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Cata 262 brillan los blancos de nueva cuenta

Han caído ya algunas lluvias como saben caer por estas tierras: fuerte y persistente. El ambiente es húmedo, provocando que las copas se empañan con una película que no deja ver el color del vino. Empezamos con LA Cetto, un blanco al que han bautizado con el nombre de Verano añada 2021. Una etiqueta muy ad hoc con algunas impresiones de tabla de surf, estrella de mar, piña, rebanada de limón, sandalias de playa, lentes para el sol, sombrilla, etc. nos remite a un día soleado en la playa con una copita de blanco bien frío en la mano bajo una palmera colgados de una hamaca. Se trata de una mezcla de colombard y sauvignon blanc, con 12.5 grados y sin especificar la crianza. Es de color amarillo pálido y huele a piña madura y manzana verde. En boca es mineral con una acidez comedida, una sensación agradable aunque como dijo alguien en la mesa: un poco rara. Para un par de botellas.

El segundo blanco fue La Junta 2022, del Valle de Curicó en Chile, el único extranjero. Una rara combinación de viogner y savignon blanc. Para mí algo superior al anterior. Con sus seis meses de roble francés y sus 13.2% de alcohol muy bien integrado. Amarillo dorado, huele a paja mojada, heno y algo de fruta amarilla; níspero de fondo. En boca tiene buen ataque y un cosquilleo propio del CO2 aunque no se percibe en la copa, agua quina y un apretón al final amargo. Hoy voy por un par de botellas.

El tercero fue un tinto, Parábola 2021 de Vinícola El Retorno. El primer golpe son cerezas en licor y membrillo, moviendo la copa salen las notas de moras muy maduras, casi mermelada. Tanino comedido y de gusto salado, acidez baja. Mucho mejor en nariz que en boca. Nada que me mueva a una segunda compra. Inmemorable con causa.

Palabra 2020. Vinificado con 70% zinfandel, 15% tempranillo y 15% barbera. 12 meses de roble blanco. Primer golpe aromas químicos a acetona, con un poco de aire se limpia y se percibe pimienta blanca y algo de fruta roja. En boca: flor de Jamaica y notas de tamarindo, salado y picante. Un vino austero, inmemorable con causa.

Por último: Retorno 2019, con un dibujo en la etiqueta de una indicación de retorno. Misma bodega del Valle de Guadalupe. Todos percibimos notas salinas en los 3 tintos de la noche, la escasez de lluvia, como este año en el sur, provoca que la salinidad se concentre en los suelos además de los pozos de agua con los que se riega el viñedo en algunos casos. Este vino fue el mejor de los tintos. Huele a tamarino, fruta negra y notas de lavanda. En boca es redondo, buena acidez y tanino, final medio, en general bebible sin enamorar a nadie. Para probar otra botella.

Vinos de la noche

Seguimos en este mes con vinos mexicanos, en esta ocasión el valle de Guadalupe. La oferta se ha ampliado exponencialmente, sin duda beneficia al consumidor, aunque, como suele suceder deja confundidos a los consumidores: a mayor oferta menos certezas a la hora de las compras.

Saga Sauvignon blanc 2021 de la bodega Maglén Vinícola. Color amarillo pálido con destellos verdosos, primer golpe en nariz: piña verde y notas de hierba recién cortada, después de unos minutos en reposo aparece cera y paja mojada. En boca es tímido al principio, plano, falto de acidez y final mineral. Un vino desenfocado en boca.

El primer tinto: Saga Petit verdot 2018 con 13,8% de alcohol que se notan desde el primer trago. Un vino de capa alta. En nariz cerezas en licor, ciruela madura y una nota de heno. En boca tiene buena entrada, amargo y de taninos muy presentes sin lastimar la lengua. Sin pena ni gloria.

Saga Nebbiolo 2019. Huele a fruta negra, grosella y una nota especiada; pimienta blanca. Equilibrado aunque de tanino bastante limado.

Balché Siete 2009. Color ocre velado. Huele a refresco de cola, pacificados barro, y tierra mojada, le falta nervio. Me ha dejado boquiabierto el tiempo de crianza: 40 meses, no recuerdo haber visto tan prolongada crianza, por lo menos no en vinos mexicanos. Quizás trece años sean ya suficientes para empezar a bajar la colina. Nada que justifique su precio, ni siquiera esos 40 meses de crianza, que al final merman la fruta y si es madera nueva maquillan el vino. Francamente en 40 meses no sé que pueda pasar con el conjunto.

