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Faltaban unos minutos para que mi mujer y yo nos sentáramos cómodamente en la terraza a disfrutar de una botellita de champán; Drappier Zero Dosage de pinot noir y sin añada… Suena el teléfono, contesta ella. Inmediatamente se queda muda y con la cara descompuesta, cuelga y sale a Drappierdecirme que había que cancelar las tarjetas de crédito de su hermana, porque acababan de asaltarla junto con mi cuñado. Una hora después habíamos terminado con nuestra apresurada y tensa tarea. Pero ya no teníamos ganas de descorchar nada. Por desgracia son historias que se repiten de manera cotidiana, y no me refiero a la cancelación de la velada. A veces me siento fuera de lugar al escribir sobre vino en un país con tantas carencias, entre otras las de seguridad pública, tarea primordial del Estado. Pero como no escribiré de cosas tristes, volteo y miro el gran placer que me llena poder beber, disfrutar y escribir. Así que después de este penoso preámbulo, triste porque vivo aquí, y porque no veo que mejore a corto plazo, repiro profundo y sigo adelante.

Hoy es un nuevo día o mejor dicho una nueva noche, y me dispongo a descorchar esa botellita que quedó pendiente. Un vino hasta hace poco imposible de conseguir en estas latitudes. Para mi sorpresa, Carlos Font me regaló una botella a principios de año, advirtiéndome que la había comprado en México. Así que me dio mucho gusto por el regalo y porque ya puedo conseguir este sabroso y no tan común champán de manera local. Zero dosage, que se traduce como un espumoso seco hasta la médula, por no tener ningún aporte de azúcar para el final, lo que los franceses llaman liqueur de expedition. Resultado; «una mujer sin maquillaje» un champán sin concesiones pero también sin máscaras. Una ensaladita de lechuga con mandarina y unas gotas de un aderezo que no ha querido el chef darme la receta. Levantando la copa pido desde lo más profundo de mis entrañas, que las cosas cambien y mis hijos puedan disfrutar un mundo mejor. ¡Salud!

Una visita a una tienda de vinos local, me hizo recordar aquello que ya había masticado hace algún tiempo. Un fugaz pensamiento reflexivo sobre la situación del vino alemán en México. Sucedió al pasar por los vinos de ese país, no se imaginen que son muchos, quizá un puñadito de diez. T-o-d-o-s chaptalizados, vinos de menos de $80.00
Esta historia empezó hace varios años cuando algún brillante importador decidió traer vino barato de alemania. QbA (Qualitätswein bestimmter Anbaugebiete). Al principio resultó muy Chaptalizadosatractivo, el paladar del mexicano está acostumbrado a las bebidas dulces para acompañar la comida, aguas de fruta endulzadas con azúcar en el mejor de los casos, hasta los famosos refrescos. Por cierto que ostentamos el segundo lugar mundial en consumo de estas bebidas dulces gasificadas, sólo superados por EE.UU. cuyo número de habitantes triplica al nuestro.
También se usan; azúcar y jarabes para endulzar las bebidas destiladas como el ron y el tequila, un ejemplo es la cuba y el tequila sunrise, cuyos aromas volátiles quedan en coma profundo gracias al hielo y el azúcar. Esta dulce combinación se trasladó a la estrategia mercadológica del vino. Introduciendo al mercado vinos chaptalizados de muy baja calidad. No puedo negar que un Blue Nun o un Liebfraumilch sean agradables y refrescantes, como aperitivo y sobre todo en la época de calor, que por estas latitudes comienza en abril y termina en la época de lluvias a finales de mayo. Han alcanzado tanta popularidad este tipo de vinos chaptalizados, que son pocas las runiones donde se sirva vino blanco que no haya unas cuantas botellitas. El problema es que hoy en día nadie está dispuesto a pagar por un vino alemán QmP (Qualitätswein mit Prädikat) más de lo que está dispuesto a pagar por una baratija chaptalizada. Vender un producto revirtiendo una tendencia, convenciendo al público que los QmP valen lo que cuestan, requiere de mucho tiempo y esfuerzo, además de que el éxito no está asegurado. No hay mucha gente dispuesta a comprar un Spälese o un Auslese en 300 0 400 pesos, mucho menos un Trockenbeerenauslese, al menos que esté familiarizado con estos vinos. Así que habrá que resignarse, ser optimista y esperar a que estos vinos entren al mercado y sean aceptados por el consumidor, por el momento habrá que comprar uno que otro que llegue por goteo a alguna «tienda gourmet» o cruzar la frontera norte y hacerse de algunas botellitas. Una verdadera degracia para quienes gustamos de vinos alemanes de verdad.

