Archivos de la categoría ‘Vino y amigos’

Cadáveres de la 277

Como todos los años, diciembre es mes de celebración para la peña Vino Por Placer. Con manteles largos y copas flauta además de las habituales, nos dispusimos a catar 6 borgoñitas que quitaban el hipo.

Chassagne-Montrachet Edoard Delaunay 2020. Esta denominación reúne 180 hectáreas de vides, a una altura de entre 220 y 240 msnm. Al sur de Côte de Beaune, suelo de piedra caliza con algo de roca arcillo-calcárea y arena. También famosa por sus pinots, pero famosa por ser parte del Triángulo de Oro de los chardonnay. Delimitado por Meursault, Chassagne-Montrachet y Puligny Montrachet, que producen los blancos más buscados del mundo.

Este vino, el primer blanco, es de color amarillo dorado, brillante y fluido. Huele a piña, notas de pera y mantequilla. Paso firme que se mantiene hasta el final. Con una acidez extraordinaria; un armazón como pocos. Para una caja y descorchar una botella cada año.

Olivier Lefalire Mersault 1er Cru (Charmes) 2015. Color amarillo verdoso, brillante y fluido. Huele a sidra, pera, mandarina, con un fondo especiado. En boca va de más a menos, equilibrado y con un fondo mineral. Para media caja.

Vosne-Romanée 1er Cru Les Petits Monts 2014 Domaine Georges Georges Noëllat. Color teja, de capa baja y velado. Este Vosne-Romanée huele a ciruela madura de la mejor calidad, Piel de Rusia. De acidez y tanino equilibrados. Para media caja.

Dugat-Py Gevrey-Chambertin Premier Cru 2011 etiquetado como Vieilles Vignes con una edad media de 65 años y las más antiguas más de cien. Como decía un buen amigo: «últimamente han plantado muchas viñas centenarias». No hay un consenso sobre la edad de las vieilles vignes, aunque podemos pensar en vides de 25 años o más, palabrita asociada a la calidad de los mostos, y por ende a los vinos. No lo pongo en duda en esta región, me es difícil pensar en la viabilidad comercial de tener un viñedos con vides centenarias, su rendimiento debe ser bajísimo, pero a estos precios… Color rojo carmín, capa media, el primer golpe es flor de Jamaica, fruta negra madura y notas de panadería. Tanino sedoso, alcohol integrado y una acidez que le da mucha estructura, de final astringente. Para una caja.

Eduard Delunay 2021 Vosne-Romanée le Village. Este tercer tinto proviene de Vosne, cuna de grand crus tan míticos como La Tâche y Echezeaux. Vino cuyo color fue el más intenso de todos los vinos que probamos, rubí capa alta. De nariz térrea a champiñón y musgo, con notas de ciruela negra. En boca su textura es granulosa, con taninos muy presentes, a tal grado que yo diría que tiene un final astringente. El más atípico de todos. Quizás sea su juventud, ya que para estos vinos cuatro años no son nada. Debía haberse quedado en la oscuridad de la bodega otros diez años por lo menos.

Romanée-Saint-Vivant Grand Cru Domaine Follin 2011. Todas las uvas se cosechan y seleccionan a mano, cubas de madera para la fermentación, aunque no es tan raro en Borgoña, vides plantadas en 1973. 30% roble nuevo. Un vino de capa baja, velado. Al igual que sus predecesores se trata de un vino térreo, musgo, trufa y fruta roja madura a raudales, con una nariz a flores (violetas), cerezas, de final largo. Todo en su sitio, pero en el momento de que me enteré del precio, mi cabeza comenzó a dar vueltas. Me parece que no destaca cinco veces más de lo que se pagó por los anteriores. Con ese precio debían bajar los ángeles a tocarme al oído una melodía con el arpa. He probado muchos vinos de muchas regiones y de toda la gama de precios imaginable, desde Rioja a Mendoza, desde Napa a Burdeos, pero creo que hoy en día hay un sobreprecio que poca gente esta dispuesta a pagar, yo soy el primero en la lista. Y hablar del precio sin ninguna otra razón para mostrar nuestra admiración a un vino y estar dispuesto a sacar la cartera y palmar, me parece que es quedarnos un poco limitados. El mundo del vino tiene sus meandros y muchos recovecos que una vez que se descubren no hace falta hipotecar la casa.

