Archivos para junio, 2024

Cata 262 brillan los blancos de nueva cuenta

Han caído ya algunas lluvias como saben caer por estas tierras: fuerte y persistente. El ambiente es húmedo, provocando que las copas se empañan con una película que no deja ver el color del vino. Empezamos con LA Cetto, un blanco al que han bautizado con el nombre de Verano añada 2021. Una etiqueta muy ad hoc con algunas impresiones de tabla de surf, estrella de mar, piña, rebanada de limón, sandalias de playa, lentes para el sol, sombrilla, etc. nos remite a un día soleado en la playa con una copita de blanco bien frío en la mano bajo una palmera colgados de una hamaca. Se trata de una mezcla de colombard y sauvignon blanc, con 12.5 grados y sin especificar la crianza. Es de color amarillo pálido y huele a piña madura y manzana verde. En boca es mineral con una acidez comedida, una sensación agradable aunque como dijo alguien en la mesa: un poco rara. Para un par de botellas.

El segundo blanco fue La Junta 2022, del Valle de Curicó en Chile, el único extranjero. Una rara combinación de viogner y savignon blanc. Para mí algo superior al anterior. Con sus seis meses de roble francés y sus 13.2% de alcohol muy bien integrado. Amarillo dorado, huele a paja mojada, heno y algo de fruta amarilla; níspero de fondo. En boca tiene buen ataque y un cosquilleo propio del CO2 aunque no se percibe en la copa, agua quina y un apretón al final amargo. Hoy voy por un par de botellas.

El tercero fue un tinto, Parábola 2021 de Vinícola El Retorno. El primer golpe son cerezas en licor y membrillo, moviendo la copa salen las notas de moras muy maduras, casi mermelada. Tanino comedido y de gusto salado, acidez baja. Mucho mejor en nariz que en boca. Nada que me mueva a una segunda compra. Inmemorable con causa.

Palabra 2020. Vinificado con 70% zinfandel, 15% tempranillo y 15% barbera. 12 meses de roble blanco. Primer golpe aromas químicos a acetona, con un poco de aire se limpia y se percibe pimienta blanca y algo de fruta roja. En boca: flor de Jamaica y notas de tamarindo, salado y picante. Un vino austero, inmemorable con causa.

Por último: Retorno 2019, con un dibujo en la etiqueta de una indicación de retorno. Misma bodega del Valle de Guadalupe. Todos percibimos notas salinas en los 3 tintos de la noche, la escasez de lluvia, como este año en el sur, provoca que la salinidad se concentre en los suelos además de los pozos de agua con los que se riega el viñedo en algunos casos. Este vino fue el mejor de los tintos. Huele a tamarino, fruta negra y notas de lavanda. En boca es redondo, buena acidez y tanino, final medio, en general bebible sin enamorar a nadie. Para probar otra botella.

Alemania sin pedigrí

Publicado: 25 junio, 2024 en Vino
Etiquetas:,

Ayer baje a la cava a desempolvar una vieja botella de riesling del 2010. Para mi sorpresa se trataba de un Monchhof sin pedigrí, es decir decía en la contraetiqueta Qualitätswein, que es la clasificación de vinos por arriba del Tafelwein. Esta última la más baja en calidad, donde es práctica común la chaptalización (adición de azúcar). Color amarillo oro, brillante, espeso y algo de burbuja fina al servir en la copa. Huele a durazno, miel, paja mojada y barro, con alguna notita de queroseno lejana. Para mi gusto, y sólo por quisquilloso, me parece que le falta más nervio, el armazón que le podría dar un poco más de acidez, quizás sea ya mucho tiempo para un Qualitätswein en esta categoría de vinos por su grado de azúcar, se permite la chaptalización, la diferencia es que es de un excelente productor. Me parece una buena opción para cuando se busca el primer acercamiento a los grandes vinos alemanes sin hipotecar la casa, yo de aquí saltaría a un Spätlese. He encargado uno a mi hija que anda de viaje, de preferencia Dr. Loosen o Joh. Jos. Prüm, y si encuentra un Auslese… mejor. La riesling en su máxima expresión, sin llegar a los Beerenauslese y demás vinitos que ya piden un riñón.

Me puse a revisar por pura curiosidad y al parecer una etiqueta pasada de Mönchhof ya estaba registrada en el blog; me remitió a esta entrada, año 2011, sin saber qué pasaría en el futuro, en aquella ocasión hago mención de que sería interesante observar su evolución: sueño cumplido. Interesante que todavía no se desarrollaban aromas de queroseno, típicos aromas de la riesling después de unos 7 añitos de vidrio. Un vino en plena juventud. Contrastar estos datos es el sueño de muchos enófilos que buscan la evolución de los vinos cuando los guardan por tanto tiempo, confieso que este vino en particular lo guardé 14 años sin realmente tener esa intención, pero ha resultado, y compruebo que mi bodega, a pesar de las variaciones que ha tenido en temperatura, no lo hace tan mal.

«Todos los animales huyen del dolor y buscan el placer. Los humanos como animales espirituales, buscan además los goces espirituales: música, danza, pintura y ampliamos constantemente nuestras necesidades». Dicho por los autores del libro Biografía de la Humanidad: Antonia Marina y Javier Rambaud. Pues yo agregaría el vino, nadie bebe vino para quitar la sed. Es un placer espiritual inspirador y que invita a la reflexión profunda: somos frágiles y efímeros. Como decía Borges: «Nuestro destino es el olvido». Nuestra permanencia en la Tierra es corta, y que mejor que sea de esa manera. No me imagino vivir eternamente, sería una carga insoportable.

