, lavanda y una notita vegetal no muy agradable, que con un poco de aire desaparecio, en boca es musculoso, con un leve cosquilleo a la entrada, de buena acidez, aunque no recuerdo que hayan anunciado su precio, me imagino que pedirán las perlas de la Virgen. El Antojo Rubio, primero 2004 y depués 2005, tienen un perfil etéreo. No sé si estén en su fase muda, de bajada o si después de los tintazos de toro, éstos me parezcan un fantasma rondando las calles de un pueblo. Color amarillo oro, con menisco acerado, algo de cera de abejas y fruta amarilla, paladar diluido y acidez justa. Con este vino se cerró la cata oficial, aunque Antony me Imagen copasofreció; La Chispa Negra añada 2006, curioso nombre para un vino de postre. Se trata de la vinificación de uvas pasa; tinta del país, mejor conocida en Rioja como tempranillo. «criado en barricas francesas de 2 y 3 vinos hasta que ha sido embotellado en junio de 2008». Un vino de caracter térreo, con notas de higo y de excelente acidez. Leti me regaló una botella, que a estas horas ya reposa en mi bodega. Como muchos otros vinos de postre, viene en formato de medio litro. A raíz de este vino me surgió una pregunta que le hice al propio enólogo, Antony. ¿Hay vinos botrizados de uvas tintas?. Al principio contestó que la uva tinta es más susceptible a la podredumbre gris, y que no conocia ningún vino con estas características, pero después con una sonrisa, me dijo que le gustaba que le hicieran preguntas que no pudiera contestar, y le parecía muy interesante. Así quedó en el aire la respuesta definitiva. Mi mala costumbre de visitar los sanitarios, entiéndase servicios, hizo que me perdiera del jabugo… en menos de tres minutos remataron con todo, así que tuve que conformarme con los quesos.
Después de una agradable charla con Leti, Fernando y Antony me despedí, no sin antes pedirles que me invitaran a sus próximos acontecimientos.

Los dejo de nuevo con Sting.

Una visita a una tienda de vinos local, me hizo recordar aquello que ya había masticado hace algún tiempo. Un fugaz pensamiento reflexivo sobre la situación del vino alemán en México. Sucedió al pasar por los vinos de ese país, no se imaginen que son muchos, quizá un puñadito de diez. T-o-d-o-s chaptalizados, vinos de menos de $80.00
Esta historia empezó hace varios años cuando algún brillante importador decidió traer vino barato de alemania. QbA (Qualitätswein bestimmter Anbaugebiete). Al principio resultó muy Chaptalizadosatractivo, el paladar del mexicano está acostumbrado a las bebidas dulces para acompañar la comida, aguas de fruta endulzadas con azúcar en el mejor de los casos, hasta los famosos refrescos. Por cierto que ostentamos el segundo lugar mundial en consumo de estas bebidas dulces gasificadas, sólo superados por EE.UU. cuyo número de habitantes triplica al nuestro.
También se usan; azúcar y jarabes para endulzar las bebidas destiladas como el ron y el tequila, un ejemplo es la cuba y el tequila sunrise, cuyos aromas volátiles quedan en coma profundo gracias al hielo y el azúcar. Esta dulce combinación se trasladó a la estrategia mercadológica del vino. Introduciendo al mercado vinos chaptalizados de muy baja calidad. No puedo negar que un Blue Nun o un Liebfraumilch sean agradables y refrescantes, como aperitivo y sobre todo en la época de calor, que por estas latitudes comienza en abril y termina en la época de lluvias a finales de mayo. Han alcanzado tanta popularidad este tipo de vinos chaptalizados, que son pocas las runiones donde se sirva vino blanco que no haya unas cuantas botellitas. El problema es que hoy en día nadie está dispuesto a pagar por un vino alemán QmP (Qualitätswein mit Prädikat) más de lo que está dispuesto a pagar por una baratija chaptalizada. Vender un producto revirtiendo una tendencia, convenciendo al público que los QmP valen lo que cuestan, requiere de mucho tiempo y esfuerzo, además de que el éxito no está asegurado. No hay mucha gente dispuesta a comprar un Spälese o un Auslese en 300 0 400 pesos, mucho menos un Trockenbeerenauslese, al menos que esté familiarizado con estos vinos. Así que habrá que resignarse, ser optimista y esperar a que estos vinos entren al mercado y sean aceptados por el consumidor, por el momento habrá que comprar uno que otro que llegue por goteo a alguna «tienda gourmet» o cruzar la frontera norte y hacerse de algunas botellitas. Una verdadera degracia para quienes gustamos de vinos alemanes de verdad.