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Aunque en muy pocos lugares del mundo la savignon blanc goza de tanta fama y prestigio, los vinos blancos de Burdeos, salvo algunas afortunadas excepciones, bodegas como: Y´Quem y Chateau Carbonnieux son poco conocidos aunque sus precios nunca han sido accesibles, es quizá por esta razón que la gente no se acerca a ellos, y en cambio prefieran los tintos de esta zona, que sin ser más baratos son más populares a nivel mundial. Hace cinco años me hice de una botellita de Haut Brion Blanc 1994, desde el 2006 permanecía muy quietecita en el botellero acumulando polvo y evolucionando lentamente para que llegara el día de su descorche.

Michael Broadbent apunta que: «esta añada sufrió lluvia a mitad de septiembre, debatiéndose entre la ruina parcial y la podredumbre gris, aquellos que vendimiaron más tarde obtuvieron los mejores resultados» (…)

Hablando de Ch. Haut Brion en particular, Mr. Broadbent apunta: la primera ocasión que probó esta añada fue antes de salir a la venta, y la otra en una cena para recaudar fondos: «pale green gold; very fragant bouquet that opened up attractively; dry, lovely flavour, fresh, fairly powerful, good acidity. As so often, somewhat austere» (…)

Diecisiete años para un vino de un Chateau tan legendario como prestigioso parecerían los estrictamente necesarios para que empiece la magia de la evolución y ofrecernos capas y capas de complejidad. Debo aclarar que es mi primer contacto con este blanco, pero mis expectativas eran muy altas. No quiero hablar del precio, parece que ahora es muy alto. A mí no me costó más de $200 verdes.

Anunciado con bombo y platillos le advertí a mi esposa que lo descorcharía ese mismo día en uno de nuestros restaurantes favoritos.

Color amarillo dorado y brillante. Nariz apagada: paja mojada, pimienta blanca y fruta amarilla; manzana asada. En boca es austero, de acidez muy justa con recuerdos a fruta amarilla no muy definida, granos de café tostado y final mineral. Sin muchas concesiones. Este vino va cuesta abajo, sin duda. ¿O será que está en un proceso de mutismo antes de abrir a todo lo que da…?

Pedí de primer tiempo una deliciosa crema de espinacas que maridó de manera decente, aunque le faltaba acidez al vino para romper con la textura cremosa. Como segundo tiempo; una lubina a las finas hierbas sobre verduras al romero. Bastante grasosa y pasadita de romero. Lo mismo; faltó acidez para romper con la grasa y lo especiado de las verduras. Así mi primer encuentro con este blanco, esperando se repita la ocasión con mejores resultados, tanto con la comida como con el vino.

Sirviendo un poco, para oxigenarlo...

Sirviendo un poco, para oxigenarlo...

Confieso que me he contagiado de la fiebre del Mundial de Futbol, sobre todo los últimos partidos. Los equipos «chicos» se han comido a los grandes, algunos de ellos han vuelto a casa antes de lo esperado como en el caso de: Francia, Italia y Brasil. La final pasará a la historia, ya que España por primera vez llega a la final y además se lleva la Copa. Muy merecido lo tiene. Aunque no sé mucho de futbol, me parece que el partido final desmereció mucho en la primera parte, debido a las patadas y jalones de muchos holandeses, que poco a poco fueron contaminado el ambiente. Sumado a que el árbitro no encontraba por ninguna parte la tarjeta roja, o peor aún, no quería encontrarla. Pero eso se los dejo a los aficionados de corazón, que no se pierden un solo partido durante los torneos regulares, y no sólo se emocionan y hacen sus propios análisis durante el mes que dura el Mundial.

Qué mejor pretexto para sacar una botellita que llevaba reposando desde el 22 de enero de 2006. España, uno de los países que más me gusta visitar, además de los lazos afectivos, y aunque mi padre vivió más tiempo en México que en su natal España, nunca olvidó su pueblo ni su gente.
Como he dicho en otras ocasiones, me cuesta trabajo sacar algunas botellas de la bodega cuando llevan mucho tiempo resposando, parecería que ya forman parte de los botelleros. Algunas añadas ya son difíciles de conseguir y así como suben los precios es casi imposible volver a hacerse de ellas. Pero hay momentos que merece la pena bajar y sacar un buen vino, finalmente para eso está hecho; para disfrutarse y compartirse.

