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Vinos mexicanos de la cata 172

Vinos mexicanos de la cata 172

Ésta va de vinos mexicanos, y es que cada semana encuentro alguna novedad en los estantes con respecto a productos nacionales. Mi percepción es que algunos de ellos desaparecerán irremediablemente con el paso del tiempo, sobre todo aquellas bodegas con un enfoque meramente mercantilista y oportunista. Quienes tengan tablas de vitivinicultores quizás algunos la pasen mal, pero seguirán en este arduo camino. Debo destacar la labor de Viñedos La Redonda en el estado de Querétaro, cuyos esfuerzos y dedicación parece que ya están dando sus primeros frutos, como pudimos comprobar en esta cata.

Abrimos con el Miramar 2005, un vino de Bodegas Santo Tomás vinificado con tempranillo y cabernet, una combinación cada vez más común en vinos mexicanos. Con cuatro meses de roble francés, un vino que para la mayoría resultó cansino, ya había pasado su mejor momento. A mí me pareció un vino con aromas vegetales, con notas de ciruela y de muy buena acidez, de trago largo que por su precio no hay mucho más que pedir. Bebible.

El segundo viene de la región de Ojos Negros, se trata de Euphoria 2011. Olor y sabores picantes, morrón y tamarindo, combinación que no fue del agrado de nadie. No sé si algo estaba mal en este vino por la guarda.

El tercero viene de Querétaro de Viñedos La Redonda, sin añada y con sólo el nombre del La Redonda, «Tinto joven, variedades selectas del viñedo» la única información de este vino en su página. Me gustaría saber de que está hecho. Huele a vino blanco, a ojos cerrados juraría que es así. Maracuyá, chicle de plátano y de fondo aparece algo de fruta roja indefinida, paso de boca y final amargos. Inmemorable con causa.

El segundo de esta bodega es un Orlandi cabernet sauvigon, malbec 2010, huele a grosellas, cerezas en licor, un golpe de madera que lo favorece, cremoso y de tanino dulce. Repetible.

Orlandi Tempranillo, cabernet 2009 otro con la misma mezcla, para que no digan que estoy inventándome cosas…Huele a canela, cerezas, en boca se advierte una nota dulce, que no precisamente viene del alcohol y el tanino, falta acidez al conjunto, agradable y repetible.

Por último La Redonda Tinto ruby, sin añada. Un vino rotundamente dulce que nos ha tomado por sorpresa, incluido su servidor. Aromas intensos a ate de guayaba, hay quien lo comparó con un Boing sin decir de qué sabor, pero creo que es rebajarlo demasiado, si bien no tiene la acidez y profundidad de un buen vino botrizado, porque aunque no lo crean existen tintos botrizados, tampoco me parece que sea un vino tipo gaseosa. Definitivamente no repetiría más que después de comer en un día caluroso sin tener nada mejor a la mano.

VINOS CATA 168 Esperaba una tarde lluviosa como ya es costumbre a estas alturas del año, pero Tláloc nos ha favorecido con un clima templado, nublado sí, pero ni gota de agua.
Los vinos mexicanos serán siempre prioridad, sólo por el hecho de habitar estas tierras y ser mexicano, aunque en ocasiones más frecuentes de lo que desearía, encontramos en el camino varias decepciones. Hay que decir que algunos vinos merecen ser reconocidos y repetidos. En esta última categoría pondría al primer vino de la noche; Orlandi Cabernet-Malbec 2010 de la pujante bodega Viñedos la Redonda en el estado de Querétaro. Huele a piedra de río, para quienes se pregunten de que se trata este aroma, acuñado o por lo menos escuchado por primera vez en boca de un amigo, así que no es invento mío, y se refiere a un paseo a orillas de un río cuyas aguas mojan las rocas y al evaporarse llegan esos aromas tan peculiares a nuestro olfato. Una vez dicho esto sigo con los aromas del vino: zarzamora, ciruela madura con una nota de canela, una bella nariz que cautiva. En boca es frutal de tanino dulce con recuerdos en retronasal de violetas y un final mineral. Como para tener media cajita.
Flor de Guadalupe Cabernet Zinfandel 2005, fue el siguiente vino de la noche, con un color bastante evolucionado para ser un vino de siete años, llegando a los tonos atejados, aromas a cuero de primera calidad, tabaco rubio y recuerdos de tamarindo. En boca tiene tanino maduro y una excelente acidez, un vino fresco y de final largo. Repetible.
Copernicus 2011, mismo nombre del fundador de la astronomía moderna. Un vino cuya información en su página es algo confusa, pero parece ser que se vinifica y embotella por: Hoteles y Viñedos del Valle de Guadalupe. Huele al principio a lanolina, aceituna negra y hay quienes encontraron algo de mermelada de ciruela. En boca es astringente con final amargo.
L.A. Cetto Boutique Malbec 2007. Este vino es uno de cuatro de la serie Boutique, cuyo nombre me causa urticaria desde un principio. Una manera de tratar de justificar vinos caros sin ningún otro merito. Y miren que no tengo nada personal en contra de la bodega, es más, siento cierta predilección por sus vinos de gama baja en cuanto a mexicanos se trata. Este vino presenta aromas a frambuesa, aunque al principio es bastante corto, fruta roja, notas de nardo, en boca es bastante aburrido entra y se va sin dejar algo a la imaginación, como una señorita sin pechos y de piernas flacas. Por su precio es un inmemorable con causa.
L.A. Cetto Boutique Syrah 2007. Otro boutique 85 pesos más barato que el anterior, en la misma línea, sin nada que seduzca y me anime a sacar $494 de la bolsa. Tiene una leve nota química que sobresale en el primer golpe, como cuando quitamos el tapón del tanque de gasolina pero con menos intensidad, después da arándanos en sazón, en boca es amplio largo y amargo.
L.A. Cetto Boutique Sangiovese 2007. Con 14° de alcohol igual que sus dos antecesores, el más caro de los tres, $579 totalmente injustificados. Aroma a madera nueva, pegamento aunque yo percibo notas térreas y boca de taninos ásperos y final mineral, desenfocado. Otro inmemorable con causa. Faltaría probar el blanco, que me ha llamado la atención la mezcla de chardonnay, viogner y pinot noir. En la primera ocasión lo probaremos.
Después las viandas, que además de las acostumbradas pizzas, Carlos nos ha traído una muestra del jamón que el mismo hace, desde la matanza hasta el curado. Un jamón de primera cuyos aromas a ahumados me recuerdan el bosque. Creo que sí. Le vendría un fino muy bien, aunque nosotros lo maridamos con un tinto de sangiovese y todos los vinos sobrantes de la cata.

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