Para la comida, brindamos con una Tattinger Prestige Rosé, bastante vivaracha con recuerdos de fresa, de burbuja escasa y buena acidez. En esta ocasión han sido entradas de queso Brie al horno con una salsa de frutos negros, croquetas de jamón serrano y de segundo plato nos hemos servido una pasta corta y lomo a la ciruela, acompañado de una ensaladita Waldorf. De postre queso manchego semicurado y otro manchego trufado bañados con un Sauternes Chateau Guiraud 2016, de acidez exquisita y fruta amarilla confitada: durazno, y notas tropicales a piña muy madura muy concentrado, con un final eterno.

Viña Tondonia cosecha 1964

Se ha borrado la añada, o más bien, se ha desprendido parte de la etiqueta debido a la humedad de la cava. Esta botella es una de dos que traje de la bodega, regalo de Ma. José López Heredia, en el año de 2005. Veinte años guardada. Y en esta ocasión Ángel (capitán de meseros), a pesar del meticuloso cuidado que procuró al descorcharla, se ha quedado parte del corcho en la botella. Acto seguido, le pedí que la decantara.

Así como siempre he dicho que los vinos deberían de guardarse en buenas condiciones para que ganen con el tiempo y descubran su magia, sobre todo aquellos que merecen la pena, como es el caso. También debo reconocer que la evolución a favor tiene sus límites. Esta memorable botella de Tondonia había empezado su camino cuesta abajo, tomando en cuenta ese momento que buscamos con mucha paciencia quienes gustamos de disfrutar los vinos en su esplendor, y no perseguimos la satisfacción inmediata después de llevar una botella de la tienda a la mesa. A pesar de que los riojas de estirpe salgan más hechos de la bodega que los burdeos, que necesitan vidrio por algunos años antes de meterles el tirabuzón.

El vino presentaba un color ladrillo con ribete ocre, velado, quizás por la decantación no presentaba mucho sedimento en la copa. Aromas de cuero, tierra mojada, fruta confitada y algunas notas de pastelería. En boca domina la acidez con un tanino limado y final medio. En realidad habría que ponerse muy exigente para no reconocer que es un vino profundo que susurra al oído todo el tiempo que ha pasado antes de llegar a este descorche. Momento para brindar en compañía de un amigo con quien he descorchado cositas tan espectaculares como un Haut Brion magnum de la misma añada que este Tondonia. Así que ya somos compañeros habituales en esta aventura, tan sacrificada, de pasar lista a añadas y bodegas de este calibre. Él por su parte trajo de su bodega un Remirez de Ganuza Reserva 2012, un jovencito muy vivaracho que demostró tener vida suficiente para evolucionar a favor por lo menos diez o doce años más. Color picota ribete rubí, brillante y fluido. Aromas a fruta negra, bosque bajo, y notas especiadas a pimienta. En boca es de tanino presente, excelente acidez y final largo. Para comprar una cajita.

Ya no quedan más vinos en mi cava de 1964 del barrio de la Estación, pero quedarán en mi recuerdo hasta que parta de este caótico mundo, así como las historias que susurra cada botella especial. ¡Abur!

Mini vertical 1982 y 2010

Hace unos días me reuní en un restaurante con un gran amigo, estaba pendiente el festejo de su cumpleaños, y yo le había ofrecido llevar una botella especial. Sin ponernos de acuerdo llevó la misma marca de una añada más reciente. Se trata del Gran Reserva 809, de la bodega Rioja Alta. Me comentó que sólo salía a la venta en los años excepcionales, cuando el enólogo consideraba que podían embotellarla. Me puse a revisar en el magnífico libro de Hubrecht Duijker; Atlas de los vinos de España, de donde he transcrito algunos datos interesantes. Se encuentra en el barrio de la Estación (donde llegan los trenes) «donde tiene su sede desde 1890«. «Alrededor de la mitad de la producción procede de las 300 ha de la firma». «La madera, la vainilla y el tanino tienen una firme presencia en el 904, un rioja tradicional y robusto que se conserva bien en botella«. Eso de que se «conserva» es un término que a mí no me ha gustado usar nunca, porque el vino no se guarda para conservarse, sino para evolucionar a favor, pero de vuelta citando el libro. «Lo mismo puede decirse del 890, que puede alcanzar una madurez avanzada sin agotarse y sólo se elabora en años excepcionales. En 1990, la casa produjo otro gran reserva especial, el Centenario 1890-1990. Sin duda estamos ante un gran vino riojano de la vieja escuela que ha cumplido con creces nuestras expectativas.

