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Dentro del amplio mundo del vino se habla de la evolución como algo cuantificable pero sobre todo controlable. Déjenme decirles que al tiempo le gusta juguetear con nosotros, a veces evolucionando de más, y otras cuando pensamos que ya el vino se convirtió vinagre; resulta que no sólo está bebible sino que se puede disfrutar de los matices de un vino en plena madurez; deleitándonos como nunca lo haríamos con los vinos más jóvenes. Hace casi cuatro meses catamos un blanquito: Cuna de Tierra 2020, que ya había olvidado en el refrigerador, y es que había sobrado poco más de una copa. Para mi sorpresa lejos de ser un vino cansino, presentaba un color amarillo dorado, opaco, con una nariz tropical a mango, níspero con notas de piña madura y barro. En boca amarga un poco a la entrada, de acidez comedida y un punto dulce. Había perdido aquella frescura de cítricos de la primera vez cuando se descorchó: Nada que se tuviera que echar al fregadero. En contraste descorché después un Chablis de Louis Jadot 2021, amarillo pajizo brillante con una nariz frutal a piña, notas florales a jazmín, y también notas anisadas. En boca de buena acidez, un vino joven correcto. A veces la vida nos da sorpresas, y es que olvidamos la segunda parte en algunos vinos: que después de descorchados, quizás no días, pero si una horita o poco más hace que aparezca la magia. Pondré en un futuro más atención a la evolución en copa.

El imbebible

Ese mismo día había sacado de no sé dónde una botellita de tinto, sin grandes expectativas lo probé. Debo decir antes que nada, que no me gustan las descripciones poco halagadoras de vinos que no sean de mi agrado, pero este rozaba lo infame. Un vino diluido, que si me hubieran dicho que le habían agregado un vaso de agua, lo habría creído. No había por donde cogerlo, como decía un buen amigo español. Le faltaba de todo, un juguito de uva con algo de alcohol, completamente desintegrado. Además tuvieron el atrevimiento de imprimir en la etiqueta el calificativo de «Gran Vino» nada más lejos de la realidad. Pongo la foto para el valiente que quiera desengañarse.

Hace unas semanas asistí a una de esas catas comerciales que organizan ciertas tiendas de autoservicio, lo que conocen en España como grandes superficies. Dije comercial, porque finalmente su objetivo es vender una que otra botellita, y si al cliente le gustan todos los vinos, pues… ¿Quién le impide que se los lleve a casa? Alfonso, asiduo asistente a estas catas, me comentaba que las más interesantes, en cuanto a información y contenido, eran las organizadas con algún miembro de la bodega en cuestión. Ya que generalmente están muy bien enterados de todo lo que respecta a la bodega y sus vinos. En esa ocasión cambiaron el itinerario, debían ser prioratos y acabaron en Ribera del Duero.

El primero de tres tintos; Sembro 2021 de bodega Jaros, Tres meses de crianza y 14.5 grados de alcohol. Huele a mermelada de zarzamora, unas vueltas a la copa y aparecen lácteos. En boca: de taninos moderados, buen paso y acidez. Todo en su lugar sin enamorar.

El segundo de la tarde un Jaros 2018, con 18 meses en barrica además de que se le notan. Huele a pastel de frutas, pimienta negra y una notita lejana de cuero y madera nueva. En boca tiene un tanino rugoso y una acidez que destacan, le falta vidrio, quizás unos añitos integren lo que hay dentro.

El último fue un Pago la Corva 2015. Mudo al principio, va abriendo a fruta negra sobre madurada y barro. De alcoholes altos, sin integrar, aunque el conjunto da un vino correcto, hasta que me enteré del precio: 1500 pesos, algo así como 85 dólares.

Dentro de las audacias del sumiller encargado de dirigir la cata, respondió a una pregunta a la ligera, diciendo que las piernas en la copa no tenían nada que ver con el alcohol. En mi experiencia la evaporación del alcohol, por ser tan volátil, hace que la tensión superficial del agua que queda en las paredes escurra, y dependerá en gran medida de la porosidad del vidrio del que esté fabricada la copa; que escurran en diferentes grados o que no se perciba. Así las cosas me retiré de la cata sin llevar vino a casa.

