Archivos de la categoría ‘Vino y amigos’

Hay añadas que están marcadas por los recuerdos, ésta es una de ellas. No puede escapar a mi memoria la pérdida de mi madre. Que conste que escribí pérdida con tilde.

El otro día por la noche tuve la fortuna de reunirme con un amigo y su esposa, una cena de parejas. Siempre es y será grato ya que sé de antemano que habrá una buena charla. Yo había llevado dos botellas: un alsaciano vinificado con gewurtztraminer y un vino Dueto, otro más a la larga lista de vinos homónimos. El primero que me viene a la mente es aquel magnífico ejemplar de Wente y Santo Tomás, cuya añada del 97 fue casi mítica, por cierto me queda una botella. También recuerdo aquel vino que promovió el cantante Luis Miguel, más comercial que sus propias canciones… Y ahora éste, importado de España. El vino no levantó ningún suspiro. El alsaciano estuvo a la altura con un final largo y un poco amargo, que le daba carácter. Pero el vino de la noche fue sin lugar a dudas el Ojos Negros 2004.

Parafraseando al escritor Ildefonso Falcones que de alguna forma agradece al lector por darle sentido a lo que escribe, una vez que concluyen la lectura de sus libros. A mi amigo Mauricio le he regalado un libro que acabé de escribir el año pasado. Ha sido muy gratificante saber que le ha gustado y que haya dedicado tiempo para su lectura. Así las cosas, llegamos a la botella de Ojos Negros 2004. Me han sorprendido sus bríos, su frescura y su potencia, un vino que a pesar de sus once añotes sigue con taninos muy vivos, fruta a raudales y un final muy largo. Parece que su evolución es larga y que podría dar mucho más en cinco años, habría que comprobarlo. Tarea difícil ya que dudo que haya algo a la venta de esa añada.

DOMAINE DE CHEVALIER En otro orden de ideas, como dicen los periodistas… El domingo descorché una botella de uno de mis favoritos de Burdeos por debajo de los cien dólares, aunque como no estaba seguro, por como andan las cosas, busqué en Wine Searcher y está en promedio a 1407 pesos. No es que aquí en México se encuentre, o por lo menos yo no lo he visto, simplemente es el tipo de cambio. Creo que ya no puede decirse que sea barato aunque sigue siendo una buena compra. Éste en particular resultó bastante expresivo, con un perfil moderno: mucha fruta en sazón; zarzamora, ciruela, notas de humo y madera. Sin duda merecía una decantación previa. En boca es carnoso y astringente sin lastimar la lengua. Había permanecido en bodega desde el 26 de noviembre de 2009, y hubiera podido estar evolucionando por varias primaveras. Creo yo. Dato curioso en Burdeos abundan los chateus y en Borgoña los domaines.  Sin embargo este burdeos rompe la regla. Este Pessac-Léognan apelación creada apenas en el año de 1987. Y cuyas uvas son principalmente cabernet sauvignon, merlot y cabernet franc. Aunque no entra en la clasificación de 1855 con los cinco primeros es sin duda uno de los grandes.

