…Y todo a media luuuz…

Han pasado casi dos meses desde que saqué la última botella de mi bodega. Luigi Bosca de Sangre. aunque llevaba poco tiempo tumbada después de que me la regalaron, ha salido de la bodega. Las seis que descorcho cada fin de mes para la cata grupal, no las he contado. Un detalle intrascendente para la mayoría que me hace favor de leer este blog, pero que me ha hecho reflexionar del poco vino de diario que queda, al que no se le rinde culto, ni se guarda mucho tiempo, que no se mima en el frío y la oscuridad, estas deben ser las razones por las que he comprado y descorchado botellas el mismo día, durante las últimas semanas. Usar y desechar. Por un momento pensé que no podría vivir sin una buena reserva de vinos bajo tierra, pero tal parece que siguiendo los criterios modernos, la guarda del vino es una costumbre en vías de extinción.
Pero sí, sí tiene sentido; cuando la gente busca algo más en el vino. Cuando va en busca de la magia que se desenvuelve al guardar y descorchar un vino maduro, que sin prisas ha sabido llegar a la copa después de años, casi olvidado en un rincón frío, oscuro, intemporal. El día de ayer por la noche, y a pesar de que viajó en coche, y las copas no eran austriacas, decidí descorchar esta botella, comprada en una legendaria tienda de Londres, y que guardé hasta el día de ayer. Motivos podría inventar muchos, pero el hecho de poder salir a cenar con mi esposa es suficiente.

Gevrey Chambertin Domaine Alain Burguet Tradition 2004, un vino desconcertante, al principio se muestra austero, sin concesiones, pero con un buen rato en la copa comienza la magia. Una nariz amalgamada de fruta negra en sazón, de carácter térreo; hongos, sotobosque, flores de lavanda y algo de tomillo y albahaca, con los ahumados y cuero muy presentes. En boca es firme y hasta un poco amargo al principio, pero el aire lo va limando, sus taninos muy presentes y su acidez le da un buen armazón, largo y profundo. Unos añitos más le hubieran sentado mucho mejor, aunque ya se puede disfrutar. Sería mejor decantarlo media hora antes del servicio. Maridó de maravilla con un pato en salsa de ciruela. La foto, un desastre, a medía luz y fuera de foco, todo por no usar flash, no me gusta la frialdad de los colores con el flashazo. En fin, no hay mucho de donde escoger para documentar la velada.

Inmemorables con causa

Publicado: 6 septiembre, 2011 en Vino
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Orlandi 2009

De principio no sé si debiera o mereciera la pena el comentario… pero de todas maneras lo comentaré. Las etiquetas mexicanas cubren varios anaqueles de La Europea. Cuántos de estos vinos sobrevivirán en el futuro inmediato, es otra historia pero por ahora abundan, y debe haber más en este auge quizás inexplicable. Pero no piensen que soy un aguafiestas, simplemente en los procesos de crecimiento tan rápido pocos pasan el delicado tamiz del comercio interno, y mucho menos el externo donde son contados quienes llegan a disfrutar las mieles de la fama.
Otra cosa que me sorprende son los precios, muchos rondan los cuatrocientos y otros los seiscientos, por no hablar de los que se exhiben bajo llave que pasan sin problemas los mil pesos. Vinos que hace poco tiempo no figuraban en la geografía vitivinícola. Lo que algunos llamamos arribistas.

Despertaron mi curiosidad algunos vinos mexicanos por debajo de los trescientos pesos, que francamente no había probado. Decidí meter un par de ellos a la canasta y medir sus atributos o sus carencias. Empecé con un blanquito de Ezequiel Montes: Orlandi 2009, 100% savignon blanc. Un blanco con seis meses de roble francés sin indicación sobre el estado de la misma: nueva o usada (pero lavadita). Porque hay quienes confunden la madera usada necesariamente sucia. Esta bodega la conocí apenas hace un par de meses. Se trata de un savignon con seis meses de roble francés bastante elocuente. Al principio huele a cera, a barro fresco, con un fondo de níspero que después pasa a piña cristalizada, madera, granos de café. Acidez justita y final amargo. Mucha madera, que percibo usada.

