Posts etiquetados ‘Viña Tondonia Rosado 1995’

Un rosado de otra categoría superior a los jugos de fresa

Hace unos días comí con un gran amigo que conozco desde hace varias décadas y que últimamente se ha dedicado a explorar y a traer cosas raras a la mesa, me refiero a botellas escasas o que no se encuentran tan fácil. Comimos en un restaurante de inspiración española, aunque añoro aquellos restaurantes de antaño donde traían la fuente desde la cocina hasta la mesa para saborear un buen cocido humeante o una exquisita sopa, y que desde lejos se podía empezar a disfrutar oliendo los vapores que emanaban. Abundancia y gran sazón que no ofrecen los chefs de hoy con estrellitas, sino un buen cocinero con amor y pasión a su trabajo sin preocuparse de las guías y de tantas historias.

Yo llevé un rosado de López Heredia añada 1995, esos que pasan 5 años en barrica, con la maestría de la casa para poner la madera usada y que a ojos cerrados en boca parecen tintos. Por desgracia estoy comprobando que ya no está en su plenitud; esta bajando la colina inexorablemente. Está bebible pero sin la acidez ni la complejidad de hace un par de años. Él llevó un tinto de bodegas Domecq que carece de etiqueta, sacado de un rincón de la bodega y pomposamente cacareado como añada 1982. Me pareció muy extraño que tuviera una capa alta y que no hubiera rastros de sedimento, en nariz está muy vivo, con fruta negra y especias como la pimienta negra y el tomillo. Un buen ejemplar de no más de 8 años, diría yo. Además el corcho, que debieron reencorchar, es de viruta y en excelente estado, ni siquiera a traspasado el borde del corcho. Debo reconocer una buena hechura, un vino firme y cautivador, sin duda, pero que difícilmente podría pensarse en 42 años de vida, ni siquiera a 12°C y 70% de humedad en un remoto calabozo de la bodega.

Roda, una bodega que podríamos catalogar como ejemplo de modernidad, vecina de otra bodega calificada de las más clásicas, R. López de Heredia. Contrastes de dos productores diametralmente diferentes, pero ambos con excelentes productos para mercados distintos. Escogí del anaquel una botellita de Sela 2021. La gama baja de esta bodega, y que posiblemente he probado, pero que hoy me ha sorprendido gratamente por estar a la altura de vinos cuyo precio puede llegar al doble. Tiene un bonito color picota, brillante y fluido. Nariz limpia a regaliz, lavanda y fruta roja en sazón. En boca tiene buena entrada, tanino rugoso, excelente acidez, y final largo. Como para comprar una caja y comprobar en el tiempo su evolución. Yo lo decantaría media hora antes del servicio. Su precio ronda aquí los 40 dólares. Me llama la atención que en la página de la bodega mencionen en las notas de cata: (…) «La madera es casi imperceptible, la fruta se apodera del aroma en este momento» Es quizás la primera vez que veo que le dan poco protagonismo a la madera, cosa que celebro.

De salida me asomé a la mesa de las ofertas y pude ver algunas cosas muy interesantes de Francia, como por ejemplo un borgoñita blanco de una zona no muy conocida, Rully 2018 de Nicolas Potel, por 350 pesos creo que esta en un rango decente, si lo comparamos con algunos blancos de menor calidad al mismo precio.

El último vino que probé hace un par de días fue un Muga, cuya etiqueta no había visto por los anaqueles. Hace alusión al famoso barrio de la estación de Haro, donde se ubican bodegas como Roda, López Heredia, Gómez Cruzado, Muga entre otras. El Andén de la Estación 2019. Un vino de capa media, limpio con aromas a fruta negra, tomillo y algunas notas térreas, en boca firme de tanino mullido y buena acidez. Para seis botellitas. Hasta aquí lo último que ha caído presa del descorchador.

Queda en el tintero el Rully 2018, que ya he puesto a enfriar para desmenuzarlo el fin de semana.

Un viejo conocido… ¿o desconocido?

Bajé a la bodega y no vi una sola botella de Tondonia rosado. El hecho de pensar que no quedaba nada de aquella cajita, me dio dolor de estómago. Afortunadamente las cinco botellas restantes estaban guardadas en el lado opuesto. No sería algo tan grave, de no ser que aquí en México no se consiguen ni siquiera los blancos de esta bodega, ni el reserva, ni tampoco el Gravonia que hasta hace unos años se podían ver en los anaqueles, mucho menos el memorable Bosconia, que nunca ha llegado de forma regular.
He tomado una botella para compartir con mis amigos del diplomado, fervorosos estudiantes para sumilleres, cuya verdadera finalidad es aprender más de este cautivador mundillo del vino.
Hace poco más de una semana me retiré del diplomado. Francamente eso de dar clases es agotador y de mucha presión, quizá necesite un año sabático. Mi propósito inmediato es tomar un curso de enología en línea de la Universidad de Davis, espero con ansias que empiece.
El caso es que hay un grupo de enófilos que todavía se acuerda de mí y me ha manifestado su afecto en más de una ocasión. Como dije antes llevé un Tondonia Rosado 1995. Un vino que para muchos es un completo desconocido, inclusive en España donde tiene su origen, en el famoso barrio de la Estación de esa pequeña pero bella ciudad de Haro. Rosado que me ha hecho disfrutar en muchas tardes calurosas como esta, no precisamente por su sencillez y frescura como la mayoría de los rosaditos sabor a chicle de fresa, sino por su complejidad y ese abanico de aromas y sabores que va desplegando mientras se oxigena. Un vino para beberse con calma, y que con un carpacho de res maridó de maravilla.
Antonio llevó un tinto argentino; Azul, no recuerdo añada, una mezcla de Malbec. Concentrado de color profundo, picota de capa alta y de tanino mullido, definitivamente en línea con lo moderno, sin caer en excesos, corto de acidez pero con cierta armonía en su conjunto.