Américo Vespucio

Publicado: 15 diciembre, 2022 en De todo un poco, Reflexiones
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Nada mejor que pasar un par de horas en vela dando vueltas en la cama para que la palabra insomnio aparezca en su justa dimensión. Después de haberme levantado de la cama para ir al escusado me fue imposible conciliar el sueño antes de un par de horas, tentado estuve de bajar a la computadora y escribir esta entrada, pero sabía que podía despertar a la familia. Ahora frente al teclado ya bien entrada la mañana quisiera decir que es sorprendente que algunos personajes de la historia hayan alcanzado la fama sin haberla buscado ni remotamente. Y quienes seguimos la obra de Stefan Zweig, quien tuvo un fin que pocos pudieron imaginar durante de la II Guerra Mundial, sabemos que sus biografías son una delicia. Como en el caso del comerciante florentino Albericus Vespucci, conocido en castellano como Américo Vespucio, es muy probable que sea de los mejores ejemplos de gente que sin buscar la fama se hizo de ella de manera involuntaria. Las cartas que envío a Lorenzo di Pierfrancesco de Medici (al parecer primo del otro Lorenzo llamado «El Magnífico») son algunas relaciones de acontecimientos. Todo comienza con la intervención de un impresor neerlandés que inventa «del modo más burdo» dice Sweig, un quinto viaje de Vespucio. Así como las cartas, de las que se han encontrado el manuscrito original Quator Navigationes material para componer un libro. Copio textual: «así la descripción hecha por un tirolés de nombre Baltasar Sprenger, y que circula en su manuscrito, ofrece al impresor holandés la anhelada oportunidad para proceder a una falsificación. Donde el original reza Ego Balthasar Sprenger, el pone simplemente Ick, Alberigus, «Yo Américo», a fin de hacer creer al público que esa descripción de un viaje también era debida a Vespucio. Y he aquí que cuatrocientos años después esa imputación descarada engaña aún a la presidencia de la Sociedad Geográfica de Londres, que en 1892 proclama con gran boato el descubrimiento de un quinto viaje de Vespucio». Aquel informe ficticio sobre el primer viaje y todas las demás inexactitudes que hicieron que Vespucio fuera inculpado de engaño consiente, no han de imputársele a él sino a los editores e impresores, sin embargo quedan algunas preguntas en el aire: ¿Por qué Vespucio no protestó nunca públicamente…? Antes de su muerte, en 1512, ya circulaban libros en su nombre que le atribuían un viaje que en realidad no había efectuado. Escribe Sweig: No habría consistido su primer deber en lanzar al mundo un terminante: «No, yo no soy el descubridor de América y ese país lleva mi nombre injustamente»? *

Recomiendo la lectura de esta espléndida biografía, y para no desviarnos del contexto de este blog, hoy descorcharé algún vino italiano, de preferencia florentino.

*Copia textual. Ya que América no es un país, sino un continente. Aunque los norteamericanos no pierdan la ocasión de darlo como su pais.

Enero

Publicado: 12 enero, 2019 en De todo un poco, Vino
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Enero es un mes de reflexiones y de buenos propósitos, que en la medida que corre el año van quedando en el olvido. Un espacio que puede servirnos para dirigir nuestra mirada a otros objetivos y nos invita a hacer un alto en el camino.

Leyendo el blog de Tyler Colman Dr Vino, por poner sólo un ejemplo, se alojaron como abejas a la miel en mi memoria recuerdos y añoranzas de cuando los blogs gozaban de buena salud, en su pleno apogeo. Cuando la gente leía y escribía de manera entusiasta y en ocasiones de manera febril. Tyler Colman no ha sido ajeno a esta tendencia a la baja, otrora escribía hasta tres entradas por semana, todas ellas escritas con mucho profesionalismo y esmero. Ganador de no sé cuantos galardones entre otros reconocimientos importantes. Hoy en su portal la entrada más reciente es del día 7 de noviembre del año pasado. Algo sucede y es que las seducciones visuales de los videos y todo lo que tiene que ver con la comunicación fácil, instantánea y digerida, sustituye poco a poco la escritura. Ese código que desde hace poco más de 6 mil años nos ha engrandecido con su luz y cobijo para desarrollar nuestras fantasías y no sólo el chismorreo banal y efímero. Parafraseando al hombre genio de Borges; Todos los inventos del hombre han sido extensiones de su cuerpo, con excepción de la escritura. La literatura va más allá del simple deseo de expresar una idea, ya de por sí una tarea valiosísima, sino de llegar a expresar sentimientos y reflexiones que eleven el espíritu  del hombre.  Los videoblogs son cada vez más reconocidos y han convertido a muchos de sus autores en gente famosa y rica. Giovanni Sartori estaría moviendo la cabeza  reconociendo lo que él alguna vez  había profetizado a inicios del siglo XXI.