Llegué al restaurante con la botella procurándole mucho mimo, ya que se trataba de un gran reserva 1982. Pedí a Ángel, el capitán de meseros, que la descorchara con mucho cuidado. Y no lo pudo hacer mejor, dudo que yo no hubiera roto el corcho. Con un sacacorchos de laminillas, que yo mismo había llevado, sacó integro el corcho que ya presentaba signos de vejez; poroso, tintado y con perdida de flexibilidad, podía preverse la posible caída de un trozo dentro de la botella, pero no fue así.

Dejé medía hora el vino en reposo, tomó aire suficiente para limpiar los aromas de reducción sin necesidad de decantarlo. A continuación lució en la copa un rojo teja, ribete ocre, poco velado. Sus aromas embriagadores a vainilla, cera de abejas, bosque, capuchino y ciruela en sazón. Una delicia que podía oler toda la tarde. En boca tiene un tanino mullido, un paso espectacular y un final largo y profundo. Un vino que obliga a reflexionar la gran recompensa que recibes cuando tienes la paciencia de esperar, y también de guardar tus vinos en un buen lugar para que completen esa magia.

En cuanto al Gran Reserva 890 añada 2011, como era de suponerse y a pesar de sus 15 años, goza de juventud, aunque ya se pueden ver esos signos del mismo ADN de su abuelo. Picota capa media, fluido y brillante. Huele a fruta negra, panadería, pimienta negra y una nota de hollejos. En boca es potente, tanino presente, buena acidez y alcohol integrado. Como para una caja.

En cuanto al maridaje, que como siempre, no pongo mucha atención: pedí una ensalada griega y unas Grilled Pork Chop: chuletas de cerdo soberbias, en su punto, pero que me parece eran suficientes como para dos personas, a pesar de que tengo buen estómago.

Mi amigo Gabriel dio cuenta de un petit filet y una crema New England Clam Chowder, servida dentro de un pan , una delicia. Ambos coincidimos que sin buscarlo, si no hizo el mejor maridaje, tampoco hizo corto circuito. Abur.

Bosconia 1964

Publicado: 1 abril, 2025 en Bodegas, Vino y amigos
Etiquetas:

Bosconia cosecha de 1964

Hay vinos que guardamos por mucho tiempo, y guardamos no sólo la botella sino recuerdos gratos asociados a una añada, o a quien generosamente nos la ha regalado, o a momentos inolvidables y a veces todo lo anterior junto. En este caso recibí esta botella de manos de la dueña de la bodega, María José López Heredia. Corría el año de 2005, hace casi veinte años, fui solo a España a un congreso de Verema en Talavera de la Reina, provincia de Toledo. Un gran encuentro de aficionados en la casa Osborne, con viñedos que se extendían hasta el horizonte, donde llegaba nuestra vista, más de 700 hectáreas. Después recorrí los viñedos del sur de Portugal con mi amigo Antoliano, un extremeño de espíritu generoso, amable, de buen corazón y amante de todo lo que tiene que ver con el vino. Para finalmente tirar al norte durmiendo en Salamanca, para llegar al otro día a Haro en Rioja. Visitas interesantes a dos bodegas, por falta de tiempo. En López Heredia fui recibido por María José que me dio la bienvenida con lo brazos abiertos, como nadie me había recibido antes en una bodega. Por si fuera poco era su cumpleaños y descorchó un Bosconia 1968. Al preguntarle por el precio de un Bosconia 1964, nunca me imaginé que me traería un Tondonia y un Bosconia de regalo, ambas añada 64. Un día inolvidable que espero tener la oportunidad de contarles a mis nietos.

Guardada desde el 2 de octubre de 2005 en mi cava, dormía plácidamente en un rincón hasta que la saqué de su letargo, empolvada y con signos de humedad en la etiqueta. Nada mejor que compartirla con alguien que reconoce el buen vino, lo disfruta y lo comenta, pero sobre todo con un gran amigo.

