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Trimbach Reserve, pinot gris 2001 Hay algo en el ambiente que ya huele a primavera. Quienes vivimos pegados al Ecuador nos anticipamos a esta bellísma estación, donde todo florece y los animales se reproducen, incluidos los pájaros con sus melodiosos cantos. También es la estación donde la apetencia por los blancos comienza para desbordarse en verano, aunque por aquí en lugar de calor, llueve de manera torrencial. Afortunadamente. De otra forma no habría ser humano que lo resistiera.

Después de extirparme por la mañana, un pedazo de mi ser, un lunar que creció más de la cuenta. Compré un analgésico en la farmacia y desde mi casa hice algunas labores cibernéticas, sin necesidad de pisar la oficina. Sí, la visita al oncólogo puede poner nervioso a más de una persona, pero más vale prevenir que lamentar. Aunque confieso que mi valentía y determinación flaquearon a la hora que el médico sacó el bisturí, a pesar de las dos inyecciones de anestasia local. Como me decía un amigo de padre galeno: todo lo que te corten, debe ser analizado. Esperaré una semana para saber el resultado. Un buen pretexto para descorchar una buena botellita. Soy optimista.

Aunque tampoco había que esperar siete días. Antes de la comida bajé por una botellita de blanco, para recibir anticipadamente la primavera. Como Dios manda. La añada 2001 en Alsacia para mí resultó espectacular tomando en cuenta aquel Cuvée Frederic Emile Trimbach que descorché hace poco menos de diez meses. Hoy disfruté en toda su plenitud, un Trimbach Reserve, pinot grigio de la misma añada. Poco más de cinco años metido en bodega, lo han pulido y lo han transformado en un vino cítrico, con mucha toronja, lima y limón real, conclusión esta última de mi mujer…al final de un largo trago. Yo agregaría notas de cera de abeja, barro y piña madura. En boca es un vino entrando en la madurez con mucha casta y elegancia. Acidez perfecta. Largo y evocador. Una obra de arte en un punto de madurez que no esperaría más para disfrutar una cajita de aquí a finales del próximo verano.

Mouton Rothschild 1999

Publicado: 13 enero, 2011 en Vino
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Mouton Rothschild 1999

Con motivo de un festejo importante para mí, a pesar del exceso de comida y bebida en recientes fechas pasadas, por fin he descorchado una botellita que llevaba guardada desde enero de 2006 y que me costó trabajo decidirme a sacar de la bodega. Chateau Mouton Rotschild 1999. Una añada que Michael Broadbent la describe como: más frutal que la primera vez que la probó en 1998, me imagino que fue una prueba en barrica)…»Very sweet, hovering between lisson and plump ripeness». Después dice que lo probó con «Harvé Berland:deep, velvety; -toasted- Cabernet aroma that open up beautifully . Fleshy noted again, dry finish end charm. (****) Atractive wine 2008-2025.

Siempre he pensado que la mejor manera de disfrutar el vino es tener la mente abierta, sin prejuicios. Pero por desgracia en la medida que se van descorchando más vinos, la mente empieza a encasillarlos y resulta más difícil no tenerlos. He confesado aquí varias veces que los vinos de añadas muy viejas tienden a parecerse. Esas notas de caza, de sangre, ahumados y en general notas animales que ganan con el tiempo en vidrio al producir proteínas hacen que los vinos sean muy semejantes. No importando su origen, como si se tratara de un destino final, que abarcara todos los vinos más allá de la madurez.

Con doce años y después de haberlo probado por primera vez hace cinco años, mis expectativas eran las de un vino de taninos firmes, buena acidez y mucha fruta, pero resultó un vino evolucionado desde su color, ocre y un poco velado. Con aromas terciarios muy arraigados: caza con pelo, ahumados, y notas lejanas de cuero y tierra. En boca es de buena acidez, de taninos completamente limados, té negro, ciruela pasa y maderas (cedro). Nada que ver con las expectativas de hace cinco años cuando lo probé por primera vez.

