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Embruix de Val Llach

Un Embrujo que viene desde Porrera, ese hermoso pueblo del Priorato donde el tiempo parece detenerse en esas laderas de tierras pizarrosas de licorella, que aportan a los vinos esos aromas y sabores tan particular. Cómo no acordarme de Dominic y su pago: La Tena, en esa ladera empinada con garnachas de más de 25 años. Sin duda una región cuyos vinos son un hechizo. Ayer descorché un vino que compré en Barcelona en 2024. Guardado en la cava por un par de años, y descorchado con mi amigo que disfruta como yo de estos vinos. Sinceramente ha superado mis expectativas, se trata de un Embruix 2021. En la etiqueta pone: «embotellat I´any 2022 a Porrera» un detalle que no se ve muy a menudo, me recordó la fecha de degüelle que suelen poner en las botellas de champán. Este vino presenta un color carmín profundo y brillante, huele a ciruela, bosque bajo, trufa y algo de grosella, tiene una nota especiada de fondo. Un vino que enamora desde el primer trago. Todo en su lugar y asentado con el tiempo, estos dos añitos en la penumbra le han sentado de maravilla, estoy seguro de que está mejor que recién traído de tierras catalanas. Son de las ocasiones en que me arrepiento de no haber comprado otro par de botellas para comprobar lo que acabo de apuntar. De una cosa estoy seguro, y es que los prioratos son de mis vinos favoritos de España.

Después descorchamos un Toro, que no cumplía con la tipicidad de la uva ni de la región. Un vino de bodegas Matsu, en la etiqueta viene impreso el retrato de un joven cuya figura me recuerda a la juventud de principios del siglo pasado. Rostro cincelado y gorra inglesa. Hasta ese día me enteré de que el retrato tiene que ver con la crianza del vino, éste es joven, hay otro de una persona en sus sesentas y por último una persona octogenaria, cuyo vino tiene más crianza. El que probamos fue Pícaro, así es como bautizaron a su vino joven. Los otros dos son: Recio y Viejo. El Pícaro al igual que los otros están vinificados con tinta del país. Con 14 grados, nada que llame la atención en un Toro. Lo que suele pasar en las comidas largas, mi paladar ya estaba saturado, aunque de primera instancia me pareció un vino sin la contundencia del tanino de otros toros. La entrada unas croquetas de jamón serrano y unos boquerones en aceite de oliva. Para plato fuerte un solomillo, carne muy suave que se deshacía en la boca. Así transcurrió otra tarde disfrutando de la comida, el vino y la todavía mejor compañía. ¡Abur!

Valdo Prosecco, D.O. Treviso, fresco y limpio

Llegando de la jungla de asfalto, smog y uno que otro idiota desesperado entre el tránsito, lo primero que pedí fue una copita de prosecco. Me llamó la atención que el mesero sirviera la mitad de la copa con lo que restaba de una botella, y la completó con otra recién abierta… El lugar, Viña Gourmet, con su tienda de vinos al otro lado de las mesas, una selección de vinos modernos algo subidos de precio. Un lugar que frecuento por su tablita de jabugo con manchego poco curado y aceitunas. Falta un buen Jerez.
Valdo es un prosecco de Treviso, intenso, limpio y ligero, con una burbuja muy sugerente; pequeña y constante. Un buen prosecco con recuerdos de flores y cítricos, lima. Excelente para sacudirse el bullicio de la calle y hacer un paréntesis para entrar al bullicio del restaurante.
Hace muchos años Rioja era la única embajadora del vino español, hablar de España era hablar de riojas y hablar de riojas era inherente no sólo a España sino al gusto mexicano por el vino español. Jerez también. Las restantes denominaciones eran cuasi desconocidas, aunque año con año se abre el abanico y se van sumando otras. Penedés, Somontano, Valencia, Pla del Bages, Dehesa del Carrizal, Valdepeñas, Bierzo, Cigales, Campo de Borja, Manchuela… El Priorato no es una región reciente, se hace vino desde el siglo XII, pero tampoco ha sido una denominación de vinos económicos, sus precios rebasan fácilmente los $500. Hoy podemos cuestionar los precios del Priorato, aumentados sensiblemente cuando llegan a México, pero tenemos una buena oferta para escoger. Garnachas tintas centenarias y el suelo de licorella forman el binomio para destacar la mineralidad de sus tintos. Cómo olvidar Porrera aquella tarde de otoño en la finca La Tena, de mis amigos Paco y Dominic. Un recuerdo que me vuelve a la memoria cada vez que veo algún vino del Priorato.

Badaceli 2005

Pero volviendo al restaurante. Fui a la tienda adosada al comedor para buscar un vino. Sé que para mucha gente levantarse de la mesa para buscar vino sería una completa incomodidad, para mi no lo es. Indagar entre los botelleros me parece un buen ejercicio antes de descorchar una botella en la mesa, me hace sentir en casa. La oferta de Prioratos es muy buena, considerando que no es una denominación tan conocida como otras, su oferta es de doce tintos, los precios varían aunque el promedio está en $500.

Escogí el Badaceli 2005, D.O. Priorat, sus 14,0 grados de alcohol pasan desapercibido, su precio de poco más de 300 pesos está entre los más bajos. Un tinto rusticón, mineral, tanino suave y buena acidez. Con la famosa crema de almeja de la costa este de EE.UU., ampliamente conocida como clam chowder, el prosecco resaltó la textura cremosa y suavizó lo salado de las almejas. El segundo tiempo maridó de maravilla con el Priorato, una chuleta de cerdo con costra de pimienta negra y salsa agridulce. Una exquisitez a pesar del calor, las calorias y todo lo que implica. Pero quién se preocupa de las calorias con una buena copa de vino en mano. Por último un café expreso y pasar la servilleta por la boca.

Chuleta de cerdo con costra de pimienta negra