Leonardo D.Al contrario de la tan llevada y tan traída influenza… del mapa genómico mexicano se ha hablado muy poco, así que me parece justo reconocer este gran logro en la medicina moderna. Conocer la variabilidad genómica de los mexicanos es fruto de nueve años de intenso trabajo del grupo de investigadores encabezados por el Dr. Gerardo Jiménez, director del Instituto Nacional de Medicina Genómica, y también, gracias a diez mil voluntarios que se ofrecieron para dicho estudio. Explica el Dr. Jiménez: «El mapa son marcadores en el genoma que nos permiten acercarnos más y saber donde nos estamos moviendo para encontrar los genes asociados a una enfermedad». Logro alcanzado sólo en países como: EE.UU., Japón y el Reino Unido, así que es doble mérito.

Aunque ya es mucho pedir; ¡Ojalá! que el estudio también arrojara alguna luz, o algún indicio, sobre la razón por la que los mexicanos somos tan propensos a la pachanga, al desmadre y al sensacionalismo, y tan poco propensos a beber vino, y me refiero al producto fermentado de la uva. Ya que hay mucha gente que por estas latitudes le llama vino a todo producto alcohólico, inclusive a los destilados.

Por poner un ejemplo; Argentina tenía en 2005 un consumo percapita de 28,81 litros, cuando en México no llega a 400 ml. siendo muy optimistas. Estas cifras pueden explicar la difícil labor de nuestros bodegueros; enfrentados a un pobre mercado interno y a un feroz y competitivo mercado externo. En los últimos diez años el consumo ha ido en aumento, aunque sigue siendo una bebida elitista que ha estado fuera del alcance de las masas, un artículo de lujo. Con los precios que se mueven en la mayoría de los vinos mexicanos, no sorprende la actual situación. Vinos que rebasan los 70 dólares, que presumen de 18 meses en barrica nueva de roble francés, ganadores de medallas de oro y concursos internacionales, pero que no reflejan la tierra donde nacieron ni la uva con la que están hechos, ya que la madera los ahoga. Gracias al dúo de: Mr. Parker por sus puntos y a Michael Rolland por sus asesorías vitivinícolas. Los aires de «progreso» y «modernidad» también se respiran en tierras mexicanas, los vinos cada vez pierden más su caracter y sus precios se van por las nubes.
Deseo con toda el alma que la crisis económica y los elevados precios de la tonelería de: Seguin Moreau, RadouxRadoux, Mistral, Odysé, Nadalie, Francois Freres, Dureau…, haga entrar en cordura a los bodegueros, aunque sea a la fuerza, y permitan que los vinos sean más expresivos, y se vean en la imperiosa necesidad de usar barricas usadas y se quiten la modita de la barrica nueva al 100 y hasta el 200% . En el fondo, como en cualquier otro negocio, buscan altas utilidades, no creo que les preocupe la autenticidad de sus vinos o su propia identidad. Cuántos bodegueros se frotarán las manos, pensando en llegar algún día a vender como Yellow Tail o Concha y Toro.