Notas de cata del 2001 al 2002

Revisando algunas viejas notas de cata del año 2001, sacadas de una libreta verde de pasta dura, encuentro algunos vinos interesantes que en este mismo momento me gustaría disfrutar una vez más. Estos años me han enseñado que las notas de cata generalmente sirven para muy poco, cuando dicen algo, y no sirven para nada cuando se escriben sin el alma. Simplemente son referencias someras para sus propios autores. Hoy poco me dicen de ese momento, es como si estuviera leyendo las anotaciones de una persona ajena.

Pero volviendo a la subjetividad de las notas, partamos del hecho de que cada individuo es diferente, así los estímulos externos tendrán distintas interpretaciones en cada persona. Hay quienes son más tolerantes a la acidez, otros al alcohol… Lo que para mí es tánico, tal vez para el vecino sea lo justo. Por esta razón los parámetros en una nota de cata son muy personales.

En esta libretita, regalo de alguna alma caritativa, aparece en la portada: «Wine & More, by mdm» adentro una breve explicación en alemán de la lengua y sus distintas partes que distinguen los cuatro diferentes sabores: Dulce, amargo, ácido y salado… Lo demás son hojas en blanco que yo utilicé para anotar algunas notas. En vista de que la libretita me gustó, decidí sólo escribir notas de cata de vinos «excepcionales».

Me ha sorprendido saber que mi primer encuentro con un Bonnes Mares fue el 14 de febrero de 2001, y era de la añada 1989, metido en la cava el 11 de julio de 1998. Y dice así:

Degustado en la noche… (…) antes era más escrupuloso en los detalles, faltó la hora y los segundos. «Luois Jadot, Bonnes Mares 1989. Nariz — Casis con notas de violetas y caza — carne— vainilla. Paladar, acidez, tanicidad (todo en blanco ???) Ataque franco, austero poca fruta.»

¡¡¡Woww!!! me sorprendió mucho que uno de mis Borgoñas preferidos no tuviera fruta… ¿Habrán cambiado mis gustos o mi paladar.?

El segundo: «Les Forts de Latour 1994, color rubí brillante, f. rojos, ciruela m., higo. Ataque franco, acidez +, taninos discretos.»

El tercero: «Chateau Margaux 1992, color — rubí brillantes, Nariz — aromático, frutos rojos, casis, trufa, notas de vainilla. Paladar— Buen ataque, final amargo, taninos presentes, joven, cuerpo medio + complejo.» Ésto fue el 11 de julio de 2001.

Y por último el 13 de julio de 2002 descorché un Vega Sicilia Único 1981. Tengo muy presente que éste fue regalo de la esposa de un político a una tía de mi esposa. Cuando llegó con la botella en brazos, a preguntarme si valía le pena… apenas la vi de reojo. Pero cuando ella leyó en la etiqueta: V-e-g-a S-i-c-i… no había acabado cuando volteé tan rápido que casi me disloco el cuello. ¿De quién es esa botella? pregunté. Tuya. Ya sabes que a mi tía no le gusta el vino. ¡Bendito sea que no le gusta el vino! ¿Te la dio para mí? Sí. Creo que cada vez quiero más a tu tía…

La nota:

Mission Hill 2007

Un fin de semana largo, como los que acostumbramos a inventar aquí en México. Primero la cata del viernes y después unos cuantos descorches afortunados y otros no tanto.
Ya había comentado sobre un Shiraz muy septentrional, y es que Canadá me sigue pareciendo poco propicio para la maduración de esta uva, sobre todo en su parte fenólica. Por si fuera poco, Manuel me volvió a regalar otro Shiraz, en este caso se trata de un Mission Hill, Reserve 2007, de Okanagan Valley, en la costa del Pacífico Norte, muy cerca de Vancouver. Un vino cuya fruta esta completamente ahogada en el roble, sopa de roble con una arista alcohólica. Nada que ver con aquel primer Shiraz canadiense (Jackson-Triggs) que probé hace algunas semanas. Su color es picota de capa alta, aromas a tostados, cedro y notas especiadas de pimienta negra y clavo. En boca es escandalosamente alcohólico y amaderado. Sin duda me quedo con el primero.

