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Obra Prima 2020. Un vino 100% cabernet sauvignon de Luján de Cuyo en Mendoza, con doce meses en barrica de roble francés y americano. Huele a tierra mojada, bosque bajo, mina de lápiz y pimiento. Tipicidad en nariz y bastante áspero en boca, con buena acidez y de final amargo, algo desenfocado. Para sólo repetir.

El Rully El blanquito borgoñés que prometí comentar, me ha decepcionado, he tenido expectativas más altas del resultado obtenido en la copa, suele suceder. Un vino diluido, sin nervio, y sin foto, se me ha olvidado hacer una foto, creo que es uno de los inmemorables con causa.

En mi acostumbrado periplo vínico descorché un Finca Resalso 2022. Es uno de esos vinos que atraen por su precio y por alguna otra razón inexplicable. Pues este riberita vinificado con tempranillo, pero que en honor a la costumbre debería de decir tinta del país, si es que estamos hablando de Ribera del Duero, fuera divagaciones inútiles, puedo decir que es un vino diferente, de esos que enamoran: con mucho brío, color picota, ribete cardenalicio. Huele a guindas, ciruela negra además de una notita, al principio, de yogurt. En boca tiene una acidez extraordinaria, se nota la juventud, el tanino está muy presente y tiene buena fruta negra; de primera calidad, sin señales de sobre maduración, como ya es norma en muchos vinos con años donde aprieta el calor. De final amargo. En conjunto se trata de un vino vivaracho, joven y cautivador. Me llevo dos botellas más a casa.

Fuentespina Roble 2022, Un ribera con 14 grados de alcohol bien integrados. Una nariz limpia que huele a lácteos, zarzamora y romero, en boca es redondo, con una acidez y tanino destacable, todo en armonía. Para comprar un par de botellitas. Sin proponérmelo me he topado últimamente con varios riberas interesantes y a buen precio.

Pronto disfrutaré de la vertical de Marqués de Murrieta, ya está todo preparado para el próximo viernes. Espero que mis expectativas esta vez sí se cumplan.

Un rosado de otra categoría superior a los jugos de fresa

Hace unos días comí con un gran amigo que conozco desde hace varias décadas y que últimamente se ha dedicado a explorar y a traer cosas raras a la mesa, me refiero a botellas escasas o que no se encuentran tan fácil. Comimos en un restaurante de inspiración española, aunque añoro aquellos restaurantes de antaño donde traían la fuente desde la cocina hasta la mesa para saborear un buen cocido humeante o una exquisita sopa, y que desde lejos se podía empezar a disfrutar oliendo los vapores que emanaban. Abundancia y gran sazón que no ofrecen los chefs de hoy con estrellitas, sino un buen cocinero con amor y pasión a su trabajo sin preocuparse de las guías y de tantas historias.

Yo llevé un rosado de López Heredia añada 1995, esos que pasan 5 años en barrica, con la maestría de la casa para poner la madera usada y que a ojos cerrados en boca parecen tintos. Por desgracia estoy comprobando que ya no está en su plenitud; esta bajando la colina inexorablemente. Está bebible pero sin la acidez ni la complejidad de hace un par de años. Él llevó un tinto de bodegas Domecq que carece de etiqueta, sacado de un rincón de la bodega y pomposamente cacareado como añada 1982. Me pareció muy extraño que tuviera una capa alta y que no hubiera rastros de sedimento, en nariz está muy vivo, con fruta negra y especias como la pimienta negra y el tomillo. Un buen ejemplar de no más de 8 años, diría yo. Además el corcho, que debieron reencorchar, es de viruta y en excelente estado, ni siquiera a traspasado el borde del corcho. Debo reconocer una buena hechura, un vino firme y cautivador, sin duda, pero que difícilmente podría pensarse en 42 años de vida, ni siquiera a 12°C y 70% de humedad en un remoto calabozo de la bodega.

Roda, una bodega que podríamos catalogar como ejemplo de modernidad, vecina de otra bodega calificada de las más clásicas, R. López de Heredia. Contrastes de dos productores diametralmente diferentes, pero ambos con excelentes productos para mercados distintos. Escogí del anaquel una botellita de Sela 2021. La gama baja de esta bodega, y que posiblemente he probado, pero que hoy me ha sorprendido gratamente por estar a la altura de vinos cuyo precio puede llegar al doble. Tiene un bonito color picota, brillante y fluido. Nariz limpia a regaliz, lavanda y fruta roja en sazón. En boca tiene buena entrada, tanino rugoso, excelente acidez, y final largo. Como para comprar una caja y comprobar en el tiempo su evolución. Yo lo decantaría media hora antes del servicio. Su precio ronda aquí los 40 dólares. Me llama la atención que en la página de la bodega mencionen en las notas de cata: (…) «La madera es casi imperceptible, la fruta se apodera del aroma en este momento» Es quizás la primera vez que veo que le dan poco protagonismo a la madera, cosa que celebro.

