Latour 1993

Latour 1993

Para quienes disfrutamos del vino en todas sus expresiones, ya sean: espumosos, rosados, tintos, blancos, fortificados y de cosecha tardía… siempre habrá una ocasión para descorchar algo especial. Confieso tener el síndrome del French Poodle al cruzar una calle en horas pico. Incertidumbre a la hora de sacar una botella de la cava. No paro de dar vueltas pensando en cuál botella descorchar, síndrome que se agudiza al tratarse de las pocas botellas por las que he palmado más de lo que debería permitirse una persona sensata. Pues ayer fue uno de esos días. En lo personal me decanto más por Borgoña que por Burdeos, pero al echar un vistazo a la fila de los Borgoñas, me di cuenta de que quedaban ya muy pocas, no es que pudiera hacer una fiesta con las botellas de la fila de arriba, pero sí era mayor el número de Burdeos, así que me decidí por un Latour 93. Según Mr. Michael Broadbent; la cosecha la califica entre dos y tres estrellitas, de cinco, que equivalen a «not very good, but not bad» y «Good» respectivamente. En el caso específico de Latour; dice el propio Broadbent que la probó por primera vez en 1997, con Christian Le Sommer, en esa época el encargado del Chateau. «El vino seguía inmaduro; atractivo, nariz a cedro, seco» (…) todo finalizado con un «but good». Sus impresiones al probar otra botella seis meses después, han cambiado, lo describe menos profundo, más «dulce» y que se puede beber bien ahora, que me imagino fue el año 2000, última reseña de este libro (Michael Broadbent, Vintage Wine) editado en el año 2002.
Ahora viene mi veredicto. Algo que no puedo evitar a la hora de juzgar este tipo de vinos, es ser muy poco complaciente y algo duro, de antemano les digo que soy completamente subjetivo. Para mí fue una decepción, el alcohol no está integrado, aparecen notas muy interesantes ganadas en el tiempo dentro de la botella; caza con pelo, piel fina, ahumados y fruta roja, ciruela y cerezas, son esas notas de pimiento y mina de lapiz muy característico de la cabernet de esta región. En boca aparece esa arista de alcohol, y es que el mesero no ayudó en nada al cargarla como si fuera un bebe, menos mal que no tenía calentura, de otra forma la hubiera dejado como sopa. Dada la ocasión mi esposa y yo fuimos bastante generosos, otorgándole varios piropos, poco merecidos. Sin que hiciera corto circuito, tampoco maridó como esperaba con unos hongos Portobello, pero eso ya no fue culpa del vino, sino mía y del Chef que puso algo de vinagre al platillo. Todo en el marco de una romántica terraza en un restaurante.

Hablando de temperatura, ha quedado funcionando el motor eléctrico de mi bodega, cosa que me complace mucho, ya que esos tumbos en la temperatura al pasar de los 19°C a los 14°C no son nada recomendables. Aunque tampoco crean que soy muy quisquilloso. Hace tiempo que mi cava se mantiene a 17°C, o por lo menos eso creía. Entrando en cuestiones técnicas, los termómetros en su gran mayoría no están calibrados. Es una realidad en México, no sé en otros países. Calibrarlos puede costar el triple de lo que se paga por un termómetro. ¿Qué diferencia hace un grado?, ¿cuántos años viviré para poder ver madurar esos vinos que guardo con tanto celo? Son preguntas sensatas para gente insensata. Hay quienes gastan una fortuna en equipos de refrigeración con: motores auxiliares diesel, alarmas, monitoreo por computadora… Cuando no saben qué pasará después de que hereden a sus hijos y en el peor de los casos, ni siquiera hijos tienen a quien heredar esas botellas, que de seguro se las beberán en una borrachera con sus amigos. ¡Pero qué mal pensado soy…!. Por esta razón y por otras, hay que educar poco a poco esos paladares.

