Cata de variedades poco conocidas

Después de darle la bienvenida a Alfonso como nuevo miembro del grupo, nos dispusimos a celebrarlo empezando con dos blancos que se llevaron la noche. Podríamos calificar esta degustación como «la noche de los blancos o de las uvas poco conocidas». Con excepción de la riesling y la montepulciano, las demás no son tan comunes. He aquí la lista:

Gewürztraminer que aunque no la podamos tachar de una desconocida, tampoco es muy común. Una uva descrita como pink-skinned grape (uva de piel rosada) en The Oxford Companion of Wine, uva variante de la traminer que vinifica vinos blancos untuosos de cuerpo y muy aromáticos con marcados aromas a rosas.

Kerner: con alrededor de 5000 ha en Alemania en el año 2003. Uva resultado de cruzas con Scheurebe, faber y la huxelrebe, compitiendo con la silvaner hasta hace poco (1990). Hoy es la tercera variedad blanca más plantada de Alemania, sobre todo en Pfalz. Hay quienes la califican con similares características a la riesling, opinión que no comparto, ya que me parece más austera, además de que la riesling es una de las uvas blancas que mejor evoluciona.

Ciliegiolo esta variedad del centro de Italia, en la Toscana, es nombrada así en italiano por el parecido en sabor y color a la cereza. Algunas veces mezclada con sangiovese.

Piedirosso: Uva tinta de la región de Campania en Italia, conocida también como palombina. Plantada durante los años ochenta, llega hasta las poco más de 1000 ha de área de plantación.

Anglianico: uva de piel negra, de orígenes griegos y plantada en el sur de Italia con un total de 7,500 ha.

Dicho lo anterior comenzaré con el primer blanco. Les Princes Abbes 2019 (gewürztraminer) Un vino pajizo, brillante y espeso. Muy aromático con notas florales a rosa, cera de abeja, lichi y guanábana. En boca es muy expresivo, buen paso, abocado, untuoso buena acidez y final a agua quina. Excelente alsaciano, para comprar una caja. El precio: poco menos de 700 pesos, menos de 40 dólares.

Kerner Hambcher Scholb 2021. Un Spätlese que desmerece después de la contundencia del anterior gewürztraminer. Amarillo pálido, fluido con ribete verdoso. Aroma a melón y pera. Ligero, buena acidez y de final corto.

Ciliegiolo Tenuta Aquilaia 2020. De color picota con ribete rubí, turbio. Aromas a zarzamora, cereza negra y hollejos. Un vino tánico, un poco desenfocado y de acidez justa. Inmemorable con causa. El vermentino de esta bodega es una delicia ¿No todas las variedades hacen brillar a las bodegas…? ¿O no todas las bodegas hacen brillar las variedades…?

Faini Montepulciano D´Abruzzo 2020. Sin duda el que menos lució de todos los tintos: planito, con aromas lejanos a fruta negra indefinida, y diluido en boca. Nada que pueda justificar volver a descorchar otra botella.

San Gregorio Lacryma Christi 2019. Tinto vinificado con 80% Piedirosso y el resto Aglianico (uvas descritas más arriba). Lacryma Cristi. Huele a tofe, fruta negra en sazón. De boca amplia, aunque en conjunto no destaca algo que mueva a repetir.

Al final, ya que habíamos cenado y comentado los vinos, entre otros menesteres, se me ocurrió bajar a la bodega para ver que podía descorchar. Lo primero que vi fue un Bosconia 1998. Sin pensarlo demasiado lo saqué de su letargo y lo descorché con mucho cuidado, aunque el corcho no era precisamente un polvorón, ya daba señales de peligro. Un poco de aire hizo que nos envolviera con su encanto. Bosconia no ha dejado de ser uno de los mejores riojanos clásicos para disfrutar de su envejecimiento.

Viernes sahariano; la primavera hace sus estragos, ya que por estas latitudes es bastante extrema. Tiempo para acordarse de los blancos, aún para quienes dicen que el mejor blanco es un tinto. Desde hace mucho creo que existen joyas indiscutibles: Los riesling del Mosela, los alsacianos, los del Duero, los chardonnay de Chablis y Montrachet una gama para quitarse el sombrero. Esta noche es especial: Sergio nos acompaña después de unos días hospitalizado. También nos acompaña Alfonso, vecino a quien veo a diario cuando paseamos a nuestros respectivo perros. Gran entusiasta del vino.