Ayer por la tarde, fin del largo puente de los festejos de muertos, descorché un Bosconia Reserva 1996, un vinito que afortunadamente tengo unas cuantas botellas más de una caja que compré hace unos años. Una verdadera inversión, que iré descorchando sin prisa para observar su evolución. Ahora mismo no hay mucha diferencia con la última botella que descorché hace unos meses, quizá un año.

Bosconia Reserva 1996

Un vino que podríamos poner como ejemplo de una filosofía opuesta a la del shiraz canadiense… Sobrio, elegante, sin excesos, con mucha estructura que promete ir desarrollándose para llegar a la grandeza de los Bosconias de más de veinticinco años. Llegar a la vejez con mucha casta.
Hablando de blancos en días pasados también descorché un vino verde, Tres Marías sin añada, sencillo, limpio, pero con poca garra, le falta acidez, huele a manzana madura, mineral y con algo de burbuja, su fragilidad hace que estos vinos deban consumirse in situ, como aquella garrafa que compartí con Antoliano en Alentejo.
Ayer se acabó muy rápido un Macon-Village 2008. Sencillo sin muchas pretensiones, comprado en el super y que a cada trago se volvía más mineral, algo de fruta amarilla, manzana y pera, con notas calizas.

Cada vez que tengo la oportunidad de viajar fuera de México aprovecho para hacerme de algunas botellitas de vino, tomando siempre en cuenta lo más atractivo del país que visito en cuestión. EE.UU. tanto por su cercanía como por su enorme oferta de vinos es uno de mis preferidos para llenar una cajita de seis y a veces hasta ocho botellas, depende de lo cargado que venga, mi presupuesto y la cantidad de botellas permitidas en la aduana. Para empacar las botellas siempre utilizo cajas, ya sea reforzadas, con poliuretano o envuelvo cada botella con las famosas burbujas de aire, ideales también para romper una por una en una tarde de ocio. Así que directamente documento la caja en el mostrador de la aerolínea y la recojo en la banda giratoria de mi destino final. Algo que me ha resultado muy práctico y que para muchos representa lo contrario, ya que siempre las quieren llevar cargando arriba del avión.
Después del 11 de septiembre de 2001; fecha que cambió por completo la concepción moderna de los viajes por avión. Las botellas de vidrio deben de meterse a la maleta, envueltas en ropa sucia o hacer las compras en el aeropuerto y cargar la bolsita del Duty Free para posarla a un lado de los pies o en el compartimiento de arriba, antes de que nuestro vecino ocupe ese lugar guardando un abrigo o un oso de peluche gigante o cualquier otra ocurrencia.

En mi último viaje hice algunas compras de vino de último momento en el aeropuerto. A la hora de pagar el par de botellas que escogí las metieron en una bolsa de plástico y la sellaron, de manera de que no pudiera abrirla… Ahora me pregunto: ¿Qué tan difícil es romper una bolsa de plástico…?  ¿Las botellas del duty free no son inastillables? ¿No podrían convertirse en una arma blanca…?
¿Alguien podría explicarme cuál es la diferencia entre las botellas que se compran fuera del aeropuerto en una tienda especializada de vinos y las que se compran en la tienda libre de impuestos…? Para que el tratamiento sea diferente.

Foto extraída de http://www.wn.com

Dos de 90 por menos de 10…

La idea de que los vinos de alta puntuación en la escala de Robert Parker son muy caros, es bastante generalizada para quienes siguen los consejos del abogado de Maryland y su brazo derecho Jay Miller. De que lo valgan o no, es otro asunto. Menos de diez dólares parecería una ganga. Para mí nunca ha sido referencia mr. Parker y sus puntos, al contrario, pero tratándose de dos vinos económicos y atacado por un instante de curiosidad y aburrimiento, decidí llevarlos a la comida dominical. Caminando por los pasillos de Superama me encuentro con un Trio Reserva 2008, de la famosísima bodega Concha y Toro, un blanco de tres variedades y $120.00. Por otro lado un vino de la D.O. Cariñena de la bodega Grandes Vinos y Viñedos, vinificado con syrah de $100.00. Menos de 10 dólares cada uno.