Brindo por todos quienes descifraron el «genoma mexicano», por el sano consumo de vino, por la búsqueda del terroir en nuestros vinos nacionales y por el gran Frank Sinatra, que hoy cumple once años de haber partido.

chinabebiendoNo es extraño que de una u otra forma China siempre aparezca en escena. Con una población que supera los 1600 millones, de un total de poco más de 6 mil millones en todo el Mundo. Este país representa un mercado potencial en varios productos y el vino no es la excepción. Hace un par de días me encontré con este blog, enfocado en el vino y China. En esta entrada, Jeremy Oliver promueve su libro titulado: «Enjoy wine» escrito en chino, en él impulsa la cultura del vino y algunas marcas australianas. No pierde el tiempo tratando de enamorar a los chinos con los vinos del país de los canguros. Dentro de sus recomendaciones está Yellow
Tail un vino que se produce en cantidades megaindustriales, que podría en un momento dado quedarse con una buena tajada del mercado chino. Para ponerlos en perspectiva; las exportaciones de esta bodega superan las 25 millones de cajas, es la marca importada más vendida en EE.UU. Sólo en 2008 se vendieron 3 millones de cajas en el Reino Unido. Así que no es de extrañarse que pongan sus ojitos en China, cuyos habitantes día con día adoptan más costumbres occidentales.
Me viene a la mente aquella historia en 2007, del yellow-tail-wine2Chino cuya larga espera en el aeropuerto Charles de Gaulle en París, hizo que buscara cómo quitarse el aburrimiento en la tienda de vinos, gastando alrededor de 30 mil dólares en una sola visita al «Duty Free». Los tiempos de Mao Tse Tung se han quedado atrás, aunque todavía gran parte de la gente vive con 3,200 dólares anuales. Poco más de 200 mil habitantes son de clase media alta y 500 mil de clase media, cifras muy bajas en comparación con su población total. No es nada raro que el occidente mire con interés hacia el Dragón Asiático.

Por ahora los mexicanos debemos conformarnos «milando» a China de lejos. Una triste historia ha empañado nuestras relaciones diplomáticas. Un grupo de mexicanos sin ningún síntoma de influenza A H1 N1, habían quedado recluidos hasta ayer en cuarentena en hoteles, desperdigados por toda la geografía china. Uno solo presentaba los síntomas y permanece en el hospital. Turistas que esperaban ver la Muralla China, la única muralla fue la diplomática. Han llegado a México, gracias a la secretaria de relaciones exteriores mexicana; Patricia Espinosa. Gestión ejemplar dicho por los mismos afectados. Recibieron desde la embajada: comida, juguetes para sus hijos así como llamadas telefónicas del propio embajador; Eugenio Guajardo. Por cierto un sobrino trabaja en dicha embajada, si es de los dos lectores que leen mi blog, le mando un saludo a Tadeo.
Una semana bastante espinosa para México, en cuanto a relaciones exteriores se refiere. Cuba, Ecuador, Argentina han cerrado sus respectivas fronteras a mexicanos. No sé que sea peor bajo la lupa de las relaciones diplomáticas, pero como turista, prefiero saber de antemano que se cierran los vuelos a un determinado país, que padecer una tortuosa cuarentena.

Dejando a los chinos y demás países en fase «caparazón». Ayer se dejó sentir el calor, peor que en el desierto de Gobi y Atacama juntos, por momentos me dieron ganas de brincar a la regadera de agua helada, y decorchar un J J Prüm Wehlener Sonnenuhr Auslese 2005, botella recién adquirida. Así que no durará mucho, más que el tiempo necesario para que repose.

reforma-viernesAyer viernes fue día de asueto, de manera irónica «el día del trabajo» no se trabaja, sumando la larga semana de inactividad en la mayoría de los sectores se convierte en un día del trabajo muy diferente a los demás. Sin el tradicional y desgastado desfile.
La noticia de la influenza A H1 N1 les ha caído a los productores de carne de cerdo como bomba, el nombrecito de porcina. Desplomándose sus ventas alrededor del 50%. La OMS ha recomendado cambiar el nombre o más bien llamarle por su cepa, aunque en EE.UU. la identifiquen como swine flu. No podía faltar en escena un ingenioso mexicano con la ocurrencia de hacer camisetas con un cerdito y la bandera de México (ver foto), por sí todavía anda algún despistado que no sepa lo que sucede en este país, aunque debo decir que el mentado virus no tiene la nacionalidad mexicana, ha sido donde más estragos ha causado pero no nació aquí, por lo menos es lo que nos dicen las autoridades.

