Posts etiquetados ‘Baja California’

Cata 128

Vinos mexicanos, vinos que han desfilado en nuestra mesa de cata en muchas ocasiones. Mexicanos, vivimos en México, resulta una ecuación simple aunque podríamos resumirlo en vinos con perfil salino. Ayer hubo tintos, ni un solo blanco. El Valle de Guadalupe, para ser más específicos se encuentra a 300 m sobre el nivel medio del mar, sumado a la escasez del líquido hace que las profundas raíces beban agua salina de los pozos, y tomen de de allí su mineralidad llegando al gusto salado del vino. Dentro del puñado de vinos, poco más de cincuenta, originarios de esta región que han desfilado en nuestro grupo de Cata durante once años. ¿Mineral o salado? en muchas ocasiones más salado que mineral. Sergio, quien dirigió la cata, se ha documentado sobre el tema y nos ha llevado a diferentes regiones como Querétaro, que yo diría que está en constante progreso, no es el caso de Aguascalientes ni de Zacatecas, cuya producción de uva se ha visto mermada en los últimos 25 años. Parras Coahuila ostenta tener la bodega activa más antigua del continente americano, fundada en 1597. Sin duda la principal zona está en el noroeste, en el estado de Baja California, con 2500 hectáreas plantadas de las 3500 en todo el país.

Dentro de las acotaciones del vino mexicano la que más me llama la atención es la de los impuestos. Tan abusivos como complicados, discriminando las bebidas por su graduación alcohólica. Así el famoso impuesto Especial Sobre Producción y Servicios conocido como IEPS grava con un 25% a los vinos que no superan los 14 grados de alcohol y 30% si tuvieran una concentración mayor. Además los vinos mexicanos tienen que pagar el IVA de 10% en la franja fronteriza y de 15% en el resto del país. Para rematar con la industria, el IEPS se aplica después del IVA, así los productores pagan hasta el 43% de impuestos sobre el precio de venta.

Hablando de cosas más agradables los vinos catados tuvieron el mismo ADN; unos más tánicos que otros, pero sin excesos, unos frutales otros más herbáceos, eso sí, todos con un perfil sensiblemente salado. Vena Cava 2007 es un cabernet sauvignon vinificado por Phil Gregory, un personaje cuya etiqueta puede anticiparnos su buen humor y su afición a las letras. En la contra-etiqueta se puede leer:

«Es mi espalda de la que más me quejo estos días. Antes era mi cabeza. Estoy tan exhausto por hacer vino que ni tiempo he tenido para la cruda, y ya que está terminado el proceso se tendrá que tomar; no hay descanso para el diablo» (…) más abajo dice: «No basta escribirlo, voy a abrir una botella en este momento. Me tomaré una por ti» (…) «Criado en barricas gringas por 11 meses»

Ha gustado a la mayoría, se trata de un vino frutal de buen tanino con su toque salino, un vino de baja producción, según nos contaba Sergio.

Reserva Real, Calixa, LA Cetto cabernet sauvignon, todos añada 2007, Jalá uno de mis favoritos cuando empezó y repitiendo Calixa 2007. Sergio quiso saber cuál sería nuestra reacción ante dos vinos de la misma casa, marca y añada. La verdad es que todos fueron muy parecidos, con el mismo perfil salino y su fruta más o menos presente. Otro factor recurrente en algunos vinos de Baja California es la falta de consistencia en la calidad, unos años muy buenos y otros francamente muy malos. Jalá pasó al montón, sin carácter.

Veo dos graves problemas para el futuro de la industria vitivinícola mexicana: la escasez de agua en el Valle de Guadalupe, razón por la  que dará vinos aún más salinos y los impuestos cada vez más altos.

Ahora los dejo con un relajante video de los viñedos de Baja California, con música del compositor ensenadense Mario Lamadrid.