En esta ocasión fue Italia, ese país de tantos contrastes, tan complejo en su mosaico vitivinícola; con más de 2000 uvas autóctonas. No sé para qué inventaron los supertoscanos, quizás por la nefasta influencia del mercado desatado por mr. Robert Parker y Michael Rolland. Con una producción de 60 millones de hectolitros en 2004, en disputa permanente por el primer lugar en producción con Francia. La sangiovese con alrededor de 90 mil hectolitros es la uva tinta que más se produce en el país de la bota.

Abrimos boca con un blanquito de lo más auténtico que he probado en los últimos meses. se trata del Tenata Aquilalia 2021 vinificado con vermentino. Color amarillo pálido, muy brillante. Tiene una nariz limpia a manzana amarilla, pera y espino blanco. En boca es muy vivaracho con un final a agua quina. Para una cajita.

Michele Chiarto moscato. Con burbuja tosca y 5% de alcohol, es un vino que huele a jabón, limón y en boca le falta acidez. Nada que ver con lo que piden: más de 500 pesos. Inmemorable con causa.

Egidio Barriques 2020. Vinificado con barbera, este vino piamontés tiene 18 meses en roble francés mitad nuevo. Proviene de la bodega Bosio. Huele a zarzamora, notas de cuero. Excelente acidez, tanino presente, y final largo. Repetible.

Brunelli añada no identificada. El importador está obligado a poner tantas etiquetas que se olvidan de datos tan importantes como la añada. Si el vino no lo trae en la etiqueta, que ya es costumbre, la contraetiqueta es imposible que la respeten. Amarone de Valpolicella 15 % de alcohol, vinificado con corvina. Un vino interesante que convierte casi en su totalidad el azúcar en alcohol, por esa razón tiene esos quince graditos. El primer golpe es alcohol. Después da hollejos, fruta negra y una nota especiada a pimienta negra. En boca también se distingue el alcohol, buena acidez y taninos firmes. Repetible.

Livio Paves Barbaresco añada no identificada. Un Nebbiolo, mismo caso del anterior: la añada si es que la traía indicada fue cubierta por otras etiquitas. Color ámbar, capa baja, brillante. Un vino que a primera vista parecería viejo, pero que tiene buena estructura, todo en su lugar y sin ninguna muestra de cansancio más que el color. Repetible.

Massolinoi 2019 de Langhe vinificado con Nebbiolo. 14 grados de alcohol bien integrados. Vino redondo de buen paso. Para guardar un par de botellas.

P.D. Fue una cata inédita ya que por primera vez hubo una Coca Cola en la mesa , como pueden observar en la foto 🙂 Pero no adelanten juicios. Sergio no podía tomar alcohol y llevó esa botellita. Todo sea por los amigos. Abur.

En realidad esta cata estaba programada para enero, sigue siendo la primera del año, pero organizada en febrero. Estoy sorprendido de la enorme cantidad de vinos mexicanos que hay en los anaqueles, da la impresión de que cada semana aparecen nuevas etiquetas. Así que me decidí nuevamente por algunos vinos nacionales. En esta ocasión del estado de Guanajuato y de una sola bodega: Vega-Manchón. En alguna cata anterior ya habíamos probado algunos.

Empezamos con un blanquito Torre de Tierra 2021, vinificado con semillon, de la bodega Vega-Manchón en Dolores Hidalgo, Guanajuato. Color amarillo pálido, fluido y brillante. Aroma intenso a durazno y níspero, al girar la copa aparecen notas de heno mojado. En boca es de acidez comedida pero sin perder la fuerza de su juventud, con un punto abocado. Como para comprar media cajita para los calores que se aproximan.

Siguió otro blanco Cuna de Tierra 2020 mezcla de semillón con savignon blanc. Amarillo pajizo, menos aromático que el anterior. En boca tiene buen paso, muy marcados los cítricos: toronja blanca, final amargo. Repetible.

Pago de Vega 2018, con una mezcla de cabernet sauvignon 80%, cabernet franc 15% y merlot 5%. Crianza de 14 a 18 meses de madera «de origen galo» (Así lo apuntan sin especificar el bosque de procedencia) y un añito en vidrio. Velado, aroma a casis, fruta negra, va de menos a más. Repetible aunque con precio injustificado.

