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Quinto de la noche: un poblano

Una noche con escasa audiencia, como pocas, no recuerdo que se juntaran sólo cinco miembros. Además había escogido algunos vinos que me parecía interesante contrastar. Sobre todo el último: un vino de Puebla, que a pesar de ser el primer lugar donde llegó la vid a México, no es muy común ver vinos de ese estado en los anaqueles, por lo menos no hasta ahora.

Empezamos con un blanco vinificado con chardonnay y chenin blanc. 2V de Casa Madero añada 2024. Color verde-amarillento pálido, brillante y fluido. Huele a piña y notas de mango; un vino tropical y atractivo en nariz. En boca es mineral y frutal, con buena acidez y paso por boca, con un final largo. Por sus 397 pesos vale la pena, para media caja.

Después nos fuimos a los tintos de esta misma bodega, en Parras Coahuila. 3V 2023. Un vino de precio medio muy popular en restaurantes. Vinificado con cabernet sauvignon, merlot y tempranillo. Granate con menisco rubí. Huele a cerezas en licor, fruta negra y notas de pastelería. En boca es potente de tanino rugoso, final largo y astringente. Con una decantación me parece que se limarían esos taninos que enmascaran el conjunto. Para repetir.

Casa Madero Merlot 2022. Para mí el mejor de la noche, un vino con una nariz muy característica de la merlot: pétalos de rosa con notas de ciruela roja madura, notas de madera de fondo. Bastante redondo en boca con un tanino casi dulce, buena acidez. Para media caja.

Cambiamos de bodega y de región. Santo Tomás Syrah 2022. El primer golpe es a vainilla, quizás provenga de la barrica. Sólo indica: roble francés. Va de más a menos tanino y acidez comedidos, nada que enamore, un vino correcto. Inmemorable con causa.

El esperadísimo vino poblano de más de 850 pesos, no ha hecho justicia por el pecio. Entreerres 2021. Con 12 meses de crianza en roble francés. Lo primero que llama la atención es su etiqueta arrugada, «papel mojado» bastante original. Color granate pálido, apagado, fluido y velado. Nariz especiada a pimienta negra y con notas de pimiento verde. En boca pasa sin dejar huella, quizás el error fue ponerlo al último, después de haber pasado un grupito de tintos bien armados de taninos. Pero ha servido para hacer planes para visitar las faldas del volcán Popocatépetl en busca de esas tierras arenosas donde se encuentra algún viñedo perdido al igual que en las cercanías de Atlixco, quizás encontremos algo interesante ¡Abur!