Ocho años en bodega... Valor agregado

Ocho años en bodega… Valor agregado

Estas fechas están marcadas por fiestas de graduados, jóvenes que ven sus sueños cumplirse ascendiendo de grado, pensando que las clases jamás terminarán, que la vida escolar es eterna y que se verán las mismas arrugas de sus profesores dentro del aula. Qué equivocados están, la vida pasa en un suspiro, y una vez que se abandona el aula llegan los recuerdos melancólicos y añoranzas de los tiempos pasados. Estando en ésas, anoche descorché algunas botellas de las más preciadas de mi cada vez más escasa bodega, no todos los días da el paso definitivo a la universidad la niña que hasta hace poco me pedía una canción de cuna con su biberón de leche. Abrimos boca con un riesling de primera; un Piesporter Goldtröpchen 2009, de Leonard Kreusch. Un vino que a pesar de sus cinco años está despertando del letargo y mutismo de los grandes riesling, que empiezan a mostrar su grandeza a esta edad, para deleitarnos por mucho tiempo con su lenta evolución a favor. Este majestuoso riesling del Mosela huele a pera, con notas cítricas de toronja blanca, y una nota lejana de melón de cáscara lisa, sin desmerecer ese aroma tan buscado en los riesling maduros a queroseno. En boca es sutil, con una fruta de primera, una acidez fuera de serie y un final largo como una sinfonía interpretada con violines en una tarde templada de verano, abocado y con un leve amargor final que le da un toque de elegancia. Este vino no es repetible… Es como para comprar toda la añada completa.
No podían faltar las burbujas, así que una alma generosa que nos hizo el honor de acompañarnos y compartir en la mesa un Louis Roederer Brut Premier, que como siempre, se comportó a la altura, una compra segura que proporciona de entrada aromas a pastelería, pan tostado, frutos secos sobre todo almendras… En boca es calizo, seco con un final también muy largo y una acidez cítrica deliciosa. Para estos menesteres había llevado dos: el borgoña y un Barolo, un Casa E di Mirafiore 2007, aunque sólo descorché uno, pero con eso fue suficiente.
Joseph Drouhin Bonnes-Mares 2006. Un Borgoña de los que necesitan mucho tiempo para envejecer y mostrar sus encantos, a sus ocho años está muy cerrado, definitivamente con un carácter térreo en nariz y en boca. Huele a trufa, de la que sacan los cerdos en la campiña toscana, bosque bajo, tierra mojada y un fondo de ciruelas en sazón, en boca necesita integrar su acidez, unos años en vidrio lo pueden pulir aunque ahora mismo está delicioso. Con una lasagña vegetariana maridó bien, antes con el exquisito riesling habíamos probado unos tacos de mariscos con quenelle de aguacate y una crema de cebolla rostizada con dedos de queso Brie. Cuyo maridaje por lo menos no hizo corto circuito. Una noche tranquila a pesar de la amenaza de lluvia.
Una vez más me di cuenta del poco interés de mucha gente por el vino, ya que en una ocasión tan especial podían verse por las mesas vinos que ni en un desenfadado sábado hubiera escogido. No quiero decir con esto que deban ser vinos caros, nunca he defendido los vinos caros, pero sí debo reconocer que no había ninguna imaginación ni gusto al comprar un Concha y Toro cabernet sauvignon genérico… Pero para gustos los colores, sólo es un comentario para mis adentros, sin ninguna acritud, así que no corran la voz.

Color dorado, precioso... Algunas almas generosas han hecho que un servidor pueda probar de vez en cuando vinos sin tener la necesidad de abrir la cartera. Es el caso de este blanco que me hizo favor de regalar una buena amiga que distribuye vino, pero que además se esmera en escoger productos de calidad. Se trata de un vino blanco vasco de la denominación de origen Bizkaiko Txakolina. Pero antes, y para ir en orden cronológico, he probado otro blanco que vale la pena comentar, se trata de un chileno, Monteviña 2012. Es mexicano, de Casa Madero; con una mezcla de chardonnay y semillon, cuyo mérito principal es su carácter mineral en boca que lo hace tan sabroso y disfrutable, sobre todo si se tiene en cuenta que lo compré en una de esas tiendas de hotel, donde no me hago muchas ilusiones, y si es que me decido a comprar algo es simplemente porque no traje nada de casa. Así que no sólo lo recomiendo sino que me parece uno de los vinos blancos chilenos más interesantes que he probado. Un chileno muy mineral...

Volviendo al Txakolino, se trata de un Gorkaizagirre 2011, vinificado en partes iguales con dos variedades locales: Hondarribi Zuri, conocida en Francia como Courbu Blanc y la Hondarribi Zerratia (Petit Courbu). De color dorado brillante, huele al principio a sidra, ojo que no es lo mismo que a manzana, aromas balsámicos y minerales, con un fondo a flores de azahar en boca es muy refrescante, puro limón puro, una delicia de acidez cítrica con notas de pera, después de unos minutos de oxigenación.
Se antoja con algún ceviche, o quizá un pescado condimentado y hasta picante.

El cadáver (botella vacía) por alguna razón estaba guardada en la cocina, después de 4 días huele exactamente a la sala de fermentación de las bodegas, justo cuando se fermenta el mosto; olor picante a CO2 y hollejos. Curioso ¿o no…?
Nuevamente gracias por el regalo, quiero por lo menos 3 botellitas. Eso sí, esta vez las pago, y con mucho gusto… 🙂

Mouton 1993 a media luz...