Divino Tinto 2008

Después llegó el tinto; Divino Tinto 2008, cuyo nombre no guarda ningún vínculo con el Gran Divino de Chateau Camou. 80% syrah y 20% cabernet sauvignon. Su color es más propio de un pinot que de un syrah, color cereza de capa media. Aromas de mediana intensidad a moras con un fondo mentolado que se pierde en el vacío para dar notas de sandia. En boca es ligero, de tanino fugaz y un ligero amargor al final. Ambos perdidos en el anonimato. Aunque después de ver las últimas estadísticas donde ya figuramos en primer lugar como consumidores de refresco (163 litros per cápita), cualquier vino será mucho mejor.

Tenemos Cojón de Gato o Teta de Vaca... ¿Cuál prefiere?

Tal parece que muchas bodegas con el afán de captar a un determinado grupo de consumidores, se han volcado a imprimir en sus etiquetas nombres tan descabellados como poco ortodoxos, sacados de no sé donde, pero que para mucha gente podrían rayar en el mal gusto: Cojón de Gato, Teta de vaca, Fish Eye…
De momento no me viene a la memoria ningún vino mexicano con estas características, pero puedo darles algunas sugerencias, qué tal: Pata de Perro, Oreja de Elefante, Diente de Conejo, Moco de Gorila… Son sólo algunos ejemplos que podrían figurar en la lista de ingredientes de alguna hechicera para preparar una pócima, pero no para encontrarlos en la carta de vinos de un restaurante.

Dentro de mis parámetros para escoger el vino, definitivamente no están los nombres raros, ni las etiquetas bonitas, aunque debo reconocer que me ha llamado mucho la atención la manera como algunos productores han bautizado sus vinos para poder captar la atención de un grupo específico de bebedores de vino. La pregunta sería; ¿qué tan serio es este consumidor? es decir habrá mucha gente que se acerque y compré una botella… ¿pero podrán repetir? Parafraseando a un sabio bodeguero español; «yo no vendo mi vino cuando llega a los anaqueles, ni siquiera cuando lo compra la gente, sino cuando vuelve por otra botella». Seguramente el grado de eficacia amerita sacar del baúl de los nombres extraños, algunas incoherencias para plasmarlos en una etiqueta, pero también habrá otros consumidores que repudien ese tipo de maniobras y no les merezca confianza comprar un Cojón de Gato o un Teta de Vaca. Por mi parte, sólo me he atrevido a sacar la cámara fotográfica para documentar esta entrada, tal vez mañana estaré hablando de lo bueno que es el Cojón de Gato o lo maravilloso que es el Teta de Vaca. Uno nunca sabe. ¿Alguien ya los probó?

Deliberando...

Imposible pasar por alto el acto de barbarie del jueves en Monterrey. La indignación, el miedo y la desesperanza juntas. Anoche todos nos preguntábamos, ¿qué sigue…?

Girando hacia aspectos de la vida que nos reconfortan y nos dan esperanzas…hemos dejado atrás los malbec, por lo menos de manera temporal. Hoy toca turno a Alfonso. Nos ha traído un repertorio variado, destacando algunos vinos de la tierra del canguro y del bumerán. Antes de empezar a descorchar los vinos, Alfonso nos dio una introducción a los dos vinos australianos de la noche, traídos precisamente de ese país, además de reseñar el panorama del comercio del vino a nivel mundial, destacando los principales países productores y consumidores. Australia ocupa el sexto lugar como productor de vino, sin embargo es el cuarto en ventas al exterior por volumen y tercero por precio. El vino australiano según datos de Alfonso, es de los más caros.

La idea principal de esta cata ideada por Alfonso, es medir los aciertos de cada uno de los presentes para identificar: país, uva y añada. Le decía de broma que si quería también el nombre y apellido de los productores… 🙂 La verdad es que eso ya sólo se ve en las películas, con este globalizado estilo de vinificar se ha perdido casi por completo la tipicidad, el terroir y todo aquello que pudieramos identificar para diferenciar un vino de otro. Pero la lucha se hizo. Para imprimir más emoción al asunto, Gabriel sugirió que cada uno depositara 100 pesos, y al final quien tuviera el mayor número de aciertos se embolsara todo el dinero. Curiosamente fue él quien ganó. ¿Casualidad o premeditación…?