Michael Broadbent hace énfasis en este vino, en su libro: Michael Broadbent´s Vintage Wine, en la página 417, cuando con letras grandes escribe: Spain´s Unique Vega Sicilia, cuya primera producción de «Único» fue en la década de 1860. Él mismo lo califica como; «The Lafite of Spain».
De la añada que descorché, no hay referencia, aunque poca falta hace. Se trata de un vino maduro, muy amalgamado, redondo, profundo, con muchos aromas terciarios; cuero fino, ahumados, caza con pelo, tierra mojada, trufa, sotobosque… En boca es tan complejo como en nariz, una obra de arte.

Una de las características que se buscan en una bodega además de la temperatura, es definitivamente la humedad. Después de varios años de gozar de una humedad relativa del 80% en mi bodega, empezó a bajar drásticamente hasta por debajo del 50%. Fue entonces cuando metí gravilla y dejé que el tubo de desagüe del equipo de refrigeración se desparramara sobre el piso. Asunto arreglado. Aunque fueron momentos donde vi amenazados los corchos de mis botellas. Nadie puede dudar que la humedad es indispensable en una cava, y que por otro lado ésta también puede deteriorar las etiquetas de las botellas. Aclarado este punto, les puedo contar lo que sigue.
Visitando una de las tiendas de vino que acostumbro, me han llamado la atención dos cajas de madera con varios vinos en descuento. ¡El 15%!, razón: las etiquetas en mal estado. No sé si sea lo habitual, aunque confieso que es la primera vez que veo descuentos por este motivo. Tampoco puedo decir que un 15% sea una gran oferta.

Canasta de descuentos…

Es una oferta tentadora que para mi no hace sentido. Un vino guardado en una bodega con la humedad necesaria para su correcta evolución, entre 70 y 85%, sumado el paso del tiempo, siempre tendrán cierto deterioro las etiquetas, sobre todo si se trata de añadas viejas guardadas por años. Pero lejos de ser una razón para pensar que el vino pudiera ser vinagre, o comenzar a tener acético, me parece que puede ser todo lo contrario. Siguiendo el juicio erróneo de lo nuevo, impecable y reluciente, las etiquetas pueden dar una mala impresión.
No es común comprar cosas sucias, rotas o en mal estado, pero definitivamente no creo que sea el criterio para no comprar vino. Por lo pronto le había echado el ojo a un La Mission Haut Brion 1995 que con descuento llegaba a: $2,554.25, algo así como $200.00 verdes. Un precio que resulta atractivo hasta en los mercados más competitivos, como EE.UU.

¿Pero qué hay de esta añada? Michael Broadbent anota en su libro Vintage Wine ,sobre el Haut Brion 95, que es lo más cercano a esta botella, aunque los «segundos cultivos» resultan mejores que los premier cru en muchas ocasiones.

«harmonious very dry finish (…) nice texture and weight (13%) elegant». En general Broadbent califica la añada en Burdeos con 4 estrellas de cinco. Very good…

Algo que no probaré hasta dentro de un par de años. Debo decir que su nivel me sorprendió: arriba del hombro, eso fue lo que me hizo finalmente animarme a comprarla, con todo y la deteriorada etiqueta.

Louis Jadot, Pommard 1997

No tengo ningún empacho en confesarles que mis vinos preferidos son los borgoñas tintos y que Louis Jadot es de lo que más consumo. Su distribución llega hasta México, sobre todo lo básico, y uno que otro grand cru y premier cru a precios muy altos. La mayoría de lo que guardo en mi cava fue comprado en el vecino país del norte.

