Posts etiquetados ‘Pago La Corva 2015’

Dentro del amplio mundo del vino se habla de la evolución como algo cuantificable pero sobre todo controlable. Déjenme decirles que al tiempo le gusta juguetear con nosotros, a veces evolucionando de más, y otras cuando pensamos que ya el vino se convirtió vinagre; resulta que no sólo está bebible sino que se puede disfrutar de los matices de un vino en plena madurez; deleitándonos como nunca lo haríamos con los vinos más jóvenes. Hace casi cuatro meses catamos un blanquito: Cuna de Tierra 2020, que ya había olvidado en el refrigerador, y es que había sobrado poco más de una copa. Para mi sorpresa lejos de ser un vino cansino, presentaba un color amarillo dorado, opaco, con una nariz tropical a mango, níspero con notas de piña madura y barro. En boca amarga un poco a la entrada, de acidez comedida y un punto dulce. Había perdido aquella frescura de cítricos de la primera vez cuando se descorchó: Nada que se tuviera que echar al fregadero. En contraste descorché después un Chablis de Louis Jadot 2021, amarillo pajizo brillante con una nariz frutal a piña, notas florales a jazmín, y también notas anisadas. En boca de buena acidez, un vino joven correcto. A veces la vida nos da sorpresas, y es que olvidamos la segunda parte en algunos vinos: que después de descorchados, quizás no días, pero si una horita o poco más hace que aparezca la magia. Pondré en un futuro más atención a la evolución en copa.

El imbebible

Ese mismo día había sacado de no sé dónde una botellita de tinto, sin grandes expectativas lo probé. Debo decir antes que nada, que no me gustan las descripciones poco halagadoras de vinos que no sean de mi agrado, pero este rozaba lo infame. Un vino diluido, que si me hubieran dicho que le habían agregado un vaso de agua, lo habría creído. No había por donde cogerlo, como decía un buen amigo español. Le faltaba de todo, un juguito de uva con algo de alcohol, completamente desintegrado. Además tuvieron el atrevimiento de imprimir en la etiqueta el calificativo de «Gran Vino» nada más lejos de la realidad. Pongo la foto para el valiente que quiera desengañarse.

Hace unas semanas asistí a una de esas catas comerciales que organizan ciertas tiendas de autoservicio, lo que conocen en España como grandes superficies. Dije comercial, porque finalmente su objetivo es vender una que otra botellita, y si al cliente le gustan todos los vinos, pues… ¿Quién le impide que se los lleve a casa? Alfonso, asiduo asistente a estas catas, me comentaba que las más interesantes, en cuanto a información y contenido, eran las organizadas con algún miembro de la bodega en cuestión. Ya que generalmente están muy bien enterados de todo lo que respecta a la bodega y sus vinos. En esa ocasión cambiaron el itinerario, debían ser prioratos y acabaron en Ribera del Duero.

El primero de tres tintos; Sembro 2021 de bodega Jaros, Tres meses de crianza y 14.5 grados de alcohol. Huele a mermelada de zarzamora, unas vueltas a la copa y aparecen lácteos. En boca: de taninos moderados, buen paso y acidez. Todo en su lugar sin enamorar.

El segundo de la tarde un Jaros 2018, con 18 meses en barrica además de que se le notan. Huele a pastel de frutas, pimienta negra y una notita lejana de cuero y madera nueva. En boca tiene un tanino rugoso y una acidez que destacan, le falta vidrio, quizás unos añitos integren lo que hay dentro.

El último fue un Pago la Corva 2015. Mudo al principio, va abriendo a fruta negra sobre madurada y barro. De alcoholes altos, sin integrar, aunque el conjunto da un vino correcto, hasta que me enteré del precio: 1500 pesos, algo así como 85 dólares.

Dentro de las audacias del sumiller encargado de dirigir la cata, respondió a una pregunta a la ligera, diciendo que las piernas en la copa no tenían nada que ver con el alcohol. En mi experiencia la evaporación del alcohol, por ser tan volátil, hace que la tensión superficial del agua que queda en las paredes escurra, y dependerá en gran medida de la porosidad del vidrio del que esté fabricada la copa; que escurran en diferentes grados o que no se perciba. Así las cosas me retiré de la cata sin llevar vino a casa.