A pesar de usar el descorchador de laminillas y el sello del lacre de la botella, sesenta años son muchos años. Sumado a mi poca paciencia no pude concluir la maniobra sin que acabara un trozo de corcho dentro de la botella. Así que pedí un decantador, y abrió de manera magistral. Bosconia es quizás el vino que más he descorchado y disfrutado, mi experiencia con añadas viejas ha sido abundante gracias a la camaradería de muchos amigos en España, que han compartido generosamente este extraordinario vino clásico, en distintas añadas, todas bastante remotas en el tiempo sesentas y setentas.

De color marrón con reflejos ocres y ribete amarillo oro, ese amarillo de los amontillados viejos. Vino espeso y velado con pocos sedimentos para su edad. El primer golpe viene con algunas notas de reducción, después frutos secos, tierra mojada y ciruela pasa, aromas balsámicos. Lo más impresionante fue que sin estar completamente cerrado fue abriendo de menos a más con un conjunto discreto de aromas de reducción que iban desvelando en boca fruta roja en sazón, champiñón, pasas, orejones de manzana y un final largo. Una delicia que hubiera preferido una botella magnum para seguir disfrutándolo a cada trago. Mi amigo quedó impresionado no sólo de la longevidad del vino sino de la profundidad que ha ganado en estos veinte años, con una buena guarda. Algo que cada vez perdemos más: la paciencia para poder disfrutar del regalo de una excelente hechura y el paso del tiempo.

El lugar donde lo descorchamos, un restaurante de comida española, La Boquería de este lado del charco. Nada mejor para acompañar semejante vino. Y aunque el pulpo estaba un poco duro, tenía muy buen sabor, con sus patatas y su pimentón. Una tarde redonda homenajeando a este gran vino, comida exquisita y una amena charla.

Le Creete 2022 , blanco vinficado con sangiovese

Revisando mis apuntes, que muchas veces son notas en el teléfono, otras en una servilleta arrugada, me he percatado que hay una tendencia a los tintos, pero que también hay blancos en la lista, y los consumo cada vez más, algunos son muy apreciados. Empezaré con un blanco italiano regalo de un amigo Le Greete Lugana 2022, por desgracia y como suele suceder la información en la contraetiqueta es escasa y sin trascendencia: 13% de alcohol y los datos del importador. Me he puesto investigar para saber algo más en internet: Bodega Ottella, vinificado 100% sangiovese, así que sin duda tuvo una maceración comedida que en este caso son tres semanas, que ya no me parece tan comedida para conservar ese color, que si bien no es rosado, tampoco es de un amarillo pálido. Un blanco envejecido en hormigón (tanques de concreto) seis meses para después ser embotellado. Con 14,5% de alcohol muy bien integrado. Un vino tropical con notas exuberantes a guanábana y pera, buena estructura y algo de azúcar residual de manera casi imperceptible, de final largo… muy refrescante y de buen paso por boca, con una excelente acidez que recuerda a la toronja blanca.

Otro regalo. Enviado por mi comadre para que maridara la comida esa tarde con mi compadre, que por cierto me pidió mi opinión de este vino coahuilense. Nada menos que una de las bodegas consentidas de mi repertorio de vinos mexicanos. La etiqueta anaranjada es una de mis elecciones preferidas hablando de un buen ejemplo de tempranillo desde este lado del charco, ya que sabemos de sobra que en la península ibérica se dan muy buenas cositas. En este caso se trata de un cabernet sauvignon añada 2020. Un vino muy frutal y con armazón de sobra. Primer golpe a ciruela en sazón sin sobre maduraciones, hollejos, fruta negra, y una nota especiada al final de pimienta blanca. Redondo, tanino limado y quizás el final corto. Para comprar media caja.

Desde aquí mi agradecimiento por esta botella.

No acabo de entender ese reflejo azul

Izadi 2019. Para ser un reserva me parece un precio muy comedido, ronda los 400 pesos, unos 20 dólares americanos. De bonito color picota, algo velado. Huele a fruta negra sobre-madurada, algo de mermelada de ciruela. Astringencia moderada, buena acidez y final largo. Repetible.

Izadi es una bodega riojana relativamente joven, es decir no tiene la tradición de muchas otras que ya cuentan con algunos añitos más. Nació en 1987. Por cierto tienen en su repertorio un blanco de garnacha blanca, Izadi Larrosa Blanca que por desgracia no he visto en los anaqueles de estas partes del globo.

