Había pensado en bautizar esta entrada con el título de: «No apta para diabéticos». Vinos de cosecha tardía, otros también botrizados y un espumoso demisec… Aaah y se me escapa un vino de Burdeos vinificado con semillón y savignon blanc. Seco, para contrastar con tanto dulzor, y al final un cava demisec. Los nueve integrantes en esta ocasión, porque somos casi una docena, once siendo exacto, disfrutamos de todos los vinos, con nuestras respectivas preferencias, algo natural entre nosotros los humanos. Chile, Francia y España estuvieron presentes, lo que fue una grata sorpresa, por lo menos para mí, ya que no figuraba ni siquiera en mi mente, es que al final acabaría sacando de la cava un Borgoña del 58, pero eso se los cuento después. Abrimos boca con un chilenito de cosecha tardía Artemisa 2006, con perfil tropicaloide; piña cristalizada, mango, mucho mango con una arista alcohólica resaltada por el azúcar residual, y de acidez muy justa rayando en lo meloso. El segundo de la noche fue un Sauternes de Sichel añada 2003, una añada muy comentada por su calor que dio como resultado vinos golosos y frutales. El primer golpe fue de acetatos de etilo, comúnmente se percibe como merthiolate, olor que no desapareció en toda la noche, esta nota la percibí por primera vez en un Chateau D´Yquem 94, en aquella ocasión con un poco de aire el olor fue desapareciendo. Fauchon que lo mismo hace champán que sauternes, en este caso un sauternes 2006. El olor a granos de café tostado fue lo imperante, ¿barricazo…? no lo sé pero el olor que despedía era más bien de una cafetería que de una cata de vinos dulces. Después de ver los Blue Nun chaptalizados de menos de 40 pesos, se me hace muy raro ver esta botella estilizada, esbelta, eso sí, de color azul igual que el Qba. No dejo de reconocer que estaba sabroso, con una nariz a miel y flores y con buen a acidez en boca, pero por más de 600 pesos (45 dólares) me parece que hay mejores opciones, y no es porque le tenga mala voluntad a la monjita de la botella. ( El único vino de esta tanda sin azúcar residual fue el
Chateau Timberlay 2005, que podía haber apostado que llevaba savignon blanc por el intenso olor a orín de gato, asociada a esta uva, al mirar la etiqueta me di cuenta de que se trataba de una mezcla con semillón. Un vino cansino, que ha pasado su mejor momento. El último vino oficial fue un cava de
Castellblanch, a pesar de su dulzor, pudo limpiar mis papilas para darle entrada a un tinto. ¡Y qué tinto! Hace una semana mi amigo y más reciente compadre, ya saben que los mexicanos somos muy dados al compadrazgo, me trajo unas botellitas de regalo, algunas ya eran vinagre, pero llamó mi atención dos botellas magnum borgoñesas del 58. Hospices De Baune Corton Cuvée Charlotte Dumay 1958, mis expectativas eran muy bajas, una de ellas no tenía la añada, ya que se había desprendido la etiqueta del cuello de la botella, pero deduje que se trataba de la misma añada que la de su botella hermana. Nivel por debajo del hombro. A pesar de todos mis esfuerzos quirúrgicos para descorcharla sin que sucediera una tragedia, y usando el famoso destapacorcho de láminas, el deteriorado corcho hizo un viaje sin escalas al interior de la botella. Con cara de incredulidad serví un poco en mi copa…El primer comentario de Carlos Cué fue que mi mirada no delataba vinagre, este vino estaba muy lejos de los terrenos acéticos, me apresuré a decantarlo para que el corcho no lo contaminara. Y después me deleité con este vinazo, cuyas condiciones de guarda desconozco por completo pero a juzgar por el vino, no pudieron ser tan hostiles. Color ocre, con mucho sedimento, (foto) aromas de cuero de primera calidad, trufas, bosque, a la mejor digo una barbaridad, pero le encontré un perfil parecido a un Rioja clásico. Al principio el grupo estaba un poco escéptico, pero poco a poco fue entrando en sintonía con este veterano, yo lo disfruté trago a trago. Lo mejor de todo es que me queda otra botella.
