
Revisando mis apuntes, que muchas veces son notas en el teléfono, otras en una servilleta arrugada, me he percatado que hay una tendencia a los tintos, pero que también hay blancos en la lista, y los consumo cada vez más, algunos son muy apreciados. Empezaré con un blanco italiano regalo de un amigo Le Greete Lugana 2022, por desgracia y como suele suceder la información en la contraetiqueta es escasa y sin trascendencia: 13% de alcohol y los datos del importador. Me he puesto investigar para saber algo más en internet: Bodega Ottella, vinificado 100% sangiovese, así que sin duda tuvo una maceración comedida que en este caso son tres semanas, que ya no me parece tan comedida para conservar ese color, que si bien no es rosado, tampoco es de un amarillo pálido. Un blanco envejecido en hormigón (tanques de concreto) seis meses para después ser embotellado. Con 14,5% de alcohol muy bien integrado. Un vino tropical con notas exuberantes a guanábana y pera, buena estructura y algo de azúcar residual de manera casi imperceptible, de final largo… muy refrescante y de buen paso por boca, con una excelente acidez que recuerda a la toronja blanca.

Otro regalo. Enviado por mi comadre para que maridara la comida esa tarde con mi compadre, que por cierto me pidió mi opinión de este vino coahuilense. Nada menos que una de las bodegas consentidas de mi repertorio de vinos mexicanos. La etiqueta anaranjada es una de mis elecciones preferidas hablando de un buen ejemplo de tempranillo desde este lado del charco, ya que sabemos de sobra que en la península ibérica se dan muy buenas cositas. En este caso se trata de un cabernet sauvignon añada 2020. Un vino muy frutal y con armazón de sobra. Primer golpe a ciruela en sazón sin sobre maduraciones, hollejos, fruta negra, y una nota especiada al final de pimienta blanca. Redondo, tanino limado y quizás el final corto. Para comprar media caja.
Desde aquí mi agradecimiento por esta botella.