No sé si mi escasa sensibilidad haya tomado el camino de las sensaciones ácidas, el caso es que me he encontrado con muchos vinos últimamente con una alta acidez, pero fuera de una queja, me han gustado mucho los hace muy vivarachos, con una estructura que me hace salivar y se disfruten mucho con la comida. Es el caso de este italiano vinificado con sangiovese y cabernet sauvignon. Col di Sasso 2019. Se trata de un vino con matices térreos en nariz, y de una acidez exquisita que se amalgama muy bien a un tanino firme, en conjunto un vino muy sabroso de trago largo. Para media caja.

Mission De Cenac 2021. Un malbec del mismo lugar donde provino la variedad malbec, se ha desarrollado de tal forma que es la uva insignia de Argentina, y a veces podemos olvidarnos de que viene originalmente de Francia. En un recorrido por el pasillo de vinos franceses lo escogí. Capa alta, brillante con aromas a fruta negra, hollejos y notas de romero. En boca es astringente, es evidente la arista de astringencia que destaca en el conjunto, de buena acidez y con el tiempo y un poco de paciencia va limando sus asperezas. Tuve la ocurrencia de probar una sopa de mariscos, y es que sin buscar el maridaje se ha vuelto algo explosiva la combinación, sumado al caldo picoso ha sido un desastre: el anti-maridaje. Se antojaría con un queso no muy curado.

Con motivo de la venta de productos alemanes en una cadena de tiendas de autoservicio, que me imagino tiene que ver con el festival de Oktoberfest, escogí un riesling, de esos vinos que resulta difícil adivinar cual es el nombre, me imagino que es 1141 de la región de Rheingau y cuya bodega es Baron Knyphausen añada 2022. Esa águila estilizada pertenece a la clasificación V.D.P. ( asociación alemana de explotaciones vinícolas con calificación) éste en particular pertenece a la clasificación de vinos secos, que está en la base de la pirámide. Dejándo a un lado la cuestión técnica, se trata de un hermoso riesling que a pesar de su juventud ya despliega esos aromas a petróleo, propios de la riesling entrada en años, algo que me sorpendio. Es un vino que podría comprar una caja para ser testigo de su evolución. Color pajizo brillante, y en boca muy cítrico, con recuerdos de toronja blanca y una nota de piña verde al final, excelente acidez y estructura.

He estado en la pizzería de un amigo, y él amablemente me dio esta botella a probar. Se trata de un Barolo etiquetado con la marca Kirkland añada 2020. Una botella sin pedigrí si tomamos en cuenta que dentro de los barolo hay categorías que llegan hasta los que marcan el viñedo en la etiqueta, como ejemplo, uno de mis preferidos: Brovia. Ayer por la tarde lo descorché, no tengo mucha familiaridad con los barolo, así que mi opinión está limitada en el aspecto de la tipicidad de la nebbiolo en esta región. Puedo decir que es un vino muy agradable. Granate capa media, nariz limpia y expresiva a ciruela roja en sazón, hollejos, zarzamora. En boca es frutal, acidez y tanino exquisitos, dando mucha frescura, es largo y redondo. Un vino resultón, se antoja con un manchego semi-curado. Para comprar media caja. Gracias por tus atenciones.

Despedida a un amigo

Publicado: 15 mayo, 2024 en Vino y amigos

Cada vez que parte un ser querido es inevitable pensar en lo efímeros que somos. Hoy estamos aquí, mañana no hay certeza alguna de que podamos ver la luz del día. La batalla fue larga, combatió como un guerrero, su fortaleza es fuente de inspiración para muchos que le rodeamos. Como alguna vez dijo un amigo en referencia a su suegro: era un hombre bueno, en toda la extensión de la palabra.

De los primeros en unirse al grupo: Vino Por Placer, entusiasta miembro de la peña. Recuerdo que le gustaba el champán, pero era precavido, ya que decía que las burbujas se le subían a la cabeza muy rápido. Siempre amable y bondadoso, con un alto sentido de la amistad. En tiempos difíciles nos reconfortaba con una palabra amable y cariñosa de consuelo.