De salida me asomé a la mesa de las ofertas y pude ver algunas cosas muy interesantes de Francia, como por ejemplo un borgoñita blanco de una zona no muy conocida, Rully 2018 de Nicolas Potel, por 350 pesos creo que esta en un rango decente, si lo comparamos con algunos blancos de menor calidad al mismo precio.

El último vino que probé hace un par de días fue un Muga, cuya etiqueta no había visto por los anaqueles. Hace alusión al famoso barrio de la estación de Haro, donde se ubican bodegas como Roda, López Heredia, Gómez Cruzado, Muga entre otras. El Andén de la Estación 2019. Un vino de capa media, limpio con aromas a fruta negra, tomillo y algunas notas térreas, en boca firme de tanino mullido y buena acidez. Para seis botellitas. Hasta aquí lo último que ha caído presa del descorchador.

Queda en el tintero el Rully 2018, que ya he puesto a enfriar para desmenuzarlo el fin de semana.

Vid casera, del patio trasero de casa

Ayer por la mañana un amigo me envío un artículo por un medio electrónico de uno de los últimos descubrimientos sobre el origen del vino. Debo aclarar que las uvas en el sentido estricto no necesitan de la intervención del hombre para fermentar. Basta recordar que hace 500 millones de años cuando los continentes estaban unidos (Pangea) ya había plantas trepadoras que producían uvas, dentro de ellas fermentaba el azúcar y las gotas que caían al suelo fueron las primeras gotas de vino.

Restos fósiles de semillas y hojas de la familia de las vitáceas incluidas los grupos de América, Eurasia y Asia compartían más características hace 50 millones de años que en tiempos recientes. La vid salvaje euroasiática vitis vinífera L. Sylvestris crece hoy en día en toda la cuenca del Mediterráneo, desde España hasta el Líbano, por la ribera de los ríos como el Danubio y el Rin, a orillas del Mar Negro y el Caspio. Y fue la que dio origen al 99% de las variedades de uva que hoy se vinifican. Esta planta incluso remonta su ascendencia mucho antes: la Ampeleosis vid trepadora de hace 500 millones de años, que como dije más arriba vivía en Pangea, al separarse gradualmente los continentes entre sí, surgieron diferentes grupos con marcadas diferencias que nos han llevado aproximadamente a 100 especies modernas hasta ahora.

Lo anterior lo leí hace 16 años en el monumental libro sobre el origen del vino: Ancient Wine de Patrick E. Mcgovern.

Lo novedoso para mi es que nuevos y extensos estudios muestran un panorama más claro sobre la prehistoria acerca del vino, cuando el hombre empezó a cultivar la vid. Un numeroso grupo de investigadores recolectaron y analizaron 2,503 vides de uva de mesa y vitis vinífera así como 1022 uvas salvajes. Extrayendo el ADN y analizándolo se llevaron varias sorpresas. Los datos genéticos indican que hace 400,000 y 300,000 años las uvas crecían de forma natural a través del oeste y centro de Eurasia. Hace apenas 200,000 años un clima frío y seco dividió el hábitat de la vitis vinífera en dos áreas separadas, una al oeste que abarca los actuales territorios de España, Portugal y Francia, y otro al este en Israel, Siria, Turquía y Georgia. Hace 56,000 años la región Este se volvió a dividir en pequeñas áreas aisladas: El Cáucaso (Georgia, Armenia y Azerbaiyán) y al oeste: Israel, Irak y Jordania.

La domesticación de la vid hace 8000 años cuando la agricultura empezaba a diseminarse (dato erróneo en el artículo, si tomamos en cuenta que la agricultura comenzó entre 9000 y 8500 a.C. después de la última glaciación). Algunos expertos dicen que se cultivó en la Península Ibérica por vez primera (Portugal y España) hace 3000 años.