El primero es un blanco del valle de Casa Blanca, al norte de Santiago, cuya fama definitivamente se la ha ganado con los blancos. chardonnay + pinot grigio + pinot blanc, que al final huele y sabe a savignon blanc. Sus 13,9% de alcohol no se notan, un vino herbáceo, mucha hierba recién cortada, heno, y una nota de fruta amarilla de durazno. En boca es agradable, sencillo, abocado, de buena acidez y con un ligero toque amargo al final. Un vino perdido en el anonimato. Tal vez. Sin personalidad. También, pero que tampoco molesta beberse un par de copas. Lo prefiero a muchos otros chilenos con precios del mismo rango.

El tinto es un cariñena vinificado con syrah; Beso de Vino, Selección 2009 con apenas 13,5 de alcohol nada grave para un syrah parkerizado. Aromas de baja intensidad a tostados y fruta negra, tanino suave, y acidez justa. Nada que raspe la lengua ni caliente la garganta… ¿Tiene madera? ¿Es de Parker…? Dos vinos que jamás hubiera imaginado que sus puntos se elevaran por arriba de los 75, con los criterios del propio Parker y sus secuaces. ¿Estará cambiando su paladar?

Domaine Montille

Publicado: 11 octubre, 2010 en Vino
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Volnay, Champan, Domaine Montille 2004

Una de mis tareas pendientes era probar algún vino de Montille, aquel viejito productor tradicional en Volnay, en la opulenta zona de Côte de Beaune. Tarea asignada después de ver la película documental Mondovino. Pronto cayó la botella, y con apenas unos meses en bodega la descorché hace un par de días. Domaine Montille, Champans 2004. Un premier cru que junto al viñedo de Les Santenots-du-Milieu, tienen fama de dar vinos elegantes y expresivos. Color ladrillo, borde ocre, bastante evolucionado, brillante y fluido. En nariz domina lo térreo, trufa, hojarasca, musgo, tabaco rubio curado con notas ahumadas y de caza, rayando en almizcle. No sé si últimamente me he vuelto más sensible al alcohol, pero me parece que tiene una arista bastante perceptible, a buena temperatura. Al leer en la botella 13,0 % de alcohol, me parece que le faltó integrarlo en vidrio. ¿Será que está muy joven a pesar de su color y aromas?

Jackson-Triggs, Sunrock Vineyard, Shiraz 2007

De regreso de su estancia de un año por tierras canadienses, un amigo generosamente me trajo una botellita de vino vinificada con shiraz. Jamás hubiera pensado en esta uva en tierras tan septentrionales, si bien es cierto que Toronto durante el verano puede alcanzar temperaturas arriba de los 35ºC, siempre había relacionado a Canadá con la vidal y la pinot noir. Así que para mí fue un excelente regalo y una buena oportunidad de acercarme a estos vinos. ¿O será que con lo del «cambio climático» empiecen a plantar vides en Alaska…?

La bodega es Jackson Triggs, y su shiraz; Jackson-Triggs Sun Rock Vineyard 2007. Es un shiraz sin la potencia desbocada de algunos australianos, ni la profundidad de los del Ródano, algo completamente justificable ya que en el Ródano no la vinifican como varietal, sino que la mezclan con varias uvas. Color violáceo, brillante. Huele a zarzamora con una nota vegetal y de pimiento, de repente entra en un letargo olfativo, ¿dónde se ha ido el olor?… En boca es ligero tirando a plano, le falta acidez, de tanino limado y agradable en su conjunto, dejando de pensar que se trata de un shiraz. Por momentos se hacen muy evidentes sus 14,4 % de alcohol ¿Cómo obtuvo tal octanaje en tierras tan frías?

