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Cata 260

Publicado: 28 abril, 2024 en Cata
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Vinos de la ducentésima sexagésima cata

Los calores han apretado como hace mucho no lo hacían. Hablar de grados centígrados a veces es un poco engañoso, que si en la sombra que si debajo de un árbol o dentro de casa, lo que percibe el cuerpo es un sofocamiento que obliga a no despegarse del aire acondicionado y un buen vaso de agua con hielos, al lado. Así que no es mala idea abrir con dos blanquitos. Chateau Domecq 2022, vinificado con chardonnay y viogner. Roble sí tiene pero no señala el tiempo transcurrido, que no pienso que sea más de un año. El resultado es un vino con 12,7 grados de alcohol, algo raro de ver que los grados con decimales fuera del 12,5 o 13,5. Color pajizo, brillante y fluido. Huele a hierba recién cortada, níspero y una notita de piña verde. En boca es cítrico; limón y de buen paso por boca con cierta contundencia. Para media cajita. El segundo blanco, un Magoni sauvignon blanc 2022. Se trata de un varietal del valle de Guadalupe con 12,5 % de alcohol. No especifica crianza. Huele a lácteos, queso brie y al mover la copa da alguna nota de durazno. Color pajizo, brillante y fluido muy parecido al anterior en cuanto a color. En boca es un punto dulce, diría que abocado, de acidez comedida y final corto. Inmemorable con causa.

El tercero de la noche es el primer tinto. Chateau Domecq 2017. Vinificado con cabernet sauvignon, merlot y nebbiolo. Color violáceo, ribete rubí, velado. Huele a fruta roja de la mejor calidad: ciruela, cerezas y hollejos. En boca es frutal, buen paso, de acidez exquisita, tanino firme y con un final que da un apretón de astringencia sin molestar. Una agradable sorpresa, esta casa está haciendo buenos vinos.

Magoni 2022 vinificado con un 80% de barbera y el resto de cabernet sauvignon. El primer golpe tiene una nota química a merthiolate, un poco de aire lo limpia dando paso a fruta roja indefinida, en boca no tiene nada que mueva a la compra de otra botella, tiene un final astringente.

El quinto y último: Macramé 2020, un cabernet sauvignon que curiosamente ya habíamos probado en enero de este mismo año, lo puse en el carrito de último momento sin reparar en ese detalle. No recuerdo haber repetido vino de la misma añada con tan poco tiempo de diferencia entre uno y otro. Me pareció bastante mudo en nariz, al mover la copa aparece un aroma a fósforo, pero sigue sin dar muestras de expresividad. en boca es planito y con alcoholes altos. En enero se mostró más abierto, prueba contundente de que cada botella es un mundo, y más tratándose de botellas de medio pelo. Aquí transfiero la nota de enero de este mismo vino: «Un cabernet sauvignon de San Vicente de las Minas, con 13,8 de alcohol y 6 meses en roble francés sin especificar si es nuevo o de uso. Huele a tabaco, fruta roja y una nota a canela. En boca tiene buena acidez y tanino mullido, aunque no encontré ninguna arista, no sé si repetiría». Y aquí llegamos con la cata 260 ¡Abur!

2023 tuvo un final triste para la familia: dos grandes pérdidas. Por ese motivo no tuve tiempo ni ánimo de organizar algo para la Cata de Navidad. Mis amigos acudieron al rescate y organizaron un excelente asado con carne de primera, los vinos algunos corrieron de mi cuenta, otros fueron traídos por los comensales, pero no tomé nota más que de un magnífico y raro vino de Jerez, se trata del Apóstoles 30 años. Un palo cortado con la crianza en velo de flor al principio y sin el velo después en su última crianza, como los olorosos. Aparte de la uva palomino también tiene pedro ximénez. Color ámbar, espeso. Aromas de frutos secos, higo, tofe. En boca caramelo, miel, nuez, con un final eterno. Un vino elegante que se antoja con algún queso azul. Hubo muchos más pero, repito, no tomé nota.

Cata 257 o la cata con escasez de copas…

Para la cata 257, la primera del año, hubo escasez de copas, primera vez en la historia de esta peña, que ya cuenta con 25 añotes. Para la cata de diciembre había llevado 6 cajas de copas a casa de Alfonso, y nunca pasé por ellas de regreso. Así que nos las apañamos como pudimos. Dos blancos y el restos tintos, empezando con un blanquito muy tropical. Lágrimas 2020. Vinificado con verdejo, una uva no muy común por estas latitudes. Huele a piña madura, y una nota de mantequilla, en boca es mineral y de final amargo. Repetible y de buena hechura.

Calixa 2021. Un chardonnay sin barrica de esta icónica bodega del Valle de Guadalupe. Color amarillo pajizo, fluido y brillante. Huele a espino blanco, algo de hierba recién cortada. En boca tiene buena acidez, refrescante y de final largo. Un buen blanquito, pero que a nadie le pareció estar frente a un chardonnay.

Portolá 2019. Primer tinto de la noche. Un vino con una nariz apagada, aunque debo reconocer que no era de mis mejores noches para esto de los aromas, aunque tampoco he presumido de mi destreza a la hora de la nariz. En boca está diluido, plano ¿Qué más puedo decir…? Inmemorable con causa.

Macramé 2020. Un cabernet sauvignon de San Vicente de las Minas, con 13,8 de alcohol y 6 meses en roble francés sin especificar si es nuevo o de uso. Huele a tabaco, fruta roja y una nota a canela. En boca tiene buena acidez y tanino mullido, aunque no encontré ninguna arista, no sé si repetiría.

Trasiego 2021. De Bodegas Magoni. Una rara mezcla de 50% cabernet sauvignon, 30% sangiovese y el resto malbec. El primer golpe es fósforo, notas de metano, abre un poco a fruta negra indefinida y pimienta negra. En boca tiene buen paso, acidez y tanino en su lugar. Repetible.