Haciendo un balance creo que no había descorchado ninguna botella de cierta importancia, por lo menos dentro de los parámetros de la pedantería, ustedes saben: Bodega de renombre, zona, precio… cosas que finalmente al estar frente a la copa, si se es sensato pasan a segundo lugar, ya que lo que importa es la experiencia recibida a través de los sentidos. Debo decir que la etiqueta está parcialmente rota por la humedad, y es que la bodega donde reposan desde hace ya algún tiempo peca de humedad, que debe andar arriba del 70% motivo por lo que las etiquetas se deterioran, pero el vino se conserva mejor, sino es que entra un maldito hongo y acaba con el corcho. Esta distinción entre una botella inmaculada y una rota o con manchas de vino, sin duda le da carácter a la botella, dejando de ser un mero medio para contener el vino a un recipiente con cierta historia que contar.
Un vino firme, con cierto grado de juventud, no se le nota el vidrio a pesar de sus 4 añitos, digamos que se empieza a desenvolver a sus anchas, empiezan aromas térreos y ahumados, parecidos a los de su vecino del Norte Cote Rotie, sin ser tan marcado. Este vino del sur del Rhone que generalmente no envejece como sus vecinos norteños como un buen; Cote Rotie, Crozas-Hermitage, Cornas… Esta botella entró en bodega el 9 de enero de 2018, casi dos años reposando. Uvas: Syrah, garnacha tinta y monastrell.

