Mucha gente me pregunta: ¿qué vino les puedo recomendar? Yo devuelvo la pregunta: ¿Qué les gustaría? Refiriéndome a algún estilo, color, bodega o región. Su respuesta es contundente; que no sea muy caro. Entonces me surge la duda…¿Qué es barato y qué es caro? Para mí la relación de calidad precio es muy importante. Cuántos vinos arriba de los 50 dólares no cumplen con las mínimas expectativas para ese nicho, y cuántos otros abajo de los $8.00 cumplen con creces su valor en relación a su precio.
Hace algunos años compré en copropiedad una botella de Petrus 1988. Cada semana que pasaba por la tienda veía como disminuía su precio. Una vez que consideré que ya era algo razonable, pero sobre todo asequible, le avisé a un amigo y él estuvo de acuerdo en ser copropietario al 50%. Guardada por algún tiempo, llegó el gran día, el día que bajarían los angelitos del cielo con todo y sus arpas a cantarnos al oído… Así eran nuestras expectativas por una botella de $400 verdes. Reunidos con nuestras respectivas esposas, nos dispusimos a disfrutar de tan grande y prestigiado chateaux. Para nuestra sorpresa no hubo angelitos, ni arpas ni cosa por el estilo, sólo un vino correcto pero sin ningún encanto extra. Lo primero que cruzó por mi mente fue que habíamos sido objeto de una estafa… ¿Esto es un Petrus? repetía mi amigo. Seguramente si esa misma botella la hubiéramos probado en un contexto diferente las cosas serían distintas. Si en su etiqueta no existiera esa palabrita de seis letras, si fuera menos aristócrata, o hubiera pagado la décima parte.
El valor en el vino debe ser lo más importante a la hora de hacer nuestras compras, pero en ocasiones parece que la gente lo pasa por alto. En 2005, en el aeropuerto Charles de Gaulle, hacía un poco de tiempo antes de abordar el avión, viendo los vinos en una tienda donde se podían encontrar Burdeos y Borgoñas de varios cientos de euros. No faltó un compatriota, porque siempre hay algún mexicano cerca, reconocible por su acento, que hablaba con una dama sobre las «joyas» que iba encontrando en los anaqueles… ¡Mira ese vino, cuesta 350 euros! ¡Mira ese otro cuesta 2 mil! Nunca salió de su boca una nota aromática, sabor o algún juicio más allá del precio. Gente que de alguna manera el amor al vino le ha entrado como una forma de presumir su estatus económico y social, pero que a la hora de la crítica organoléptica queda en babia.
En tiempos donde la liquidez se recorta y parece que es un fenómeno mundial, habría que replantear el mercado del vino. Debe ser un motivo de análisis ya que la abundancia parece que es cosa del pasado. ¿Cuánta gente estará dispuesta a pagar esas cantidades de dinero por vino? y ¿Cuántas otras buscarán nuevos parámetros para escogerlo? Preguntas que pueden tener una respuesta hacia un mayor valor por el dinero, y buscar cada vez mejores vinos a un precio asequible.
foto extraída de wineaccess.com