Ha llegado a tal punto mi apatía que de no escribir de inmediato alguna experiencia que resulte a mi juicio digna de comentar, pueden pasar semanas sin que me asome al teclado para escribir mis experiencias. Así que no quise dejar pasar la oportunidad para comentar algunas cosas a bote pronto.

Al final de año catamos algunos vinos que prometían mucho pero que no sé si valen lo que cuestan. Una pregunta que me planteó cada vez con más frecuencia ¿Un vino de 200 dólares los vale de verdad…? Hay quienes defienden su postura por el solo hecho de haber pagado una fortuna, pero son incapaces de desmenuzar el contenido de la botella. Conformes con la etiqueta y el glamour efímero que les proporciona una cena vestidos de frac, descorchando vinos caros servidos en copas austriacas de cristal de una sola pieza. Por mi parte encuentro cada vez más satisfacciones en la simplicidad, en un vino honesto y sin grandes pretensiones como el que a continuación les comentaré.

neroCusumano Nero D´Avola 2016. Un siciliano firme con buena fruta, de alcoholes moderados y tanino maduro. A los que llamo de trago largo, y que bien pudiera descorchar dos botellitas durante una buena cena.

Muchos se preguntarán si vale la pena comentar un vino que se puede beber de ordinario, para quienes acostumbran a beber diario. Yo diría que sí. El precio y la estirpe muchas veces son producto de la mercadotecnia que va mermando el verdadero propósito de una buena copa de vino.

Hasta aquí mi comentario, y por cierto en un futuro me gustaría escribir una entrada sobre los lugares en México donde sirven tapas. Tapas de calidad, aunque a veces hay que pagar un riñón por cada sentada en la barra. Curiosamente se encuentran en tiendas de lujo ¡Qué tengan un año de mucho éxito y  más salud!

El pasado 8 de octubre se desató en los condados de Napa, Sonoma y Mendocino, uno de los incendios más destructivos. Nadie sabe cómo comenzó, aunque no sería difícil apostar a las altas temperaturas y los fuertes vientos; dos de las principales causas que en el pasado han arrasado miles de hectáreas en esta zona de California.

Pero qué hay de las bodegas, la mayoría de los centenares que se han establecido, no sufrieron daños, según The Mercury News; son alrededor de 23 bodegas las que han sufrido daños materiales. Una de las más afectadas fue Paradise Ridge Winery, cuyos dueños, como en otros casos, tuvieron que huir de sus instalaciones para salvar la vida. Prácticamente se incendiaron todos los edificios, con excepción del viñedo.

Bodegas tan famosas como Stag´s Leap Winery cuya primera añada data de  1893, sufrieron daños en sus edificios secundarios. Mayacamas Vineyards fundada en 1889, sufrió pérdidas en su sala de degustaciones. Pérdidas menores como en la mayoría de las bodegas, pero que de algún modo repercutirán en la presente añada.

El panorama de los vinos de esta zona en nuestro país no es muy alentador, si bien nunca ha habido un gran flujo de importaciones de vino de California, los precios seguramente se incrementaran a los ya de por sí altos precios por tipo de cambio. Habrá menos vinos californianos que de costumbre en los anaqueles de exhibición.