Pues bien hojeando el periódico Reforma me encuentro con la dichosa influenza en t-o-d-a-s las secciones: sociales, deportes, economía y por supuesto mi sección favorita los editoriales. Sergio Sarmiento en su sección Jaque Mate pone el dedo en la llaga. Siendo este un país de declaraciones y prejuicios no es raro encontrar cosas como esta: -Un ataque terrorista biológico que buscaba matar a Barack Obama en su visita a México- Una conspiración del gobierno de Estados Unidos para apoyar, con una epidemia inexistente, a la economía de su país o a las grandes empresas farmacéuticas… y así seguimos con otros rumores menos creativos; no me digan que estos dos no lo son. Imagínense haber burlado a la OMS y laboratorios reconocidos a nivel mundial. El triste caso es que la ignorancia puede agudizar este tipo de crisis de salud y por ende la economía también. Ya Cuba cerró sus fronteras a mexicanos, y no tardarán si es que no lo han hecho: Brasil y Argentina. Sólo esperaría de corazón que estas medidas de cuasi «toque de queda» no se prolonguen y que la semana que entra todo vuelva a una posible «normalidad». Por el bien de todos.

Esto me ha traído a otra reflexión; el ser humano todo lo quiere acotar, medir o calificar. Baste con ver que la OMS a declarado nivel 5 de 6, aunque francamente no me queda claro que carajos significa eso. Como dice Córdova Villalobos, nuestro secretario de salud: «México ya había tomado las medidas pertinentes» así que vivimos en nivel 5 desde no sé cuando. Otro ejemplo son los sismos; ya sea que se mida en la escala de Richter o la no tan común de Mercalli. El sistema métrico decimal o el inglés que tantos dolores de cabeza nos da a los latinos, y así podemos seguir con el sistema Peñin o el Parkeriano o el de Wine Spectator entre otros para calificar los vinos. Creo que son suficientes ejemplos para darnos cuenta de que somos una especie que necesita de medidas y calificaciones. ¡Ojalá! inventaran alguna escala para medir los chismes y los rumores que tanto daño hacen a la sociedad.

En franca desobediencia a las recomendaciones sanitarias de evitar las aglomeraciones fui a casa de un amigo, con casa llena, ha descorchar unas cuantas botellas. Empezamos con un Chateau de la Grange 06, un muscadet que no exhibe ni de lejos la mineralidad de los buenos muscadets. Tres años para un vinito de su categoría son ya demasiados, además tiene un tufo a vainilla que no sé de donde lo ha sacado. El segundo fue otra decepción; un Casa Madero cepa semillón 2005, de color oro viejo, espeso y brillante, olía a aceite de oliva y algo de fruta amarilla no muy definida, sus mejores momentos han pasado. Recuerdo esta misma añada del chardonnay de la misma casa, un verdadero hallazgo. Debo confesar que saqué la botella de la cava pensando que se trataba del chardonnay. El tinto fue un Sunrise de Concha y Toro, de esos vinos que ni siquiera la etiqueta revise, me parece que fue un carmenere, que hubiera sido lo mismo si se tratara de otra uva ya que la madera era la protagonista.

¿Idioma o costumbres?

Publicado: 23 abril, 2009 en Reflexiones
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copabandComo vengo haciéndolo desde hace poco, hoy metí las narices por diversos blogs de vino, tanto en español como en inglés. Me encontré con WineBiz News de Babara Keck, esta periodista que empezó a escribir a la corta edad de 15 años y que después fue consultora de mercadotecnia. Escribió recientemente en su blog sobre el mercado de habla hispana en EE.UU. La importancia de llegar a este es crucial, ya que de los 400 millones de hispanoparlantes, 45 millones viven en ese país. Ella hace hincapié en la forma de acercarse a este grupo «minoritario», poniendo especial énfasis en el idioma. Los anuncios de vino en español son un buen comienzo, ya que mucha gente hispana a pesar de tener mucho tiempo viviendo en EE.UU no habla inglés. Pero no es suficiente, ni tampoco la única barrera, hay otra más difícil de salvar. Si revisamos un poco la historia de hispanoamérica; fuera de los argentinos, chilenos y uruguayos, el resto no bebe grandes cantidades de vino como para pensar en clientes potenciales en masa ¿Cuántos restaurantes de comida típica del: Salvador, Honduras, Colombia, Perú… que tengan como elemento vertebral el vino, conocemos? Así que gran parte del escaso consumo es precisamente una cuestión cultural. Aunque como aquel viejo dicho: «donde fueres haz lo que vieres» la gente se ve influida por el medio que le rodea, donde vive.