Cuarto de la noche es un Torre de Tierra 2020, vinificado con tempranillo 80% y resto cabernet sauvignon, menos crianza que el anterior, pero con tres robles de distinta procedencia: francés, americano y húngaro. Este es un vino más redondo y va de más a menos. Notas de madera usada.

Cuna de Tierra Cabernet 2019. A pesar de que la etiqueta apunta cabernet sauvignon, no es monovarietal sino que lleva también cabernet franc y merlot. Buen ensamble, huele a chocolate amargo, con una nota de sulfuroso que se limpia con un poco de aire. Repetible pero sin enamorar.

Hace tiempo escribí algunas entradas donde trataba varios temas a la vez, tituladas: Miscelánea y Peculiaridades Diversas, en ambas llegué hasta la quinta entrega. Pues bien, hoy vuelvo a escribir sobre varios asuntos que trataré de darles coherencia y siguiendo el hilo vuelvo con el título de Peculiaridades Diversas, en este caso la VI. Estando hurgando entre los papeles de mi oficina, con cierta nostalgia emigraré a la biblioteca de casa, encontré más de un centenar de tarjetas de presentación. Hoy es raro que alguien extienda su mano para ofrecernos la suya. Prefieren las redes sociales y el Air Drop para «transmitirnos» sus datos. La selección como dije antes, es amplia, desde direcciones y teléfonos locales hasta lugares tan alejados como Argentina y Francia, vivo en México, para quienes me leen en España que les quedan a un paso los franceses.

Leo en la primera tarjeta de presentación: Paseo de compras, dos números de teléfono celulares y un correo electrónico en la parte inferior, un taxi dibujado de costado y el nombre de Daniel Abrahim Chá. Un buen hombre que conocimos la primera mañana de nuestro viaje a Buenos Aires, recorriendo con mi esposa alguna bulliciosa calle cerca del hotel donde nos hospedamos. Después de nuestra tormentosa llegada la noche anterior, cuando abordamos un taxi del aeropuerto. El chofer; un tipo (el reverso de la moneda) nos quiso estafar contándonos una triste historia sobre su pequeña hija enferma y hospitalizada desde hacía mucho tiempo. Después de dar varias vueltas en círculo, sin que pudiéramos llegar al hotel y engordando la cuenta del taxímetro. Con una cara larga quería saber si podíamos cooperar con algunos dólares para el tratamiento médico de su criatura… Daniel, un uruguayo dispuesto a llevarnos hasta el último rincón de aquella ciudad porteña, aunque debo de reconocer que tenía algunas lagunas sobre los lugares más turísticos. Un día cerca de las doce nos llevó a un bar, pensando que se trataba de un museo. Otro día le hice una pregunta capciosa: ¿Conoce la tumba de Borges..? Sí debe estar en la Recoleta… Cuando en realidad estábamos a miles de kilómetros de distancia.

La segunda tarjeta: Bodegas de los Reyes, Javier Hernández Zufía, gerente, calle de los Reyes 6. Una tienda de vinos en el corazón de Madrid. Entré una mañana solo, apenas pude ver al fondo que limpiaban afanosamente lo que quedaba de una cata multitudinaria de la noche anterior. De los vinos francamente no me acuerdo, pero no se trataba de los que encuentras en cualquier tienda.

Gabriel´s Wine & Spirits, Brian Tarver, 445 Walzem Rd. San Antonio Texas. Una extensa tienda de vinos y licores rumbo a Austin. Llevaba ya algunas botellas en el carrito cuando mr. Traver se acercó a romper el hielo. Por mi parte lo desafié diciéndole: If you have a Petrus for less than one thousand bucks, I will buy it… Ni tardo ni perezoso me trajo una 2001. Que dicho sea ya pasó a la historia en la cata 234. Hoy en día no podría comprarla por ese precio ni de broma. Y hablando de costos y precios… Acabo de leer en la página 87 de The World Atlas of Wine octava edición, de Hugh Johnson, que el costo de producción de un vino segundón de Burdeos (second growth) es de 16€. A pesar de que los «segundones» resulten muchas veces mejores que los premier cru es un negocio muy lucrativo, tomando en cuenta que hoy no bajan de 200 dólares, pongamos de ejemplo un Pichon Longueville o un Rauzan-Segla.