Ayer fue viernes, y además de celebrar la cata 212, porque precisamente es una celebración al vino, a la camaradería y  al hecho de seguir vivos en este caótico mundo, también repuse el equipo de refrigeración de la vetusta cava que ya pronto cumplirá 22 añitos. No sé si entre en la categoría de cavas viejas, como las viñas después de los 25. En Europa hay muchas en castillos con algunos siglos a cuestas, aunque tampoco sé si abunden las particulares con estas características. Hay mucho qué contar en los dos años y algunas semanas que estuvo fuera de servicio, bien podría resumirse en mucho moho, etiquetas dañadas por humedad excesiva y temperaturas variantes entre los 19 y los 25°C,  además claro está cierta dosis de apatía para comprar vino. Adopté muy pronto esa costumbre de comprar lo que se bebe pronto, como máximo un mes de consumo. Me preguntaba para qué comprar más vino si no tenía la cava en condiciones para guardarlo por mucho tiempo. Pues bien, hoy volví a entrar y escuché ese ruido del difusor que sonaba a una melodía angelical,  sintiendo en el rostro la suave brisa del aire fresco,  aunque ya no bajaré el termostato a los 16°C acostumbrados, sino a unos comedidos 18 más que suficientes para que duerman y reposen en calma todas las botellas, además de que mi cartera no resienta el pago de la factura de la electricidad. Es pues para mi muy grato volver a cuidar de las botellas y comprar algo más para la guarda. Dicho lo anterior la cata tuvo algunos vinos para comentar:

IMG_0661 (2)Don Leo 2012 Sauvignon Blanc. Un vinito fácil, color pajizo, brillante y fluido, con una espléndida nariz a kiwi y una sutil nota de durazno maduro. En boca es firme, abocado, fresco y de final largo y mineral. Para comprar media caja, aunque los calores se han ido, vale la pena de aperitivo o con un queso no muy maduro.

Coloso 2015. Este vino sé que a mucha gente le daría pena comprarlo, o no podría quitar el estigma del equipo de futbol América, sobre todo quienes le vayan  a las Chivas, pero como yo no soy aficionado, y además me llamó la atención lo que estaba dentro de la botella, lo compré. Huele a regaliz y cerezas, tiene buen paso, algo mineral y de acidez alta. No está mal pero no volvería a comprarlo, me parece que por los 375 pesos (20 dólares) que piden hay ofertas mucho más atractivas.

Don Leo  Pinot Noir 2015. De la misma bodega del primer vino, huele a mermelada de zarzamora y notas de ciruela madura. En boca es muy frutal, buena acidez y notas minerales. Un pinot de 13,9 grados aunque parece que empieza a ser la norma en lugar de la excepción. Bueno si me dijeran que es otra cosa y no un pinot noir, asociado, por lo menos por un servidor, a cosas más sutiles.

Megacero Premium Blend 2014. Un nombre raro para un vino, se antoja para el nombre de esos ridículos robots «Transformers» y no para un vino. Fruta madura a raudales con algunos toques ahumados (tocino). En boca es tosco y muy astringente. Inmemorable con causa.

Tierra Adentro Merlot 2011. Este vino zacatecano huele a piedra de río, para quien no entienda muy bien de qué va, es que nunca ha dado un paseo por las márgenes de un río después de las doce del día, cuando las piedras desprenden ese vaporcito una vez que han ganado calor por los rayos de sol. Es mineral  y tiene notas de ciruela pasa, un toque dulzón y en boca astringencia y poco más. Bebible.

Tierra Adentro Syrah 2011. Chocolate, mermelada de ciruela y arándano. En boca va de más a menos, desenfocado.

Rasgueo dominical

Publicado: 10 septiembre, 2017 en De todo un poco, Vino
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Como quien toca la guitarra y sólo hace algunos ejercicios para no perder la costumbre, hoy domingo escribo algo de lo que me ha pasado en este año, que no es muy interesante ni siquiera abundante pero que de algún modo debo de hacerlo para sacudir de polvo este espacio.

Como dije antes, no escribiré la reseña de cada cata del grupo, pero si algunos detalles sobresalientes si es que se le puede calificar así a los hechos cotidianos del mundo del vino. Empezaré por un tinto que probé en julio pasado y que llamó la atención. Uno de esos vinos cuya fruta contenida en la botella nos lleva al viñedo, fruta que se siente viva por su acidez y encanto. Todo lo demás son alcohol, tanino, textura, postgusto…  en su lugar y de una manera que no sólo convence sino enamora. Cualidades cada vez más escasas en la industria del vino, y he dicho industria porque quizás sea la mejor forma de describir lo que impera en la actualidad. Vinos por montones sin rasgos que los diferencien unos de otros. Hace poco escuchaba a un mesero sugerir un merlot, por lo dulce, como si sólo se tratara de la uva, echando por tierra el calendario de la vendimia (a mayor tiempo, mayor azúcar) y no menos importante el proceso de  vinificación.  Agregaría como lo he hecho siempre, la estandarización y el abuso de la madera, para completar un triste cuadro. Pero hablando del mismo vino Il Fiore de Marco Bonfante, me parece que comprar una cajita sería muy buena idea.Il fiore