Un Riberita apabullado por el Toro

Los siguientes vinos fueron escogidos de la carta, o mejor dicho de un par de botellas llevadas a la mesa, un Toro y un Ribera. Aunque empezamos por el Toro, al final también se descorchó el Ribera. Me decanto por el primero: Finca Sobreño 2004 un crianza, es un tinto impenetrable a la vista, vigoroso y potente como los buenos toros, pero guardando un equilibrio que lo hace apetecible trago a trago. Un buen filete de res en cama de polenta y bañado con salsa de queso fontina desfiló por mi plato, rociado con este gran toro, merecedor del indulto. El Ribera un Vega de Castilla crianza 2004, bastante disminuido ante la contundencia del Toro.
Buena charla, camaradería, rematados con un buen puro, cortesía de Ibar. No me han dejado pagar lo que correspondía de la cuenta. Desde aquí mi agradecimiento y mi afecto para Antonio, Hugo, Ibar y su novia. Son esos días donde la comida y el vino quedan rebasados por la excelsa compañía ¡Salud!

Cata 129

Empieza la maratónica temporada de celebraciones de fin de año: desayunos, comidas, cenas, posadas; comida y bebida a raudales, acompañadas de empachos, tripas cogestionadas, tripas doloridas, agruras, reflujos y demás calamidades, así como uno que otro hígado hecho fuagrás. A pesar del desorden en horarios y múltiples excesos hoy empezamos con la Cata de fin de año, la última del 2009. Además celebramos once años de nuestro grupo, Vino Por Placer, sumado al cumpleaños de Jorge. Él mismo propuso que cada uno de nosotros trajera una botellita de vino, y así fue. No se determinó país, región, variedad, ni siquiera el precio, el repertorio resultó bastante variado. Comenzamos como ya es costumbre en muchas de nuestras reuniones, con algo de burbujas; se trata de la ya conocida Drappier, Pinot Noir, Zero Dosage. Seco, con aromas a pan tostado. Lo que vino después de media hora fue algo inesperado: abrió a piloncillo con un fondo floral, fruta roja frambuesa y levaduras. Buena burbuja y acidez. Seguimos con Viña Tondonia Rosado 1995 un vino con cuatro años de crianza en madera, madera usada como marcan los cánones clásicos, rosado aunque en realidad se trata de un clarete ya que lleva algo de viura, como me lo apuntó la propia María José L. Heredia en un correo. Un vino con mucha personalidad, inconfundible y que abre con infinidad de capas dando aromas y sabores diferentes a cada momento que pasa. Color piel de cebolla, velado. Aromas de tomillo, pimienta blanca, paja mojada, orejones, cáscara de naranja, toffee, en boca es sutil, excelente acidez. Gran personalidad. El primer tinto fue un Viñas Elias Mora 2006, un Toro con todas sus letras: amplio, potente con una buena carga frutal, tostados y buena acidez. Para repetir.

Chateau Foncherean 2000, un Burdeos Superior, genérico, que me atrevería a decir que ha llegado a su madurez plena, no esperaría ni un día más. Color tirando a ocre, sutil, con notas terciarias que sólo puede dar el paso del tiempo. Seguimos con un somontano, un viejo conocido; Gran Vos Gran Reserva 2000, de Viñas del Vero. Brioso, contundente, mucho extracto, tanino granuloso y de acidez algo justa.

La estrella de la noche

Carlos Cue escogió para esta cata el mejor vino de la noche, indiscutible. Chateau Musar 2000 famoso y mítico vino libanés del Valle de Beka, con su característico aroma a Kasba, que encierra un mundo de aromas propios de los mercados libaneses: incienso, resinas, velas, especias… todo dentro de una botella. Otro vino con gran personalidad, este es el segundo que pruebo y me parece de excelencia, aunque hay quienes afirman que su calidad no es constante.

Después de la cata, como también ya es costumbre en diciembre, hubo rifa. En esta ocasión copas, desde Riedel hasta las no menos útiles y de buen diseño Spiegelau ¡Que las disfruten los ganadores!

El menú estuvo compuesto de bacalao, un mismo pescado en dos estilos; uno traído por nuestro buen amigo Carlos, receta original de su abuela, cuya preparación requiere de varias horas. Una mezcla de sabores y texturas exquisitos y delicados. El otro bacalao está condimentado con aceite de oliva, ajo, jitomate, cebolla, pimiento, perejil, aceitunas verdes, almendras… mucho más contundente, con excelentes resultados. Los romeritos gustaron a todos, un típico platillo por estas fechas. Al último Jorge partió su pastel y sopló a las velitas.

Así cerramos un ciclo anual de catas, de un grupo cada vez más consolidado y participativo, con algunas ausencias que espero no sean permanentes. Ahora con un nuevo miembro: Oswaldo. ¡Bienvenido!.