Viñedo en el Valle de Guadalupe (Chateau Camou)

Viñedo en el Valle de Guadalupe (Chateau Camou)

Existen lugares que basta con conocerlos para no volver nunca más, no me refiero precisamente a los poco agraciados en cuanto a belleza, sino aquellos que por su lejanía, por su difícil acceso, inseguridad, malos recuerdos o simplemente por sus pocos atractivos, son para no volver a pisarlos. Tijuana y sus alrededores encajarían en esta categoría, en mi humilde opinión, y me refiero también a Ensenada y al Valle de Guadalupe. Aunque su oferta gastronómica es maravillosa; allí probé el mejor y más grande callo de hacha de toda mi cuarentona vida, así como un exquisito abulón, en el hotel Las Rosas en Ensenada, con una vista al mar privilegiada. He visitado La Vendimia de Baja California, la mejor tienda de vinos, en cuanto a oferta de vinos mexicanos en Tijuana. Y el Valle de Guadalupe con su polvoriento y rústico atractivo, que fuera de la altivez de algunos productores de impedir el paso mas que con cita previa, situación comprensible en Napa y Sonoma, lugares concurridísimos, y sólo en algunas bodegas y en determinada época del año, porque hay otras que ni siquiera las moscas se paran. Pero ayer cambiaron mis intenciones de no volver, al leer la sección del sr. Gerchman en su columna Buena Mesa. Nos cuenta de la ampliación de la carretera panorámica que comunica a Tijuana con el resto de la península en el tramo hacia Ensenada. Que si bien es cierto no tuve problemas de espacio cuando en el otro carril pasaban camiones a toda velocidad, tampoco es despreciable tener una vía más ancha, sobre todo para turistas distraídos. Otra cosa que me llamó la atención, es el hecho del nacimiento de nuevas bodegas, como ya lo he comentado en otra entrada, bodegas artesanales cuya producción no rebasa las cien cajas. Sería muy feliz recorriéndolas probando sus vinos y admirando el paisaje siempre grato de los viñedos, porque hay tres cosas que puedo admirar por largo rato: el mar, una hoguera y un viñedo. Todo esto sin necesidad de citas, ni tampoco poner cara de turista billetudo para que me permitan el paso. Así que Baja California vuelve a mi lista de viajes, aunque no está entre los prioritarios. Me faltaría primero recorrer algunos pueblos donde todavía practican el trueque, donde los mercados son verdaderos puentes al pasado, al pasado antes del virreinato, donde la gente llega a la plaza para ofrecer sus diferentes productos a cambio de otros, donde la materia prima está viva y no enlatada o en tetrapack, pueblos donde los aromas, colores y texturas despiertan los sentidos. Ayer platicaba de esto con mi amigo Carlos Font, o más bien él platicaba de su recién aventura en tierras poblanas, allá por la sierra de Tehuacán. Una experiencia que no tiene igual, y que sirve para abrir nuestros cegados ojos a las raíces más profundas de nuestra historia. Lugares que sin duda debo conocer.

Imagen 591

Quiero felicitarlo por su reciente graduación como chef, espero que comparta sus mejores platillos, enhorabuena Carlos. Además de darle las gracias por los presentes que me trajo desde aquella maravillosa tierra; una vid, que aunque no es vitis vinífera haré de cuenta que lo es, y un manojo de ajos, ajos que asegura son los mejores del mundo, habrá que comprobarlo con algunos frescos camarones fritos en aceite de oliva o algunos pulpos tiernos, todo con una buena dosis de ajo bien picado y una copita de chardonnay fermentado en barrica, a quien no le parezca el maridaje, que me disculpe pero quien sufrirá las consecuencias seré yo.

Imagen 589

Por último quiero comentarles que ayer volví a creer en las hermosas cualidades de la cabernet franc. Descorché un espléndido Chinon, Marc Brédif 2006 que fue abriendo como una flor en presencia del sol, limpio de aromas: frambuesa, ciruela madura y notas de humo y heno, boca frutal, jugoso, largo y con una acidez extraordinaria, una de esas botellas que quisiera transformar en magnum, para seguir disfrutándolo durante toda la tarde. Apúntenlo, apúntenlo.