Mouton 1993 a media luz…

El vino que pasaría al grupo de los más codiciados de Burdeos en 1973 y que hoy en día para mucha gente es un vino escandalosamente caro y alejado de su antigua gloria, con el afán de servir a un mercado de consumidores que buscan un vino hecho a la medida (cual si se tratara de una Coca Cola). Sin memoria histórica, mucho roble, color profundo, extracto… He tenido oportunidad de probar varias añadas, quizás el vino que más he descorchado de los cinco grandes: Lafite, Margaux, Haut Brion y Latour. Aunque Margaux, Latour y Haut Brion (en ese orden) tengan un lugar muy especial dentro de mis predilecciones. Lo había guardado mucho tiempo, uno de esos vinos que se niegan a salir de su escondite, aunque las miradas hayan penetrado más de una vez sus paredes de vidrio. Pero a todo le llega su hora y desempolvándola un poco interrumpí su reposo para quitarle el corcho y compartirla con gente querida, como debe de terminar un vino de este nivel.

En 1993 estamparon la figura desnuda de una joven, dibujo cuyo autor francés Baltus, fue censurado en Estados Unidos de América, y no sólo eso sino que fue cambiada la obra original por un simple fondo beige. Una muestra más de la doble moral de nuestros queridos primos norteños. El caso es que yo la compré en ese país y me traje a la bodega la botella sin estampado, como aparece en la foto.

Veinte años en vidrio han hecho que evolucione y nos brinde un concierto de aromas de caza y térreos dignos de los vinos que saben y pueden envejecer. También hay fruta negra, notas de pimiento y otras especias. En boca el tanino es suave y su acidez exquisita, largo y en sintonía. No sé si sea de los últimos Mouton memorables pero éste vale la pena. La espera en el vidrio se compensa con creces.

En otro orden de ideas de manera gradual han ingresado al mercado mexicano diferentes marcas de cavas, su entrada a nuestro país ha sido lenta, siendo las bodegas más antiguas y reconocidas Freixenet con diferentes presentaciones, así como otra bodega de producciones masivas Codorniu. Las más interesantes y de menor producción han tardado de hacer su aparición por los estantes pero no ha sido tan abundante su oferta, por lo que me ha sorprendido encontrar en la Europea la marca Gramona. Gramona III Lustros, Imperial Brut y el Celler Batlle (de añada), sus precios han sido inflados como ya es costumbre pero creo que vale la pena. En la Cena Navideña he descorchado la más económica que ha llegado, porque debo decir que hay otras en España. Gramona Imperial Brut , y me ha parecido un cava muy limpio de burbuja fina y constante con aromas intensos a tiza y cítricos, amplio en boca confirmando su carácter, su textura y su azúcar residual que más bien se percibe seco. Un buen cava que se deja beber y maridar con muchas cositas. Por ejemplo pavo ya sea ahumado o muy condimentado, bacalao y hasta con unos romeritos, estos últimos es pura especulación ya que no me consta. Mi próxima escala será el III Lustros cuando junte algo de dinero de la hipoteca de mi casa. 
Aprovecho aunque sea un poco tarde, para saludar y desear lo mejor en este año a mis dos sufridos lectores.

Chappellet_PritCabSauv_09 Hace un par de semanas tuve la dicha y el placer de cenar acompañado de mis compadres con motivo de mi aniversario, y elegí para la ocasión un vino muy especial en varios sentidos. Chappellet es una bodega ubicada en las colinas de Pritchard en Napa, cerca del lago Hennesy. Alguna vez traté de llegar a la bodega y me perdí, además de que mi esposa sufrió un fuerte mareo que hizo abortar la visita. De haber tenido más tiempo y suerte la habría conocido.

He probado dos de sus tintos, el primero in situ, no precisamente en la bodega pero sí en un restaurante en Rutheford, del mismo nombre Rutherford Grill, no muy lejos de donde se vinifica. Lugar donde no sé si fue el hambre o la ocasión pero me pareció un excelente restaurante para descansar y hacer una pausa a la visita de bodegas y comer sustanciosamente carne, cuando podía comer sin restricciones, en una sala climatizada y luz dosificada. El vino que elegí fue el merlot Chappellet 2005, me pareció un vino joven con notas de bayas y pétalos de rosa, nada espectacular diría que le faltaba vidrio, pero que maridaba con la carne. Este último más madurito y expresivo, Chappellet Pritchard Hill Cabernet Sauvignon posiblemente 2007 aunque no lo he podido comprobar, la botella la han tirado al reciclaje y no he tomado nota. A pesar de que su nombre indica cabernet sauvignon, en realidad está vinificado con un 75% cabernet sauvignon, 15% petit verdot y 10% malbec, con una crianza entre 15 y 18 meses en roble francés nuevo. Guardado celosamente durante cinco inviernos. Tiene un color cereza intenso de capa alta, y una nariz barroca a ciruela, cerezas, zarzamora y una nota de capuchino, tabaco oscuro, pimiento morrón y un golpe de humo. En boca no es menos contundente que en nariz, con un alcohol muy bien integrado a pesar de sus escandalosos quince grados por volumen, una acidez comedida y un final largo. Decía que era especial porque la compré convencido de su potencial, la guardé algún tiempo y la compartí con gente muy querida. Un año más o un año menos, según el cristal con que se mire, hoy estoy optimista y quiero pensar en un año más.
P.D. Encontré la corbata de la botella, entró en bodega el 16 de agosto de 2008 y es de la añada 2005.