Hace poco menos de tres años metí a la bodega media caja de Pommard, de este «negociante» añada 97. Pommard tiene alrededor de 300 Ha de viñedos y es considerado por mucha gente como el más «masculino» de los Borgoñas, siendo un vino tánico en su juventud, tánico como pocas veces se conoce la pinot noir. En un principio descorché un par de botellas con mis amigos y fue de su total agrado, me atrevería a decir que les encantó. Mi impresión fue amor a primera copa… Una botellita de Pommard «genérico» algo había dentro de esa botella, aunque también reconozco que se trataba de una noche especial de nuestro grupo de cata, ya que festejábamos cien catas… Cien reuniones y muchos, muchos recuerdos. Han pasado ya algunos años desde que están acostadas, las pocas que pensé que había aún guardadas. Sabía que no podía esperar mucho tiempo más. No podía pedirle lo mismo que un Rugiens o un Clos des Epenots… viñedos específicos que hacen lo mejor de Pommard, pero que también elevan su precio de manera drástica. Pensé que podía esperar más de lo que me había planteado en un principio.

Hace unos días saqué de la cava lo que parece que fue la última botella. Y si bien es cierto que no está en su plenitud, lo he disfrutado mucho. Sin dejarme arrastrar por los comentarios poco halagadores de mi esposa, que dicho sea influyen en mi percepción, ya que cuenta con un mejor olfato. Sin embargo pienso que ella se dejó influir por algún comentario que hice al principio sobre la «dudosa longevidad» de este Pommard después de trece años. Por aquellos parámetros convencionales de la región y la añada. Después de los hechos me parece que 97 lejos de ser una mala añada en Pommard, ha dado buenos vinos, que se pueden beber después de diez años. Michael Broadbent no cita la región en particular ese año, pero sí menciona que: fuera de un frío y lluvioso mes de julio, hubo condiciones favorables para que se desarrollara la fruta (…) septiembre fue caluroso. Dando una producción menor que en 96, pero de muy buena calidad.

Michael broadbentAl igual que las empresas que llevan al éxito una marca de un producto o servicio, con visión y tenacidad implicando años de arduo trabajo. Las peores consecuencias de una demanda no son; el desgaste físico o económico, aun cuando ésta no prospere, sino el hecho de poner en entredicho el prestigio ganado durante largos años, y ésto puede ocurrir en cuestión de días o inclusive en pocas horas, dependiendo de los medios de comunicación y obviamente el calibre del demandado. Los personajes famosos que se deben a un público que los respeta y les da su voto de confianza, pueden caer en la misma situación. Es el caso del Sr. Michael Broadbent, Master of Wine y encargado del departamento de subastas de vino en Christie´s durante varias décadas, hasta 1992. Prestigio que quedó para muchos en tela de juicio a raíz de la publicación de Billionaire´s Vinager, escrito por: Benjamin Wallace. Su gran error visto desde la perspectiva de mucha gente, fue haber subastado varias viejas botellas cuya propiedad fue supuestamente del expresidente de EE.UU. Thomas Jefferson, enófilo empedernido que no sólo consumía vinos franceses sino que trató sin éxito de llevar variedades nobles a Norteamérica. Botellas que al final resultaron falsas, error que se profundiza si tomamos en cuenta la larga trayectoria del Sr. Broadbent, ya que no estamos hablando de ningún bisoño que pudiera pasar por alto una cosa tan significativa y de tantos intereses económicos, como lo es la subasta de piezas por las que se pagan cantidades exorbitantes. Su análisis antes de la subasta se limitó a la autenticidad del vidrio, mediante expertos en la materia, y en efecto, todo señalaba que las botellas, entiéndase sin su contenido, eran auténticas. Después de la publicación sus críticos empezaron a percibir en el ambiente algo que no olía nada bien. El hecho contundente es que su reputación se vio afectada, si bien ya no se dedica en cuerpo y alma al asunto de los vinos y tiene para vivir holgadamente el resto de su vida, creo que es muy triste para cualquier persona acabar sus últimos años con tal desacredictación, después de haber probado las mieles del éxito. Pues bien la cosa no acabó ahí. Mr. Michael Broadbent interpuso una demanda contra Random House Inc, empresa inglesa que editó dicho libro. Caso documentado en la página del Instituto de Master of Wine (news), por si quieren echarle un ojo. Al parecer la demanda ha prosperado, y ya hubo varios puntos de acuerdo entre las partes, lo curioso es que el libro seguirá vendiéndose fuera del Reino Unido, sin ningún cambio que altere su contenido original. En lo personal esto de las demandas me deja muchas dudas… ¿bastará para devolverle a Mr. Broadbent su credibilidad?

