Por primera vez desde su padecimiento y su larga convalecencia Carlos llegó a la cata, un poco atrasado pero de buen ánimo. A mi me falta poco más de una semana para poner a trabajar mi hígado y mis riñones. Tiene que ser por una buena causa, así que desde ahora estoy pensando en abrir algo especial. Tal vez un buen blanco por aquello de los calores que empiezan a apretar.
Esta noche hay casa llena y un desfile de portugueses, principalmente del sur. Alentejo. Con excepción de los dos primeros, ambos vinos verdes de la ribera del Miño.
Empezaron con un Casal García de la bodega Aveleda, color casi transparente, ayudado por la botella de vidrio incoloro. Floral, cítrico, en boca mineral confirmando cítricos, refrescante y con algo de aguja.
Quinta Da Aveleda 2010 misma bodega. Por los comentarios deduzco que ha gustado más el primero, la diferencia está marcada por el alcohol, 10 grados el primero y 11.5 el segundo. Hay quien anotó que deja una sensación jabonosa, discreto, herbáceo. A quienes descubren los encantos de un buen blanco, desde los ligeros y refrescantes de trago largo, hasta los grandes y longevos borgoñas que puede llegar a dificultarse la tarea de diferenciar entre éstos y los tintos, por su gran complejidad. Ayer comentó alguien que cada vez le gustaban más los blancos. Cosa que celebro, ya que ese descubrimiento lleva al consumidor a otras dimensiones.
Cabe decir que los vinos verdes portugueses pueden estar vinificados de varias uvas autóctonas como: trajadura, loureiro, pederna e azal y la famosa albariño entre otras, que allá escriben alvariño.
De la bodega Heredade Do Esporao, llega el Alicante Bousdhet 2005, vinificado con la uva del mismo nombre. Aromas a fruta roja, trufa y el comentario que dominó fue su final sensiblemente amargo.
A. Henriques 2008, de la famosa zona de Bairrada. Para la mayoría frutal con madera presente, sin desmerecer el conjunto, chocolate, de buen ataque.
Vinha Da Defesa 2008, vino de Alentejo , vinificado con touriga nacional y syrah, y 14 de alcohol. Para la mayoría el mejor de la noche. Vainillazo quizás por la barrica, amplio en boca, corpulento y astringente.
Quatro Castas, Reserva 2005. Pocos comentarios: Ácido, muy bueno, astringente, final medio. Punto. Tendré que probarlo en un futuro. Así terminan mis dos «catas pasivas» sobre todo ésta, que no he tenido ánimo ni de oler las copas.
La historia se repite, después del escándalo de botellas falsas que llevó a su autor a la corte en el 2006, si la memoria no me falla. Escándalo protagonizado por Hardy Rodenstock, ex-publicita y promotor musical cuya ambición lo llevó a vender por varios miles de dólares botellas de formatos raros y de añadas muy viejas, que al final resultó un fraude, y cuya historia novelesca se llevó al libro
Saborizantes artificiales, es así como se conocen a las sustancias que se agregan a ciertos alimentos durante su fabricación, para imitar algunos sabores. Es común encontrarlos en la mayoría de los alimentos procesados, así como también se encuentran algunos colorantes y conservadores. Lo que más me sorprende, como podrá sorprender a los enófilos más romanticones y hasta los más realistas, a pesar de que es ilegal en la mayoría de los países productores, se utilizan saborizantes para el vino. Existen dos clases: saborizantes idénticos a los naturales *(nature-identical flavorings) y los saborizantes artificiales, muy fáciles estos últimos de detectar. Afirman que es difícil de percibir los primeros que pueden producir sabores característicos de variedades nobles como la cabernet sauvignon y la savignon blanc. Detectados únicamente mediante análisis clínicos, aun en pequeñísimas cantidades. Su concentración hace posible que sean efectivas en porcentajes del 0.001* El más común de estos saborizantes es la esencia de roble.
Sabía que en este mes el blog cumpliría tres años, pero al revisar 