Estudios recientes abrieron un nuevo debate: Los humanos en el oeste de Asia domesticaron uvas de mesa hace 11,000 años. Se pensaba que el origen había sido en las faldas del Cáucaso (Georgia). Para complicar aún más las cosas hay desacuerdos entre los estudiosos sobre si esas uvas fueron para comer o para vinificar. Los primeros agricultores procedentes del oeste de Asia que llevaron la vid a la Península Ibérica, por el camino las cruzaron con algunas vides nativas. El primer cruce entre vides ocurrió posiblemente en Israel y Turquía cuyo resultado fue la uva moscatel con altas concentraciones de azúcar ideales para comer. Con el tiempo la uva de mesa se fue transformando en las variedades propias para vinificar en territorio de Los Balcanes, Italia, Francia y España. No sabemos por qué la gente del Cáucaso teniendo ya en ese tiempo vides, no las llevó a Europa. Análisis genéticos muestran que las uvas de esta región tienen muy poca influencia con las que crecieron en Europa.

En resumidas cuentas, y sacando mis propias conclusiones: parece que los romanos no llevaron la vid por vez primera a regiones de Europa que se supone lo habían hecho al conquistar las costas del Mediterráneo. Lectura que he registrado en varios libros. Basta leer la historia del vino en países como Francia, Italia y España para caer en la cuenta. Habrá que esperar resultados más sustanciosos en publicaciones más reconocidas, sin demeritar los resultados ofrecidos en este artículo.

Tapas, pinchos o pintxos (como se escribe en tierra vasca) y hasta los bocadillos y canapés, sin ser tan ortodoxos podríamos agruparlos en las  variantes de lo que podemos traducir en México como botana. Botana que se ofrece al bebedor sediento en bares y cantinas, y que su diversidad roza lo infinito tanto aquí como en España: Pimientos del piquillo en diferentes presentaciones, pinchos de tortilla, sardina, boquerón, gambas, navajas, huevo duro con pimentón, calamares, chorizo, pimientos asados, croquetas de bonito… son apenas un asomo de la gran cantidad de tapas que se ofrecen en los bares de cada esquina de las ciudades y pueblos españoles, tapas que requieren para obtener esa categoría un trozo de pan crujiente.

En México tenemos: cacahuates, papas fritas, sopecitos, chalupas, tacos dorados, tacos de diferentes guisos, chapulines, guacamole, tostaditas, molotes, charales, manitas de cerdo etc. Pero hoy me quiero enfocar en las tapas y pintxos que se ofrecen en México, ya que para mucha gente ha sido una novedad que no sólo en los restaurantes españoles se sirven, sino que las tiendas gourmet han incursionado en la preparación de estas delicias como City Market El Palacio de Hierro (Polanco). Lugares donde de ofrecen estos productos con una copita de vino o un buen tarro helado de cerveza, agua mineral o cualquier cosa que pidan de beber en la barra. Menciono estos dos establecimientos ya que son los únicos que conozco en Ciudad de México.

Hasta el momento y dudo que cambie la situación, son productos caros que no tienen nada que ver con la oferta en lugares como León España (Barrio Húmedo) donde incluso las tapas son gratuitas. Aunque carguen un poco más a las bebidas, ya que como decía mi padre: «Nada es gratis en esta vida». Pero por lo menos podemos hacernos ilusiones con ese plus ofrecido por el dueño del establecimiento.

En City Market he probado algunas tapas que me parecen de muy buena materia prima, misma que se puede conseguir dentro de la tienda. Mucho tiene que ver el ambiente en la barra, rodeado de productos, limpia y bien iluminada.

tapa6.jpgUna característica que dista de los bares españoles, y no precisamente los que visitan los guiris, es que es algo tan cotidiano que no se respira ese aire de sofisticación y efímera sutileza propios de lugares concebidos para sacarle los ojos a los turistas forrados de dólares. Cuántos bares visité en España durante los años ochenta, donde llegaba incluso a  pisar las colillas de cigarro y un poco de aserrín para que nadie resbalara por el piso húmedo. Sé que puede sonar cutre, pero también le imprimía un aire de taberna medieval, donde las charolas con cañas y chatos de tinto o sidra previamente escanciada deleitaban a los comensales en un ambiente impregnado de aromas y sabores.

Hoy en México como en muchos bares en zonas de alta plusvalía en cualquier ciudad del mundo, lo primero es atraer al cliente por la vista en un lugar armado y ambientado artificialmente como cuando se visita Epcot Center en la tierra de Mickey Mouse.  Para quienes gustamos de lo auténtico y queremos porciones abundantes y no dedales y platos que parecen muestras, la satisfacción es incompleta y muchas veces al salir es común sentirse timado.