Foto extraída de Librarything.fr

Latour 1993

Latour 1993

Para quienes disfrutamos del vino en todas sus expresiones, ya sean: espumosos, rosados, tintos, blancos, fortificados y de cosecha tardía… siempre habrá una ocasión para descorchar algo especial. Confieso tener el síndrome del French Poodle al cruzar una calle en horas pico. Incertidumbre a la hora de sacar una botella de la cava. No paro de dar vueltas pensando en cuál botella descorchar, síndrome que se agudiza al tratarse de las pocas botellas por las que he palmado más de lo que debería permitirse una persona sensata. Pues ayer fue uno de esos días. En lo personal me decanto más por Borgoña que por Burdeos, pero al echar un vistazo a la fila de los Borgoñas, me di cuenta de que quedaban ya muy pocas, no es que pudiera hacer una fiesta con las botellas de la fila de arriba, pero sí era mayor el número de Burdeos, así que me decidí por un Latour 93. Según Mr. Michael Broadbent; la cosecha la califica entre dos y tres estrellitas, de cinco, que equivalen a «not very good, but not bad» y «Good» respectivamente. En el caso específico de Latour; dice el propio Broadbent que la probó por primera vez en 1997, con Christian Le Sommer, en esa época el encargado del Chateau. «El vino seguía inmaduro; atractivo, nariz a cedro, seco» (…) todo finalizado con un «but good». Sus impresiones al probar otra botella seis meses después, han cambiado, lo describe menos profundo, más «dulce» y que se puede beber bien ahora, que me imagino fue el año 2000, última reseña de este libro (Michael Broadbent, Vintage Wine) editado en el año 2002.
Ahora viene mi veredicto. Algo que no puedo evitar a la hora de juzgar este tipo de vinos, es ser muy poco complaciente y algo duro, de antemano les digo que soy completamente subjetivo. Para mí fue una decepción, el alcohol no está integrado, aparecen notas muy interesantes ganadas en el tiempo dentro de la botella; caza con pelo, piel fina, ahumados y fruta roja, ciruela y cerezas, son esas notas de pimiento y mina de lapiz muy característico de la cabernet de esta región. En boca aparece esa arista de alcohol, y es que el mesero no ayudó en nada al cargarla como si fuera un bebe, menos mal que no tenía calentura, de otra forma la hubiera dejado como sopa. Dada la ocasión mi esposa y yo fuimos bastante generosos, otorgándole varios piropos, poco merecidos. Sin que hiciera corto circuito, tampoco maridó como esperaba con unos hongos Portobello, pero eso ya no fue culpa del vino, sino mía y del Chef que puso algo de vinagre al platillo. Todo en el marco de una romántica terraza en un restaurante.

Hablando de temperatura, ha quedado funcionando el motor eléctrico de mi bodega, cosa que me complace mucho, ya que esos tumbos en la temperatura al pasar de los 19°C a los 14°C no son nada recomendables. Aunque tampoco crean que soy muy quisquilloso. Hace tiempo que mi cava se mantiene a 17°C, o por lo menos eso creía. Entrando en cuestiones técnicas, los termómetros en su gran mayoría no están calibrados. Es una realidad en México, no sé en otros países. Calibrarlos puede costar el triple de lo que se paga por un termómetro. ¿Qué diferencia hace un grado?, ¿cuántos años viviré para poder ver madurar esos vinos que guardo con tanto celo? Son preguntas sensatas para gente insensata. Hay quienes gastan una fortuna en equipos de refrigeración con: motores auxiliares diesel, alarmas, monitoreo por computadora… Cuando no saben qué pasará después de que hereden a sus hijos y en el peor de los casos, ni siquiera hijos tienen a quien heredar esas botellas, que de seguro se las beberán en una borrachera con sus amigos. ¡Pero qué mal pensado soy…!. Por esta razón y por otras, hay que educar poco a poco esos paladares.