Caja de Ahorros del Mediterráneo, Antonio Tellez alias Bosconio. Hombre entusiasta, miembro de Verema.com al igual que yo por los inicios del año 2001, y a quien conocí tres años más tarde en la bella ciudad de Valencia. Una sabrosa charla como viejos amigos, degustando una docena de copitas, exquisitos platillos, eso sí de tamaño de dedales, y al final un puro cortado por la sumiller segundo lugar nacional de España.

Aunque aparezca en la tarjeta el nombre de Ana López Cano, Vinos Finos R. López Heredía Viña Tondonia S.A. Av. de Vizcaya 3, conocí en persona a la señora María José López Heredia. Aquí si quisiera extenderme, ya que el año anterior, 2004, había conocido la bodega pero no había tenido la fortuna de platicar con ella, tenía de visita a un grupo de esos que compran para importar varias cajas a su país. Fuimos atendidos muy amablemente en aquella ocasión pero no tuve el gusto de conocerla . Volví aquel verano de 2005 y no sólo la conocí, sino que coincidió con su aniversario. Para celebrarlo sacó de la bodega un Bosconia 1968. Agradeceré toda la vida su generosidad y aquellos bellos instantes que tuve la fortuna para charlar con ella y ser inmerecidamente obsequiado con un Bosconia y un Tondonia ambos añada 1964, año en que llegué a este caótico mundo. Todavía guardo el Bosconia para mis 60 años. Fue una tarde inolvidable.

Muy cerca de allí, en La Serna. Viñedos Del Contino, S.A. Jesús Madrazo Mateo, enólogo y parte toral de la bodega. Gran anfitrión y un buen amigo. Me acuerdo que observando pasmado el pago de Viña del Olivo, bautizado así por el majestuoso árbol que extiende sus ramas sobre algunas vides, le pregunté si podían reposar mis cenizas algún día al pie de ese olivo. Jesús me miró asombrado asintiendo. Pero yo en son de broma le dije que al final no sería buena idea que quienes compraran ese vino a partir de esa añada, se llevaran mis recuerdos en cada copa.

Berry Bros & Rudd, Wine & spirit merchants, Matthew Foster. Al leer los datos de esta tarjeta recuerdo que caminaba en medio del frío, era muy temprano y el avión salía de regreso en 4 horas. Así que caminando como dicen los ingleses down the street entré a la primera tienda. Todos sentados en sus estrechos escritorios con su diadema pendientes al teléfono. Más tarde me enteré de que se trataba de una comercializadora de vino por mayoreo. Así que seguí mi camino hasta llegar a una de las tiendas de vino más viejas de Londres, 325 aniversario hasta hace poco, más aún que el Museo Británico. No debe faltar la sección de whisky y el piso viejo de tablones de madera. Compré sino mal recuerdo un par de borgoñitas de medio pelo.

*Por cierto, unos días después de esta entrega, leyendo Churchill A drinking Life, un librito ameno y divertido sobre las andanzas de Sir Winston Leonard Spencer Churchill, me entero de que esta tienda era una de las que surtía de champán, y otras cositas al gran bebedor de Churchill.

Agricultura e Vinhos * Quinta Do Mouro, Miguel de Orduna Viegas Louro. En seguida vienen a mi mente varios recuerdos de aquel inolvidable viaje. Empecé en el congreso de Verema en Talavaera de la Reina, de allí me desplacé a Extremadura, cuyo anfitrión Antoliano Davila me llevó a conocer varias bodegas en Alentejo, Portugal. Quinta Do Mauro fue una de ellas. Día soleado y ambiente campirano, me llevé muy buenos recuerdos de esa visita, comimos en Elvas, en el famoso restaurante El Cristo un exquisito bacalao capeado, un kilo de almejas en mantequilla bañado con una garrafa de vino verde.