Foto extraída de http://www.chappellet.com/index.cfm

reganto 2010 Hace tiempo que había perdido todo contacto con un buen amigo oftalmólogo de profesión, que predijo con asombrosa exactitud que necesitaría lentes en cuatro años, y así fue. Entre las novedades me contaba su incursión (segunda acepción) en la sumillería. Para quienes estén acostumbrados a su significado en francés entrar al mundo de los sommelier. Me contaba también que ya había probado 95 vinos de añadas recientes del Valle de Guadalupe, así que no perdí la oportunidad para felicitarlo por tan grandiosa experiencia y de paso que me recomendara algunos de los mejores a su juicio, siendo bastante parecidos nuestros gustos en lo que al vino se refiere.
Sin tiempo que perder me lancé por el primero que me recomendó, o mejor dicho la primer bodega; Roganto, nombre compuesto por sus dos dueños Rogelio y Antonio. De etiqueta negra y «RA» en rojo. Vino de la Casa ensamble varietal cosecha 2010 13,7 de alcohol… Sin contar con más información. No sé si RA sea la marca o Vino Tinto de La Casa. Pero sin detenernos en detalles, me ha parecido uno de los mejores tintos que he probado en mucho tiempo. Se trata de un vino joven, frutal con aromas embriagadores a fruta negra, y notas térreas con un fondo mentolado, una nariz muy definida y limpia. En boca confirma la fruta, redondo, de tanino mullido, excelente acidez, con mucho nervio y excelente paso por boca, con un final mineral y largo. Un buen vino del que tengo que llevar a casa por lo menos media cajita.

Marqués de Riscal 2007
En cuanto a la oferta de vinos de Superama debo destacar el Marqués de Riscal 2007 por el que piden 299 pesos. Me parece bastante razonable, en contraste con los más de 900 que piden por el Único de Santo Tomás, sí señor, casi mil pesos por un vino que hace no más de 5 años rondaba los 300. Si ese aumento de precio va de la mano con la excelencia, estaría justificado, pero fuera de la etiqueta no creo que difiera mucho con el anterior. Es una tarea pendiente que pronto comprobaré.
Y como muestra del poco cuidado de los vendedores a la hora de ofrecer un vino, aquí tenemos un buen ejemplo… Si Rioja es una variedad de uva, no creo que este vino la lleve por sus venas.

La Posee d´Or 2009 Una celebración especial ha hecho que baje a la cava por dos vinos: uno francés y el otro español. El francés un Chambolle-Musigny 2009 de La Pousse d´Or. Al norte de Vosne Romanée en la Côte de Nuits perteneciente a la gran zona de Côte d´Or. Se mostró delicado, con aromas a grosella, notas mentoladas y de bosque bajo. Bastante joven para desplegar los terciarios de los grandes borgoñas, aunque su encanto es algo etéreo, sutil, como los sueños que apenas dejan rastro, necesita mucho más tiempo para amalgamar su contenido. Una buena ensalada de bogavante con espárragos ha maridado bien.
El segundo vino de la bodega Rioja Alta S.A., Gran Reserva 904 1998 que me ha hecho recordar la impertinencia de un señor que repetía con vehemencia que Rioja Alta era una zona, a lo que yo replicaba que se trataba también de una de las bodegas tradicionales de Rioja… Pero a oídos sordos. Pues este 904 está en un punto de madurez muy interesante, más profundo en color y aromas que el Borgoña, con un ribete ocre precioso y sus aromas de ahumados, tocino, térreos con algo de ciruela en sazón y tabaco rubio, una nariz expresiva y compleja al igual que en boca, profundo complejo; con una acidez exquisita y un tanino mullido. Ahora mismo está formidable, aunque sé que puede evolucionar a favor mucho más tiempo. El mar y tierra; filete miñón y una cola de bogavante en diferentes salsas, no ha sido el mejor maridaje, pero tampoco ha sido muy explosivo.
Dos grandes vinos en una tarde inolvidable.

