Aveleda 2023 Vinho Verde con 9.5%. Acostumbrado a los vinos por arriba de los trece grados de alcohol, éste parece un vinito tipo «cooler» pero con cierto encanto. Color amarillo pálido con reflejos verdosos, huele a manzana verde. En boca es ligero con una acidez comedida y una sensación fresca que recuerda a la sidra. Por $290 no es descabellada su compra como para repetir.
Novantaceppi 2023 de Friuli, vinificado con pinot grigio, sin madera fermentado en tanques de acero inoxidable. La diferencia es notoria con el anterior. Pajizo brillante nariz a durazno, buena entrada en boca, acidez moderada y al final un apretón amargo, con recuerdos de agua quina. Para comprar media caja.
Montesierra 2023. Este somontano de $200 cumple con creces mis expectativas. Primer golpe a madera usada, algo de fruta negra y humo. En boca tiene buen paso, redondo y con un final largo.
Enate 2019. Sus 15 grados de alcohol son contundentes, le falta integrarse al conjunto. Huele a cerezas en licor, y una nota especiada a pimienta negra. Para repetir.
Laus 2020. Vinificado con merlot y cabernet sauvignon. Un vino que ha pasado sin nada destacable, todo en su sitio pero sin enamorar. Alcohol, tanino y acidez en equilibrio, aunque el final es amargo. Repetible.
A pesar de lo menguado de mi sentido del olfato, que ya de por sí es normal, hay que agregar el humo de las quemazones en la ciudad que irritan la nariz y los ojos. Creo que a pesar de todo lo dicho, pudimos disfrutar de los vinos de esta noche.
Empezamos con un chardonnay de la bodega Errazuris, Panul Gran Reserva 2021. Amarillo verdoso brillante y fluido. Tiene una nariz herbácea al principio, después da un poco de piña, al darle vueltas a la copa: aromas a espino blanco, níspero, membrillo. En boca tiene buena acidez con algo de críticos, de final largo y un poco amargo. Para media caja.
Don Nicanor 2022, de la bodega Nieto Senetiner. Vinificado con cabernet sauvignon. Huele a ciruela roja madura, piedra de río y algo de pimienta blanca. En boca tiene un ligero cosquilleo, acidez comedida, tanino presente y final amargo.
Gran Coronas 2019, este vino del Penedés el primer golpe es humo, moras. Buen paso de boca y final áspero. Un poco desequilibrado, quizás falte vidrio o decantarlo media hora antes del servicio.
Marqués de Vitoria 2021 100% tempranillo y 14,5 de alcohol bien integrado. Nariz juguetona con un fondo floral, grosella y en boca abigarrado. Para media caja.
Porta 2021 también es un 100% tempranillo de bodegas del mismo nombre. Huele a pastel de frutas, fruta negra, de acidez comedida y tanino rugoso, bien integrado el alcohol. Repetible.
Hay vinos que guardamos por mucho tiempo, y guardamos no sólo la botella sino recuerdos gratos asociados a una añada, o a quien generosamente nos la ha regalado, o a momentos inolvidables y a veces todo lo anterior junto. En este caso recibí esta botella de manos de la dueña de la bodega, María José López Heredia. Corría el año de 2005, hace casi veinte años, fui solo a España a un congreso de Verema en Talavera de la Reina, provincia de Toledo. Un gran encuentro de aficionados en la casa Osborne, con viñedos que se extendían hasta el horizonte, donde llegaba nuestra vista, más de 700 hectáreas. Después recorrí los viñedos del sur de Portugal con mi amigo Antoliano, un extremeño de espíritu generoso, amable, de buen corazón y amante de todo lo que tiene que ver con el vino. Para finalmente tirar al norte durmiendo en Salamanca, para llegar al otro día a Haro en Rioja. Visitas interesantes a dos bodegas, por falta de tiempo. En López Heredia fui recibido por María José que me dio la bienvenida con lo brazos abiertos, como nadie me había recibido antes en una bodega. Por si fuera poco era su cumpleaños y descorchó un Bosconia 1968. Al preguntarle por el precio de un Bosconia 1964, nunca me imaginé que me traería un Tondonia y un Bosconia de regalo, ambas añada 64. Un día inolvidable que espero tener la oportunidad de contarles a mis nietos.
Guardada desde el 2 de octubre de 2005 en mi cava, dormía plácidamente en un rincón hasta que la saqué de su letargo, empolvada y con signos de humedad en la etiqueta. Nada mejor que compartirla con alguien que reconoce el buen vino, lo disfruta y lo comenta, pero sobre todo con un gran amigo.
A pesar de usar el descorchador de laminillas y el sello del lacre de la botella, sesenta años son muchos años. Sumado a mi poca paciencia no pude concluir la maniobra sin que acabara un trozo de corcho dentro de la botella. Así que pedí un decantador, y abrió de manera magistral. Bosconia es quizás el vino que más he descorchado y disfrutado, mi experiencia con añadas viejas ha sido abundante gracias a la camaradería de muchos amigos en España, que han compartido generosamente este extraordinario vino clásico, en distintas añadas, todas bastante remotas en el tiempo sesentas y setentas.
De color marrón con reflejos ocres y ribete amarillo oro, ese amarillo de los amontillados viejos. Vino espeso y velado con pocos sedimentos para su edad. El primer golpe viene con algunas notas de reducción, después frutos secos, tierra mojada y ciruela pasa, aromas balsámicos. Lo más impresionante fue que sin estar completamente cerrado fue abriendo de menos a más con un conjunto discreto de aromas de reducción que iban desvelando en boca fruta roja en sazón, champiñón, pasas, orejones de manzana y un final largo. Una delicia que hubiera preferido una botella magnum para seguir disfrutándolo a cada trago. Mi amigo quedó impresionado no sólo de la longevidad del vino sino de la profundidad que ha ganado en estos veinte años, con una buena guarda. Algo que cada vez perdemos más: la paciencia para poder disfrutar del regalo de una excelente hechura y el paso del tiempo.
El lugar donde lo descorchamos, un restaurante de comida española, La Boquería de este lado del charco. Nada mejor para acompañar semejante vino. Y aunque el pulpo estaba un poco duro, tenía muy buen sabor, con sus patatas y su pimentón. Una tarde redonda homenajeando a este gran vino, comida exquisita y una amena charla.