Archivos de la categoría ‘Cata’
Centésima vigésima cuarta cata
Publicado: 1 agosto, 2009 en CataEtiquetas:Artemisa Late Harvest 2006, Blue Nun, Castellblanch, Chateau Timberlay 2005, Hospices De Baune Corton 1958, Sauternes Fauchon 2006, Sauternes Sichel 2003
Reflexiones de la centésima vigésima tercer cata
Publicado: 29 junio, 2009 en Cata, ReflexionesEtiquetas:enólogo, Jesús Madrazo Mateo, puttonyos, The Royal Tokaji Wine Company, Tokaji Aszú 5 puttonyos, Viñedos del Contino

René, un entusiasta miembro del grupo de cata, se propuso la escabrosa tarea de explicarnos la elaboración del vino en sus distintas modalidades; blanco, rosado, clarete, espumoso, fortificado y de cosecha tardía. Podrían escribirse infinidad de libros al respecto, así que resumir tan complicada tarea es algo bastante complejo. Las sutilezas de la maloláctica o el difícil equilibrio de las crianzas en madera y en vidrio, son resultado de las aptitudes, experiencia y conocimientos de alguien que conoce muy bien su oficio. Más aún si partimos desde el viñedo.
Mientras escuchaba la exposición de René, me hizo recordar algunas de las experiencia que he tenido al estar cerca de la gente que hace el vino. Hay de todo en la viña del Señor… desde enólogos muy profesionales hasta gente que lo ve como un mero negocio, que además lo es y debe serlo, pero hay que saber algo más que cuestiones financieras o de mercadotecnia para hacer un buen vino. Pienso que no es un negocio fácil, abarca muchas disciplinas y las utilidades son a largo plazo, es peligroso pensar en las guanacias fáciles e inmediatas, ya que ésto, llevará necesariamente a otros derroteros. Para mí el ingrediente más importante es una férrea vocación y un gran empeño y tenacidad.
Jesús Madrazo, además de tener estas cualidades, es un gran amigo, una persona a la que admiro, no sólo por su camaradería, sencillez y su alto sentido de la amistad, sino también en su vida profesional. He tenido oportunidad de estar con él en varias ocasiones, una sola en Contino, en la Serna y puedo decir que no deja ningún detalle al azar. Para quienes piensen que la elaboración del vino es algo sencillo, es porque no se han detenido a observar el trabajo de un enólogo in situ. Allí en el campo de batalla, dentro y fuera de la bodega, dirigiendo una multitud infinita de tareas, todas muy importantes.

Como un perseverante consumidor de vino, la inclinación por una bodega o por una marca de vino en particular, es una consecuencia natural y en muchas ocasiones me hace pensar en el esfuerzo y la dedicación que imprime cada persona involucrada en su creación.
Pero también soy un juez muy severo con los vinos que considero fuera de mis parámetros estéticos y hedonistas. Creo que esta postura es valida ya que el ser humano tiende a clasificar todo lo que le rodea, de manera reflexiva o inconsciente, después de todo lo que cuenta para el consumidor es lo que hay en la copa, la obra maestra, un vino honesto o el producto de lo que mandan los críticos de vino y los expertos en mercadotecnia. Generalmente estos últimos no entran en mi repertorio.
Entrando en materia propia de la cata pasada, lo único que puedo decir es que el mejor vino llegó al final. Se trató de un Tokaji Aszú de 5 puttonyos, un vino muy bien amalgamado, una acidez que hizo una melodía de todo el conjunto, con un final eterno. Así que tomé nota de la bodega: The Royal Tokaji Wine Company, aunque al parecer no llega a México.
Invitación extranjera, a cata doméstica
Publicado: 5 junio, 2009 en CataEtiquetas:Antojo Rubio 2004, Antony Terryn, Dominio del Bendito, Dominio del Bendito Crianza 2004, Dominio del Bendito Roble 2007, La Chispa Negra 2006, Mauro 2006, San Román 2005, Terreus 2003, Titán del Bendito 2005
Una de las bondades de internet es precisamente establecer contacto con gente interesada en el vino en otras latitudes. Pues bien, recibí una invitación para asistir a una cata de vinos españoles de dos bodegas diferentes. No sabía de qué bodegas se trataba así que llegué con la duda.
