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Viña San Pedro

El turno fue para Jorge. El tema: Viña San Pedro. Chile no se olvida… y es que Jorge nació en esa tierra andina. Una bodega tan emblemática merecía que le echáramos un vistazo. Viña San Pedro fue fundada por los hermanos Bonifacio y José Gregorio Correa Albano en 1865. Es una de las mayores bodegas de Chile junto con Concha y Toro. Desde la década del sesenta Gato Negro fue y sigue siendo su vino más comercial. Castillo de Molina su buque insignia durante algún tiempo, hasta que apareció en el horizonte Cabo de Hornos, en 1994.

Cabo de Hornos ha sufrido los efectos de la modernidad y la globalización de mercados, donde los vinos cada día pierden más su identidad. Nuestro grupo de cata tuvo la oportunidad de organizar una vertical de 1994 al 2000. Donde los cambios en las últimas añadas son dramáticos, la madera nueva cada vez está más presente. Para 2005 la filosofía de la casa vuelve a dar otro giro: Cabo de Hornos deja de ser varietal para ahora tener una mezcla de 3% de syrah y 7% de cabernet sauvignon del Valle del Alto, además del cabernet sauvignon de origen en el Valle de Lontué. Los enólogos de esta Viña, como le llaman en Chile a las bodegas, están encabezados por Marco Puyo. La reciente alianza con Viña Tarapacá no ha dado ningún vino nuevo al mercado, aunque no se sabe lo que ocurrirá a corto plazo, esta alianza se hizo apenas en diciembre del año pasado. Otra alianza importante fue la de Viña Santa Helena. Así que puedo asegurar un cambio con estas tres bodegas, por lo menos ya empezaron con la presentación de nuevos diseños en sus etiquetas. Aunque me gustaría ver una oferta original que le diera al mercado un poco de frescura, sin ningún derroche de mercadotecnia, algún vino auténtico, que recoja lo mejor de la tierra.
Chile tiene varios valles entre el Pacífico y Los Andes, desde el Valle de Bío Bío hasta los más fríos al norte, como los de Elqui y Limarí, propios para las variedades sauvignon blanc y chardonnay. Esta bodega cuenta con varios viñedos en diferentes regiones, a lo largo y ancho de Chile.

Entrando en materia sensitiva, el primer vino fue un blanco vinificado con chardonnay; Viña Santa Helena, Selección del Director, 2005. Sometido a 6 meses de roble. Seis meses que para mi gusto le confieren bastante tanino, es un vino de color oro viejo, con una nariz intensa a membrillo y alguna nota especiada de pimienta blanca. En boca es tánico al principio y de acidez muy justa. Al grupo le ha gustado más que a mí. Viña San Pedro 1865, 2003, malbec, sí malbec, algo poco común en un vino chileno. Al principio huele a acetona, después se limpia un poco y brotan hollejos y algo de fruta negra pasada. En boca me recuerda la mermelada de cereza. El siguiente fue un shiraz: El Viña San Pedro 35 Sur 2006 bastante duro, con notas verdes y muy tánico. De aquí para adelante estuvo presente la cabernet sauvignon. Muy presente. Con sus características notas de pimiento rojo. Así fue con el Castillo de Molina 2005, Cabo de Hornos 2003 , con sus 14.5 grados de alcohol. Y Viña Santa Helena 2004 que nunca abrió. Una verdadera lápida. El Cabo de Hornos, nada comparable con el magnífico 99 o alguno de sus anteriores hermanos.

Huitzuco dulce, sin añada

Huitzuco dulce, sin añada

Huitzuco, Vino dulce, un vino tropical en toda su extensión, nacido en Guerrero, famoso estado de la República Mexicana mejor conocido por el turismo que llega a Acapulco desde hace mucho tiempo, que por sus cualidades vinícolas. Se trata de un vino dulce vinificado con uvas silvestres. Aunque hasta hace poco me enteré de su existencia, en su etiqueta menciona que se vinifica desde 1930. Su comercialización se hace directamente en bodega, según me decía Carlos, quien amablemente me trajo esta segunda botella, ya que la primera la habíamos descorchado hace tiempo en el grupo de cata. La sierra en Guerrero no es precisamente apta para la vid, aunque para la uva silvestre debe ser una historia diferente. Los resultados. Un vino artesanal, rústico, que más bien parece hecho de otra fruta. Me recuerda al vino que probé hace unos años en Costa Rica, cuyos méritos son precisamente el haber podido cultivar la uva en esas latitudes, entre la brisa de la niebla y los volcanes en erupción.

Alión 2000

Hablando de vinos de más abolengo; Vega Sicilia, esa mítica bodega de Ribera del Duero, cuyo esplendor para muchos se ha visto empañado con la salida de Mariano García, hace ya algún tiempo, ha buscado la diversificación con otras marcas; Alión dentro de la misma denominación de origen, Bodegas y Viñedos Pintia, en la D.O. Toro, y fuera de España el famoso Tokaji Oremus. Grupo encabezado por la familia Álvarez.
Descorché el Alión 2000, regalo de mis hijos el día del padre, hace ya cuatro años. Su aroma envuelve los sentidos con una profundidad que hace mucho no sentía. Nueve años en botella le han dado complejidad. Fruta negra, sotobosque, notas de lavanda y otras térreas, una delicia que podría seguir oliendo toda la tarde. En boca es de entrada potente con una excelente acidez y persistencia. Gran vino, dentro del perfil moderno.

Cabo de Hornos 2000

Otro vino de la misma añada, 2000. Cabo de Hornos, de Viña San Pedro, sin duda uno de mis chilenos favoritos algún tiempo atrás. Todavía recuerdo aquella cata vertical que tanto costó organizar, no tanto por el dinero invertido, sino por el tiempo necesario para la adquisición de las botellas. Esta última botella, presenta una arista de alcohol que nunca desapareció. Un vino monolítico de una austeridad a la que no no me tenía acostumbrado esta bodega, sobre todo hablando de ejemplares de antaño, las añadas recientes son vinos que han entrado al grupo de los productos industriales. Sin personalidad y por si fuera poco, precios de escándalo. Aunque no sé si sea por culpa del importador o del almacenista.