El promedio que se llega a  pagar por persona, dependerá de que tan sediento o tapa2hambriento entre al bar. Sin embargo me atrevo a decir que un promedio de 4 tapas y una bebida, digamos vino o cerveza ronda los 300 pesos. Otra característica diferente, es que en España cuando se sale de juerga es muy raro que alguien se siente en la barra por más de dos raciones. Es habitual ir de bar en bar probando cosas sabrosas por las tardes, una cañita a mediodía y café con un bizcocho en la mañana.

En Ávila ciudad amurallada, relativamente cerca de Madrid, realizan uno de los  concurso de tapas más importantes de España. Así que el arraigo y tradición se respira en cada uno de sus rincones. La materia prima es la espina dorsal de un buen pincho, el esmero y la dedicación cierran el círculo para poder presentar en la barra una buena tapa. Sería ocioso hablar de cada una de las tapas que sirven en los lugares arriba mencionados, lo que sí puedo decirles es que el aguacate y algunas porciones calientes, no se encontraran en la Madre Patria, ya que se sirven así como están expuestas en los exhibidores… Mejor los invito a que se den una vuelta, sino lo han hecho, y probar algunas tapas para que formen su propia opinión.

Carlos Serres

Publicado: 25 junio, 2018 en Novedades, Vino
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carlos-serres-2016.jpgHace mucho tiempo, cuando participaba de manera activa en el foro de Verema, había un productor de mucho prestigio en la comunidad: Carlos Serres, inclusive intervenía en el foro y sus vinos se comentaban a menudo. Ayer pasaba por los estantes de una de las tiendas que frecuento y me encontré con una botellita de tempranillo de este mismo productor, como no lo había probado, no lo pensé dos veces y estiré la mano para meterla al carrito. En la etiqueta aparece: Old Vines, así que siguiéndolo al pie de la letra se trata de viñas de por lo menos 25 añitos.

Ya en casa preparando una paella no dejaba de preguntarme el resultado del maridaje, y mira que a mí eso del maridaje no es cosa que me quite el sueño. Una vez descorchado y puesto en la copa me di cuenta de su frutalidad, una nariz muy expresiva y un color de vino joven; frambuesa con ribete oscuro. Aromas intensos a hollejos, ciruela y arándanos. En boca tiene una acidez exquisita y un tanino mullido que le da al conjunto un buen armazón. Vino de trago largo que invita a seguir copeando toda la tarde, creo que compraré media caja y que también con una buena parrillada  sirve para bajar la grasa. No quería dejar pasar este comentario porque creo que es un vino sin el defecto de tantos otros de maderas y alcoholes altos.

La promoción del vino mediante regalos a los consumidores no es muy común en el mundo del vino. Me viene a la memoria aquel espumoso con pepitas de oro, así como sacacorchos, decantadores, copas… entre otros accesorios obsequiados a la hora de la compra.

En esta ocasión no iba por vinos pero pasé por el pasillo de los tintos. Lo primero que llamó la atención fue una caja que parecía fuera de lugar. Se trataba de una caja ilustrada a la vieja usanza de los cómics de los años sesentas. La historia en sí es tan intrascendente que dudo que alguien se detenga a leerla. Una caja para una sola botella, de las que se usan con el champán,  decorada como los viejos cómics de Superman o de alguno otro personaje  retroConcha y Toro

¿Tendría Concha y Toro que echar mano de la mercadotecnia de manera tan manifiesta para atraer a los compradores…? Parecería que no. Esta gigantesca bodega chilena vende y exporta millones de botellas al año en sus diferentes presentaciones y marcas. Sería raro no encontrar vinos de esta bodega en países que importen vino chileno, y qué decir de México y  EE.UU… Todo indicaría que no hacen falta este tipo de maniobras para que Concha y Toro siga dominando un amplio mercado de vino de este país andino, para el consumo generalizado, sin reparar mucho en la calidad. Aunque ya hay algunas marcas top de la bodega, como Don Melchor.