La foto es de un viaje reciente,  pero bien podría ser la foto del deseo, del deseo emergido un viernes como hoy,  una copa de blanco, sudando a la orilla del mar, acariciada por la brisa salina.

La foto es de un viaje reciente, pero bien podría ser la foto del deseo, del deseo emergido un viernes como hoy, una copa de blanco, sudando a la orilla del mar, acariciada por la brisa salina.

Después de escuchar por la radio lo que se avecinaba en la Ciudad de México durante la conmemoración del trasnochado 2 de octubre, entre otras marchas ya habituales, me vi forzado a cancelar una importante cita. Cosas que ya son rutina en esa ciudad gracias al amparo, y me atrevería a decir, al estímulo y apapacho del gobierno del D.F. Hasta aquí con mi comentario. No quiero empeorar mi úlcera con cuestiones de politiquería de bazofia, que ya ha habido bastante esta semana.

Río de Janeiro será la sede de las Olimpiadas del 2016, Madrid quedó atrás, no sé si lamentarlo o no, ya que de todas formas no tenía pensado ir a ninguna de las dos. Confieso que la muchedumbre me causa urticaria, y mi billetera está muy flaca, aun cuando sean reales y no euros.
Es viernes, viernes de marchas y manifestaciones estériles. Qué beberé, porque eso sí, un buen vinito debe caer en la mesa los viernes. Hoy habrá que descorchar algo, un Borgoñita blanco. Sí. Hace calor.

Hablando de lo que me ocupa en este espacio, que es el vino: a raíz de un problemita eléctrico con el motor de mi cava, por la mañana me comentaba una persona dedicada a la instalación de aire acondicionado y sistemas de refrigeración, que había instalado un sistema en una de esas pocas bodegas de gente extravagante que no sabe qué hacer con su dinero. Bodega enorme con triple sistema de refrigeración monitoreada por computadora, que permite estar al tanto de la temperatura y humedad en tiempo real desde la oficina o cualquier rincón; teniendo un teléfono celular con internet a la mano, además de otro sistema muy novedoso que da de baja en automático dentro del inventario las botellas que salgan del botellero, etc.  A medida que me contaba mi nivel de curiosidad y asombro iba en aumento. Existen cavas como la mencionada, cuyo límite no está definido por el precio; es un capricho, un capricho caro más que una necesidad real. Hoy tengo otras prioridades. No niego que debe ser emocionante y a la vez deslumbrante meter amigos a esa cava y preguntarles qué vino quieren, sin necesidad de tronarse los dedos si es que se deciden por el Romaneé Conti 64 o el Cheval Blanc 47… Al fin que todavía quedan dos cajas más.
Entrando en cordura pienso que lo más importante es tener amigos con quien poder disfrutar una buena botella de vino, amigos que sepan apreciar y que no leviten al oír Petrus, sino que lo hagan con una botella que yo no haya tenido que hipotecar la casa; de un productor artesanal amante del terroir difícil de conseguir, extraída de una cava con el piso de gravilla sin tantos reflectores, y servida con esmero y hasta con cariño ¿No lo creen así…?

Del amarillo pálido al caoba, pasando por ambarinos...

Del amarillo pálido al caoba, pasando por ambarinos…

Fue el turno de Carlos, recién graduado chef, con una cata de vinos poco comprendidos dentro y fuera de España. Inglaterra puede ser la excepción, cuyo comercio con Jerez data del siglo XVII, cuando esta bebida se hizo muy popular después de los intensos botines de botas jerezanas llevados por los propios piratas a Inglaterra.