Sergio, dejas un hueco muy grande en la mesa y en nuestros corazones, siempre te recordaremos con cariño. No me despido con un adiós sino con un hasta pronto.

Como empieza a ser costumbre nos fuimos a la barra mi amigo y un servidor a descorchar una botellita, en esta ocasión fue de Napa. Buscando en los anaqueles encontré un zinfandel de viñas viejas. Inevitablemente me acordé de aquella sentencia de un buen amigo que decía: «Últimamente han plantado muchas viñas viejas». En alusión a tantas etiquetas con esta advertencia mercadológica. Su precio es de 1200 pesos, unos 72 billetes verdes. Old Ghost 2020. De capa alta, color granate ribete cardenalicio, brillante. Huele a fruta roja, ciruela de la mejor calidad, pimienta negra y alguna nota lejana especiada a mejorana. En boca es de cuerpo pleno, de buena acidez y tanino rugoso, este vino puede pulir esos taninos en vidrio y madurar, hoy está muy sabroso y abigarrado. Con un final amargo, sin molestar. Para un par de botellitas. Se trata de un vino de tierras californianas que no puede dejar indiferente a nadie, parecería que esta sobre madurado, y sí tiene algo de fruta sobre madurada, aún así es de buena hechura, sacaría un buen queso maduro para la próxima ocasión.

Riedel Coca Cola

Riedel se ha diversificado en el diseño de sus copas exponencialmente. Recuerdo haber comprado seis copas de cabernet sauvignon en 1998 en la ciudad de Nueva York. Entré a la primera tienda abierta y salí muy feliz con una bromosa caja, ese día me sentía muy afortunado ya que no había visto Riedel por las tiendas mexicanas, así que valió la pena cargarlas. En ese entonces no había mucha variedad, quizás algunas de blanco como: chardonnay, savignon blanc, chenin blanc y poco más, de tintos la cabernet sauvignon, merlot, pinot noir, shiraz, tempranillo y alguna otra. Poco a poco fueron extendiendo su oferta a tal grado que en poco tiempo tenían copas de las uvas mencionadas, más otras tantas de vinos maduros también, haciendo distinción entre un vino joven y otros entrando a la madurez. Después llegó la serie para tequila, pero ahora veo esta marca austriaca al extremo de sacar al mercado unos vasos para Coca Cola, así es, para un refresco, donde ya cabe una gran variedad. Podrían sacar en un futuro la serie para la Fanta de naranja o el Seven Up

Ayer en la comida descorché en compañía de un amigo una botellita de un vino austriaco Huber grüner veltliner, Terrassen 2018. Un vino austero, sin concesiones, pero que tiene su encanto, color pajizo brillante con reflejos verdosos, algo de sidra en nariz, y notas de petróleo muy sutiles, también de fruta amarilla, parecería un riesling joven entrando a esas notas de queroseno. En boca es seco, cítrico pero creo que le falta un punto de acidez. Para ir por dos botellitas. Su precio ronda los 600 pesos (36 dólares). Por alguna razón no he hecho ninguna foto, así que he buscado una en internet que parece ser la única que ronda por la red. Llévese el crédito quien la haya hecho primero. De segundo plato descorchamos nuevamente el Old Ghost 2020. Para aprendérnoslo de memoria ¡Abur!

Recuerdo que desde hace ya algunos años leía comentarios aduladores de un vino, que por aquella época estaba de moda, quizás este hablando de principios del año 2000. Se trata del PSI un ribera vinificado con la conocida variedad tinta del país en esa zona, conocida como tempranillo en casi toda la geografía española; tinta roriz como la identifican en el vecino Portugal. Un vino de la bodega Dominio de Pingus, fundada en 1995 en Quintanilla de Onésimo, y cuyo enólogo es el cotizado danés Peter Sisseck. 18 meses de crianza: un 40% en barricas nuevas de roble Allier y el resto en barricas usadas. No sé por qué no se me había ocurrido probarlo hasta el día de ayer. Quizás sea esa repulsión natural a la moda y a los vinos de culto que me dan urticaria. Pero llegó la oportunidad. Ayer acompañé a un amigo de compras por los pasillos de una de las tiendas con mejores precios que se pueden encontrar en mi aldea. Había escogido un Contino Reserva, mi memoria cariada hace difícil que recuerde la añada, pero me picó la curiosidad por el PSI 2019, por casi el mismo precio. Más tarde nos dirigimos a un restaurante donde nos dispusimos a refrescarlo y darle cristiana sepultura. Pedí decantarlo pensando que nos enfrentábamos a un vino muy cerrado: veinte minutos bastaron para limar asperezas: Color picota, brillante y fruido, mucha fruta negra sin llegar a extremos mermeladescos. Firme, mostrando su armazón, con acidez comedida y tanino bastante limado. No creo que pueda guardarse por más tiempo, pero puedo estar equivocado, en esto de las predicciones no soy ni de lejos el más apto, aunque tampoco conozco a nadie que lo sea. Maridó bien con un cochinillo al horno en cama de patatas. No tan crujiente por fuera ¿Volvería a comprar el PSI…? Creo que hay mejores opciones por ese precio, aunque también debo reconocer que no estuvo mal.

