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No acabo de entender ese reflejo azul

Izadi 2019. Para ser un reserva me parece un precio muy comedido, ronda los 400 pesos, unos 20 dólares americanos. De bonito color picota, algo velado. Huele a fruta negra sobre-madurada, algo de mermelada de ciruela. Astringencia moderada, buena acidez y final largo. Repetible.

Izadi es una bodega riojana relativamente joven, es decir no tiene la tradición de muchas otras que ya cuentan con algunos añitos más. Nació en 1987. Por cierto tienen en su repertorio un blanco de garnacha blanca, Izadi Larrosa Blanca que por desgracia no he visto en los anaqueles de estas partes del globo.

No sé si mi escasa sensibilidad haya tomado el camino de las sensaciones ácidas, el caso es que me he encontrado con muchos vinos últimamente con una alta acidez, pero fuera de una queja, me han gustado mucho los hace muy vivarachos, con una estructura que me hace salivar y se disfruten mucho con la comida. Es el caso de este italiano vinificado con sangiovese y cabernet sauvignon. Col di Sasso 2019. Se trata de un vino con matices térreos en nariz, y de una acidez exquisita que se amalgama muy bien a un tanino firme, en conjunto un vino muy sabroso de trago largo. Para media caja.

Mission De Cenac 2021. Un malbec del mismo lugar donde provino la variedad malbec, se ha desarrollado de tal forma que es la uva insignia de Argentina, y a veces podemos olvidarnos de que viene originalmente de Francia. En un recorrido por el pasillo de vinos franceses lo escogí. Capa alta, brillante con aromas a fruta negra, hollejos y notas de romero. En boca es astringente, es evidente la arista de astringencia que destaca en el conjunto, de buena acidez y con el tiempo y un poco de paciencia va limando sus asperezas. Tuve la ocurrencia de probar una sopa de mariscos, y es que sin buscar el maridaje se ha vuelto algo explosiva la combinación, sumado al caldo picoso ha sido un desastre: el anti-maridaje. Se antojaría con un queso no muy curado.

Con motivo de la venta de productos alemanes en una cadena de tiendas de autoservicio, que me imagino tiene que ver con el festival de Oktoberfest, escogí un riesling, de esos vinos que resulta difícil adivinar cual es el nombre, me imagino que es 1141 de la región de Rheingau y cuya bodega es Baron Knyphausen añada 2022. Esa águila estilizada pertenece a la clasificación V.D.P. ( asociación alemana de explotaciones vinícolas con calificación) éste en particular pertenece a la clasificación de vinos secos, que está en la base de la pirámide. Dejándo a un lado la cuestión técnica, se trata de un hermoso riesling que a pesar de su juventud ya despliega esos aromas a petróleo, propios de la riesling entrada en años, algo que me sorpendio. Es un vino que podría comprar una caja para ser testigo de su evolución. Color pajizo brillante, y en boca muy cítrico, con recuerdos de toronja blanca y una nota de piña verde al final, excelente acidez y estructura.

He estado en la pizzería de un amigo, y él amablemente me dio esta botella a probar. Se trata de un Barolo etiquetado con la marca Kirkland añada 2020. Una botella sin pedigrí si tomamos en cuenta que dentro de los barolo hay categorías que llegan hasta los que marcan el viñedo en la etiqueta, como ejemplo, uno de mis preferidos: Brovia. Ayer por la tarde lo descorché, no tengo mucha familiaridad con los barolo, así que mi opinión está limitada en el aspecto de la tipicidad de la nebbiolo en esta región. Puedo decir que es un vino muy agradable. Granate capa media, nariz limpia y expresiva a ciruela roja en sazón, hollejos, zarzamora. En boca es frutal, acidez y tanino exquisitos, dando mucha frescura, es largo y redondo. Un vino resultón, se antoja con un manchego semi-curado. Para comprar media caja. Gracias por tus atenciones.