Cata de colores y sabores intensos, desde una pálida manzanilla hasta un profundo y oscuro Pedro Ximénez, todos de la bodega Fernando de Castilla proveedor oficial del Bulli, según nos contó el propio Carlos. Hubo dos variantes: un vino blanco tranquilo, eso sí, de Barbadillo y al último un cava para limpiar paladares de tanta exuberancia.
El primero un palomino y verdejo, rara mezcla para un blanco, pero con buenos resultados. Al principio se muestra calizo, para después de varios minutos oler a gardenias. En boca es seco y confirmando su carácter calizo como un Chablis grand cru en sus primeras etapas de juventud. Catar cinco jereces al hilo no es tarea fácil, mucho alcohol, mucha contundencia de aromas, sabores y texturas. Hubo algo de comer para intentar maridar con cada vino y mitigar sus efectos, aquí no acostumbramos a escupirlo ¡Somos muuuuy educados! Jamón, almendras, quesos, aceitunas y agua, mucha agua.

De los cinco vinos gustó mucho el oloroso: graso, profundo, ahumado, un vino ideal para acompañar frutos secos. El palo cortado es poco común de ver por los anaqueles en México, de mucho carácter y con recuerdos de tostados, espeso y de final eterno. El pedro ximénez se podía masticar, sin ser diabético…¡toco madera! Sentía como me subía el nivel de azúcar por todo el cuerpo: membrillo, higo cristalizado, calabaza en tacha y un olor que me recuerda a las pelotas de plástico al quitarles el tapón, ese aire que sale combinado con olores plásticos. En boca es espeso y quizá le falte acidez, o puede también ser el efecto de los cuatro jereces secos anteriores a éste. La intensidad entre la manzanilla y el oloroso fue palpable, una crianza biológica le da a la manzanilla notas de salinas y de yodo, misma levadura que no muere en todo el año. Diferencia elemental con los demás vinos de Jerez cuyas crianzas biológicas se combinan con las oxidativas cuando el velo de flor muere en el verano y el invierno, en climas más continentales, además del encabezado después de los 15 grados de alcohol. El oloroso tiene crianza oxidativa exclusivamente, no conoce el velo de flor. Por último un cavita, de esos que se olvidan muy pronto. Punzante, cítrico y sin ningún atributo, y mucho menos después del desfile de estos maravillosos vinos generosos.

Los cadáveres

Los cadáveres

Hay maridajes que tengo muy presentes como la manzanilla con aceitunas, bellotero o algún pescado a la sal, lo mismo me pasa con el amontillado: en una partida de dominó con unas almendras o nueces al lado… Creo que hay un extenso mundo que explorar en el marco de Jerez, ir descubriendo las maravillas de cada bodega, aunque por desgracia a México llega poco. El magnífico Lastau ha desaparecido de estas tierras. La oferta se limita al fino La Ina y poco más, que dicho sea de paso es bastante comercial pero sabroso, y en momentos de apuro va muy bien ¡Salud por Andalucía, sus jereces y por Carlos y su elección para esta cata!

Todo listo...

Todo listo…

Esta semana está enfocada al Marco de Jerez, por azar del destino todo me ha llevado a los jereces. Primero entré a una tienda departamental conocida sobre todo por quienes vivimos en el centro de este país, se trata de El Palacio de Hierro, para quienes me hacen favor de leer este blog en España; es una tienda tipo El Corte Inglés. Al subir las escaleras eléctricas me di cuenta de una oferta que no podía dejar pasar. Una foto de una guapa fémina de ojos soñadores portando un cayado con la concha, vieira o pecten de los peregrinos…Vinos y artículos de Galicia, organizado por la misma Junta de Galicia. Al entrar a la sección «gourmet» me topé con una isla repleta de productos andaluces??? Era lo que quedaba de las ofertas de un festival andaluz. Así que dejé para después los vinos gallegos. Corrí con suerte al encontrarme con cosas muy interesantes, entre las que destaca un vino de palomino, no se trata de un generoso de los que abundan por esas tierras sureñas, sino de un Barbadillo de 12.5 grados de alcohol. Cuyos días están contados, ya que le daremos trámite el próximo viernes, en la centésima vigésima sexta cata del Grupo junto con otros cuatro; un Fino, un Amontillado, un Oloroso y un Pedro Ximénez, todos de la misma prestigiada bodega Fernando de Castilla. La primera pregunta que me surge, es la temperatura de servicio. En más de una ocasión me han servido manzanilla h-e-l-a-d-a, así que metiendo las narices en la red, resultó muy interesante encontrar la página del Consejo Regulador que dentro de la información referida a cada vino, apunta la temperatura de servicio óptimo. La recomiendo. Buscando respuesta en verema.com volví a encontrar la brillante intervención de uno de los personajes claves dentro del mágico mundo de Jerez. Me refiero a Álvaro Girón, a quien tuve la oportunidad de conocer en Barcelona hace algunos años. Imposible dejar de relacionarlo, cada vez que cruzan por mi cabeza los vinos jerezanos. Es sin duda una de las personas más conocedoras de Jerez en el Mundo. Aquel día que cenamos junto con un grupo de aficionados al vino de la Ciudad Condal, pasaron las horas que se nos hicieron minutos, hablando de este apasionante tema.