Leti Álvarez vive en España, exporta vino con su socio Fernando Lorente, ambos formaron tierras de uva. Hace un par de semanas ella me invitó a este acontecimiento en la ciudad de México, además es de las pocas lectoras de Gota a gota, así que mi
agradeciemiento es doble. La cita en: Presidente Mazaryk, una de las avenidas más cosmopilitas de la ciudad, número 111, quinto piso, sede de una empresa que distribuye vino, 19:00 horas. Se me había invitado a la cita que sería alrededor de las ocho de la noche, por lo que llegué tarde a la presentación, raro en mi persona aunque habrá más gente que crea en la impuntualidad mexicana. Para colmo la ciudad de México a esa hora y muchas otras es un verdadero caos. Inmediatamente me puse al tanto con los dos primeros vinos que ya habían servido. Como dije antes no tenía idea de qué bodegas se trataba hasta llegar al salón. Una de ellas de Toro; Dominio del Bendito cuyos vinos me sorprendieron gratamente. Y la segunda; Bodegas Mauro, una vieja conocida. El primero;Dominio del Bendito Roble 2007, nariz potente con mucha fruta negra en sazón y notas de lavanda. Aunque en boca se muestra un poco «caliente» entiéndase no por temperatura sino por alcohol, mantiene cierta armonia, después de todo es un Toro. Su nariz evoluciona a café tostado, pasado el tiempo. De la misma bodega y denominación de origen, Dominio del Bendito Crianza 2004, al principio se muestra bastante calladito para después dejar ver alguna nota láctea, ceniza de puro, chocolate amargo y jamón ahumado, bastante complejo de aromas, algo que no esperaba. En boca es jugoso y de tanino firme pero amable, muy sabroso. No había pasado mucho, cuando llegó Leti. Como en una cita a ciegas… me preguntó: ¿Benjamín?. Tal como me la imaginaba, una mujer con mucha energía, que además de ser su negocio es una amante del vino, cruzamos algunas palabras mientras escuchábamos a Antony Terryn, enólogo de Dominio del Bendito, en cuya intervención me hizo gracia cuando mencionó lo del calentamiento global… «no cuidamos el planeta, sino cuidamos nuestro culo» y es que finalmente la consecuencia directa de que al planeta se lo cargue la contaminación, es precisamente que nosotros desaparezcamos con él.
Siguiendo con los Toros el tercero es el Titán del Bendito 2005, los colores no tiene caso que los mencione, todos son más negros que mi conciencia. Con una buena carga de fruta roja madura y notas tostadas en boca se encuentra perfectamente integrado, todo en su lugar, de buena acidez y de tanino muy presente. Mauro, es uno de mis vinos favoritos dentro de los españoles de corte moderno, éste es un crianza 2006, además de su dosis de fruta tiene una nota cítrica de cáscara de naranja, suave redondo con un final larguísimo… una delicia. San Román, 2005, del mismo enólogo, Mariano García, otrora enólogo de la mítica bodega Vega Sicilia. Este Toro, como es de esperarse es más goloso que su primo de Castilla, el sol no perdona, se muestra con algunas notas florales, lilas y diría que es discreto en boca, con algo de fruta pasificada. Le siguió otro Mauro, el Vendimia Seleccionada 2003, palabrita tan prostituida por los bodegueros abusones de la mercadotecnia. Fruta negra y algo de tierra con paja, y notas lejanas de flores secas y sotobosque. El Terreus 2003 fue anunciado con bombo y platillos, buque insignia de la casa. Nariz potente a moras, lavanda y una notita vegetal no muy agradable, que con un poco de aire desaparecio, en boca es musculoso, con un leve cosquilleo a la entrada, de buena acidez, aunque no recuerdo que hayan anunciado su precio, me imagino que pedirán las perlas de la Virgen. El Antojo Rubio, primero 2004 y depués 2005, tienen un perfil etéreo. No sé si estén en su fase muda, de bajada o si después de los tintazos de toro, éstos me parezcan un fantasma rondando las calles de un pueblo. Color amarillo oro, con menisco acerado, algo de cera de abejas y fruta amarilla, paladar diluido y acidez justa. Con este vino se cerró la cata oficial, aunque Antony me
ofreció; La Chispa Negra añada 2006, curioso nombre para un vino de postre. Se trata de la vinificación de uvas pasa; tinta del país, mejor conocida en Rioja como tempranillo. «criado en barricas francesas de 2 y 3 vinos hasta que ha sido embotellado en junio de 2008». Un vino de caracter térreo, con notas de higo y de excelente acidez. Leti me regaló una botella, que a estas horas ya reposa en mi bodega. Como muchos otros vinos de postre, viene en formato de medio litro. A raíz de este vino me surgió una pregunta que le hice al propio enólogo, Antony. ¿Hay vinos botrizados de uvas tintas?. Al principio contestó que la uva tinta es más susceptible a la podredumbre gris, y que no conocia ningún vino con estas características, pero después con una sonrisa, me dijo que le gustaba que le hicieran preguntas que no pudiera contestar, y le parecía muy interesante. Así quedó en el aire la respuesta definitiva. Mi mala costumbre de visitar los sanitarios, entiéndase servicios, hizo que me perdiera del jabugo… en menos de tres minutos remataron con todo, así que tuve que conformarme con los quesos.