Otro vino que me sedujo, este caso aún más raro, tratándose de Hugo D´Acosta, nuestro Michael Rolland mexicano, y no por que no pueda sino porque a veces le salen cosas raras experimentando con uvas y procesos cuyo resultado son tes de roble, casi siempre caros. Esta vez me sirvieron un vino de la casa en el restaurante Barrio La Bocha. Un vino con buena fruta, equilibrado y sin excesos. La Bocha, no recuerdo añada. Ambos muy recomendables en este océano de vinos comerciales servidos muchas veces a temperaturas abajo de lo disfrutable. Si antes, quizás 25 años atrás, padecíamos de aquello de «temperatura ambiente», hoy los vinos los ponen junto a los mariscos en el congelador. Ayer precisamente me sirvieron un malbec con esa cortina de humedad que se forma alrededor de la copa, cuando el vino esta muy frío. Claro que alguien puede decirme que es mejor eso a que venga caliente. Sí claro, ya que puede ganar algunos grados centígrados en la mano.

Las catas programadas, que dicho sea ya vamos en la ducentésima décima, lo dejaré para otra entrada. Sólo quiero destacar un cava que probamos y cuya información no aparece en la página oficial de CUNE, pero amablemente respondieron a mi correo brindando algunos datos. Se trata de un espumoso de carácter calizo con aromas intensos a frutos secos y panadería, sin perder su exquisita acidez. Vale la pena. Dentro de la información que enviaron (ficha técnica) aparece que está vinificada en el Penedés, Saint Sant Sadurní dʼAnoia. Y que está vinificada con xarel-lo, macabeo y parrellada.

En otro tema, Pedro Poncelis Brambila sin duda es el sumiller decano de México, inició su carrera como químico y poco a poco fue creciendo su interés hasta lograr un reconocimiento de todos quienes vivimos este maravilloso mundo de Baco. Una visita al Hotel Presidente en el restaurante Alfredo Di Roma, confirmó mis sospechas de que ya se había retirado para mudarse a Baja California para el proyecto hecho realidad de vinificar. Poncelis

Acabo de descubrir (aunque el proyecto inicio en 2011) un vino con su nombre en la etiqueta, proyecto iniciado por su hijo con su colaboración. En fin los detalles no los tengo a la mano, pero sí puedo decirles que nos llamó la atención, y que se puede esperar que mejoré con algunos años en vidrio. Da gusto ver la culminación de una larga carrera con un proyecto de esta naturaleza. ¡Felicidades a los dos! Padre e hijo.

Por cierto, 435 pesos no está en el rango de vinos para beberse diario, por lo menos no en mi caso. Si me preguntan si los vale… sí lo creo, aunque como consumidor quisiera que estuviera abajo de ese precio.

Merecida medalla Nunca me han llamado la atención las medallas que les cuelgan a los vinos, en ningún caso han sido motivo para meterlos al carrito de las compras. Pero esta vez me ha llamado la atención una en especial. Me refiero a la que le colgaron a la botella de Castillo de Liria. Y dice así:

«Los super vinos 2014, Mejor Guía de Vinos de España. Mejor relación calidad-precio de España»

La verdad es que este vino desde antes de la medalla siempre me sorprendió. Aquí en México tiene un precio de 50 pesos, poco más de 3 dólares o 3 euros. No se puede pedir más por ese precio, un vino correcto y yo diría agradable. Vinificado con bobal, variedad muy conocida en Valencia y Utiel Requena, combinada con la shiraz que actualmente goza de bastante popularidad. Un tinto agradable, sin muchas pretensiones, pero que cumple dignamente con los 50 pesos que piden por cada botella. Así que no me queda otra más que aplaudir por esa merecida medalla. En un mundo donde cada vez es más extraño encontrar en los anaqueles botellas por debajo de los 100 pesos… Y aún más tomando en cuenta que es importada.

