
Este año cumplimos 26 años de reunirnos a compartir el vino. Organizamos la tan sonada vertical que se pospuso durante tanto tiempo, por fin, llegó la fecha; una vertical de Marqués de Murrieta del año 2012 al 2017. Manteles largos y un bufé de pavo al vino blanco, hongo portobello y pasta María acompañada de una deliciosa ensalada. Todo enmarcado en un ambiente de camaradería.
Marqués de Murrieta es una bodega que se autodenomina como la primera en elaborar vino en Rioja. Título que de entrada suena un poco chocante, y si nos vamos a la Antigüedad, cuando los romanos ocupaban estos suelos, podríamos llegar a otras conclusiones.
Empezamos en orden ascendente por el 2012, se trata de un vino con 14 grados de alcohol por volumen, la verdad no se le notan, bastante integrado, y como se puede ver por su color, el tiempo a limado esos antocianos y esos taninos, dando reflejos teja, de capa baja y poca astringencia. Huele a ciruela roja en sazón, así como notas terciarias de piel de Rusia. Hay una característica que se puede sentir en todos los vinos que catamos, una acidez muy refinada, que le da armazón al conjunto.
El 2013 es color rubí de capa baja, brillante y fluido, con aromas intensos a zarzamora y notas balsámicas. Un vino redondo y elegante de tanino firme a pesar de sus once añitos.
El 2014 tiene aromas a maple muy intensos, apenas se descorcha, envuelve el ambiente, de color rubí un poco más intenso que el anterior. Notas de pastel de frutas. Este vino tiene un tanino dulce, algo que llama la atención sin poder encontrar la razón, su grado de alcohol es de 14 igual que el primero.
El 2015 es muy parecido al anterior, tanto en su color como en sus aromas, la fruta se hace más presente a medida que nos acercamos a los vinos más recientes. Tiene todo para seducir, acidez, tanino y alcohol muy bien integrados.
El 2016 huele a regaliz, el más expresivo de los seis, redondo de tanino más presente.
El 2017 es el más vivaracho como era de esperarse. Me gustaría tener tener el paladar y el olfato de mr. Michael Broadbent o el de Hugh Johnson, que desmenuzan a fondo los vinos, sobre todo en estas ocasiones en las que se puede degustar una vertical, pero mis alcances son muy limitados. Puedo decir que todos los vinos tienen el sello de la casa; han resultado muy elegantes y de una acidez exquisita. No se puede ver con los mismos ojos a esta bodega después de esta vertical.

Para brindar se descorcharon dos botellas de champagne de la misma casa: Conard -Duchéne 2012 de botella panzona, y una 2014 más estilizada. La primera, ya tiene indicios de cansancio, la burbuja grande y no muy persistente. Aromas a manzana asada de color amarillo dorado y falto de acidez. La 2012 más fresca con recuerdos cítricos y de burbuja más fina, acidez y notas de gis.
Bastante más fresca que la primera.