Empecé la semana con un tinto gallego de Mencia, Alma de Tinto sin añada, que aunque no tiene nada que ver con andalucia, lo compré junto con las otras botellas. Un tinto rústico, con todas las letras, aromas intensos a casis, me recuerda la cerveza de raíz que bebía de niño, y que disfrutaba por el simple hecho de pensar que era una «cerveza» de las que acostumbraban beber los adultos. También aparecen notas de flores secas y algo de establo, que no llega a molestar, sino que le da cierto carácter. En boca es ligero, de taninos pulidos y acidez justa. De trago largo. $160.00, que me imagino pagarán 4 o 5 euros del otro lado del charco.

PX Ayer por la noche en compañia de mi esposa descorché o más bien destapé (tapón metálico) una botellita de 375ml de manzanilla Solear de Barbadillo. ¡Ojala! hubiera conseguido la manzanilla en rama, esa que no se filtra y sabe a gloria…pero creo que ya es mucho pedir. Notas salinas, recuerdos de San Lucar de Barrameda, ahumados y frutos secos. Acompañado de aceitunas gigantes, mejillones y bellotero, todo adquirido en la misma oferta de productos andaluces. Para rematar, nada mejor que un buen Pedro Ximénez Alfaraz, color caoba con menisco ambarino, no muy espeso para ser un Px, aromas a caucho quemado, orejones de manzana y dátil, en boca es denso con recuerdos de chocolate amargo y licor de café.

Huitzuco dulce, sin añada

Huitzuco dulce, sin añada

Huitzuco, Vino dulce, un vino tropical en toda su extensión, nacido en Guerrero, famoso estado de la República Mexicana mejor conocido por el turismo que llega a Acapulco desde hace mucho tiempo, que por sus cualidades vinícolas. Se trata de un vino dulce vinificado con uvas silvestres. Aunque hasta hace poco me enteré de su existencia, en su etiqueta menciona que se vinifica desde 1930. Su comercialización se hace directamente en bodega, según me decía Carlos, quien amablemente me trajo esta segunda botella, ya que la primera la habíamos descorchado hace tiempo en el grupo de cata. La sierra en Guerrero no es precisamente apta para la vid, aunque para la uva silvestre debe ser una historia diferente. Los resultados. Un vino artesanal, rústico, que más bien parece hecho de otra fruta. Me recuerda al vino que probé hace unos años en Costa Rica, cuyos méritos son precisamente el haber podido cultivar la uva en esas latitudes, entre la brisa de la niebla y los volcanes en erupción.

Alión 2000

Hablando de vinos de más abolengo; Vega Sicilia, esa mítica bodega de Ribera del Duero, cuyo esplendor para muchos se ha visto empañado con la salida de Mariano García, hace ya algún tiempo, ha buscado la diversificación con otras marcas; Alión dentro de la misma denominación de origen, Bodegas y Viñedos Pintia, en la D.O. Toro, y fuera de España el famoso Tokaji Oremus. Grupo encabezado por la familia Álvarez.
Descorché el Alión 2000, regalo de mis hijos el día del padre, hace ya cuatro años. Su aroma envuelve los sentidos con una profundidad que hace mucho no sentía. Nueve años en botella le han dado complejidad. Fruta negra, sotobosque, notas de lavanda y otras térreas, una delicia que podría seguir oliendo toda la tarde. En boca es de entrada potente con una excelente acidez y persistencia. Gran vino, dentro del perfil moderno.