Vovray Pinon Desde las burbujas más comunes entre la gente con poco ingenio y hasta de mal gusto, víctimas de la mercadotecnia, empezando con Dom Perignon, Cristal, La Grande Dame, hasta cosas más refinadas y sutiles para paladares más exigentes como: Drappier, Gaston Chiquet, Egly- Ouriet, Billecart-Salmon… En esta ocasión ni unas ni otras llegaron a la mesa, la crisis hace mella y mi cava empieza a tener varios huecos, aún así me pude decantar por un espumoso de Vouvray, del maestro François Pinon. He dicho espumoso porque además no podría llamarse champagne, ya que no se produce en esa zona, aunque todo indica que se vinifica por el método tradicional. En la etiqueta dice muy claro su origen, Vouvray y el grado de dulce que se puede esperar brut, en la parte superior; non dosé… Me ha confundido un poco ya que no es lo mismo brut que non dosé. aunque al probarlo se puede percibir algo de azúcar residual llegando a ser apenas abocado.

También reposaba en la mesa una botella que guardé algún tiempo, y que ayer descorché, no sin antes acordarme de mi buen amigo Jesús Madrazo quien tuvo el gran detalle de regalarme dos botellas, he decidido descorchar la de Contino Selección 2001 para recibir el año.

Empezamos con un portugués que por alguna razón había dejado en el refrigerador olvidado, Quinta de Cidro 2008. Un albariño color oro viejo, huele a paja mojada, barro, con algo de flores indefinidas. En boca es firme buena acidez y largo, se antoja con algún queso curado. Francamente pensé que estaba para el fregadero y me he llevado una grata sorpresa.

El espumoso huele a flores y cítricos, con el aire aparece algo térreo de fondo, en boca es una golosina, cítrica con mandarina y un poco de manzana fundidos con una excelente acidez y  final largo. Vale la pena voltear hacia los espumosos y por qué no, también a los cremants, sin prejuicios.

Contino s. 2001 Contino, de esa bodega estilo chateau con su propio viñedo autosuficiente, y como dije antes cuyo enólogo generosamente me regaló un par de botellas que he guardado celosamente durante siete años. Su mezcla lleva 80% de tempranillo y 20% de graciano, ambas entre los veinte y treinta años. El tiempo ha hecho que entre a la madurez con muchos bríos, un vino redondo sin aristas, fruta roja de la mejor calidad, tanino mullido, excelente acidez y profundidad con un toque mineral al final que enmarca el conjunto. A mitad de la cena aparecía una arista de alcohol que se fue así como llegó.

Las viandas han sido carnes frías y un poco de queso que ha caído de maravilla, sobre todo el Brie; cremoso y un punto salado como a mi me gusta, que se lleva muy bien con las burbujas y la acidez.

¡Feliz y exitoso año 2013!

Le Haut-Lieu Sec 1996 Después de una semana de haber puesto a trabajar mi hígado y mis riñones no ha caído algo que valga la pena comentar. Hasta el día de hoy. Y esto me lleva a una añeja reflexión: ¿Qué está pasando con el grado de alcohol en el vino…? cada vez me encuentro en las etiquetas alcoholes arriba de los 13,5 aunque en algunos no sea tan evidente cuando está bien integrado, en otros podría ponerme en la calle como tragafuegos.
Parece que la producción industrial de vino no tiene marcha atrás, los pequeños productores cuidadosos de su vinificación y preocupados por el terroir y de conservar niveles de alcohol en niveles decentes, están en extinción. Por esta razón el encuentro con vinos como los de Huet son un Oasis en el desierto de vinos sin personalidad y con tanto maquillaje.

Le Haut-Lieu Sec 1996. Muy bien guardado cubierto de polvo, reposaba desde hace poco más de un año en la cava. Color amarillo dorado muy brillante y algo espeso. Nariz floral a manzanilla y flor de azahar, tiene notas de tabaco rubio de fondo y un punto frutal a pera y durazno. En boca es amplio con una frescura cítrica a toronja blanca que muy pocos vinos de su edad sostienen. Largo y profundo. Una delicia. Un pato con salsa de ciruela con una cama de puré de camote no fue el mejor maridaje, así que hice a un lado el plato y terminé con el vino primero. Mejor presentación que contenido...

