
François Cotat, Jaune Vignes, Chavignol 2007
Después de tantos y tan variados encuentros con blancos vinificados con chardonnay y sauvignon blanc como varietales de mega producciones industriales sin ningún carácter, con el único requisito de satisfacer al mayor número de consumidores en el menor tiempo posible. Me pregunto si de ahí viene el origen del tintocentrismo, tan arraigado entre la gente. Para muchos amigos hablar de vinos es hablar de cabernet y de merlot, con otras pocas variantes tintas como la tempranillo y la tan de moda syrah ¿Qué es más aburrido un chardonnay o un cabernet (de alta producción)? No es nada en contra de estas variedades, pero pienso que Australia, Chile y EE.UU. están muy lejos de darnos los mejores ejemplares. Prefiero un modesto Macon Village a un chardonnay de Carneros de 95 puntos de la escala de mr. Parker. Un Petit Chablis a un Concha y Toro, algunos vin de pays a un sauvignon blanc de Adelaide Hills.
Mi inclinación por la riesling no es gratuita, año tras año, botella tras botella la satisfacción está casi asegurada. Del Mosela, ese bello río que ve nacer a tantas joyas, aunque debo reconocer que la mayoría de lo que he descorchado es dulce, mas no chaptalizado. Los más interesantes empiezan con los Qmp. Ya estoy viendo la forma de conseguir algunos riesling secos (trocken) aunque pasen de los 12 grados de alcohol.
Mi interés por los blancos crece día con día, no sólo por el calor primaveral de estas latitudes, sino por algo en mi interior que lo pide a gritos. A lo largo de la vida se van modificando los gustos y adquiriendo otros. Cada vez compró más blancos que tintos. Tal vez esté aún más cansado de los tintos de «producción en serie» que de los blancos. Por fortuna siempre hay alguna botellita interesante que descorchar, de alguna variedad poco conocida o de alguna región escondida. Como en el caso de este Chavignon 2007 Jeunes Vignes, del reputado François Cotat. Con tapón lacrado, único punto negativo. Odio el lacre. Este Sancerre está vinificado con sauvignon blanc. Primera botella que cae de aquella tanda de seis que compré en Berry Bros & Rudd. No dudé un solo momento desde que la vi en el botellero… ¡Éste me lo llevo! Mineral y cítrico, compacto y profundo, limpio y directo. Sublime, dan ganas de seguir bebiendo copa tras copa, pero poco ha durado, compartido con mi esposa y mi suegra. Lástima que todavía no encuentro el rosado de este productor, un vino de muy baja producción. Este blanco se disfruta mucho con su frescura y mineralidad para estos calores de primavera tan cercanos al Ecuador.
Tintocentrismo: término acuñado para referirse a la inclinación casi patológica hacia los tintos.