Cabo de Hornos 2000

Otro vino de la misma añada, 2000. Cabo de Hornos, de Viña San Pedro, sin duda uno de mis chilenos favoritos algún tiempo atrás. Todavía recuerdo aquella cata vertical que tanto costó organizar, no tanto por el dinero invertido, sino por el tiempo necesario para la adquisición de las botellas. Esta última botella, presenta una arista de alcohol que nunca desapareció. Un vino monolítico de una austeridad a la que no no me tenía acostumbrado esta bodega, sobre todo hablando de ejemplares de antaño, las añadas recientes son vinos que han entrado al grupo de los productos industriales. Sin personalidad y por si fuera poco, precios de escándalo. Aunque no sé si sea por culpa del importador o del almacenista.

Paradoja del clima

Publicado: 14 septiembre, 2009 en El clima, Reflexiones
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rep. mexicanaHoy en día el clima es más difícil de predecir que la propia economía. Con todo y lo que se rompen la cabeza los estudiosos de esa materia. Hace apenas una semana se pronosticaba la sequía más severa de los últimos 50 años. Pero la semana pasada corrió más agua por el centro del país, que en las cataratas de Iguazú y del Niágara juntas. El domingo antepasado cayeron más de 210 mil millones de litros en la ciudad de México, si a esto se le suma la basura en el drenaje y alcantarillas colapsadas por las obras de mantenimiento asfáltico… La realidad es que es un verdadero milagro que esa ciudad no se colapse, día con día se le acumulan sus problemas de » salud» como a la abuela sus achaques.

Otra realidad es que no se puede tener contento a todos. Por un lado subió el nivel de las presas que surten gran parte del centro del país, pero por otro se han inundado gran números de colonias. Después de todo pienso que estas lluvias han sido muy buenas para gran parte de la población, espero que no hayan llegado tarde para el campo y tengamos que importar más maíz y frijol de lo ya acostumbrado.
En resumidas cuentas, los días han estado tequileros, como los llamamos en México. Es decir: un pretexto más para beber en un día donde no se «puede» salir a trabajar. Recuerdo aquella leyenda urbana de una cantina cuyo dueño la bautizó con el nombre de Mi Oficina, aunque debe haber muchas a lo largo y ancho de México, así que los borrachitos asistían sin remordimientos. Al llegar a casa, cuando sus esposas les preguntaban: ¿Dónde has estado…? Contestaban con aplomo: en mi oficina.
Como el tequila no es de mi agrado, yo diría, sin pecar de malinchista sino por simples preferencias, que son días de Oporto o de un buen Pedro Ximénez.

Foto extraída de esmas.com

Viñedo en el Valle de Guadalupe (Chateau Camou)

Viñedo en el Valle de Guadalupe (Chateau Camou)