No dudo que existan otras bodegas en Canadá que vinifiquen la shiraz, sería muy pretencioso pensar que todos los vinos sean semejantes así que este sólo lo puedo considerar como una pequeña muestra de lo que se puede encontrar en la tierra de la hoja de maple, fuera del tradicional icewine.

Vino conmemorativo

Publicado: 23 septiembre, 2010 en Novedades, Vino

Cuna de Tierra 2009, ¡Grata sorpresa!

En una fecha tan memorable y cacareada como el bicentenario de la Independencia no podía faltar un vino conmemorativo. Hubo algunas bodegas, pocas, que sin perder el tiempo sacaron a la venta sus vinos con etiquetas alusivas a la fecha. Mi primer encuentro fue en Palacio de Hierro. Se trata de un vino tinto de una región donde hasta ahora me entero que produce vino. Dolores Hidalgo en el estado de Guanajuato, cuna de la Independencia.

Cuna de Tierra 2009, vinificado con cabernet sauvignon, syrah, merlot y cabernet franc. Excelente carta de presentación de la bodega Vega Manchón, ya que por lo menos un servidor no la conocía, de hecho no pensé que hubiera viñedos en esa zona. Según su enólogo Juan Manchón, las vides son de 7 años, primera persona sensata que no cacarea vides viejas. Como dice un buen amigo; últimamente están plantando muchas vides centenarias… Mi asombro fue creciendo en la medida que iba desmenuzándolo. Es un vino de color rubí de capa media, brillante, frutal, mucha fruta negra, ciruela con una nota de humo que se funde maravillosamente en nariz. En boca es redondo, de tanino sedoso, acidez perfecta que crece a cada trago. Recomendable sin duda aunque por casi $500.00 lo hace entrar en un rango donde empiezo a ponerme muy exigente, y donde hay otros vinos de mucho prestigio ganado en muchos años. Mis maridajes no son los más ortodoxos, como en este caso, un jamón serrano que sin ser bellotero es un buen jamoncito español, con un manchego poco curado. Habrá quien diga que va mejor con un fino o un manzanilla y tiene mucha razón.
Hay otros vinos conmemorativos que poco a poco iré descorchando y comentando.

Para desgracia de muchos en este día quisiera decirles que hay más razones para seguir escribiendo en este blog, que la única que tenía para cerrarlo. No se trató de un arrebato mañanero, ni tampoco, como la letra de aquella famosísima canción de José Alfredo Jiménez: no me amenaces… Nada de eso. Fue una sincera decisión de cerrar las puertas y mudarme al otro sitio.
Por supuesto que no conozco a toda la gente que ha gastado parte de su valioso tiempo a leer Gota a gota, pero con la gente que ha escrito comentarios me basta y me sobra para seguir adelante.

En el fondo debo reconocer que bloguear es uno de los actos más narcisistas que puede experimentar el ser humano. Muchos, o mejor dicho la mayoría, buscamos en menor o mayor grado el reconocimiento de los demás, me atrevo a decir que existen sólo dos clases de blogueros: los narcisistas ególatras y quienes no lo reconocen.

El blog no sólo me sirve de distracción y pasatiempo, sino que se ha vuelto necesario para mí. Pienso que este conato de cierre me ha servido mucho para valorar el tiempo que he invertido en él, muchas horas en el teclado, largos momentos ausente de mi familia, contando mis experiencias con el vino y la comida. No pueden morir así como así. Lo de menos sería borrar la entrada anterior y seguir como si nada, pero prefiero que permanezca patente este momento de titubeo. Escribiré lo mismo de siempre, este tampoco ha sido un alto para mejorar, ni mucho menos. Que quede bien claro.

Pero sí aprovecho no sólo para lavar el rostro de este espacio, con un poco de jabón y agua, sno para cambiar radicalmente de aspecto con una cirugía mayor… ¡Espero les guste!

Así que sin perder más el tiempo en rollos, pasemos a la siguiente entrada.

Un fuerte abrazo a todos