Después de una agradable charla con Leti, Fernando y Antony me despedí, no sin antes pedirles que me invitaran a sus próximos acontecimientos.
Los dejo de nuevo con Sting.
Cata 121, con amenaza de virus
Publicado: 25 abril, 2009 en CataEtiquetas:López Heredia Rosado, Rosados españoles
Ayer como cada viernes, último de mes, nos reunimos mis amigos enófilos y yo para catar 6 vinos rosados españoles. No hubo sorpresas. Los rosados han sido considerados por la mayoría de la gente algo así como seudovinos, poco más que un refresquito de fruta roja. Es difícil defender los vinos de bajo precio, sobretodo si tienen tan mala reputación. Los primeros rosados que recuerdo eran los de Anjou, dulzones y de poca acidez. Nada que ver con lo que se puede encontrar en otras zonas del Valle del Loira.
La reunión no fue tan rosa, estuvo dominada por un tema de salud cuya gravedad ya hace que se sienta un vacío en el estómago. El jueves por la noche anunciaban las autoridades sanitarias un brote de virus de influenza, cuya variante porcina, había cobrado ya 60 muertes, 40 de ellas identificadas con el virus. El caso es grave y sería imposible no mencionarlo, se han tomado medidas que jamás había visto: cerrar estadios de fútbol, el Auditorio Nacional, suspensión de clases en escuelas públicas y privadas etc., etc. Creo que este fin de semana me la pasaré encerrado en casa con un tapaboca. Quiero mencionarlo como una especie de catarsis, y alejar
los malos espíritus. El buen humor no debe faltar, y menos en estas condiciones.
Siguiendo con la cata, los vinos fueron: Monte Castrillo 06, de Torremilanos, bastante cansino, con apenas rastros de fruta que quedan de su juventud. Porque otro tema son las añadas de estos vinos que llegan a México. No es posible que la añada más joven que encontré sea la 2007. El segundo: Herederos de Riscal, un vino con aromas de reducción que en toda la noche no se limpió del todo, y que además la añada me fue imposible de encontrar en la etiqueta ¿tiene?. El tercero el Emina 2006 un Riberita bastante sugerente con mucha fruta roja; frambuesa y grosella, aunque le faltaba acidez. Seguimos con un Protos 2007, bastante alcohólico para mi gusto. El penúltimo un Decasta 2006 de Miguel Torres bastante frutal para su avanzada edad. El último de López Heredia, es un rosado, aunque no sé si por la viura podríamos llamarle rosado o mejor clarete. De lo que no hay duda es que es un vino profundo y complejo, la añada 1995, sí, para los poco crédulos tiene 14 años, y está como para otros 10 años o más. Rompe con los parámetros de los rosados jóvenes y frutales. Es una lástima que no llegue a México, pero por fortuna me queda más de una caja.
Ayer por la noche nuestra pandilla de bebedores y yo nos reunimos a descorchar cuatro malbec y dos blanquitos. La sorpresa fue el primer blanco un Premius Bordeaux, de lo más ordinario y genérico, pero a veces o casi siempre lo sencillo es lo mejor. Un savignon blanc justo para los calores que ya se dejan sentir. Terra de Gargalo parece más un producto de café que de uva, me quedo con el primero. El primer tinto fue un Norton Reserva 2003 con 12 meses de roble francés, al principio se muestra muy perfumado, después corrige y toca suelo dando aromas menos artificiales a ciruela madura y grosella, aunque la madera está muy presente no enmascara la fruta, todo en su lugar pero sin cautivar. De Altos las Hormigas descorchamos tres vinos desde el que se somete a 9 meses en barrica hasta el famoso Enrique Foster 2003 con más de 14 meses en roble francés, pasando por el Vineyard Selection Reserva 2006. Como en la mayoría de las bodegas, a mayor tiempo en barrica el precio es más alto, además de que la madera mal «puesta» convierte al vino en un brebaje áspero de taninos que lastiman la lengua, con más alcohol y menos fruta. Ese fue el caso de estas tres botellas. Definitivamente no son el mejor ejemplo de esta uva que da vinos frutales y aromáticos, que maridan con las carnes y que invitan a otro bocado. Así que todo mundo se quedó con el blanco.
Menos mal que la cata se hizo ayer y no el día de hoy, ya que hoy estoy listo para apagar la luz a las 20:30 horas en punto, en solidaridad con el apagón mundial, han cacareado tanto este acontecimiento que no podría hacer oídos sordos. De todas maneras los últimos vinos que catamos con luz o sin luz eran negros,tinta china.