John Ruskin, ese barbudo, maravilloso crítico de arte, literatura y todo lo que tenía que ver con la recreación del alma a niveles superiores, decía: «Decís que al perder el goce que un día me proporcionaba la naturaleza voy bajando, cada vez más, a la altura de los otros». Parafraseando también decía que no había que perder la capacidad de asombro de los niños. Y es que hay vinos que tienen la capacidad de hacernos soñar.

Nuiton-Beaunoy Volnay 2018

Ayer que buscaba a mi presa para descorcharla in situ, vi sobre una mesita de ofertas un vino que me llamó la atención. Se trata de un Volnay, esa comuna en Cote d´Or, específicamente en Cote de Baune. Productor: Nuiton-Beaunoy (2018), al parecer una sociedad de productores de la zona bajo esta marca desde 1957. En pocas palabras no se trata de una casa aristócrata ni mucho menos de un monopole. De todas formas me pareció una ganga por 650 pesos mexicanos, unos 32 euros. Color cereza, capa baja, limpio y brillante. En nariz es una belleza: bosque bajo, capuchino, ciruela en sazón, trufa y una nota etérea a lavanda. En boca tiene una acidez extraordinaria, un soplo fresco, acostumbrado a los vinos sobre-madurados, con aromas a mermelada. Este vino es grácil con la frescura de la juventud y las buenas hechuras que dan la maduración fenólica y de azúcares precisas. Tanino pulido, seco y de final largo. Aunque muchas gente puede decir que no son de larga guarda, pienso que 5 añitos o quizás un poco más, le vendrían muy bien. El aire lo vuelve cada vez más cautivador. Podría oler este vino toda la tarde. Por ese precio, difícil pensar en algo mejor. Para comprar una caja.

Cata 261, de vuelta a México: 2 blancos y tres tintos

Abrimos con un blanco, L.A. Cetto Boutique 221. Vinificado con tres variedades, incluida una tinta: chardonnay, viogner y pinot noir. Como en la zona del Ródano donde en ocasiones se mezcla con pequeñas proporciones de uvas blancas, con Viognier como en Côte Rotie, o con Marsanne y Roussanne (ambas blancas) en el caso de Hermitage. En algunas zonas de Cataluña no es raro ver alguna variedad blanca entre los viñedos plantados con garnacha tinta. El color pudiera pensarse con alguna tonalidad tirando a rosado por la pinot, pero es de color pajizo, así que la proporción de esta tinta debe ser baja, brillante y fluido. Huele a flores sin distinguir cual, espino blanco y toronja blanca. En boca tiene un cosquilleo aunque el CO2 no es visible, debe tratarse de otra cosa, abocado, mineral y largo, quizás queda corto de acidez. Repetible.

El segundo blanco viene de San Miguel de Allende, Guanajuato. Viñedo San Miguel Blancs 2010, Poco confuso el nombre, yo agregué lo de Viñedo San Miguel, aunque no sé si sea fácil de identificar como sólo Blancs. De esos embrollos en los que se meten los responsables de mercadotecnia … Vinificado con savignon blanc, chardonnay y semillón. Color amarillo pálido, huele a orín de gato, típico de la savignon blanc, barro y bonitas notas de durazno, aunque al principio no les gustó su aroma se fue limpiando, confieso que a mí me encantó desde un principio. Tiene mucho peso en boca, es un vino corpulento, tirando a dulce, acidez comedida, muy redondo en boca. Se antoja con un buen queso brie artesanal.

El tercero fue un tinto. Orlandi 2020 de la bodega La Redonda en el estado de Querétaro. Está vinificado con merlot y cabernet sauvignon. Con crianza en roble americano, sin especificar si es madera nueva ni el tiempo. Huele a flor de jamaica, tamarindo y notas de madera usada. Buena entrada, paso ligero y final fugaz, va de más a menos muy rápido. Tanino pulido, seco y de acidez comedida. Sin mucho encanto, pero debo decir que fue el mejor de los tintos de esta noche.

Magoni 2021 de Vinícola Tres Raíces. Capa alta, picota, ribete rubí. El primer golpe es de un aroma dulce como a chabacano, canela y ligeras notas de frambuesa. En boca es muy discreto, la entrada y el final casi en la misma intensidad. Inmemorable con causa.

El último tinto fue un Viña Coronado 2021, viene con una medalla que dice textual: «Selección México Yuactán 2023 Oro» quienes son asiduos a este blog saben de sobra que para mí las medallas no representan lo que para otros sería un motivo contundente de compra. La bodega es: Causa Bodega y Viñedo, en San Luis Potosí, una tierra que cuesta trabajo relacionar con la vitivinicultura, aunque hoy en día ya hay un puñado de bodegas. Se me ocurre hacer una próxima cata con vinos de esta región, si es que se pueden conseguir, me imagino que hay muchos que no alcanzan a comercializarse fuera de la región. El primer golpe es pimienta, después se asoma tímidamente algo de zarzamora y romero. En boca le falta armazón, paso por boca ligero, de tanino pulido y acidez comedida. Buscaré si hay algún blanquito de esta bodega.

Yo diría que fue la noche de los blancos, el calor también ayuda, pero los percibí mucho más redondos y de buena hechura.