Joe Saglimbeni Fine Wines, 638 Rhapsody, San Antonio, TX 78216. Una tienda no muy grande, enclavada en una tranquila zona arbolada, en un vecindario de clase media. Esta tienda hasta hace poco era atendida por sus dos dueños, dos hermanos ya mayores: uno en la caja y el otro en los pasillos orientando a los clientes. Los pasillos estrechos con botelleros a ambos lados y parecidos al laberinto del Minotauro. Tienen una muy buena selección de vinos en general y champán y vinos de postre en particular. Un verdadero placer entrar y disfrutar de la selección de vinos a la vista, allí compré mi sacacorchos Laguiole de mango de cuerno negro.

Creo que habrá una segunda entrega, hay todavía muchas tarjetas que me traen buenos recuerdos. ¿Qué seríamos sin la memoria…? de la poca que aún conservo.

Después de que me preguntara un amigo: ¿Qué me parecía el vino tinto Balero…? No pude responder fuera de la colorida etiqueta parecido a un rebozo típico de los tianguis artesanales en muchos rincones de México. La verdad es que hasta ayer no lo había probado, a pesar de que lo había visto varias veces en los anaqueles. Así que metí una botella al carrito, junto con un rosado que prometía, de la bodega Tierra Adentro, enclavada en el estado de Zacatecas. Hoy en día la variedad de vinos mexicanos es impresionante, y hay de todo: malos, buenos, regulares, caros carísimos, gangas… etc. Pero cuando hay oportunidad de encontrar algo que valga la pena como la bodega Dos Búhos, es una experiencia que me deja satisfecho. En este caso el tinto no fue muy de mi agrado.

Descorché primero el rosado, Tierra Adentro 2021 vinificado con merlot, y de un bonito color salmón brillante y fluido. Huele a cáscara de naranja, notas de fresa silvestre y durazno. En boca es cítrico, de acidez justa y un leve cosquilleo al final. Un vino interesante que se puede beber solo, o con un queso brie. Maridó con toda la grasa y picante del recalentado de la cena de la noche anterior.

El tinto fue otra historia. Balero 2015, un vino diluido y desencajado. Color picota. Le falta garra y acidez, al final con un poco de aire da algo de fruta negra; zarzamora y mermelada de ciruela. Nada que levante suspiros ni que mueva a comprar otra botella. Precio 380 pesos, unos 19 dólares americanos.

Si no me falla la memoria, este año cumplimos 24 años de reunirnos en este maravilloso grupo de catadores, la peña Vino Por Placer, empezó por allá en 1998. Algunos miembros se han ido, otros se han integrado. Así que motivos para celebrar sobran. Este año nos reunimos en el privado de un restaurante, un lugar amplio, cómodo, con su medio baño propio y un mesero y una mesera muy dispuestos en todo momento. La iluminación no es la mejor. El menú fue confeccionado por el chef y consistía en una entrada de portobello a la griglia, una ensalada de mandarina con lechuga, de plato fuerte un filete de res con mostaza Dijón y hierbas de olor y de postre un creme brulle o maceta de chocolate a escoger. De los vinos me encargué yo, y creo que no fue tan mala elección.

Empezamos con algo de burbujas para refrescar el paladar: un champán Louis Roederer Rosé 2013 vinificado con un 66% de pinot noir y el resto chardonnay. Su color no es como pudiéramos imaginar: rosado, sino amarillo con algunos destellos grosella, muy brillante fluida y con burbuja de mediana intensidad, como he repetido varias veces, depende en gran medida de la copa en que se sirva. De carácter calizo, recuerdos de frutos rojos; grosella de buena acidez y final largo. Esta botellita estuvo pensada para el brindis. Brindamos por estar juntos y poder celebrar un año más, después de la oscura reclusión durante los meses más graves de la pandemia: motivo suficiente para que este año chocáramos las copas.

Me sorprendió que sirvieran primero el portobello, ya que en la lista figuraba la ensalada en primer lugar. Así que descorchamos uno de los tres tintos dispuestos para esta noche. Se trata de un ródano: Les Grandes Terrases 2016 de Paul Jaboulet de la región de Cornas, vinificado 100% de syrah. El portobello exquisito: buena materia prima y todo en su punto. El vino también estaba a la altura, huele a tocino, fruta roja madura, conservando la suficiente tensión, con esa excelente acidez de los vinos de buena estructura, tanino firme y un final largo. Para comprar una caja, a todos nos gustó mucho, definitivamente fue el vino de la noche.