Abrimos con un sudafricano, Nederburg 2006, que francamente no reconocí ni de cerca. Había además que escoger de una lista de cinco paises y cinco posibles añadas. A la mayoría les pareció un vino caliente, es decir muy alcohólico, sus aromas para mí están marcados por la vainilla, chocolate amargo, fruta roja (ciruela). Acidez destacable y de final amargo. Al último huele a toffee, forma pomposa de decir cafe con leche. Éste fue uno de tantos que no acerté a dar con su origen y por ende tampoco la uva. Quien me ponga a prueba con un sudafricano de uva shiraz y un australiano con cabernet sauvignon, no es digno de confianza 🙂

El segundo fue un australiano Ebenezer Shiraz 2006, de Barossa, a las afueras de Adelaida. De los pocos que acerté, por pura asociación. Australia-shiraz. Toques herbáceos, ciruela y pimienta negra, de entrada potente y muy tánico.

Sirviendo el tercer vino...

El tercero fue un Chateau La Grange Clinet 2006, otra trampita, ya que este burdeos como muchos otros no es varietal. Tiene un predominio de la merlot, pero también está vinificado con cabernet sauvignon y cabernet franc. Nariz corta, floral y con un paladar mineral y final amargo. De los que pasan al olvido pronto.

Seguimos con Isla de Lobos 2008, que de saber que era uruguayo la respuesta a la uva era automática. Tannat. Nariz difusa (tercera acepción) ¿a qué huele esto…? yo me pregunto. En boca es tánico y desenfocado. Palabras como: ligero, corto, flojo y plano llenaron la libreta.

El penúltimo fue el español, Vega Riaza 2005, un riberita con 14 grados de alcohol muy bien integrados, aromas a chocolate y roble, con buen armazón.

Por último otro australiano. Wynns Cabernet Sauvignon 2008, de Coonawarra. Podría definirse como unos de los vinos más especiados que he probado últimamente. Romero, tomillo, pimienta blanca… boca mineral y buena acidez. Me gustó. aunque creo que el favorito fue el cinco.

Desde aquí nuestros mejores deseos para Jorge y su familia, que todo salga bien en su viaje.

Casa Madero Cabernet Sauvignon-Merlot 2008, desde 1597

Ayer por la mañana leía en el periódico Reforma (Buena Mesa) que la vendimia en Baja California se adelantó este año, aunque en realidad la palabra fue pisca, término poco común fuera de nuestro país y sólo para referirse a granos, café y sobre todo algodón. Los pozos de agua se han ido recuperando en los últimos años. Después de diez de sequía, tres con buena lluvia han sido suficientes para llenarlos y reducir la salinidad, aunque aún no lo he comprobado. Y no me refiero a revisar los pozos sino a probar los vinos… 🙂 Les deseo lo mejor para esta vendimia, que este año sea muy próspero y que la fruta sea abundante y de calidad, si es que se pueden dar ambas cosas, lo demás dependerá de cada bodega.

Cuando nos referimos a la vitivinicultura mexicana la mayoría nos enfocamos al noroeste de la República, a Baja California, pero pocos con alguna excepción, que me consta desde que lo conocí, de Mr. Whitaker cuyos ojos están bien puestos desde hace mucho tiempo en el Valle de Parras, en el endeudado estado de Coahuila, como ya lo indican las modernas etiquetas de Casa Madero, otrora Parras, ahora Valle, quizás sea la mercadotecnia aunque el producto parece ser el mismo.

Pasando por los pasillos del súper me ha guiñado coquetamente un Casa Madero Cabernet Sauvignon-Merlot 2008, así que como acostumbro; estiré el brazo y metí la botella al carrito. Aunque haciendo memoria no fue precisamente en en el súper sino en Palacio de Hierro, y allí no hay carritos. El caso es que esa botella llegó a casa, y pronto tuvo su fin como los buenos toros (de dos astas). Un vino con músculo pero sin esteroides, de una nariz abierta y contundente a ciruela, con notas de pimiento y pétalos de rosa, por influencia de la merlot, también tiene algo en el fondo que me recuerda al toffee. Un vino amplio en boca de excelente acidez y siempre guardando una armonía impecable. Repetible. Disfrutable. Por cierto, aunque yo no bebo etiquetas, está muy bonita, el color del fondo resalta de manera elegante la tipografía ¡Felicidades al diseñador…! Aaaah y también al enólogo.

