Archivos para julio, 2011

Los seis mejores...

De los treinta y cinco malbec catados este año; dos son mexicanos, uno es chileno, uno francés y el resto argentino. Hubo dos que ya no vi por los anaqueles; Santa Ana Homage 2008 y Callejón del Crimen 2005, dos vinos que sin duda gustaron a todos y estaban entre los preferidos. El más caro, y uno de los menos congratulados fue Tikal Amorio 2007, de Ernesto Catena, $801.00 Un precio que rebasa el promedio que no llegó a $300.00
Una de las características en común más importantes de los seis mejores, fue su frutalidad y lo bien amalgamados: alcohol, tanino, acidez, con la madera muy bien puesta, o dicho de otra forma, usada para oxigenar el vino y no para maquillarlo con aromas y sabores ajenos a la fruta y a la tierra. La diferencia entre añadas es de tres años, que también pueden influir en el resultado final.

Empezamos con un interesante espumoso portugués Herdade Do Esporão, Vinho espumante en cuya etiqueta ponen: método clásico, bruto 2008, ¿querrá decir Brut en portugués?, ¿o me reconocieron…? :-). Con intensos aromas a pan tostado y mantequilla, seco en boca y de buena burbuja y acidez. Un buen espumoso por algo menos de $400.00
Con casa un poco más que llena, formamos una docena de sedientos de malbec alrededor de la mesa, cosa que ha complicado completar en cada mantel, las copas necesarias, a pesar de que un par de días antes había comprado un juego de seis copas extra. Así que entre mi limitada percepción ya congénita, y la falta de copas, que al último tuve que compartir con el último que llegó, no pude inspirarme lo necesario como para tener un juicio ponderado de los vinos, cosa que me pesa mucho, después de haber esperado por tanto tiempo esta cata. Así que la mayoría de los adjetivos y contribuciones han sido de mis compañeros.

Viña Alicia 2008 fue el primer malbec. Nariz intensa a fruta negra, chocolate amargo y notas florales, de tanino firme y final largo. Un poco de vidrio le caerá muy bien, quizás un par de años. Acostumbro a poner el más caro al último, partiendo de que el precio no muchas veces refleja la calidad y ni siquiera si es mejor que otro barato, lo he dejado por esta vez al principio.

Felino 2008, de Viña Cobos. Copia textual: suave, afrutado, ligeramente más amargo, arándanos, notas de sandía, tanino rugoso y final amargo

Maula 2006. De carácter térreo de buen ataque, que va de más a menos, tanino suave y buena acidez. Sutil.

Tabla No. 1, 2008. Un mexicano que se ganó con creces el estar entre los seis… al leer las notas de mis compañeros me doy cuenta que a la mayoría les pareció muy ácido, esto me recuerda también que el umbral a la acidez es distinto en cada persona, a mí me ha gustado, aunque sus taninos los noto un poco verdes. Necesita integrarse en botella. Es un vino que definitivamente volvería a comprar, uno de los pocos representantes de Aguascalientes.

Sur de los Andes 2006. Un vino potente que tras unos minutos de aire mejoran sus taninos, frutal y buen recorrido en boca, de final largo y buena acidez.

Por último Alamos 2009. Bajo la misma hechura de los demás, frutal, tánico, acidez viva, ideal para un buen corte argentino.

Con mi ejercicio fallido al catar y las someras notas de mis compañeros, no quisiera poner por escrito muchas conclusiones, mucho menos escoger el mejor, creo que todos son vinos que no defraudarían a nadie.
Sería bueno echar un vistazo a las primeras impresiones, me refiero a la primera vez que los probamos, pero de antemano sé que deben ser muy diferentes.

