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Felix 2007  Últimamente ha llegado hasta mi mesa una que otra botella que merece la pena comentarse. Diana encabeza una distribuidora de vinos, su trabajo lo ha hecho con mucho esmero y se nota. Aunque debo decir que los  buenos vinos no siempre llegan de la mano de los más comerciales, diría que casi siempre sucede lo contrario…  Comercial:  palabra que puede provocar urticaria a los más ortodoxos, o de menos erizarles los pelos.

Invitado a la mesa a compartir pan y vino, por un alma generosa, me tocó escoger el vino en un restaurante de  cortes argentinos. Yo andaba buscando un Cune crianza, para no romperme la cabeza y tampoco abusar de mi  anfitrión, sé que podría haberme decantado por un malbec bebible, pero no lo hice. Al no encontrarlo, un joven  sumiller se acercó a la mesa para  recomendarnos el Envite, cuya añada he olvidado y no aparece en la foto,  aunque tengo la sospecha que era 2012.  Un vino muy vivaracho, con mucho nervio. Huele a ahumados, fruta  negra y tomillo. Boca frutal y con un ligero cosquilleo en el paladar, excelente acidez y tanino mullido. Sin duda  un riojanito que volvería a pedir. Hasta después me enteré de que lo distribuye Diana Doblado, así que no pierdo  las esperanzas de hacerme de unas cuantas botellas.

Días antes visité a un amigo y su esposa, que generosamente nos invitaron a un servidor y a mi familia a comer un lechón a la Luján o chancho con cuero, como le llaman en el Cono Sur. Mi amigo es una persona muy meticulosa en todo lo que hace, así como un enamorado de la cocina y del buen vino. Ese día aprendí qué debo meter como combustible en un asado; cómo se debe preparar el carbón antes de… aunque yo no cuento con todos los instrumentos necesarios.<<Primero preparó la madera en este «horno confinado por tabiques» para que pasen a ser carbón, y así echarlo al asador…>> Me iba diciendo Mauricio, al mismo tiempo que se disponía a descorchar una botella. Prepara una salsa con la que lo marina: punto clave. Estuvo delicioso. Pero además tenía unas mollejas curadas en leche, que posteriormente puso en el asador. Debo confesar que a pesar de que soy un troglodita profesional, hay cosas que se resiste mi cuerpo a comer, como son: las menudencias, tripas, ojos y lengua trátese de la bestia que se trate. En este caso me tragué mis palabras, y el taco con mollejas y salsa recién preparada estaban para chuparse los dedos.  Todo bañado con un Felix «Blend» 2007. 73% malbec, sin mencionar la otra parte del «blend»… Quince meses en barrica de roble francés. Un vino frutal que maridó de maravilla con una tabla de quesos, unas aceitunas negras traídas de Turquía y miel flanqueado por un trozo de panal. ¡Gracias a Dios! que todavía hay gente que se trata como Dios manda. Los seres humanos que se precien de cierta sensibilidad saben que nos diferenciamos de los animales «irracionales» porque los hombres somos los únicos seres de la creación que comemos sin tener hambre, simplemente por el placer de disfrutar de una buena compañía, una copa de vino, y un buen plato de lechón a la Luján. Crujiente por fuera y suave y delicioso por dentro, con diferentes salsas, entre ellas chimichurri.

La segunda botella: Diosa Vid del mismísimo Valle de Guadalupe, donde mi anfitrión me contaba que empieza a participar de la producción de esta bodega. Un vino con carácter, frutal, excelente acidez, tanino maduro con notas mentoladas y muuuy largo. Una delicia, con su notita mineral. Una vez más compruebo que la mejor materia prima, con una buena charla entre amigos y una buena copa de vino, es la mejor forma de pasar un sábado por la tarde, y guardar en nuestra memoria estos pequeños momentos que hacen la gran diferencia en nuestras sufridas vidas.

TabiquesChenchoAsado

CATA 171 Después de mi reciente episodio cardiaco es mi primera cata, y mis amigos generosamente han organizado todo, detalle que agradezco mucho. Así que sólo me dispuse a disfrutar de la velada. Han titulado esta cata como «Duelo sudamericano» por aquello de los vinos que probaremos: tanto argentinos como chilenos. Variando la dinámica se trataba de ir descifrando el orden de los vinos según sus características organolépticas, algo muy pretencioso sin dejar de ser interesante.

El primero de la noche es un vino de la bodega Felix Lavaque Felix 2007. Datos que supimos después. Una rara mezcla con la uva insignia de argentina: malbec con 73% y la de uruguaya tannat con el 27%. Huele a cerezas en licor, casis, pimiento y chocolate, otros han apuntado, como un vino especiado aunque casi todos coincidimos de que se trata de un vino alcohólico y de final amargo. Al observar su contenido de alcohol por volumen se confirma lo dicho (15,1).
Quimera 2009. Aromas a mermelada de zarzamora, pimienta blanca, astringente y de final también amargo. Con una típica mezcla bordolesa y catorce meses en roble francés: 40% usado y el resto nuevo. Bebible.
El tercero es un viejo conocido, se trata de Cabo de Hornos 2005. Un vino que mereció todos mis respetos y admiración antes del 2005 o quizás un par de añadas antes, y que hoy es parte de ese aglomerado anónimo. Vino moderno sobre extraído y sin personalidad, con precios exorbitantes. Todos han coincidido en su brutal astringencia, esa que duerme las papilas gustativas.
Caballo Loco 2008. Un vino que siempre ha llamado mi atención, vinificado como jerez, por aquello de las extrañas mezclas de añadas, no por otra cosa, pero con resultados muy interesantes. Definitivamente es un vino que bebería en toda ocasión que tenga oportunidad. Fruta roja en sazón, notas de cuero de la mejor calidad, dátil y notas especiadas, redondo, buen tanino. Repetible. Y a un precio bastante comedido, casi la mitad del Cabo de Hornos.
El penúltimo es un tannat 100%, Arerungua 2002, un nombre que se antoja más para un instrumento musical sacado de una tribu de la selva, que para un vino. Huele a piel de Rusia, frutos rojos, equilibrado y de final largo. Repetible aunque debo decir que no deja mucho a la memoria. ¿O será porque estoy escribiendo casi dos meses después de la cata…?
Juan Carrau 2009. El último de la tarde, de la misma bodega y misma uva, aunque con un poco menos octanaje. Dátil, vino estructurado e integrado palabras textuales de mi compañero, por alguna razón yo no escribí ninguna nota. Mis sentidos habrán adormecido al final. Pero qué mal catador soy, no podría aspirar a los maratones que acostumbran quienes se dedican profesionalmente a esto. ¡Agur!