Galiciano 2007, 100% mencía

El enlace entre mencía y Galicia para mi cariado cerebro es instantáneo y automático. Así como la garnacha tinta y Campo de Borja o La monastrell y Jumilla o la bobal y Utiel Requena.
La mencía hace también conexión en mi memoria olfativa con los aromas de refresco de cola, sobre todo el Dr. Pepper.
Galicia es tierra mágica de vinos con excelente relación calidad-precio. Por esta razón no dudé ni un instante en meter al carrito un 100% mencía de la denominación de origen Valdeorras. Por otro lado hablando de la fonética, me cuesta trabajo pronunciar mencía, me es más cómodo quitarle el tilde y pronunciarla como si fuera palabra llana. No sé por qué.

No hay mejor ocasión que un viernes por la tarde para probar uno de estos vinos gallegos, así que por menos de 150 pesos me hice de una botellita para más tarde refrescarla, descorcharla y finalmente hincarle el diente… o mejor dicho pasarlo por mis papilas gustativas repetidas veces.

Galiciano 2007. El resultado me ha traído una gran satisfacción en esta templada tarde veraniega, los aromas a refresco de cola son más que evidentes, así como aromas a ciruela madura, tierra mojada y notas de lavanda de fondo. En boca y después de un crujiente totopo con frijoles negros refritos y una salsa macha, me ha costado más trabajo del acostumbrado poder sacar los rústicos y sabrosos sabores de este estupendo vino gallego. Un vino que sin duda, no sólo repetiré, sino que buscaré para comprar por lo menos media caja. Me adelanto para quienes me pregunten dónde lo compré. En Sumesa. Para quienes vivan en el centro de la República.

Las últimas entradas de este blog han sido de vinos solitarios, porque a estas alturas de las vacaciones, no encuentro acontecimientos ni tampoco reflexiones importantes a considerar, y mucho menos a escribir. Este vino sí lo vale, tomando en cuenta su precio que no llega a ser económico, pero tampoco es muy caro.

Sela 2008

Publicado: 6 agosto, 2011 en Novedades
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Sela 2008

A principios de este año, en los últimos días de febrero, asistí a una vertical de Roda I dirigida por Gonzalo Lainez (Director de exportaciones), un viejo amigo de verema.com que nunca había visto en persona. Cosas del internet. Habló durante la cata de cosas muy interesantes, además de anunciar el nuevo vino de Roda en México; Sela. Pero, no fue sino hasta después de casi seis meses que pude probarlo. Su precio ($469). No entra dentro de los vinos de diario como lo anunciaba Gonzalo. Aún en España ronda los 15€. Sí, casi la mitad del precio en México. Pero aquí la bodega no tienen nada que ver.
Vinificado con un 96% de tempranillo y 4% de graciano, además de una crianza de un año en barricas seminuevas de roble francés. De la primera añada, que fue la 2008 se han embotellado 80.000, pero se piensa llegar a cien mil en las próximas añadas. Como me ha sucedido con vinos cuyo enólogo o gente relacionada con la bodega conozco, las botellas se miran de otro modo, y se pierde la poca subjetividad que pudiera existir, sin embargo admito que este Sela 2008 es un vino con una arista alcohólica muy patente, a tal grado que después de tenerlo un momento en la copa es difícil encontrar la fruta y algunos atributos que aparecen muy al principio, y no es que haya subido mucho la temperatura, aún estaba fresco. Quisiera comprar otra botella y concederle el beneficio de la duda, pero a ese precio las cosas se ponen un poco difíciles.