La ensalada la acompañamos con un viejo conocido, un Hegel riesling 2019, vino floral, vivaracho, sin excesos, cosquillea a la entrada, aunque no es tan joven como para no haber liberado el CO2 pero parecería que tiene algo de aguja, sin ser tan marcado. Fruta amarilla y de final amargo, muy elegante. Maridó con la acidez de la mandarina así como con la textura y el aderezo de la lechuga, los frutos secos rompían la monotonía. Me sorprende hablar así del maridaje, parece que soy el más convencido y que estoy promoviendo el vino a un comensal exigente.

Los dos siguiente tintos se descorcharon a la par con el filete a la mostaza; el término de cocimiento de la carne y su preparación dejaron satisfechos a todos, bañados con un gigondas: La Guille 2019 vinificado con 80% garnacha tinta y 20% de syrah. Nada que no estuviera en su lugar, sin llegar a estar tan redondo como el primer ródano.

Arzuaga reserva 2012 con un porcentaje mínimo de albillo, uva blanca. Costumbre arraigada desde el año 2005 en el valle del Ródano, donde algunas variedades tintas, sobre todo la syrah, se mezclan con la viogner (blanca). La albillo crece en Ribeiro, Castilla y León y la comunidad de Madrid. En algunas partes de Perú existe la albilla, que parece tener alguna relación. Se trata de una uva neutra. Este Ribera huele a zarzamora, tiene una nota láctea, y especiada a tomillo, en boca amarga hasta el final. Mis expectativas iban mucho más lejos, aunque va bien con el filete a la mostaza.

Por último cerramos con un vino de postre que francamente no repetiría, me parece muy caro y no tiene la contundencia de muchos otros vinos de postre como pudiera ser un cosecha tardía chileno, por no poner la vara tan alta, ya no hablemos de un sauternes. Claro que estoy comparando peras con manzanas, se podría comparar con un vino de hielo canadiense, pero creo que tampoco saldría muy bien librado. Se trata de un Vino Dulce Frio 2018 de la bodega Gramona y vinificado con gewürztraminer. Aquí hay que pagar algo así como 80 dólares americanos, cantidad que me empieza a poner un poco exigente. Yo escogí el Creme Brule. Un vino que rompía con la saturación de azúcares del postre, pero que no destacaba en aromas ni en sabores, muy planito, posiblemente hubiera quedado mejor un queso de pasta dura no muy maduro para destacar lo poco que pudo mostrar. Llegamos al final de las catas este año, ya hay planes para el siguiente, con mucho más teoría, espero que ningún miembro del grupo pierda el entusiasmo.

Américo Vespucio

Publicado: 15 diciembre, 2022 en De todo un poco, Reflexiones
Etiquetas:,

Nada mejor que pasar un par de horas en vela dando vueltas en la cama para que la palabra insomnio aparezca en su justa dimensión. Después de haberme levantado de la cama para ir al escusado me fue imposible conciliar el sueño antes de un par de horas, tentado estuve de bajar a la computadora y escribir esta entrada, pero sabía que podía despertar a la familia. Ahora frente al teclado ya bien entrada la mañana quisiera decir que es sorprendente que algunos personajes de la historia hayan alcanzado la fama sin haberla buscado ni remotamente. Y quienes seguimos la obra de Stefan Zweig, quien tuvo un fin que pocos pudieron imaginar durante de la II Guerra Mundial, sabemos que sus biografías son una delicia. Como en el caso del comerciante florentino Albericus Vespucci, conocido en castellano como Américo Vespucio, es muy probable que sea de los mejores ejemplos de gente que sin buscar la fama se hizo de ella de manera involuntaria. Las cartas que envío a Lorenzo di Pierfrancesco de Medici (al parecer primo del otro Lorenzo llamado «El Magnífico») son algunas relaciones de acontecimientos. Todo comienza con la intervención de un impresor neerlandés que inventa «del modo más burdo» dice Sweig, un quinto viaje de Vespucio. Así como las cartas, de las que se han encontrado el manuscrito original Quator Navigationes material para componer un libro. Copio textual: «así la descripción hecha por un tirolés de nombre Baltasar Sprenger, y que circula en su manuscrito, ofrece al impresor holandés la anhelada oportunidad para proceder a una falsificación. Donde el original reza Ego Balthasar Sprenger, el pone simplemente Ick, Alberigus, «Yo Américo», a fin de hacer creer al público que esa descripción de un viaje también era debida a Vespucio. Y he aquí que cuatrocientos años después esa imputación descarada engaña aún a la presidencia de la Sociedad Geográfica de Londres, que en 1892 proclama con gran boato el descubrimiento de un quinto viaje de Vespucio». Aquel informe ficticio sobre el primer viaje y todas las demás inexactitudes que hicieron que Vespucio fuera inculpado de engaño consiente, no han de imputársele a él sino a los editores e impresores, sin embargo quedan algunas preguntas en el aire: ¿Por qué Vespucio no protestó nunca públicamente…? Antes de su muerte, en 1512, ya circulaban libros en su nombre que le atribuían un viaje que en realidad no había efectuado. Escribe Sweig: No habría consistido su primer deber en lanzar al mundo un terminante: «No, yo no soy el descubridor de América y ese país lleva mi nombre injustamente»? *