Aquí en México la comida rápida se ha vuelto cada vez más anglo: Hamburguesas, hot dogs, nachos, pizzas… algo que hasta hace unas décadas, sin ser completamente ajeno a nuestra cultura, no representaba más que una pequeña parte del consumo callejero. El mexicano prefería tacos, tostadas, tortas, gorditas etc. No soy consultor en mercadotecnia, pero es palpable que el TLC (Tratado de Libre Comercio) ha dejado algunas secuelas. Así podríamos pensar que si el consumo de vino en Norteamérica va en aumento, como lo indica la OIV, podemos vaticinar que esto repercutirá tarde o temprano en algunos grupos que no necesariamente son consumidores tradicionales de vino. China es un buen ejemplo.

Los dichosos sulfitos

Publicado: 19 abril, 2009 en Reflexiones, Vino
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El dolor de cabeza después de beber vino, es más común de lo que suponemos. Se ha dicho hasta el hartazgo que la causa principal son los sulfitos. Poniendo en duda esta teoría, me di a la tarea de buscar las diferentes causas. En primer lugar es necesario partir del hecho de que cada organismo es singular, por lo tanto reacciona de diferentes formas a los estímulos. Hay personas más sensibles a los sulfitos que otras. Existen causas vasculares que desafortunadamente son hereditarias. Pero aun cuando los norteamericanos lo advierten de manera evidente en cada una de sus etiquetas, (por ley). Los sulfitos han estado presentes en la industria vitivinícola por más de 2000 años, como «conservadores» del vino, esto es para que no se echen a perder antes de tiempo. De otra forma los vinos se convertirían en vinagre mucho antes de poder deleitarnos con el resultado de su lenta evolución.
Conozco gente que inevitablemente debe ingerir dos analgésicos antes de probar una gota de vino, ya que de otra forma no sólo aparecen los dolores de cabeza sino una fuerte migraña, que los deja fuera de combate por varias horas.
En lo personal mis esporádicos dolores de cabeza vienen acompañados con algunos síntomas de deshidratación. Esta regla se cumple cada vez que bebo vino y poca agua. Sin pretender imponer mis reglas, debo decir que mi dosis ideal es una copa de vino por dos vasos de agua, así reduzco de manera drástica la posibilidad de tal efecto. Así que lo pongo como una hipótesis en la mesa de debate y no como un dogma, quizás alguien tiene por ahí una historia diferente que contar.