Viña Ardanza Reserva Especial 2001... el tiempo lo dirá

La Rioja Alta S.A. es otra de las bodegas ubicadas dentro del Barrio de la Estación en Haro, junto con: López Heredia, Muga y Contino Roda. Cuenta con 473 Ha, suficientes para la vinificación de poco más de la mitad de toda su producción, el resto la compran a otros productores de uva. El rendimiento de su viñedo es de 5000 kg/Ha.
Sus vinos maduran en 300 mil barricas. Viña Ardanza pasa por lo menos tres años en madera. Está vinificado con el 80% tempranillo y el 20% garnacha. El pago Viña Ardanza tiene un promedio de 30 años de edad, se encuentra en Fuenmayor en la Rioja Alta, de donde procede el tempranillo. La garnacha es de la Rioja Baja*.

La fermentación alcohólica se hace en tanques de acero inoxidable durante 14 días. La maloláctica concluye en 21. Tras su trasiego, los vinos pasan a barrica en marzo de 2002 permaneciendo 36 meses en roble americano de 3 años de edad media, siendo trasegados manualmente en seis ocasiones. En septiembre de 2005 pasó a botella*.

1964 fue sin duda una de las mejores añadas de la historia, tanto en España como en Francia, Italia y Portugal. 1973 es otra añada que para la bodega fue extraordinaria, por último la 2001, misma que aparece impresa en la botella de Viña Ardanza Reserva Especial. Es un vino que aún se siente joven, con intensos aromas a fruta negra en sazón, notas ahumadas y especiadas de albahaca, con un fondo de vainilla que me hace pensar en roble francés nuevo.(1*) De taninos casi dulces y mullidos, excelente acidez, buen paso por boca y largo. Pero hay algo que ni yo mismo puede explicar, soy muy escéptico de aquellos vinos que anuncian con bombo y platillos. Un buen amigo me comentaba que el enólogo Julio Sáenz «no tiene conciencia histórica» ya que ha probado poco de las joyas de antaño, y con eso de que han vendido sus añadas más viejas para financiar otros proyectos… ¡Ojalá! que sigan como hasta ahora, siendo sin duda una de las más reconocidas y clásicas bodegas riojanas.
Finalmente puedo decir que ahora mismo se deja beber y disfrutar, aunque unos añitos en la oscuridad no le caerán nada mal. Con un lechón al horno y una buena ensalada de tomate y aceite de oliva extra virgen al lado, debe estar mejor. Un vino para acompañar un buen plato, como los de antes, y no para catarlo con libretita en mano.

(1*) Aunque para mucha gente el roble americano tiene notas de vainilla y el francés especiadas, para mí tiende más a aromas de coco y su poro es más grueso. Identificando más al roble francés con las notas de vainilla.

* Datos obtenidos del portal de la bodega

Los seis mejores...

De los treinta y cinco malbec catados este año; dos son mexicanos, uno es chileno, uno francés y el resto argentino. Hubo dos que ya no vi por los anaqueles; Santa Ana Homage 2008 y Callejón del Crimen 2005, dos vinos que sin duda gustaron a todos y estaban entre los preferidos. El más caro, y uno de los menos congratulados fue Tikal Amorio 2007, de Ernesto Catena, $801.00 Un precio que rebasa el promedio que no llegó a $300.00
Una de las características en común más importantes de los seis mejores, fue su frutalidad y lo bien amalgamados: alcohol, tanino, acidez, con la madera muy bien puesta, o dicho de otra forma, usada para oxigenar el vino y no para maquillarlo con aromas y sabores ajenos a la fruta y a la tierra. La diferencia entre añadas es de tres años, que también pueden influir en el resultado final.

Empezamos con un interesante espumoso portugués Herdade Do Esporão, Vinho espumante en cuya etiqueta ponen: método clásico, bruto 2008, ¿querrá decir Brut en portugués?, ¿o me reconocieron…? :-). Con intensos aromas a pan tostado y mantequilla, seco en boca y de buena burbuja y acidez. Un buen espumoso por algo menos de $400.00
Con casa un poco más que llena, formamos una docena de sedientos de malbec alrededor de la mesa, cosa que ha complicado completar en cada mantel, las copas necesarias, a pesar de que un par de días antes había comprado un juego de seis copas extra. Así que entre mi limitada percepción ya congénita, y la falta de copas, que al último tuve que compartir con el último que llegó, no pude inspirarme lo necesario como para tener un juicio ponderado de los vinos, cosa que me pesa mucho, después de haber esperado por tanto tiempo esta cata. Así que la mayoría de los adjetivos y contribuciones han sido de mis compañeros.