Akai 2009 Siguiendo con una rachita de inicio de año poco promisoria, hace unas semanas me enteré del cierre definitivo de La Gahia, un restaurante ubicado en pleno centro de la ciudad de Cuernavaca. Una muy mala noticia ya que para mi era el mejor de sus alrededores, con una atmosfera relajada y un ambiente entre hacienda morelense y chalet mediterráneo; de gruesos muros y luz dosificada… Y la cocina una exquisitez. Una verdadera pena, reflejo de la difícil situación financiera de muchos consumidores, que poco tiene que ver con nuestra tan cacareada sólida macro-economía. Pero también hay buenas noticias: Carlos se recupera, ya está en casita, aunque no podrá beber vino, ni mucho menos destilados. La gran noticia es que pudo salir de su delicado estado de salud. Enhorabuena Carlos.

Por alguna razón no predeterminada he probado algunos vinos mexicanos en últimas fechas, que no había visto en los anaqueles. Quizás ando un poco atrasado, puede ser. El primero lo compré hace unas semanas para una parillada que organizó un amigo y que tuve el honor de ser invitado con mi esposa e hijos. Así que para no llegar con las manos vacías compré dos botellas de vino y unos chorizos argentinos que por cierto quedaron muy sabrosos, sin tanta grasa como es costumbre en este tipo de embutidos. Uno de los vinos que llevé era mexicano: Akai 2009 de la bodega Santo Tomás cuya venta es exclusiva de la Europea. Agregado a un coupage bordolés una tinta italiana y otra española, con barbera y tempranillo junto con las tradicionales cabernet sauvignon y merlot. Esto da Arándanos, higos, humo, tierra mojada y notas de vainilla. De tanino dulce, acidez justa y final corto. Repetible pero sin enamorar, mejor en nariz que en boca.

El segundo mexicano fue el JC Bravo Carignan 2006 cuyos méritos se ven opacados por una arista de alcohol bastante pronunciada.
Paulinha 2010 Por último y debido a los halagadores comentarios de Dr. Salsa en su blog, visité El Isote. Un restaurante de interesantes platillos de inspiración mexicana sofisticada y petit. Patricia Quintana, reconocida chef mexicana y dueña del restaurante, cuya creatividad le ha dado aires internacionales a platillos mexicanos con su personal toque refinado y de pequeñas porciones, como lo marca la cocina de autor. Algo a lo que no estoy muy acostumbrado ya que mi prominente estómago es difícil de llenar.
Al pedir que nos llevaran a la mesa un Nebbiolo de L.A. Cetto, me dijeron que ya no había, así que me trajeron un Paulinha 2010 de Viñas Pijoan cuya etiqueta me remonta a aquella comida en Ensenada con mi amigo Valente en el restaurante Manzanilla, cuando me presentó a Pau Pijoan, a su esposa Leonora y a su hija menor Silvana. Ese día probamos un estupendo blanco que lleva el mismo nombre de su hija, y que no he vuelto a ver por ningún lado. Así como también un Leonora 2005, ya que Pau Pijoan ha bautizado todos sus vinos con el nombre de algún miembro de su familia hasta que apareció su vino Convertible Rojo. El caso es que este tinto Paulinha 2010 me ha gustado mucho. Frutal, redondo de buen paso y de final largo, taninos mullidos y quizás un poco justo de acidez.
Me ha gustado tanto que he pedido otra botella, no sin el consentimiento de mi amigo y compadre Rodolfo. Ambas hicieron un maridaje muy interesante con una ensalada de nopales y aceite perfumado de trufas y un filete de res con costra de algo que parecía pimienta negra, aunque no lo puedo asegurar.
Hasta aquí mis comentarios en este incipiente y frío mes de febrero.

No está quemaoo, tiene costra!!!…

Pecado Torrontés por copeo…

Los lugares más populares donde comer dentro de la esfera de lo nice y de moda, siempre están muy concurridos, como consecuencia los precios son altos y en la espera por lo regular se pierde mucho tiempo, afortunadamente teníamos reservación, y el lugar no estaba lleno. Para una persona anarquista y antiborrego como yo, esto puede signifcar algunos dolores de cabeza. Puerto Madero es un restaurante al pie de un gran edificio emulando la zona del famoso y renovado puerto del Río de La Plata en Buenos Aires. Hasta la gente que recibe en la entrada tiene el acentiiiito. Llegué acompañado de mi hijo antes que mis dos amigos citados. Gran alegría me dio volver a estrechar la mano de Raúl, después de casi cinco años de no verlo. Primero llegó su padre, mi querido compadre, y pocos segundos después arribó él.