Diseño de Cavas

Publicado: 3 abril, 2009 en Reflexiones
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No sé si he llegado tarde a este negocio o quizá nunca ha habido suficiente demanda de bodegas de vino en este país, y en un año como este, es muy probable que no me vea muy ocupado diseñándolas. La verdad es que más allá del hueco debajo de la escalera, pocas personas son las que procuran tener un lugar específico para guardar sus vinos por mucho tiempo para que evolucionen a favor, y puedan disfrutarlos plenamente. Hasta hace poco no existían en México las cavas eléctricas, fueron apareciendo por goteo, y hoy en día, no es que haya mucha oferta pero sí hay alguna variedad; desde las 12 botellas hasta más de 200. Para colecciones pequeñas y medianas, eso es mucho más práctico que cavar un agujero, aislarlo, mandar a hacer los botelleros con un carpintero; que prometerá tenerlos listos en una semana, aunque tarde un mes. Y una vez construida nuestra obra maestra, nos damos cuenta de que no da la temperatura ni la humedad adecuadas. Así que a poner más capas aislantes y comprar un equipo de refrigeración. Después de toda esta parafernalia pensamos que nos hemos gastado mucho dinero, sin saber, que llenar la bodega es aún más caro. Entonces es cuando el arquitecto diseñador de bodegas entra en acción y debe de resolver todas las vicisitudes para que el cliente sólo se enfrente a una persona y no a diez. Mejor aún, para que disfrute viendo al arquitecto como se retuerce mientras el cliente,  sólo mueve la cabeza y amenaza con no pagar. Es una garantía contar con un servicio integral. ¿Pero estamos preparados en México para esto? Aquí generalmente contratamos al «mil usos» para después quejarnos amargamente de la bazofia de trabajo entregado. Dentro de esta mentalidad tercermundista y por otro lado de economía obligada. Me decía un amigo alemán, que no entendía a los mexicanos, que todo lo queremos arreglar con un alambrito: el espejo del automóvil, una silla, la puerta… Y eso hace que la economía se estanque, ya que el consumo no tiene el mismo dinamismo como en otros países donde todo lo que no sirve se tira a la basura. Puede que tenga razón, pero este año de crisis, creo que me quedaré con el alambrito otro rato.
Tengo en la mesa de proyectos dos cavas: una de 1500 botellas y otra de 1000, ambas están esperando a que el cliente se decida. Para colmo se atraviesan dos semanas de vacaciones, donde todo mundo está pensando en viajar y beber, en vez de construir cavitas.
Aquí una muestra de las sensaciones causadas en una buena cena, y tener que levantarse para ir por una botella… Pero no es una botella cualquiera, es un Latour 57.

Anti-vino a mano armada…

Publicado: 1 abril, 2009 en Reflexiones
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antivino-a-mano-armada3Sin dejar de lado el goce de poder escribir para otras personas y poder hacerlo de manera libre y sin ninguna atadura, más que en el caso del respeto a la política de cada blog. Me siento hasta cierto punto obligado a echar un vistazo a lo que escribe la gente en la «enoblogosfera», sobre todo los dedicados al vino y la gastronomía. Para mi sorpresa hay mucho de donde escoger, hay gente que lo lleva de manera muy profesional y otras no tanto, pero al final cada quien es libre de escribir lo que le plazca. Es así como he llegado a otros blogs de entusiastas del vino en México. Me llama la atención el de Rafa Ibarra, por su frescura y la pasión que contagia. Allí he visto el cartel: Anti-vino a mano armada, me ha hecho mucha gracia, ya que siendo víctima en más de una ocasión de abusos por parte de tiendas, restaurantes y wine bares, jamás se me hubiera ocurrido tal campaña. Al final todos pierden ya que el consumo es mucho menor que si vendieran el vino ponderando el volumen y no los altos precios. La última vez que me sentí asaltado, fue hace unos meses, cuando fuimos mi esposa y yo con otra pareja a cenar a un restaurante de mucho postín. Yo francamente no me acuerdo que botella llevaba, ni siquiera me acuerdo si era tinto o blanco, pero sí puedo asegurarles que no valía más de 20 verdes. El mesero, al ver que sacaba mi botellita, se acercó de manera disimulada, y me dijo susurrando al oído: ¿Ya le dijeron lo que cobramos por el descorche? Ante tal pregunta me imaginé lo que venía después. $500 pesos (35 US dlls). Indignado volví a meter la botella en la bolsita de neopreno y le pedí la carta de vinos. Para muchos restaurantes debe ser una pesadilla que alguien llegue con las mismas botellas de la carta, y que encima quieran descorcharlas casi de forma gratuita. Pero este no era el caso. La carta de este lugar en particular tiene dos o tres cosas interesantes pero a precios de extorsión. Así podría seguir hablando de muchos restaurantes donde pocos escaparían de la lista negra. Para completar el cuadro debo decir que quienes más cobran, casi siempre deja mucho que desear su servicio. Cuando no son las copas, es la temperatura a la que se sirve, la falta de oficio para descorchar etc. etc. También me ha hecho gracia de este cartel que va dirigido a los restaurantes. Qué hay de los bares de vino y algunas tiendas, y algunos productores. Claro que al final donde más inflan los precios son los últimos de la cadena. ¡Ojalá! y sólo como una inocente petición, los precios bajen y el vino corra por las copas de todos quienes bebemos vino fuera y dentro de casa.

