Existen varias guías de vinos, quizá la más popular es la del abogado de Maryland, Robert Parker Junior. Otra muy famosa es la de Wine Spectator. Pero hay otras más locales como la de Peñin en España, Hugh Johnson publica anualmente una de bolsillo en EE.UU. En México uno de los primeros intentos fue la revista del consumidor, apoyada por la Academia Mexicana del Vino, la lista sólo incluía algunos vinos. Lo recuerdo bien porque en esa época, hace unos diez años, formaba parte de un club La Cave, cuyo fundador Fernando Otero, formó posteriormente la Academia Mexicana del Vino. Yo hice el examen de ingreso, con una lista interminable de preguntas además de una sesión práctica, que consistía en comentar sobre un vino que tenía que descorchar personalmente. Salí bastante bien librado del asunto, así que fui invitado a formar parte de la Academia, aunque mis intereses han ido siempre del lado romántico del vino. Después de este rollo les comento que llegó a mis manos una guía escrita por mi coterráneo Arturo Bodenstedt, se trata de «Mexican Wine Guide» una guía de bolsillo, que saldrá cada año a partir del 2008. Es uno de las publicaciones más completas que he visto, en este número hace un listado de regiones y bodegas obviamente mexicanas, así como algunas tablas de calificaciones de vinos, en cuyo criterio coincido en gran parte. Aunque cada vez creo menos en los números a la hora de juzgar un vino. En el apartado de «temperatura» pag. 36 señala algo que no cuadra con mi paladar: «Cuanto menor es la temperatura, es mayor la acidez» y no me refiero a que la acidez no suba ni baje, sino que su intensidad se percibe de diferentes maneras, me refiero a que para mi los blanquitos mientras más fríos me resultan más planos. En la página siguiente hay una tabla que indica «uvas potentes» es la primera vez que escucho ese término, no sé si se refiere al tanino o a la sobre maduración de la uva. Pero pienso más en la primera posibilidad, ya que habla de cuerpo, y esto indudablemente se refiere al alcohol. No quiero de ninguna manera descalificar su trabajo, al contrario, me parece un acercamiento bien logrado con la vitivinicultura mexicana, sobre todo por lo bien resumido y documentado. Estoy seguro de que tendrá mucho éxito en ventas. Aunque me declaro no ser muy afecto a las guías, siendo muy pocas las mexicanas, esperaré la 2009.
Ya se empiezan a ver las coloridas flores decorando la copa de las jacarandas, primaveras y las plantas como las azucenas, anunciando la llegada de la primavera. Para quienes vivimos cerca del Ecuador, esto es más palpable; también sube el termómetro y se antojan los vinitos blancos, rosados y espumosos, que entran muy bien pero al final cobran su factura ya que finalmente uno de sus componentes es el alcohol, y éste por lo menos a mi me hace sudar en esta temporada. De todas formas no estaba para tintos. Descorché un Chenin Blanc 2005 de Casa Madero, una bodega con mucha historia, fundada en 1597, es la bodega activa más vieja del continente americano. Ubicada en Parras, estado de Coahuila. Se trata de un blanco muy refrescante aún con sus 13,3 grados de alcohol, muy bien integrados, toronja roja, melón valenciano y notas herbáceas, fresco en el paladar de buena acidez aunque un poco amargo al final, con un golpe cítrico de cáscara de limón. 2005 fue una excelente añada para el Chardonnay de esta misma casa, de lo mejor que he probado localmente. Cada vez que encuentro una botellita la pongo en el carrito, aunque ya queda muy poco y el 2006 es mucho más goloso y pesado.
Después de bregar con la computadora y perder una entrega completa, he resuelto a medias algunos problemas del blog, aunque no acabo de quedar conforme. Dejando los tediosos aspectos técnicos. Ayer por la noche nos reunimos mi esposa y yo con dos entrañables amigos en nuestro restaurante favorito. Gabriel sugirió descorchar, o más bien quitar el tapón metálico de una botella de Long Flat 2005, vino australiano vinificado con cabernet y merlot. Botella de regalo de su hermano menor que vive en ese país a la que por distintas razones, que no viene al caso mencionar, le tenía mucho aprecio. Así más allá de notas aromáticas, añada, bodega o viñedo, esta botella mezcla recuerdos y sensaciones para él, diferentes a las que podemos percibir los demás. Me vienen a la mente dos botellas de Contino Selección Jesús Madrazo regalo de mi querido amigo y enólogo del mismo nombre cuya firma y dedicación estampó en la botella y que guardo, hasta que llegue una buena ocasión. Lo mismo me pasa con un Bosconia y un Tondonía 64 regalo de Ma. José López Heredia, que descorcharé hasta cumplir mis cincuenta primaveras. Son botellas que van más allá de tener un valor económico y que representan la amistad y la camaradería de gente excepcional, que regala lo que hace de una manera muy especial. Así agradezco a Gabriel el gesto de compartir esta botella con nosotros. Otros vinos de la noche fueron dos copitas de cava, que ni siquiera apunté, con una buena dosis de azúcar residual y poca acidez. El primer vino con la entrada, una ensalada de espinacas muy sabrosa, fue un Clos María 2005 de la bodega Mas Perinet, un blanquito que lleva algo de moscatel, savignon blanc y garnacha blanca, pero cuyo sello lo marca la moscatel, nada que ver con un Priorat, me pareció diluido con notas claras de espino blanco, fruta amarilla y notas herbáceas. Siguió el australiano con mucho tanino y tostados, así como una arista de alcohol. Por último un CMS de Columbia Valley, Washigton, nada para levantar suspiros sino más bien otro vinito del montón.

Hoy me estreno como bloguero aunque ya he escrito en otras partes de la red sobre vinos. Es aquí donde trataré de narrar mis anécdotas más inmediatas sobre lo que gira a mi alrededor en este apasionante tema. El diseño y el vino son mis dos grandes debilidades. En un país donde día con día se consume más vino y la oferta va en aumento, tengo la necesidad de leer, probar, reflexionar y escribir sobre el tema ¡Ojalá! que mis lectores se sientan identificados y puedan enriquecer este blog con sus valiosos comentarios.
Arquitecto de profesión y enófilo empedernido, hace quince años que el vino ocupa gran parte de mi tiempo libre y no tan libre. Soy orgulloso fundador de Vino Por Placer, grupo de once enamorados del vino. Cada mes nos reunimos para charlar en torno a este elixir, y así poder ampliar nuestro horizonte. Diez años y más de cien catas, pero sobre todo un gran vínculo amistoso, que no sólo se da dentro del grupo sino con la gente que he tenido oportunidad de conocer a través de este tiempo.
Espero «gota a gota» transmitir desde México lo que siento por el vino, y que mis amigos hagan «click» en la barra de sus favoritos