Viña Alicia 2008 fue el primer malbec. Nariz intensa a fruta negra, chocolate amargo y notas florales, de tanino firme y final largo. Un poco de vidrio le caerá muy bien, quizás un par de años. Acostumbro a poner el más caro al último, partiendo de que el precio no muchas veces refleja la calidad y ni siquiera si es mejor que otro barato, lo he dejado por esta vez al principio.

Felino 2008, de Viña Cobos. Copia textual: suave, afrutado, ligeramente más amargo, arándanos, notas de sandía, tanino rugoso y final amargo

Maula 2006. De carácter térreo de buen ataque, que va de más a menos, tanino suave y buena acidez. Sutil.

Tabla No. 1, 2008. Un mexicano que se ganó con creces el estar entre los seis… al leer las notas de mis compañeros me doy cuenta que a la mayoría les pareció muy ácido, esto me recuerda también que el umbral a la acidez es distinto en cada persona, a mí me ha gustado, aunque sus taninos los noto un poco verdes. Necesita integrarse en botella. Es un vino que definitivamente volvería a comprar, uno de los pocos representantes de Aguascalientes.

Sur de los Andes 2006. Un vino potente que tras unos minutos de aire mejoran sus taninos, frutal y buen recorrido en boca, de final largo y buena acidez.

Por último Alamos 2009. Bajo la misma hechura de los demás, frutal, tánico, acidez viva, ideal para un buen corte argentino.

Con mi ejercicio fallido al catar y las someras notas de mis compañeros, no quisiera poner por escrito muchas conclusiones, mucho menos escoger el mejor, creo que todos son vinos que no defraudarían a nadie.
Sería bueno echar un vistazo a las primeras impresiones, me refiero a la primera vez que los probamos, pero de antemano sé que deben ser muy diferentes.

Garnacha Centenaria 2009, Coto de Hayas

Para mí, encontrar en una etiqueta: «Garnacha Centenaria», no significa mucho, tampoco lo de vielle vignes, o cualquier otra referencia de viñas seniles en otros idiomas. Un buen amigo dedicado a fondo en los intrincados misterios de la enología, me decía que la vid centenaria, si es que llega a serlo, tiene tan baja producción que es incosteable para la mayoría de las bodegas. Otra cosa muy distinta es imprimirlo en la etiqueta como marca. Acompañada la baja producción con mosto de mejor calidad, no es raro que los productores exploten comercialmente esa posibilidad. Como decía otro buen amigo:

«Últimamente han plantado mucha vid centenaria…»

Pero por esta vez me dejé seducir por esta garnachita vieja de Campo de Borja, que decía bien claro en la etiqueta: Garnacha Centenaria 2009, de Coto de Hayas. Confiando más en lo de Coto de Hayas que en lo de Centenaria. Lo metí al carrito y me dirigí a la caja para descorcharlo más tarde en la comida dominical. Me ha llamado la atención la información impresa en la contra-etiqueta:

GARNACHA CENTENARIA Coto de Hayas… Garnacha 100%
Uva procedente de viñedos muy antiguos, de secano, cultivado por el sistema tradicional «en vaso», de pagos de Monte Altoy La Sarda, con producciones menores a un kilo por cepa. Situados sobre suelos muy áridos, de pizarras y terrazas, de tierra rojiza… (…) Vendimia manual la primera semana de octubre.
Elaboración: Metodo Tradicional (…) no estarán hablando de espumoso…. Maceración en frío durante 24 horas. Criado en barrica nueva de Roble Francés durante 4 meses…

Información que no recuerdo haber visto en otras etiquetas, fuera de la crianza, tipo de roble y datos del viñedo. El resultado: un vino de embriagador aroma a bayas, higos, arándanos, boca frutal, sedoso… tanino firme, buena acidez, con cierta armonía a pesar de sus 14° de alcohol y el calor junto con la humedad del ambiente.

Los invito a contestar la siguiente pregunta:

Para quienes participaron, gracias. La respuesta es 25 años.