Duetto 2015 de Bodegas Santo Tomás. Con 12,5% de alcohol como se hacían antes los buenos vinos, sin tanto extracto ni sobre maduraciones excesivas. Nariz a pimienta negra con una notita mentolada muy sabrosa. Tanino, acidez y alcohol en armonía, aunque es evidente que le falta vidrio; 7 años no han sido suficientes, habla de un vino de larga guarda, otros 3 añitos quizás le vengan bien, aunque yo creo que decantado lo puede hacer más sedoso y profundo. Otro signo de que es un vino de larga guarda es su cocho, más largo que el promedio. Así llegamos al final, aunque aseguró que habrá más mexicanos la próxima cata.

Cata 128

Vinos mexicanos, vinos que han desfilado en nuestra mesa de cata en muchas ocasiones. Mexicanos, vivimos en México, resulta una ecuación simple aunque podríamos resumirlo en vinos con perfil salino. Ayer hubo tintos, ni un solo blanco. El Valle de Guadalupe, para ser más específicos se encuentra a 300 m sobre el nivel medio del mar, sumado a la escasez del líquido hace que las profundas raíces beban agua salina de los pozos, y tomen de de allí su mineralidad llegando al gusto salado del vino. Dentro del puñado de vinos, poco más de cincuenta, originarios de esta región que han desfilado en nuestro grupo de Cata durante once años. ¿Mineral o salado? en muchas ocasiones más salado que mineral. Sergio, quien dirigió la cata, se ha documentado sobre el tema y nos ha llevado a diferentes regiones como Querétaro, que yo diría que está en constante progreso, no es el caso de Aguascalientes ni de Zacatecas, cuya producción de uva se ha visto mermada en los últimos 25 años. Parras Coahuila ostenta tener la bodega activa más antigua del continente americano, fundada en 1597. Sin duda la principal zona está en el noroeste, en el estado de Baja California, con 2500 hectáreas plantadas de las 3500 en todo el país.

Dentro de las acotaciones del vino mexicano la que más me llama la atención es la de los impuestos. Tan abusivos como complicados, discriminando las bebidas por su graduación alcohólica. Así el famoso impuesto Especial Sobre Producción y Servicios conocido como IEPS grava con un 25% a los vinos que no superan los 14 grados de alcohol y 30% si tuvieran una concentración mayor. Además los vinos mexicanos tienen que pagar el IVA de 10% en la franja fronteriza y de 15% en el resto del país. Para rematar con la industria, el IEPS se aplica después del IVA, así los productores pagan hasta el 43% de impuestos sobre el precio de venta.

Hablando de cosas más agradables los vinos catados tuvieron el mismo ADN; unos más tánicos que otros, pero sin excesos, unos frutales otros más herbáceos, eso sí, todos con un perfil sensiblemente salado. Vena Cava 2007 es un cabernet sauvignon vinificado por Phil Gregory, un personaje cuya etiqueta puede anticiparnos su buen humor y su afición a las letras. En la contra-etiqueta se puede leer:

«Es mi espalda de la que más me quejo estos días. Antes era mi cabeza. Estoy tan exhausto por hacer vino que ni tiempo he tenido para la cruda, y ya que está terminado el proceso se tendrá que tomar; no hay descanso para el diablo» (…) más abajo dice: «No basta escribirlo, voy a abrir una botella en este momento. Me tomaré una por ti» (…) «Criado en barricas gringas por 11 meses»

Ha gustado a la mayoría, se trata de un vino frutal de buen tanino con su toque salino, un vino de baja producción, según nos contaba Sergio.

Reserva Real, Calixa, LA Cetto cabernet sauvignon, todos añada 2007, Jalá uno de mis favoritos cuando empezó y repitiendo Calixa 2007. Sergio quiso saber cuál sería nuestra reacción ante dos vinos de la misma casa, marca y añada. La verdad es que todos fueron muy parecidos, con el mismo perfil salino y su fruta más o menos presente. Otro factor recurrente en algunos vinos de Baja California es la falta de consistencia en la calidad, unos años muy buenos y otros francamente muy malos. Jalá pasó al montón, sin carácter.

Veo dos graves problemas para el futuro de la industria vitivinícola mexicana: la escasez de agua en el Valle de Guadalupe, razón por la  que dará vinos aún más salinos y los impuestos cada vez más altos.

Ahora los dejo con un relajante video de los viñedos de Baja California, con música del compositor ensenadense Mario Lamadrid.