Y como marcan los cánones. No sé cuales… Empezamos con algo al centro y una buena copa de blanco, por un lado las populares carnitas de atún, que dicho sea se comen en taco con todo y guacamole y salsita, y por el otro una copa de Torrontés Pecado, no sé que añada, me la llevaron servida a la mesa… ¡pues no que muy europeos…! Un buen vino para refrescar el paladar después de llegar de la calle y empezar a comer.

Las populares carnitas de atún, Mmmm…

Hasta ahí todo iba de maravilla, pintaba para una placentera tarde de verano y de reencuentros con gente muy querida, compartiendo la sal y el vino. Hasta que recibí una llamadita de mi chofer para darme la noticia de que mi camioneta había sido removida por una grúa, gran negocio de la familia de Mr. Ebrard. Para mis amigos extranjeros; Mr. Ebrard es jefe y dueño de la Ciudad de México, además de aspirante a la presidencia por la izquierda, si así se lo permiten. Pero quisiera borrar de mi memoria este triste epidosio, aunque debo admitir que nubló un poco mi comida.

Pasando a otra cosa, ¡ojalá! que así de fácil resultara en el momento preciso de los hechos. Ante la pobre lista de vinos, todos con precios de hipoteca, nada más revisen: Monte Xanic cabernet-merlot $850 pesos, no, no era magnum. Sin palabras… Entonces me decidí por un bonarda, uva que por momentos me recuerda la cabernet franc. Dante Robino 2009. Un vino muy agradable, frutal de buena acidez y paso por boca de tanino mullido y alcoholes discretos, a todos nos dejó muy satisfechos, en mi caso maridó de maravilla con un grueso y jugoso bife de chorizo.

Bonarda, de Dante Robino 2009

Los respaldos de las mesas son planos y están cubiertos por el logotipo de algunas bodegas, sobre todo argentinas, el piso de madera y el ambiente con luz dosificada le da un aire romántico y a la vez moderno, de las paredes cuelgan fotografías del otro Puerto Madero, el argentino. La comida es sabrosa, pero los vinos dejan mucho que desear no sólo por el precio, sino por la poca imaginación de quien cofeccionó la carta. Otro ejemplo: tener un Pommard de medio pelo como vino premium a casi $2000… Dicho sea este restaurante tiene otra sucursal en Polanco, aunque no creo que haya muchas variaciones.

Este vino es un regalo de un amigo, dueño de un restaurante del que he hablado últimamente. Gran parte de su oferta es de vinos modernos de gama alta. Al revisar la etiqueta me di cuenta de que no la había visto jamás, mucho menos probado. Acababa de llegar a su tienda-restaurante para sumarse a un puñado de botellas de la misma bodega… Después de sacarla de una caja me dijo, casi advirtiéndome; pruébala y después me cuentas…

Luigi Bosca desfiló en mi modesta bodega desde mucho tiempo atrás, sus chardonnays de antaño, poco más de una década, me parecían formidables. Me recordaban a los borgoñas blancos de medio pelo. Por menos de $200 pesos era una compra segura. Sus tintos empezaron a maderizarse y subir escandalosamente de precio mucho antes que sus blancos. Así que mi acercamiento a este vino debía ser menos prejuicioso de lo que resultó al final.

Nacido en suelos graníticos y con una guarda sugerida de quince años, me pregunté si mis prejuicios me estaban llevando por caminos equivocados. Así que desde que la saqué de la bodega traté de disfrutarla sin meditar mucho en el pasado.
Así como su peculiar nombre, su composición no es nada ortodoxa: cabernet sauvignon 70%, syrah 15% y merlot 15%. En nariz se muestra muy aromático; cerezas en licor, ciruela madura y arándanos al final, con notas de humo y lavanda. En boca es amplio y goloso con una arista alcohólica y fruta negra. Mi esposa sólo ha tomado una copa. Su único comentario apuntaba a la excesiva astringencia, sin embargo a mi me pareció moderada. En cambio su alcohol de 14,5 desequilibra el conjunto. Me gustaría saber su precio, ¿alguien lo ha comprado?

Foto extraída de luigibosca.com