Al revisar el diálogo de los personajes podemos darnos cuenta de que va dirigido a un público de adultos jóvenes; diría yo entre 25 y 35 años. Cualquiera que sea la motivación de quienes planearon esta campaña, es grato poder ver de vez en cuando alguna variante en el tratamiento de las botellas de algunos aburridos estantes.

reganto 2010 Hace tiempo que había perdido todo contacto con un buen amigo oftalmólogo de profesión, que predijo con asombrosa exactitud que necesitaría lentes en cuatro años, y así fue. Entre las novedades me contaba su incursión (segunda acepción) en la sumillería. Para quienes estén acostumbrados a su significado en francés entrar al mundo de los sommelier. Me contaba también que ya había probado 95 vinos de añadas recientes del Valle de Guadalupe, así que no perdí la oportunidad para felicitarlo por tan grandiosa experiencia y de paso que me recomendara algunos de los mejores a su juicio, siendo bastante parecidos nuestros gustos en lo que al vino se refiere.
Sin tiempo que perder me lancé por el primero que me recomendó, o mejor dicho la primer bodega; Roganto, nombre compuesto por sus dos dueños Rogelio y Antonio. De etiqueta negra y «RA» en rojo. Vino de la Casa ensamble varietal cosecha 2010 13,7 de alcohol… Sin contar con más información. No sé si RA sea la marca o Vino Tinto de La Casa. Pero sin detenernos en detalles, me ha parecido uno de los mejores tintos que he probado en mucho tiempo. Se trata de un vino joven, frutal con aromas embriagadores a fruta negra, y notas térreas con un fondo mentolado, una nariz muy definida y limpia. En boca confirma la fruta, redondo, de tanino mullido, excelente acidez, con mucho nervio y excelente paso por boca, con un final mineral y largo. Un buen vino del que tengo que llevar a casa por lo menos media cajita.

Marqués de Riscal 2007
En cuanto a la oferta de vinos de Superama debo destacar el Marqués de Riscal 2007 por el que piden 299 pesos. Me parece bastante razonable, en contraste con los más de 900 que piden por el Único de Santo Tomás, sí señor, casi mil pesos por un vino que hace no más de 5 años rondaba los 300. Si ese aumento de precio va de la mano con la excelencia, estaría justificado, pero fuera de la etiqueta no creo que difiera mucho con el anterior. Es una tarea pendiente que pronto comprobaré.
Y como muestra del poco cuidado de los vendedores a la hora de ofrecer un vino, aquí tenemos un buen ejemplo… Si Rioja es una variedad de uva, no creo que este vino la lleve por sus venas.

Hace más de quince años empecé a darme cuenta de la diferencia entre los vinos sobre-extraídos de alcoholes altos, taninos rugosos, en algunos casos parecidos a la lija para limpiar el óxido del acero, y por el otro lado la sutileza de los vinos que han pasado por una oxigenación lenta en barrica usada que más que aportar taninos, liman los de la uva. Nada nuevo, ya hace tres décadas o quizás menos empezaron con la barrica nueva y bien tostadita de manera indiscriminada, sometidos a largos periodos de crianza. Dos mundos diferentes, cada uno con sus adeptos.
Pues hoy mr. Gerschman ha dado señales de cordura, ha escrito en su columna «Vinos» algo titulado «Ancho y Largo» y apunta entre otras cosas lo siguiente:

«Alguna vez les platiqué de aquella época en que el consumidor, en convivencia con el enólogo, buscaba vinos de mucha concentración y volumen. Y de cómo la balanza se está volviendo a equilibrar con una mejor apreciación de la elegancia en tanto que criterio central».

Para un hombre que ha pasado casi toda su vida halagando los vinos sobre-extraídos, concentrados y todas esas características de los vinos modernos, no es asunto menor. Nunca hubiera pensado que saldrían de su pluma tales reflexiones, sobre todo cuando habla de volver al equilibrio. Me acuerdo cuando en alguna ocasión criticaba de manera feroz los vinos de López Heredia… Siendo ejemplo de uno de los vinos más clásicos y refinados que aún se vinifican en Haro (Rioja).

Yo esperaría que por un lado los productores se den cuenta de que los consumidores también piensan en la sutileza, elegancia y equilibrio, y por otro, que no desaparezcan los vinos modernos sin excesos, porque no todo lo que tiene color tinta china, ribete cardenalicio y un precio de más de cien dólares es malo.

La historia se repite, después del escándalo de botellas falsas que llevó a su autor a la corte en el 2006, si la memoria no me falla. Escándalo protagonizado por Hardy Rodenstock, ex-publicita y promotor musical cuya ambición lo llevó a vender por varios miles de dólares botellas de formatos raros y de añadas muy viejas, que al final resultó un fraude, y cuya historia novelesca se llevó al libro The Billionare´s Vinager . Quien haya leído el libro habrá pasado un rato entretenido, confundido entre la ficción y la realidad.