Garnacha Centenaria 2009, Coto de Hayas

Para mí, encontrar en una etiqueta: «Garnacha Centenaria», no significa mucho, tampoco lo de vielle vignes, o cualquier otra referencia de viñas seniles en otros idiomas. Un buen amigo dedicado a fondo en los intrincados misterios de la enología, me decía que la vid centenaria, si es que llega a serlo, tiene tan baja producción que es incosteable para la mayoría de las bodegas. Otra cosa muy distinta es imprimirlo en la etiqueta como marca. Acompañada la baja producción con mosto de mejor calidad, no es raro que los productores exploten comercialmente esa posibilidad. Como decía otro buen amigo:

«Últimamente han plantado mucha vid centenaria…»

Pero por esta vez me dejé seducir por esta garnachita vieja de Campo de Borja, que decía bien claro en la etiqueta: Garnacha Centenaria 2009, de Coto de Hayas. Confiando más en lo de Coto de Hayas que en lo de Centenaria. Lo metí al carrito y me dirigí a la caja para descorcharlo más tarde en la comida dominical. Me ha llamado la atención la información impresa en la contra-etiqueta:

GARNACHA CENTENARIA Coto de Hayas… Garnacha 100%
Uva procedente de viñedos muy antiguos, de secano, cultivado por el sistema tradicional «en vaso», de pagos de Monte Altoy La Sarda, con producciones menores a un kilo por cepa. Situados sobre suelos muy áridos, de pizarras y terrazas, de tierra rojiza… (…) Vendimia manual la primera semana de octubre.
Elaboración: Metodo Tradicional (…) no estarán hablando de espumoso…. Maceración en frío durante 24 horas. Criado en barrica nueva de Roble Francés durante 4 meses…

Información que no recuerdo haber visto en otras etiquetas, fuera de la crianza, tipo de roble y datos del viñedo. El resultado: un vino de embriagador aroma a bayas, higos, arándanos, boca frutal, sedoso… tanino firme, buena acidez, con cierta armonía a pesar de sus 14° de alcohol y el calor junto con la humedad del ambiente.

Los invito a contestar la siguiente pregunta:

Para quienes participaron, gracias. La respuesta es 25 años.

Vinos de La Redonda

Después de por lo menos diez años, he vuelto de visita a la Finca Doña Dolores (Freixenet), en tierras queretanas, pasando primero a la Vinícola La Redonda. Empresa que otrora surtía de uva a Casa Martell y la legendaria bodega de Vinos Hidalgo. Dentro de su repertorio encontramos una gran diversidad con la línea La Redonda de siete vinos; tres blancos, un rosado, dos tintos y un espumoso dulce. La línea Orlandi, también de siete vinos; un blanco, un rosado, dos tintos y tres espumosos. Por último su línea Sierra Gorda, dos tintos con la diferencia del roble, uno americano y el otro francés, además de un blanco. Con una altura sobre el nivel del mar de 1950 m sus viñedos se extienden poco más de 160 Ha, donde se encuentran plantadas las siguientes variedades: merlot, cabernet sauvignon, tempranillo, malbec, chenin blanc, trebbiano y sauvignon blanc.

Había dos mesas con todos los vinos de la casa, por desgracia sólo se podían ver, no había muestras, ni siquiera estaban descorchados. Hay situaciones anti-comerciales que aún no logro entender, a cambio había catas en diferentes horarios, con duración de una hora que costaban alrededor de $150.00. Dadas las circunstancias me formé en una larga fila de sedientos por mi copita Crisa con el logo de la bodega, para que me sirvieran el Orlandi rosado seco, de cabernet sauvignon, único vino de muestra; color salmón, brillante y con una nariz corta, diluido y de acidez justa, con recuerdos de cítricos no muy definidos. Al no haber muestras, me jugué un volado y compré el merlot cabernet de la misma línea, Orlandi 2008. Un vino de 12,5 grados de alcohol, frutal, dominando la cabernet con leves notas de pimiento y ciruela madura, firme en boca y de buena acidez, final levemente amargo, se deja beber y marida muy bien con la pizza que sirven en el patio coronado de olivos. Aunque no hubo forma de que la pizza no saliera del horno un poco quemada de la pasta, la devolvimos una vez, pero para la segunda decidimos comer un poco, aunque estuviera tostada.

Viña Doña Dolores cabernet sauvignon-malbec 2008

Después de un corto recorrido a pie por los viñedos, subimos al coche y nos enfilamos a la Finca Doña Dolores. Una bodega mucho más hecha, cuya entrada es más ordenada, se llega a un claustro donde venden comida, por estas fiestas, además de la tienda donde ofrecen los distinto vinos de la casa y uno que otro souvenir. Viña Doña Dolores cabernet sauvignon malbec 2008, me pareció rústico, frutal y falto de nervio, otro vino de 12,5 de alcohol como los de antaño. Para ser franco, eso de andar entre la muchedumbre sin mucha libertad y haciendo colas para todo, no es lo mío, así que después de un rato nos regresamos al hotel. No creo que mi relato sea muy ilustrativo para quienes piensen venir a la vendimia, pero sí les puedo decir que por la cercanía a la Ciudad de México, vale la pena la visita, quizá no precisamente en estas fechas.

