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Cata 280, algunos clásicos y un cava de Costers del Segre

Volver a los clásicos siempre reconforta. Ante la avalancha de madera nueva y alcohol, los clásicos guardan un lugar muy especial en mi corazón, como un oasis en medio del desierto. Confieso que los precios no me parecieron tan descabellados como podría pensar antes de comprarlos. Ayer mencionaba un amigo que Rioja siempre estará del lado de la mesura en sus precios. Claro, si los comparamos con Burdeos y Borgoña.

Empezamos con un espumoso. Se trata de un cava de Costers del Segre, Flocs Brut Reserva 2022. Un vino muy vivaracho, con mucho nervio, de burbuja grande y escasa, color amarillo pajizo. De nariz a tiza, me recordó aquellos pizarrones donde escribía la maestra y tenía un olor particular cuando se desprendía el polvo blanco del gis. Huele también a durazno y alguna nota cítrica indefinida. En boca es amplio de buen paso y peso, acidez amplia y con un final largo. Viene muy bien para beber una copita en el calor de la primavera, precio comedido. 350 pesos que vendrían a ser €17.

Llegamos a un rosado muy interesante, que podríamos ponerlo en un pedestal, es de una categoría aparte. Se trata de una Viña Tondonia Rosado 1995. Habrá quienes digan que un rosado con treinta y un años a sus espaldas es un cadáver. Pues nada más lejos de la realidad, y es que no se trata de un rosado con sabor a goma de mascar sabor fresa, este vinazo tiene cuatro años en madera, como la saben aplicar en López Heredia. Madera para madurar, no para darle sabores y astringencia desbordada. Una joya que con el paso del tiempo se convierte en un vino maduro. Huele a orejones, paja, bosque bajo, y notas especiadas de fondo. Una acidez exquisita con una complejidad que a ojos cerrados podría confundirse con un tinto. Vinificado con: 60 % garnacha, 30% tempranillo y 10% viura. Una obra maestra de la enología clásica.

El primer tinto es de Bodegas CUNE. Imperial Cune Reserva 2017. Un vino con mucha potencia para evolucionar unos años más en vidrio. Huele a piel de Rusia, tierra, trufa, fruta negra. En boca tiene una acidez extraordinaria y un tanino que todavía no lima lo suficiente. Largo y de astringencia notable. Ahora se disfruta, pero me gustaría probarlo en cinco años más. Para tener un par de cajas en la bodega.

Después descorchamos un Imperial Cune de la misma añada, pero este un gran reserva. Fruta negra, pastelería, se nota más redondo, una acidez comedida y final astringente. Noté poca diferencia con el anterior, aunque éste, por la legislación riojana debe tener más madera y vidrio.

Por último un Bosconia 2014, uno de mis consentidos de toda la vida. Clarificado con clara de huevo, con una crianza de cinco años en madera usada. En esencia un clásico que espero nunca desparezca. Ciruela en sazón, nota especiada de tomillo, bosque bajo. Con un paso en boca sedoso pero firme, elegante y un final eterno. Para tener dos cajas y esperar que pase el tiempo. Así cerramos una cata de clásicos con toda la barba, quizás faltó uno de Bodegas La Rioja Alta S.A.

Se han roto dos copas, una en la batalla y otra en el fregadero. Hay días como estos donde mueren dos soldados.¡Abur!