Archivos para julio, 2024

Dos gallegos y tres riojanos

No recuerdo haber tenido tan poco cuórum, pero bajo la circunstancia de que Tino, nuestro ayudante de lavado de copas y otros menesteres, no asistió; no extrañé a nadie de los ausentes ya que me correspondía junto a mi hijo lavar y recoger todos los desperfectos. Dicho esto dio inicio a la ducentésima sexagésima tercer cata. Dos blancos gallegos y tres tintos riojanos. Dimos comienzo con un albariño.

Segrei 2021 Albariño 12.5% de alcohol y con un precio algo elevado de 450 pesos, unos 25 dólares americanos. De un bonito color amarillo dorado, fluido y brillante. Nariz intensa que bastó servir en la copa para que desplegara sus aromas a distancia: níspero, manzana asada, piña cristalizada. En boca tiene buen ataque; cítrico (limón), y con un fondo mineral muy sabroso. Para comprar media caja.

Alba de Vetus 2022 un albariño de Rías Bajas, trae impreso en la etiqueta un pez raro, parecido al pez ballesta. Este vino tiene color pajizo brillante, cera de abeja, notas de canela, pera y piña. En boca es mineral, con un apretón cítrico al final. Para media caja.

Heraclio Alfaro 2018. Primer tinto, vinificado con tempranillo. De capa baja, color carmín brillante y fluido. Huele a regaliz, especiado; pimienta negra, clavo y madera nueva, acidez alta y tanino rugoso. Repetible.

Marqués de Griñón 2018. Es grato encontrar un vino tan bien amalgamado, creo que en esta ocasión no aburriré a nadie con la lista del supermercado, en vez de eso diré que se trata de un vino redondo y seductor, guante de seda con un tanino maduro y una acidez cautivadora, en conjunto está para comprar una caja. Por 25 verdes vale mucho la pena, mañana mismo voy por un par de botellas.

Ederra 2016. De la ya conocida casa: Bodegas Bilbaínas, 12 meses en barrica sin más detalles, y 24 en vidrio, que nos recuerda lo hechos que salen de la bodega algunos riojanos reserva. Otro vino muy redondo, pero yo diría que sin cautivar como lo hizo el anterior. Fruta negra de buena calidad y notas de lavanda. En boca muy redondo con un tanino bastante presente. Repetible.

La próxima cata oficial será una vertical de Marqués de Murrieta, así que ya está todo listo, ya contaré cómo resultó.

Un rosado de otra categoría superior a los jugos de fresa

Hace unos días comí con un gran amigo que conozco desde hace varias décadas y que últimamente se ha dedicado a explorar y a traer cosas raras a la mesa, me refiero a botellas escasas o que no se encuentran tan fácil. Comimos en un restaurante de inspiración española, aunque añoro aquellos restaurantes de antaño donde traían la fuente desde la cocina hasta la mesa para saborear un buen cocido humeante o una exquisita sopa, y que desde lejos se podía empezar a disfrutar oliendo los vapores que emanaban. Abundancia y gran sazón que no ofrecen los chefs de hoy con estrellitas, sino un buen cocinero con amor y pasión a su trabajo sin preocuparse de las guías y de tantas historias.

Yo llevé un rosado de López Heredia añada 1995, esos que pasan 5 años en barrica, con la maestría de la casa para poner la madera usada y que a ojos cerrados en boca parecen tintos. Por desgracia estoy comprobando que ya no está en su plenitud; esta bajando la colina inexorablemente. Está bebible pero sin la acidez ni la complejidad de hace un par de años. Él llevó un tinto de bodegas Domecq que carece de etiqueta, sacado de un rincón de la bodega y pomposamente cacareado como añada 1982. Me pareció muy extraño que tuviera una capa alta y que no hubiera rastros de sedimento, en nariz está muy vivo, con fruta negra y especias como la pimienta negra y el tomillo. Un buen ejemplar de no más de 8 años, diría yo. Además el corcho, que debieron reencorchar, es de viruta y en excelente estado, ni siquiera a traspasado el borde del corcho. Debo reconocer una buena hechura, un vino firme y cautivador, sin duda, pero que difícilmente podría pensarse en 42 años de vida, ni siquiera a 12°C y 70% de humedad en un remoto calabozo de la bodega.

Roda, una bodega que podríamos catalogar como ejemplo de modernidad, vecina de otra bodega calificada de las más clásicas, R. López de Heredia. Contrastes de dos productores diametralmente diferentes, pero ambos con excelentes productos para mercados distintos. Escogí del anaquel una botellita de Sela 2021. La gama baja de esta bodega, y que posiblemente he probado, pero que hoy me ha sorprendido gratamente por estar a la altura de vinos cuyo precio puede llegar al doble. Tiene un bonito color picota, brillante y fluido. Nariz limpia a regaliz, lavanda y fruta roja en sazón. En boca tiene buena entrada, tanino rugoso, excelente acidez, y final largo. Como para comprar una caja y comprobar en el tiempo su evolución. Yo lo decantaría media hora antes del servicio. Su precio ronda aquí los 40 dólares. Me llama la atención que en la página de la bodega mencionen en las notas de cata: (…) «La madera es casi imperceptible, la fruta se apodera del aroma en este momento» Es quizás la primera vez que veo que le dan poco protagonismo a la madera, cosa que celebro.

De salida me asomé a la mesa de las ofertas y pude ver algunas cosas muy interesantes de Francia, como por ejemplo un borgoñita blanco de una zona no muy conocida, Rully 2018 de Nicolas Potel, por 350 pesos creo que esta en un rango decente, si lo comparamos con algunos blancos de menor calidad al mismo precio.

El último vino que probé hace un par de días fue un Muga, cuya etiqueta no había visto por los anaqueles. Hace alusión al famoso barrio de la estación de Haro, donde se ubican bodegas como Roda, López Heredia, Gómez Cruzado, Muga entre otras. El Andén de la Estación 2019. Un vino de capa media, limpio con aromas a fruta negra, tomillo y algunas notas térreas, en boca firme de tanino mullido y buena acidez. Para seis botellitas. Hasta aquí lo último que ha caído presa del descorchador.

Queda en el tintero el Rully 2018, que ya he puesto a enfriar para desmenuzarlo el fin de semana.