Existen lugares que basta con conocerlos para no volver nunca más, no me refiero precisamente a los poco agraciados en cuanto a belleza, sino aquellos que por su lejanía, por su difícil acceso, inseguridad, malos recuerdos o simplemente por sus pocos atractivos, son para no volver a pisarlos. Tijuana y sus alrededores encajarían en esta categoría, en mi humilde opinión, y me refiero también a Ensenada y al Valle de Guadalupe. Aunque su oferta gastronómica es maravillosa; allí probé el mejor y más grande callo de hacha de toda mi cuarentona vida, así como un exquisito abulón, en el hotel Las Rosas en Ensenada, con una vista al mar privilegiada. He visitado La Vendimia de Baja California, la mejor tienda de vinos, en cuanto a oferta de vinos mexicanos en Tijuana. Y el Valle de Guadalupe con su polvoriento y rústico atractivo, que fuera de la altivez de algunos productores de impedir el paso mas que con cita previa, situación comprensible en Napa y Sonoma, lugares concurridísimos, y sólo en algunas bodegas y en determinada época del año, porque hay otras que ni siquiera las moscas se paran. Pero ayer cambiaron mis intenciones de no volver, al leer la sección del sr. Gerchman en su columna Buena Mesa. Nos cuenta de la ampliación de la carretera panorámica que comunica a Tijuana con el resto de la península en el tramo hacia Ensenada. Que si bien es cierto no tuve problemas de espacio cuando en el otro carril pasaban camiones a toda velocidad, tampoco es despreciable tener una vía más ancha, sobre todo para turistas distraídos. Otra cosa que me llamó la atención, es el hecho del nacimiento de nuevas bodegas, como ya lo he comentado en otra entrada, bodegas artesanales cuya producción no rebasa las cien cajas. Sería muy feliz recorriéndolas probando sus vinos y admirando el paisaje siempre grato de los viñedos, porque hay tres cosas que puedo admirar por largo rato: el mar, una hoguera y un viñedo. Todo esto sin necesidad de citas, ni tampoco poner cara de turista billetudo para que me permitan el paso. Así que Baja California vuelve a mi lista de viajes, aunque no está entre los prioritarios. Me faltaría primero recorrer algunos pueblos donde todavía practican el trueque, donde los mercados son verdaderos puentes al pasado, al pasado antes del virreinato, donde la gente llega a la plaza para ofrecer sus diferentes productos a cambio de otros, donde la materia prima está viva y no enlatada o en tetrapack, pueblos donde los aromas, colores y texturas despiertan los sentidos. Ayer platicaba de esto con mi amigo Carlos Font, o más bien él platicaba de su recién aventura en tierras poblanas, allá por la sierra de Tehuacán. Una experiencia que no tiene igual, y que sirve para abrir nuestros cegados ojos a las raíces más profundas de nuestra historia. Lugares que sin duda debo conocer.

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Quiero felicitarlo por su reciente graduación como chef, espero que comparta sus mejores platillos, enhorabuena Carlos. Además de darle las gracias por los presentes que me trajo desde aquella maravillosa tierra; una vid, que aunque no es vitis vinífera haré de cuenta que lo es, y un manojo de ajos, ajos que asegura son los mejores del mundo, habrá que comprobarlo con algunos frescos camarones fritos en aceite de oliva o algunos pulpos tiernos, todo con una buena dosis de ajo bien picado y una copita de chardonnay fermentado en barrica, a quien no le parezca el maridaje, que me disculpe pero quien sufrirá las consecuencias seré yo.

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Por último quiero comentarles que ayer volví a creer en las hermosas cualidades de la cabernet franc. Descorché un espléndido Chinon, Marc Brédif 2006 que fue abriendo como una flor en presencia del sol, limpio de aromas: frambuesa, ciruela madura y notas de humo y heno, boca frutal, jugoso, largo y con una acidez extraordinaria, una de esas botellas que quisiera transformar en magnum, para seguir disfrutándolo durante toda la tarde. Apúntenlo, apúntenlo.

Otro capítulo más

Publicado: 2 septiembre, 2009 en De lo social, Reflexiones
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Desde que era niño se han ido cerrando capítulos en el libro de la vida, en mi libro: Mis padres, mis tíos, y también algunos amigos han muerto. Pero quedan en la memoria. El lunes se fue Carmen, Tía Carmen. Descanse en Paz. La Paz que ya merecía, después de amargos y dolorosos episodios.

Dionisio o Baco...