Me parece necesario agregar este apéndice a la entrada, ya que después de una semana de haber descorchado ambos vinos, el cabernet-malbec de Finca Doña Dolores ha mejorado mucho con el aire. He traido ambas botellas a casa en vista de que no he podido darles punto final in situ, y los resultados son sorprendentes. Finca Doña Dolores, es frutal, sedoso, aterciopelado, redondo, como para que en la siguiente oportunidad lo decante un par de horas antes del servicio, ya que la primera impresión fue muy distinta. En el caso del merlot-cabernet Orlandi, el oxígeno y/o el calor durante el transporte lo ha reducido a escombros, un vino cansino que ha estado mucho mejor cuando lo descorché en bodega.

Pecado Torrontés por copeo…

Los lugares más populares donde comer dentro de la esfera de lo nice y de moda, siempre están muy concurridos, como consecuencia los precios son altos y en la espera por lo regular se pierde mucho tiempo, afortunadamente teníamos reservación, y el lugar no estaba lleno. Para una persona anarquista y antiborrego como yo, esto puede signifcar algunos dolores de cabeza. Puerto Madero es un restaurante al pie de un gran edificio emulando la zona del famoso y renovado puerto del Río de La Plata en Buenos Aires. Hasta la gente que recibe en la entrada tiene el acentiiiito. Llegué acompañado de mi hijo antes que mis dos amigos citados. Gran alegría me dio volver a estrechar la mano de Raúl, después de casi cinco años de no verlo. Primero llegó su padre, mi querido compadre, y pocos segundos después arribó él.

Y como marcan los cánones. No sé cuales… Empezamos con algo al centro y una buena copa de blanco, por un lado las populares carnitas de atún, que dicho sea se comen en taco con todo y guacamole y salsita, y por el otro una copa de Torrontés Pecado, no sé que añada, me la llevaron servida a la mesa… ¡pues no que muy europeos…! Un buen vino para refrescar el paladar después de llegar de la calle y empezar a comer.

Las populares carnitas de atún, Mmmm…

Hasta ahí todo iba de maravilla, pintaba para una placentera tarde de verano y de reencuentros con gente muy querida, compartiendo la sal y el vino. Hasta que recibí una llamadita de mi chofer para darme la noticia de que mi camioneta había sido removida por una grúa, gran negocio de la familia de Mr. Ebrard. Para mis amigos extranjeros; Mr. Ebrard es jefe y dueño de la Ciudad de México, además de aspirante a la presidencia por la izquierda, si así se lo permiten. Pero quisiera borrar de mi memoria este triste epidosio, aunque debo admitir que nubló un poco mi comida.

Pasando a otra cosa, ¡ojalá! que así de fácil resultara en el momento preciso de los hechos. Ante la pobre lista de vinos, todos con precios de hipoteca, nada más revisen: Monte Xanic cabernet-merlot $850 pesos, no, no era magnum. Sin palabras… Entonces me decidí por un bonarda, uva que por momentos me recuerda la cabernet franc. Dante Robino 2009. Un vino muy agradable, frutal de buena acidez y paso por boca de tanino mullido y alcoholes discretos, a todos nos dejó muy satisfechos, en mi caso maridó de maravilla con un grueso y jugoso bife de chorizo.

Bonarda, de Dante Robino 2009

Los respaldos de las mesas son planos y están cubiertos por el logotipo de algunas bodegas, sobre todo argentinas, el piso de madera y el ambiente con luz dosificada le da un aire romántico y a la vez moderno, de las paredes cuelgan fotografías del otro Puerto Madero, el argentino. La comida es sabrosa, pero los vinos dejan mucho que desear no sólo por el precio, sino por la poca imaginación de quien cofeccionó la carta. Otro ejemplo: tener un Pommard de medio pelo como vino premium a casi $2000… Dicho sea este restaurante tiene otra sucursal en Polanco, aunque no creo que haya muchas variaciones.