Comtats de Barcelona

Hace poco me decía un amigo que la denominación de origen Cava había cambiado de nombre. No es precisamente que cambie para todas las cavas, hay que recordar que esta denominación de origen no ocupa una zona delimitada en una provincia en particular, sino que aparece como la viruela en varias zonas. Así en Cataluña se identifican como Comtats de Barcelona, mientras que el elaborado en otras zonas del país mantendrá el nombre de cava con el añadido de «Valle del Ebro» para el de Aragón, «Viñedos de Almendralejo» en el caso de cava extremeño y «Altos de Levante» en el caso del valenciano. Como ha ocurrido en otras ocasiones, es probable que la gente siga pidiéndolo como cava, y haría muy bien. El ser humano se complica la vida sin necesidad, como si la vida no fuera ya de por sí complicada.

Actual zona de producción del cava

Foto: Consejo regulador

Todos los vinos cuentan historias, unas más interesantes que otras. Ayer por la tarde descorchamos uno de esos vinos que por sus orígenes y tradición cuenta la propia. En la contraetiqueta se puede leer:

En la década de 1980, un impulso innovador recorrió el camino entre Segovia y Peñafiel para ir a encontrar, en el corazón de la Ribera del Duero, el vino destinado a acompañar los placeres de la mesa en el Restaurante José María. El lugar elegido acabó convirtiéndose en una de las ubicaciones míticas de la viticultura contemporánea española: las laderas de Carreovejas . En aquel momento nació Autor, que hoy sigue su trayectoria de elegancia y expresión territorial en paralelo con su bodega de origen

En el marco de un restaurante que frecuento, y que siempre me deja muy satisfecho en cada visita. Se trata de un lugar pequeño, de unas 15 mesas, con un menú muy cuidado, materia prima de primera y un esmero en todos los detalles de parte del chef y propietario. Invitado por uno de sus socios y pariente de mi esposa, Carlos. Me había advertido que llevaría algo especial, así que tuve que echar mano de algún blanco que mereciera la pena. Abrimos boca con un riesling alsaciano; Hugel 2021. Bodega que destaca por la estructura de sus vinos: firme, con una acidez exquisita, frutal y al final una elegante nota de queroseno que nos recuerda a la riesling cuando empieza a madurar y mostrar su magia.

Autor José María 2020

Maridó de maravilla con una trucha salmonada y unos espárragos asados. Con respecto al tinto, fue traído de España hace poco, no ha tenido tiempo de reposar, se trata de un vino de baja producción: Autor José María 2020, un riberita vinificado con 93% de tinto fino (tempranillo), 5% merlot y sólo un 2% de cabernet sauvignon. Color picota, denso, sobre-extraído, alcohol bastante integrado, aunque en la medida que sube la temperatura aparece una arista alcohólica. Huele a jalea de fruta negra, con una nota a pimienta. Boca abigarrada, acidez comedida. Tiene una entrada barroca con mucho de todo, quizás le falte vidrio, o por lo menos algún tiempo en reposo. Carraeovejas un pago de vinos que tiran a la modernidad, y que en México han tenido una buena acogida. Después de tanta charla el petit filet a la mostaza está un poco frío. Una espléndida tarde donde hubo mucho que contar, bañada por buenos vinos. Vuelvo a pensar que mi antaño tinto-centrismo está cambiando al polo de los blancos de calidad, sobre todo en latitudes cercanas al Ecuador. ¡Abur!