Dionisio o Baco…

Ayer pasaba por una de tantas avenidas de la capital mexicana, llenas de ruido, contaminación, semáforos, ruteros, puestos ambulantes, perros callejeros, anuncios pequeños, anuncios medianos, anuncios espectaculares, algunos llenos de ingenio, otros llenos de faltas de ortografía, basura, calor, camellones surcados por huellas de imprudentes desesperados, cables de electricidad, de telefonía… Algo que se ha vuelto parte del paisaje urbano es el grafiti, grafito o pintas. Algunos son francamente detestables. Otra manifestación social. ¿Arte o contaminación visual? Un muro de piedra, una puerta de madera o de aluminio pintarrajeadas, aparadores y en algunos casos camiones y automóviles con pintas, no pueden ser otra cosa sino vandalismo y un atentado a la propiedad privada. Hay otras muestras de verdadero grafiti, el grafiti de ideas genuinas de forma y fondo, que se pueden encontrar y en algunos casos admirar, como en el concurso organizado en el estadio Azteca, La única limitación en este concurso fue que el tema tuviera relación con los acontecimientos que se han dado a través del tiempo dentro del estadio: Partidos de futbol, conciertos, la visita de Juan Pablo ll, entre otros. Una brillante idea para conducir por buen camino este tipo de expresiones dentro del caos citadino. Pero el hallazgo de ayer fue por sorpresa, al dar vuelta en una esquina me encontré a Dionisio o Baco, por lo menos eso me parece y lo he titulado así. En seguida saqué la cámara fotográfica. Ejemplos hay muchos, pero no todos llaman de manera grata la atención.
Un ejemplo de vandalismo es el de la segunda foto. ¿Qué motivo a quien hizo esa pinta a subir más de diez metros arriesgándose a caer al vacío? Subir para pintar esos horribles garabatos. Ya de por si un panorama repleto de contaminación visual.

Grafiti de altura...

Grafiti de altura…

De mucha altura...

De mucha altura…

Vinos de la Cata

Vinos de la Cata

De chile, de dulce y de manteca, podría ser el título de la centésima vigésima cata. No hubo un tema específico en cuanto a los vinos. Desfilaron dos blancos; uno de argentina vinificado con torrontés, un Mosela luxemburgués, dos portugueses tintos y dos mexicanos «premium» de esos vinos caros y con pocos resultados, una relación calidad-precio muy pobre.
El primer blanco fue un Norton Torrontés 2008 color pajizo, nariz floral con notas de guanábana y pera, de entrada suave de buena acidez y final un poco amargo. El segundo fue un vino muy particular L. & B. Kox Pinot Gris 2004 , jamás había probado un vino del Mosela de la parte de Luxemburgo, como dato particular, el río Mosela nace al noreste de Francia, en la cordillera de los Vosgos, y desemboca en el Rin en Alemania, pasando por Luxemburgo. Un vino con una nariz algo cerrada, en boca tiene una acidez cítrica, una combinación de mandarina y lima, de final largo. El Flor de Crasto 2006, es un vino del Duero portugués, vinificado con Tinta Roriz (tempranillo) touriga nacional y touriga franca, vendimiado a mano y fermentado diez días en tanques de inoxidable. En nariz es frutal: cerezas y ciruela con una nota ahumada, pero en boca presenta ciertos verdores. El cuarto fue otro portugués de la región de Dao; Vinha Do Poeta 2006 vinificado con las mismas del anterior añadiendo la Jaen. Buscando más datos en The Oxford Companion to Wine , menciona que se trata de una uva de color negro de piel gruesa, no muy aristócrata «undistinguished» . Conocida en España, en la meseta central. Existe la Jaen blanca llamada también Avesso de Portugal, al sur donde se produce el Vino Verde. El Vinha Do Poeta es un vino correcto de carácter térreo: trufa, tierra mojada y fruta roja en sazón, de taninos suaves y buena acidez, por $135.00 es una excelente compra.