Este vino es un regalo de un amigo, dueño de un restaurante del que he hablado últimamente. Gran parte de su oferta es de vinos modernos de gama alta. Al revisar la etiqueta me di cuenta de que no la había visto jamás, mucho menos probado. Acababa de llegar a su tienda-restaurante para sumarse a un puñado de botellas de la misma bodega… Después de sacarla de una caja me dijo, casi advirtiéndome; pruébala y después me cuentas…

Luigi Bosca desfiló en mi modesta bodega desde mucho tiempo atrás, sus chardonnays de antaño, poco más de una década, me parecían formidables. Me recordaban a los borgoñas blancos de medio pelo. Por menos de $200 pesos era una compra segura. Sus tintos empezaron a maderizarse y subir escandalosamente de precio mucho antes que sus blancos. Así que mi acercamiento a este vino debía ser menos prejuicioso de lo que resultó al final.

Nacido en suelos graníticos y con una guarda sugerida de quince años, me pregunté si mis prejuicios me estaban llevando por caminos equivocados. Así que desde que la saqué de la bodega traté de disfrutarla sin meditar mucho en el pasado.
Así como su peculiar nombre, su composición no es nada ortodoxa: cabernet sauvignon 70%, syrah 15% y merlot 15%. En nariz se muestra muy aromático; cerezas en licor, ciruela madura y arándanos al final, con notas de humo y lavanda. En boca es amplio y goloso con una arista alcohólica y fruta negra. Mi esposa sólo ha tomado una copa. Su único comentario apuntaba a la excesiva astringencia, sin embargo a mi me pareció moderada. En cambio su alcohol de 14,5 desequilibra el conjunto. Me gustaría saber su precio, ¿alguien lo ha comprado?

Foto extraída de luigibosca.com

Liberalia Tres 2007

Usar ciertas vías en la ciudad de México un viernes a medio día puede resultar en la mayoría de los casos una mala idea. Además de permanecer encapsulado por varías horas en ese torrente caótico que provoca que los capitalinos permanezcan gran parte de sus vidas frente a un volante, moviéndose más lento que si lo hicieran caminando. Razón suficiente para que nuestros planes tomarán un giro vertiginoso. La cita era con un amigo en el norte, una de las zonas de oficinas y departamentos más caros de la ciudad: Santa Fe. En un edificio que ya le han dado los capitalinos el nombre de El Pantalón, por un arco de gran altura que compone su singular geometría. Allí se encuentra uno de los restaurantes de moda; Puerto Madero.

Carlos y Gabriel venían encapsulados en el Periférico junto conmigo… después de una hora decidimos arrojar el ancla y bajarnos del coche para entrar a un restaurante en el sur. Viña Gourmet. Mi querido amigo y compadre tuvo que comer solo, ante la negativa de acompañarnos en este otro lado de la ciudad.

Viña Gourmet es uno de mis restaurantes preferidos, sin tomar en cuenta la ubicación del sanitario y la estrechez de su espacio, además de estar frente a la cocina… Salvados esos obstáculos la comida es buena, los vinos también y el trato del dueño es mejor todavía, afable, además de que siempre tiene alguna novedad en vinos que me da a probar. En esta ocasión colocó un dispositivo de forma cónica en el pico de la botella, para servir y oxigenar el vino. Dada mi poca paciencia con estos artilugios, además de tener que esperar que el vino se vertiera en la copa, más lento de lo habitual, le pedí cortésmente que no la colocara para el segundo vino.

