Posts etiquetados ‘Recóndita Armonía’

Casa Vicens fue la primera que diseñó y construyó Gaudí, por el año de 1885. Escondida en una estrecha calle, apenas asoma para invitarnos a recorrerla. Originalmente el terreno era mucho más grande, como se puede apreciar en una maqueta en uno de sus salones, pero la ciudad ha ido creciendo y ahogando está bella construcción. Rodeada de una verja de forja con motivos en forma de hoja de palmera, y varias fuentes exteriores. Tiene uno de los salones de fumadores más acogedores; de formas florales en el plafón. Pude imaginar a la gente sentada fumando, en medio de una charla acalorada sobre los temas más diversos. Sin duda es una de mis preferidas junto con la Bellesguard. Saliendo de allí caminamos calle abajo y no recuerdo si tomamos el metro, pero parece que fue el bus para llegar a otra zona: a la Barceloneta, la playa mediterránea. No había mucha gente y la que había deambulaba por la calle buscando restaurantes, que abundan en la zona, pero no es buena idea comer allí. Los propietarios y a veces los camareros salen al encuentro con el menú en mano, tratando a toda costa de convencer a los peatones de entrar y ocupar una mesa. Uno de ellos, de los pocos españoles que vi, comentó que casi todos eran restaurantes de la mafia paquistaní o india, y que él tenía la mejor paella… pasamos de largo, pero mi hijo insistió en que entráramos. Y así

fue, entramos en Portonovo, el dueño era el único español, los camareros apenas balbuceaban algunas palabras en castellano. Mal atendidos, aunque debo reconocer que la paella marinera no estaba mal. Pedí un vino blanco que resultó diluido, y un cavita; ambos anónimos. La comunicación con los camareros fue difusa y errática. Al pedir agua, dejó caer una botella de plástico en la mesa, sin servirla en un vaso con hielos como debe ser. Después salimos rumbo a la Torre Agbar, del arquitecto francés Jean Novel, de forma de lápiz labial, en el último piso hay un gran mirador de 360 grados, de donde se puede ver toda Barcelona. En la base de las ventanas había indicaciones de las calles y edificios principales para poder identificarlas.

Hay una tienda muy importante de vinos en La Diagonal, o por lo menos eso pensaba, se trata de una cadena con sede en Paris, La Vinia. Recuerdo haberla conocido en la zona de la Opera. Tiene, además de su infinita variedad de vinos, muestras de vinos todo el tiempo con gente enterada del tema, y hablando de la tienda de Paris, una sección donde se puede comer. Hay una en Madrid y había otra en Barcelona, en La Diagonal. Buscando en Google, mi hijo me llevó hasta donde parecía que se encontraba, me extrañaba no haber salido del barrio Gótico, pero para mi sorpresa me llevó a La Vinya del Seyor, ubicada en la Plaza Santa María, frente a la basílica de Santa María del Pi de estilo gótico, construida durante el siglo XIV. Lugar abarrotado en aquella primera ocasión, invitado por varios foreros que participaban en Verema.com. En esa ocasión bebí un par de copas, y el bullicio no me permitió apreciar en su justa dimensión este bar de vinos, de lo mejor en Barcelona, con una carta que denota el esmero de quien la diseñó. Pero esta vez estaba casi vacío así que nos sentamos en la barra y pedí un Fondillón. La mujer de la barra, una joven de ojos azules, se quedó muda por unos segundos, hasta que se acercó quien parecía ser el dueño, diciéndole que se trataba de un vino rancio de Alicante vinificado con monastrell. Se metieron al almacén y sacaron un Fondillón Reserva 1964. Después de servirme una copa, le sirvió un poco a ella para que supiera de qué se trataba, una excelente práctica para que el personal esté bien enterado de los vinos menos comunes.

Gran Fondillón Reserva 1964 D.O. Alicante

Por 12 € he bebido una joya, todo lo que pueda decir me quedaría corto. Color ocre con destellos dorados, turbio y espeso. Huele a avellanas, granos de café tostado, flan de caramelo, en boca el alcohol está muy bien integrado, un ataque terso pero firme, un paso de boca elegante con la acidez precisa y un final eterno ¡Quiero diez cajas…! Lástima que fue la única botella que había. Pregunté entonces si había alguna tienda donde pudiera conseguir algún Fondillón. La señorita de ojos azules me llevó personalmente unos metros arriba a Vila Vini Teca. Se trata de una tienda fundada en 1932 que tiene una enorme variedad de vinos. Pero ese Fondillón que acababa de disfrutar no figuraba en la lista, de hecho sólo tenían dos: Recóndita Armonía de Gutiérrez de la vega, añadas: 2010 y 2011 por 40 € cada uno, sin perder el tiempo escogí el 2010 y un Amontillado del Puerto de la bodega Lastau, Single Cask bota 1 / solera 1/3 / Saca Septiembre 2022 / con el nombre del Celler Master Sergio Martínez. Ya contaré el glorioso día que toque descorcharlo. Aprovechando que el dueño estaba dispuesto a contestar preguntas, charlamos largo rato, yo le pregunté sobre La Vinia, y su repuesta me desconcertó: me dijo que ya había cerrado. Algo que no podía creer… Al parecer el dueño original había muerto y su hija se había hecho cargo del consorcio. El caso es que ya no podré conocer La Vinia de Barcelona.

Otro lugar a destacar, aunque menos enfocado a la variedad del vino y sí más comercial, es El Xampanyet, fundado en 1929, conocido de muchos turistas. Con su letrero colgado en la entrada: Hay cervesa fresca de barril. El día que fuimos ya pasado del mediodía, tuvimos suerte de encontrar una mesa y dos sillas periqueras vacías. Llegamos con mucha hambre y pedimos un buen repertorio: Pallets cansalda, barquetes, pan con tomate (3 órdenes), patates escalibada, ancxoves, olivas mixtas calamares samfaina. Bañado con un cava rosado Albert i Noya rematando con dos copas de tinto El Veinat 2022, con tantos platos sobre la mesa no pude anotar en la libretita. La verdad es que todo estuvo delicioso.

Un viernes por la mañana salimos del hotel muy temprano para la estación del norte, donde nos subimos a un autobús que nos llevó por un tour al monasterio benedictino de Montserrat, construido en 1025, y que goza de unas vistas espectaculares. La niebla cubría al principio todo el valle, pero en la medida que fue despejándose pudimos observar los picos redondeados de la montaña; eso al acercarnos y también al alejarnos por una carretera distinta a la que habíamos llegado al santuario. La virgen de Montserrat morena por el supuesto humo de velas a la que estuvo expuesta, según nos contaba el guía, ya que originalmente lucía con la piel blanca. Una virgen muy pequeña físicamente pero grande en importancia para los catalanes. Pequeña si tomamos en cuenta el tamaño de la nave, donde apenas si se puede apreciar en el retablo.

De regreso visitamos una bodega que está en las faldas de la montaña, pero será una entrada aparte, ya que tengo mucha información y vale la pena un apartado especial.

Continuará la última parte.