Kanté y Friné

Kanté y Friné

Entramos a los mexicanos con «ínfulas». Las botellas de formas caprichosas y las etiquetas creativas para mí no reemplazan el contenido. Friné 2005 de la bodega Vinos y Terruños, con una etiqueta donde se muestra un boceto de la figura desnuda de una mujer. Cabernet Sauvignon «by Deby Béard» para quienes no la conocen, es una mujer promotora del vino que se autoproclama en su blog, como la «mujer que más impulsa la cultura del vino en México» ¿quedó claro? Algo que me llama profundamente la atención es el contraste entre la información de la botella, y lo que dice en su blog. Ni siquiera coincide con los 13,3% de alcohol que marca en la botella. Aromas a cajeta quemada y cierta volatilidad, fruta negra para terminar en granos de café tostado. Tánico y de acidez justa. Nada que justifique $630.00 (50 dólares). Por último un vino de Santo Tomás: Kanté sin añada, o más bien con tres añadas: petit verdot 2006, cabernet franc 2007 y syrah 2005… Me recordó al famoso vino chileno Caballo Loco # 9 o 10 o no sé que número esté a la venta. Cada variedad de uva tiene añadas diferentes, algo que no había visto antes más que en el champán cuando no tiene añada y en los jereces, que son mezcla de añadas recientes con más viejas. Kanté tiene una botella en forma de tubo, hermano de Pitxos, otro vino de la misma gama. Vino de aromas de grosella y lavanda, en boca es amargo y sin nervio, le falta acidez. Precio: $595.00. Quien se atreva… que lo disfrute mucho.

Los vinos de la noche

Los vinos de la noche

No es fácil levantarse a media semana por la madrugada después de haber dormido menos de tres horas, pero es aún más difícil despedirse de los buenos amigos. Anoche mi esposa y yo cenamos con dos entrañables amigos. Amigos que han decidido irse a vivir al extranjero por algún tiempo. La ocasión ameritaba descorchar algo especial. Abrimos boca con un Chateau Carbonnieux blanco 1998. Un Pessac Leognan que ha ganado su reputación gracias a su gran calidad y cualidades que gana con el tiempo. Once años le han sentado de maravilla. En nariz destaca una combinación de flores y fruta amarilla, piedra de río y pimienta blanca. Amplio en boca, refinado y con notas minerales, acidez que perdura y nos advierte que tiene nervio para evolucionar todavía por mucho tiempo. El segundo vino es un merlot Jacob´s Creek Reserve 2005. Desempacado de Australia, regalo de un hermano de Gabriel que vive por aquella tierra de canguros, cuya foto muestra el viñedo de fondo, sosteniendo la botella como si se tratara de un trofeo. Un vino que al principio olía a plástico y que con el aire fue dando algo de fruta negra, en boca ligero y de trago largo. Después saqué de la cava a «Don Ricardo» añada 2003, un vino en presentación magnum de la bodega Monte Xanic. Vinos que han dejado de gustarme desde hace mucho tiempo, por lo amaderado de sus tintos, definitivamente me quedo con su chenin colombard. Fue un regalo de cumpleaños que guardaba. Por desgracia presentaba una nota de cartón mojado, indudable señal de TCA.
De una partida de cuatro botellas de Lafite 94 que yo mismo compré, conservé una sola, mi invitado guardaba otra y dispuso…más bien la tomé de su nicho, ya que mi cava es la cava de mis amigos, lo digo textualmente ya que la comparto con ellos, no sólo descorchando mis botellas, sino también destinando algunos nichos para que puedan guardar las botellas que deseen.

El acusado

El acusado

Así que con su consentimiento era momento de probarla de nueva cuenta, ya que 1994 fue una añada que a mí en lo particular nunca me dejó satisfecho, algunos años después de aquellas primeras botellas, y después del corchazo de la anterior, no me pareció tan mediocre como las otras aunque tampoco levanta suspiros. Fruta negra, algo de mina de lápiz y chocolate, pero no tiene el nivel de un buen Lafite. Así con una lasaña y una ensalada de lechugas, tomates y espárragos rociados con vinagreta y buena charla, las horas se convirtieron en segundos y concluyó la velada, dando paso a una breve pero sentida despedida.