Titán del Bendito 2007

Titán del Bendito 2007

Empezamos con un Prosecco Valdo «Oro» que parecía más bien un refresco de manzana con gas, no dejaba nada a la imaginación, y una tabla de bellotero, queso manchego maduro y olivas. Tarde de Toros, en la que los tres comensales estuvimos de acuerdo, haciendo su aparición el primero de la tarde; Liberalia Tres 2007. Un Toro para mí es un tempranillo llamado por aquella región tinta de Toro, cuyos atuendos los ha cambiado por un par de cuernos para embestir, y es que la temperatura de la zona hace que los alcoholes vayan hacia arriba. En este caso es un Toro con 15% de alcohol, pero de poco extracto frutal, a medio recorrido se cae, no embiste aunque lo provoquen. Un Toro muy delgado y desenfocado.
Por un momento se me olvidó que estaba en un restaurante y me levanté de la mesa para ir por otra botella, y es que para mí un vino de más de $500 pesos (30€) es demasiado, pero como mencioné antes, se me olvido y tomé al toro por los cuernos, la segunda botella fue un Titán del Bendito 2007. Algo más aguerrido, de una bonita nariz de fruta negra madura con notas especiadas de pimienta negra y alguito de mineral. Todo muy bien sin pasar por alto que hay vinos del mismo precio que me pueden dejar mucho más satisfecho. La tarde se fue estirando y rematamos con una botella de cosecha tardía, que tardamos en escoger. Tabalí Reserva 2009, algo diluido, sin la concentración de algunos coterráneos chilenos como el Errazuriz de savignon blanc. Por mi parte pedí un Ferreira 10 años, cuya porción era poco más grande que un dedal, gracias al buen trato y generosidad del personal, me volvieron a llenar la diminuta copa. Con una tablita de quesos y un expreso maridó de maravilla. Así recargamos pilas para volver al tedioso tránsito urbano de viernes por la noche.

Txomín Etxaníz

A pesar de la lluvia que no ha escampado más que por breves momentos, hay dos buenas razones por las que he bajado a la bodega por un par de botellas: un Txacoli blanco y un Clos de la Barre 1999. Esta última botella la tenía acostadita desde enero de 2008. Francamente mis espectativas eran muy altas, y contando sus doce añitos en la fría oscuridad; crecían aún más que la espuma. Había pasado de largo por el mismo Monopole de Louis Jadot del 2006, que si bien es cierto que todos los que he abierto de esa añada me han dejado impresionado, un 99 debía estar: más integrado, más redondo, más complejo… en pocas palabras entrando a la madurez. Pero vayamos al principio. Empecé con un Txacoli de la tierra de ilustres y virtuosos de la cocina: Confieso que mi experiencia con estos vinos era nula, hasta apenas hace unas horas, cuando probé este vino. Txomín Etxaníz (sin añada) o por los menos no aparece por ningún lado de la etiqueta. Nacido en la bodega del mismo nombre. Vinificado con Hondarrabi Zuri (90%) y Hondarrabi Beltza (10%), un vino con personalidad, color oro, a la vista muestra burbuja muy fina, lo que llaman en España vino de aguja, o los franceses petillant, sin embargo desaparece pronto, cosquillea el paladar en los primeros tragos. CO2 que queda atrapado en los vinos jóvenes, sin tratarse de ninguna manera de una segunda fermentación como en los espumosos. Acidez justa, huele y sabe a manzana asada y una nota caliza y mineral, por momentos parece sidra. No dudo que case de maravilla con los mariscos de aquellas hermosas tierras.

Clos de La Barre 1999

El Monopole de Drouhin, Clos de La Barre 99, me ha dejado muy intrigado y decepcionado. Después de bregar con un corcho húmedo que se partió en dos, he podido sacarlo. Tiene una arista alcohólica que hubiera apostado que se trataba de un Shiraz californiano, y no un Borgoña de estirpe, a pesar de que 13,5 grados de alcohol ya no escandalizan a nadie. Es un joven rebelde con chaleco de cuero y «motocicleta chopper»…que no tiene nada integrado, sus doce años no le han servido de nada, una nariz ahumada con notas térreas dominadas por el alcohol en boca. Decepcionante. Me duele decirlo de uno de mis productores favoritos. ¿Estará adulterado…? o ¿Será el nuevo rumbo que tomarán los borgoñeses? no me atrevo a tanto pero no me gustó, apuesto lo que sea, que el 2006 que pasé de largo está mucho mejor. Afortunadamente la comida ha salvado un poco la tarde, un rissoto con hongos bañado en «olio tartufato»… es decir con un chorrito de aceite de oliva con trufas. Hasta un Burdeos moderno hubiera sido más delicado con la comida y mi paladar. Espero haber tenido sólo una mala tarde, un encuentro con una botella diferente. Seguiré gastando mis pocos ahorros en borgoñas.