Recomiendo la lectura de esta espléndida biografía, y para no desviarnos del contexto de este blog, hoy descorcharé algún vino italiano, de preferencia florentino.

*Copia textual. Ya que América no es un país, sino un continente. Aunque los norteamericanos no pierdan la ocasión de darlo como su pais.

Cata 245

Publicado: 30 noviembre, 2022 en Cata
Etiquetas:, , ,

A pesar de estar a un paso de la entrada de diciembre, la noche no es precisamente fresca. Empezamos con dos blancos de LA Cetto. El primero un Fume Blanc 2021. Hacia mucho que no leía una etiqueta con esta variedad que viene del valle del Loira: blanc fume para la variedad blanca savignon blanc, recordando el glamoroso Pouilly-Fumé. Variedad que en algunos casos recuerda ese aroma a pedernal ahumado, aunque hay quienes dicen que los minerales no desprenden aromas, yo insisto que dentro de mis recuerdos olfativos hay algo que relaciono, al igual que ese otro a piedra de rio: como cuando uno camina por la tarde a orillas de un río, cuando evaporan las gotas que salpican sobre los cantos rodados. Pero siguiendo con este vino, es de color amarillo pálido, brillante y fluido, espino blanco, uva sin piel. Muy aromático, sólo abrirlo despliega sus aromas por toda la mesa En boca es de acidez comedida, va de menos a más, frutal. Por menos de 160 pesos es una buena opción para un día caluroso.

El segundo blanco es francamente decepcionante. Vinificado para La Europea especialmente, es un vino flojito en todos los aspectos: aroma, acidez, fruta, persistencia en boca… Parece que no es un problema de guarda. Monte Xanic 2021 (exclusivo La Europea). También debo decir que el Chenin Colombard de esta casa es de mis preferidos, así que no sé por qué razón sacaron a la venta este vino tan flojo.

Pozo de Luna 2016. Vino de San Luis Potosí, con sus 14 meses de roble francés y americano y viñas de 25 años, consideradas viñas viejas. Fruta roja; ciruela, notas de romero y pimienta negra. Tanino dulzón, de buena acidez. Repetible, aunque el precio me parece que ronda la zona peligrosa donde podemos encontrar vinos más interesantes.

El cuarto de la noche fue un Maglen 2018, vinificado 60% garnacha tinta y 40% sangiovese, no especifica crianza. Se trata de un vino sobre-madurado. El primer golpe es acetona, después abre con un poco de mermelada de fresa, en boca semeja un oporto rubí de baja calidad. Nada que mueva a repetir.

Linde 2020, un shiraz de Viñedos Leo en el Valle de Parras Coahuila. Aromas dulzones, fruta roja madura, en boca es desenfocado y de final amargo. Inmemorable con causa.

Hace un mes que catamos estos vinos, pero entre la decidía y la apatía no había podido colgar esta entrada. Hoy por la noche cataremos los vinos de la 245 así las cosas, pero más vale tarde que nunca. Empezamos con un champán para festejar a un miembro muy querido del grupo, decano de todos nosotros: Juan Antonio. Se trató de un Esterlin Brut de Epernay. Burbuja mediana, un champán fresco con algunas notas cítricas, para refrescar el paladar y festejar un cumpleaños es bastante resultón, yo diría que guarda una excelente calidad-precio.

