Hoy es viernes, amaneció lloviendo y está muy nublado sin viso de que salga el sol. Día lloroso, como bien dice el genial Germán Dehesa en su colorida columna: «Gaceta del Ángel». Esto ya empañaba mis ánimos, pero
cuando abro el periódico la cosa pasa de rojo carmín a negro azabache; todo está de cabeza en este país. Por si fuera poco en yahoo, la primera noticia que me encuentro es que la abuela bloguera ha muerto. Hay blogs que llaman la atención por su contenido, otros por sus fotos, otros porque no pueden ser peores. Pero el caso de la abuelita es diferente, mucha gente a esa edad ya no escribe ni la lista del mandado. Si le añadimos que la tecnología no está precisamente ligada a la gente mayor. Me pregunto, cuántos aparatejos hoy en día no acabo de entender ni usar, y eso que todavía me faltan algunos meses para obtener mi credencial del INAPAM, para quienes no viven en México: Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores. Así que una abuelita gallega decidió entrar al internet y dejarnos un legado de tenacidad y amor a la vida… Descanse en paz.
Pasando la hoja, tanto del anterior tema como la del peridódico, me encuentro con la columna del Sr. Gerschman, que dicho sea, leía cada viernes hace unos años. La crisis económica ha hecho que lea los encabezados por internet, en vez de pagar mis doce pesitos diarios, además de las pocas coincidencias que existían y existen entre los gustos vinícolas de él, con los mios. Podrán decir mis dos apreciables lectores que soy poco tolerante… y tienen toda la razón. El tema principal de hoy en su columna de vinos; es el de su reciente viaje a Chicago, tocando entre otros el tema de los «sommeliers«. Yo retomo el tema. Y es que cuando se visita un restaurante y sale el sumiller, no faltan los ácidos pensamientos de algunos comensales. «Muy mono con su peto de cuero», «que no sabe echarse otro speech», en referencia a que cada vez que descorcha una botella, debe hacer un comentario, por muy babeante y primario que éste sea. Cuántas veces me han recetado un vino carísimo, y yo suspizmente pienso en la jugosa comisión que recibira por cada botella. Y ahí no acaba todo, cuando un restaurante no se preocupa por tener sumiller, llueven las críticas, cuando lo tiene… «así cobraran…». Al final ni el sumiller le da el lugar al comensal, ni mucho menos, el comensal le da el suyo al sumiller. Pienso que estamos todavía muy verdes para tener sumilleres, mucho más a un Master. ¿Por dónde empezar? yo no tengo la respuesta, pero empezaría por la información sin tendencias comerciales. Información sincera y respetando el intelecto de cada persona, pero eso está muy lejos de la realidad, vivimos en una sociedad: consumista, rumoróloga y chismosa, volviendo a citar al Sr. Dehesa, aunque yo agregaría: prejuiciosa y esnobista. Y ya que no puedo escribir cosas bonitas, aquí le paro, no les vaya a contagiar mi amargoso estado de ánimo.
Pondré algún video de Mr. Bowie para que ayude a mejorarlo …


Coicido plenamente con lo del tema de los «summilleres» en restaurantes. En la Blanca Mérida, existe un par de restaurantes que cuentan (y he visitado, quizá exista algun otro, pero aún no he puesto pie en él) con este «servicio», en el cual, he observado que siempre, sea cual fuere el plato que se elija, el vino recomendado es de los mas costosos de la carta, pudiendo haber mejores vinos, o al menos equivalentes en cuanto a calidad por un menor precio. Y es que, bien recuerdo el cartel de un Post de hace algunos días de «Vino a mano armada» y me hizo mucha gracia, el recordar ciertos restaurantes donde ofertan vinos baratos a precios estratosféricos … solo por pagar el «show» de la persona que lo descorcha, te lo recomienda o bien … solo por el hecho de ser un lugar que no es tu casa ni la de tus amigos … del costo del descorche si uno lleva su propia botella, mejor ni hablar.
Mario:
¡Bienvenido a este espacio!.Percibo que ultimamente hay una «explosión demográfica de sumilleres», cosa que por un lado me da mucho gusto, pero por otro me hace cuestionar su preparación. Un sumiller debe hacerla de psicólogo, no todos los clientes son iguales; habrá quien quiera aprender, y habrá gente que la valga cacahuate,así que deben estar atentos a eso. Los precios, en el tiempo que llevo bebiendo vino, he tenido grandes hallazgos por debajo de los $120, así que un vino caro no me dice mucho, eso se lo dejó a quien quiera gastar su dinero y no encuentre otra manera de valorar la calidad de un vino. El «show» es otra… te dan el corcho, mueven su catavino… pero quizás hayan sacado la botella de la cava de un tirón, la hayan movido y removido y después la tratan como a un bebe. En fín creo que debe haber más sensatez de las dos partes.
Saludos