Hubiera estado mucho mejor un pinot noir, de preferencia directo de la Borgoña. Al no haber muchos vinos por copeo de donde escoger me decanté por un chileno de cabernet sauvignon, que he dejado en la copa. No sé si cada día sea más sensible al alcohol, pero me pareció un disparate, un tinto de alto octanaje rompiendo drásticamente con la sutileza del Huet y la del pato, a pesar de la grasa de sus carnes.

Akai 2009 Siguiendo con una rachita de inicio de año poco promisoria, hace unas semanas me enteré del cierre definitivo de La Gahia, un restaurante ubicado en pleno centro de la ciudad de Cuernavaca. Una muy mala noticia ya que para mi era el mejor de sus alrededores, con una atmosfera relajada y un ambiente entre hacienda morelense y chalet mediterráneo; de gruesos muros y luz dosificada… Y la cocina una exquisitez. Una verdadera pena, reflejo de la difícil situación financiera de muchos consumidores, que poco tiene que ver con nuestra tan cacareada sólida macro-economía. Pero también hay buenas noticias: Carlos se recupera, ya está en casita, aunque no podrá beber vino, ni mucho menos destilados. La gran noticia es que pudo salir de su delicado estado de salud. Enhorabuena Carlos.

Por alguna razón no predeterminada he probado algunos vinos mexicanos en últimas fechas, que no había visto en los anaqueles. Quizás ando un poco atrasado, puede ser. El primero lo compré hace unas semanas para una parillada que organizó un amigo y que tuve el honor de ser invitado con mi esposa e hijos. Así que para no llegar con las manos vacías compré dos botellas de vino y unos chorizos argentinos que por cierto quedaron muy sabrosos, sin tanta grasa como es costumbre en este tipo de embutidos. Uno de los vinos que llevé era mexicano: Akai 2009 de la bodega Santo Tomás cuya venta es exclusiva de la Europea. Agregado a un coupage bordolés una tinta italiana y otra española, con barbera y tempranillo junto con las tradicionales cabernet sauvignon y merlot. Esto da Arándanos, higos, humo, tierra mojada y notas de vainilla. De tanino dulce, acidez justa y final corto. Repetible pero sin enamorar, mejor en nariz que en boca.

El segundo mexicano fue el JC Bravo Carignan 2006 cuyos méritos se ven opacados por una arista de alcohol bastante pronunciada.
Paulinha 2010 Por último y debido a los halagadores comentarios de Dr. Salsa en su blog, visité El Isote. Un restaurante de interesantes platillos de inspiración mexicana sofisticada y petit. Patricia Quintana, reconocida chef mexicana y dueña del restaurante, cuya creatividad le ha dado aires internacionales a platillos mexicanos con su personal toque refinado y de pequeñas porciones, como lo marca la cocina de autor. Algo a lo que no estoy muy acostumbrado ya que mi prominente estómago es difícil de llenar.
Al pedir que nos llevaran a la mesa un Nebbiolo de L.A. Cetto, me dijeron que ya no había, así que me trajeron un Paulinha 2010 de Viñas Pijoan cuya etiqueta me remonta a aquella comida en Ensenada con mi amigo Valente en el restaurante Manzanilla, cuando me presentó a Pau Pijoan, a su esposa Leonora y a su hija menor Silvana. Ese día probamos un estupendo blanco que lleva el mismo nombre de su hija, y que no he vuelto a ver por ningún lado. Así como también un Leonora 2005, ya que Pau Pijoan ha bautizado todos sus vinos con el nombre de algún miembro de su familia hasta que apareció su vino Convertible Rojo. El caso es que este tinto Paulinha 2010 me ha gustado mucho. Frutal, redondo de buen paso y de final largo, taninos mullidos y quizás un poco justo de acidez.
Me ha gustado tanto que he pedido otra botella, no sin el consentimiento de mi amigo y compadre Rodolfo. Ambas hicieron un maridaje muy interesante con una ensalada de nopales y aceite perfumado de trufas y un filete de res con costra de algo que parecía pimienta negra, aunque no lo puedo asegurar.
Hasta aquí mis comentarios en este incipiente y frío mes de febrero.

No está quemaoo, tiene costra!!!…