000200012A finales de la primera década del siglo XXl me pregunto si todavía hay bodegas abandonadas por viudas que alguna vez sus esposos en vida se esmeraron tanto en nutrir, y que por no tener descendientes muchas botellas permanecen en el olvido empolvándose, esperando la hora que alguien las descubra.
Hace más de ocho años un colega llegó a mi oficina para ensañarme unas botellitas que le habían dado como pago de una remodelación de una vieja casa. Se trataba de una viuda cuyo marido se dedicó a la importación de vinos, por lo que se supone la bodega no era nada despreciable. Al principio fui escéptico, pero ante su insistencia bajé a echarles un vistazo. Eran unas cuantas botellas en dudoso estado, aunque el nivel llegaba al hombro en la mayoría de las botellas. Entre todas destacaba un Monte Real 1969, las demás no valía la pena guardarlas. Quién iba a pensar que sólo se trataba de una minúscula muestra de una colección de vinos españoles, la mayoría riojanos y sólo unos cuantos de otros países. Mi primera observación fue que las metiera a un lugar fresco, de inmediato me llevó las botellas a casa para que las metiera en mi bodega. La segunda tanda fue todavía más interesante: Viña Albina Reserva 1954, 1956, Federico Paternina Gran Reserva 1928, Banda Roja 1969, Martínez Lacuesta Reserva Especial 1922, sólo me queda una botella de tres. La única que abrí nos hizo suspirar a más de uno esa noche, a la otra le salió un hongo en el corcho que hizo que se vaciara por completo. Entre los no españoles está un Moulin-a-vent 1966, quién se imaginaría que la gamay evolucionara por tanto tiempo. Todavía reposan en la oscuridad varias botellas de esa tanda.
Otra ocasión afortunada, fue cuando me llevó un amigo dos botellas de Y´Quem 1975. Pertenecían a su padre y que no sabía qué hacer con ellas, por fortuna me vendió una y la otra está esperando turno, aunque él no está muy convencido de vendérmela. La noche que descorchamos esa botella fue inolvidable, sin duda el mejor vino botrizado que he probado en mi vida.
No sé por qué relaciono viudas y herederos con posibles tesoros escondidos. El caso es que la madre de una amiga murió y poco después del entierro me pidió que revisara la cava de su difunta madre. Había de todo: champán con menos de la mitad de su contenido. ¿Ullage? un poco… Esto a pesar de que se trataba de una cava expresamente diseñada para guardar vino y no un lugar debajo de las escaleras. El caso es que se pudo rescatar muy poco, pero ese poco valía la pena: Marqués De Riscal 1947, Viña Tondonia 1913 o 14, no ha quedado claro lo de la añada, lo que sí apunta en la etiqueta con letra grande es: «Sexto año de Plantación», un vino escaso y sumamente raro, que quizás ya no se encuentre ni siquiera en la bodega. Como pago al tiempo que dediqué para seleccionar lo mejor que quedaba me regalaron esta última botella, que descorché junto con otras añadas muy viejas. Para mucha gente estos vinos no son más que un montón de cadáveres, acostumbrados a las bombas frutales o vinos menos hechos. La verdad es que el acercamiento a estos vinos debe ser despacio, sin prisas y recordando siempre que ha pasado mucho tiempo desde que salieron al mercado, en algunos casos la gente involucrada en su creación ha muerto. Es necesario ponerse en sintonía con estos viejos que tienen mucho que decir aunque sea susurrando. Como dice André Tchelistcheff, que me parece que ilustra genialmente el punto: «Tasting old wine is like making love to and old lady…it is possible… it can even be enjoyable, but it requires a little bit of imagination». La búsqueda es continúa, aunque el encuentro es por casualidad, pero como dije antes, cada vez las posibilidades son menores.