Hoy el protagonista es mr. Kurniawan, un ciudadano de Indonesia. Los cargos contra él vienen del año de 2008 precisamente, cuando vendió por lo menos 84 botellas falsas de Domaine Ponsot (Borgoña), cuya venta se calcula en aproximadamente 600,000 dólares, entre otros fraudes. Se repiten algunos nombres como William Ingraham Koch, (petrolero y coleccionista de vinos) parece que no aprende de los errores del pasado, así como la casa de subastas Sotheby’s en Nueva York, cuyo paso por dicha casa figura en el historial fraudulento de este ciudadano indonesio.

Más allá de lo que le suceda a mr. Kurniawan que ya fue detenido en Los Ángeles por el FBI, y de los compradores millonarios afectados. Me pregunto si habrá gente en el futuro que considere el vino como una buena inversión, antes de ser placentero al paladar y a todos los demás sentidos. Y es ahí donde estriba el problema ya que si existe gente capaz de gastar miles de dólares en una botella que ni siquiera ha probado alguna vez en su vida, seguirán los mega-fraudes promovidos por la avaricia y la falta de control para verificar la autenticidad de añadas viejas.
Quien quiera más detalles, puede consultarlo en The New York Times.

Foto extraída de guiavinos.net

Apenas un bebé...

Como sacada de una película de James Bond, la torre-cava de más de 4 pisos de altura (12m) luce como un coloso en la entrada del restorán Aureole en el hotel Mandalay Bay, en Las Vegas. Aunque realmente su creación fue inspirada por la serie Misión Imposible, (quién puede olvidarse de su musiquita) las wine stewards o wine angels suben y bajan por medio de cables, escogiendo los vinos elegidos por los comensales. Construida en acero inoxidable, vidrio templado y Plexiglass en los nichos, da cobijo a casi diez mil botellas.

Con una tableta electrónica es fácil escoger un vino sin perderse en un mar de países, regiones, bodegas y uvas. En cuanto vi el Morgon de Lapierre en la pantalla no lo dudé un solo instante. Era una tarea pendiente, no por falta de interés sino de existencias en el mercado mexicano. Hace un año que su productor partió de lo terrenal, y la noticia hizo eco en el mundo del vino. Un año después puedo probar este vino biodinámico de la añada 2009 en una noche especial.
Lo primero que dijo el sumiller muy convencido, fue que debía decantarlo, y como yo soy muy obediente esperé a que terminara la maniobra. La verdad es que sí necesitaba bastante aire, con todo y la decantación este vino es una lápida, muy cerrado. Apenas en su infancia; es un gamay limpio, de lo más puro que he probado en mi vida, abre poco a poco, un vino enfocado sin distracciones, directo y puro, con fruta de la mejor calidad: moras, cerezas, frambuesa, regaliz, notas de bosque y lavanda. En boca es firme de una acidez exquisita y tanino firme, final laaargo. Una verdadera delicia, como para comprar un par de cajas y gozar de su encantadora evolución.

De poco servirá quejarse, pero me molesta que cubran las contra-etiquetas con información chatarra, cuando podrían pegarlas en otra parte, quizás en el fondo de la botella 🙂 (foto)

Otro ejemplo de información chatarra en contra-etiqueta

Morgon es uno de los diez crus, cuya evolución es más lenta, llegando a la madurez en varios años. Cuando le comentaba al sumiller que necesitaba cinco años más, movió la cabeza, asegurándome que le faltaban por lo menos quince. No lo dudo, ya que alguna vez probé un gamay de 1966, que si no estaba en su mejor momento, tampoco era un cadáver, para quienes piensen que la gamay es para vinos ligeros y de poca evolución. Les puedo asegurar que están en un error.

Así que con la primera entrada probé un blanco alemán spätlese cuya marca no recuerdo, y tampoco apunté, pero decía «off dry» que podría traducirlo a abocado, o por lo menos eso me pareció. Un vino de caracter floral bien maridado con un fuagrás, para después darle entrada a un atún sellado sobre cama de papas, que le vino de maravilla al Morgon, en honor a Mr. Lapierre. ¡Salud!

Para quienes quieran recordar tiempos pasados… y la monótona musiquita.