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Entre copas y botellas, Cata Navideña...

Entre copas y botellas, Cata Navideña…

Como cada año, nos reunimos a degustar buenos vinos, exquisita comida y charla amena. Este año no fue la excepción. Enfocamos todas nuestras baterías para comprar vinos que por su precio no es común comprar durante el año. Aunque tampoco significa que por el precio alto sean buenos vinos per se. Mi sorpresa fue mayúscula a la hora de comprarlos, tema de otra entrada: los precios de hipoteca de los vinos, hoy en día…

El primero de la noche fue un Lason Rosé Label, Brut de Reims. Un vino con 53% pinot noir, 32% chardonnay y el resto pinot meunier; de burbuja fina y rápida, excelente acidez cítrica, muy bien amalgamado todo el conjunto. Aromas intensos a panadería y frutos secos. Para comprar media caja y descorcharla pronto.

Blecua 2005. La estrella de Viñas del Vero. Huele a pasificados, ciruela, chocolate amargo, y notas de vainilla (barrica). En boca es muy áspero. Rompe la armonía, descarnado, no sé si con el tiempo se integre. Nueve años debieron domarla un poco más. Quizá sea bueno decantarlo una hora antes del servicio.

Arzuaga Reserva Especial 2009. Aparece junto con la tinta del país, una uva blanca: blanca del país o albillo, de baja producción, confieso no haberla oído nombrar antes. Me parece interesante esta combinación. Esta bodega produce 5200 botellas de 750 ml y sólo 50 botellas magnum. Aromas a fruta negra, notas de vainilla, en boca es tánico, sin llegar al extremo del anterior. No sé si lo volvería a comprar.

PSI 2009. Del señor Peter Sisseck, el famoso enólogo danés que puso por los cielos su buque insignia, el Dominio de Pingus. Este vino ha gustado mucho, puedo decir sin temor a equivocarme, el que más ha gustado, sobre todo por su relación calidad precio. Me llama la atención que la crianza no se haga en roble nuevo y he ahí que sus taninos son bastante pulidos, sin perder el nervio. Fruta negra, cacao, balsámicos, tierra mojada, en boca es carnoso, redondo y largo. Para comprar una cajita, y ver su evolución.

Pago de Carreovejas El añejón 2009. Muy bueno también, uno de mis riberas preferidos, con una larga crianza de 24 meses en roble francés de grano extrafino (…) 96% tinta del país, 3% cabernet  y 1% merlot. Nariz frutal, fruta negra, notas de vainilla y chocolate. De tanino mullido aunque el alcohol es evidente. Por su precio no volvería a comprarlo, por 2500 pesos hay mejores vinos a los que hincar el diente.

Vega Sicilia Único 2003. Un vino cuyas expectativas llegaban al cielo… El rasero con que se midió es muy alto y los resultados pobres. Un vino integrado pero sin enamorar, algo le faltaba a este 2003. Sin duda el Único es de mis preferidos pero en este caso me parece que le falta algo. Huele a cuero, cedro, chocolate, tanino presente, pudo ser la añada.

Para cerrar tenía una magnum de Perrier-Jouët Grand Brut que marido con los romeritos, el bacalao y el pavo. Carlos trajo lo que con tanto esmero prepara cada año, el bacalao receta de su abuela, que le lleva todo un día guisarlo. Gracias por compartirlo. De postre una rosca con almendras ¡soberbia…! con todo y que no soy muy afecto a los postres dulces. Acompañado de un Chateau Climens, un barcac sin la rica gama de aromas y sabores del sauternes. Gracias por el pavo Sergio. Así concluimos un año más. ¡Un saludo a mis dos lectores, desde aquí mis mejores deseos!

Los encapuchados de la noche

El calorcito que se desata antes de la época de lluvias es comparable a un sauna. De no ser por la sombra de algunos árboles o por el aire acondicionado, podría quedar uno que otro cristiano achicharrado en el pavimento, en la acera o dentro de su casa. A pesar de las altas temperaturas nuestro amigo Oswaldo ha decidido recetarnos algunos tintos subiditos de alcohol. Al principio abrimos boca con un champán Perrier-Jouët Brut, bastante desconcertante para ser un champán. Burbuja gruesa y no muy intensa, color pajizo y brillante. En boca ligero y fugaz, como un suspiro.
El segundo vino fue un St. Emilion, Chateau Cotes de Rol 2005, nunca lo había visto, mucho menos probado. Fruta roja con madera, me recuerda una caja de puros con una embarradita de mermelada de cereza. Boca unidimensional. El siguiente fue un Pinot Noir, Petit Bistro 2006 de 13 grados de alcohol, nada escandaloso para los estándares actuales, y no me refiero a Australia ni a California, sino a la mismísma Borgoña. Frambuesa y grosella con alcohol. El siguiente me gustó, era cata ciega, así que para los que piensen que me incliné por este vino por ser mexicano, están equivocados. Aquí también sabemos hacer malos vinos, o mejor dicho aquí también se nos olvida hacer buenos vinos. Pero éste no es el caso. Miguel 2006  de Adobe de Guadalupe. Se trata de un tempranillo (75%) con algo de cabernet y grenache o garnacha. Aromas a tamarino y lavanda, con notas minerales, excelente acidez y de final un poco amargo. Nada mal por $240 pesos. Sí repito.
El Viñas del Vero Gran Vos 2000 lo noté algo fatigado, cansino, con aromas de granos de café. El último vino, era algo así como té de corteza de roble. Madera y más madera. Se trata del Viña Emiliana Coyam 2004 vinificado con syrah, carmenere, cabernet, merlot y mourvedre, ahogadas en una tonelada de madera.
Esta cata a medio día hubiera sido para poner a sudar a cualquiera, ya en la noche por fortuna refrescó algo el ambiente. Para quienes siguen de manera fiel las crónicas de cata, Pedro ha regresado. ¡Viva Pedro!.