Incógnito 2018, el primer tinto de la noche, de bodegas Aborigen, en el Valle de Guadalupe. Mezcla de cabernet, zinfandel y grenache. Ribete rubí, corto en nariz; da algo de fruta roja indefinida, buena acidez, tanino limado y paso amargo. Al final olía a ciruela pasa. Repetible.

Península Espaldera 2016. Viñedo de 25 años, tiempo suficiente según los enólogos para considerarse viñas viejas. Este segundo tinto huele a hollejos y tierra mojada. En boca es redondo, y de buena acidez y tanino firme. Repetible.

Península Lyra 2019. Bonita nariz a grosella, notas de ciruela y madera usada. En boca es bastante discreto. Repetible.

Triciclo 2018. Diez meses de crianza, y 14 graditos poco integrados. Huele a piedra de rio, y algo de especias; pimienta blanca. Tanino muy presente sin lastimar, desenfocado.

Décima 2017. Primer golpe a «TCA» debo decir que no muy pronunciado, y que con un poco de aire se fue limpiando. Fruta roja indefinida. En boca buen conjunto, redondo. La copa esta fría y se hace una película que la empaña. Nada para suspirar.

Al final de la cata se ha quedado en el tintero un rosadito, regalo de un buen amigo, que no catamos esa noche. Lo piensa poner en la carta de su restaurante. Lo probé unos días después.

Piscis, no encontré la añada en la etiqueta, más que en el marbete: 2019. Del Viñedo 1881, es 100% granache o garnacha tinta. Viñas de 12 años con 11,8% de alcohol. Viene de San Luis Potosí. Color amarillo pálido con reflejos rosa, fluido y brillante. Huele a manzana verde, talco, albaricoque y notas de jabón. En boca es de acidez comedida, nota mineral y de final corto. Un vino refrescante que puede ir con algún queso no muy maduro.

Vinos de la noche

Seguimos en este mes con vinos mexicanos, en esta ocasión el valle de Guadalupe. La oferta se ha ampliado exponencialmente, sin duda beneficia al consumidor, aunque, como suele suceder deja confundidos a los consumidores: a mayor oferta menos certezas a la hora de las compras.

Saga Sauvignon blanc 2021 de la bodega Maglén Vinícola. Color amarillo pálido con destellos verdosos, primer golpe en nariz: piña verde y notas de hierba recién cortada, después de unos minutos en reposo aparece cera y paja mojada. En boca es tímido al principio, plano, falto de acidez y final mineral. Un vino desenfocado en boca.

El primer tinto: Saga Petit verdot 2018 con 13,8% de alcohol que se notan desde el primer trago. Un vino de capa alta. En nariz cerezas en licor, ciruela madura y una nota de heno. En boca tiene buena entrada, amargo y de taninos muy presentes sin lastimar la lengua. Sin pena ni gloria.

Saga Nebbiolo 2019. Huele a fruta negra, grosella y una nota especiada; pimienta blanca. Equilibrado aunque de tanino bastante limado.

Balché Siete 2009. Color ocre velado. Huele a refresco de cola, pacificados barro, y tierra mojada, le falta nervio. Me ha dejado boquiabierto el tiempo de crianza: 40 meses, no recuerdo haber visto tan prolongada crianza, por lo menos no en vinos mexicanos. Quizás trece años sean ya suficientes para empezar a bajar la colina. Nada que justifique su precio, ni siquiera esos 40 meses de crianza, que al final merman la fruta y si es madera nueva maquillan el vino. Francamente en 40 meses no sé que pueda pasar con el conjunto.

Duetto 2015 de Bodegas Santo Tomás. Con 12,5% de alcohol como se hacían antes los buenos vinos, sin tanto extracto ni sobre maduraciones excesivas. Nariz a pimienta negra con una notita mentolada muy sabrosa. Tanino, acidez y alcohol en armonía, aunque es evidente que le falta vidrio; 7 años no han sido suficientes, habla de un vino de larga guarda, otros 3 añitos quizás le vengan bien, aunque yo creo que decantado lo puede hacer más sedoso y profundo. Otro signo de que es un vino de larga guarda es su cocho, más largo que el promedio. Así llegamos al final, aunque aseguró que habrá más mexicanos la próxima cata.